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Por Juan Esteban Lewin · 23 de Junio de 2014

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Aunque no han hecho denuncias puntuales, los uribistas han hablado de fraude en la segunda vuelta y han hablado de votaciones atípicas. El mismo ex presidente Álvaro Uribe le reclamó a la senadora electa Claudia López si se iba a quedar callada frente a los resultados de estas elecciones o si iba a aplicar los mismos criterios de atipicidad que utilizó para denunciar la parapolítica hace ya casi diez años.

El criterio utilizado por López y la Corporación Arcoiris era que había una votación atípica cuando un solo candidato concentraba una cantidad muy alta de votos en un municipio pero se hizo en referencia a las elecciones legislativas. Por ejemplo, el parapolítico Jorge Luis Caballero sacó entre el 93 y el 97 por ciento de los votos en cinco municipios del Magdalena.

Con el tiempo se ha hecho más preciso qué es una votación atípica por concentración: según el informe de la Misión de Observación Electoral (MOE) para las elecciones legislativas de 2010, una votación está atípicamente concentrada para las legislativas cuando un candidato se queda con un procentaje en un municipio que es superior al promedio nacional más dos desviaciones estándar (que es una medida estadística para saber si los resultados están cerca o lejos del promedio). Por ejemplo, para el caso del Senado, la MOE calculó que si un candidato sacaba entre cero votos y el 14,62 por ciento de los votos su votación, ésta no era atípica, pero por encima de este límite sí.

Además de las votaciones atípicas por su concentración, la MOE ha hablado de atipicidad cuando sale a votar mucha más gente que lo usual (de nuevo la MOE ha encontrado atipicidad y riesgo cuando la diferencia es mayor en dos desviaciones estándar al promedio nacional) y cuando hay muchos votos nulos, porque anular irregularmente votos es una manera de golpear a un candidato rival.

Dos de esos tres criterios (que haya muchos votos nulos o que haya salido a votar mucha más gente de la usual) se pueden aplicar sin mayores problemas a una segunda vuelta presidencial.

El tercero (que mucha gente haya votado por un solo candidato) es problemático, porque cuando solo hay dos candidatos es natural que los votos se concentren mucho más.

Sin embargo, revisamos los resultados de estas elecciones bajo los tres criterios de atipicidad.

Al final, encontramos que Óscar Iván Zuluaga arrasa en una cantidad similar de municipios que Juan Manuel Santos, pero que al presidente-candidato le fue especialmente bien en los que redujeron su abstención significativamente frente a 2010. Es decir, donde salió a votar más gente que de costumbre, ganó Santos.

Para llegar a esas conclusiones La Silla comparó votaciones de varias elecciones (gracias a los datos de la Registraduría que procesó el bloguero Javier Moreno), en búsqueda de comportamientos atípicos.

Atípicos por votos nulos, sospecha contra Zuluaga

El primer criterio que revisamos es el de los votos nulos. Encontramos, aplicando la fórmula de la MOE, que hay 36 municipios en los que hubo una cantidad atípica de votos nulos, pues fueron más del 4,97 por ciento (el promedio nacional más dos desviaciones estándar). Puede ver la lista de los municipios haciendo clic acá.

?El supuesto de este tipo de atipicidades es que en ellos se pudieron anular irregularmente votos para ayudar al ganador, y por eso la sospecha recae en quien haya ganado en ellos. Aunque por sí mismo no implica una irregularidad, este criterio se le devuelve a los uribistas, pues en 25 de ellos ganó Zuluaga y en 11 Santos.

Sin embargo, estos municipios no son muy representativos, ni podrían cambiar el resultado de las elecciones presidenciales. En ellos Zuluaga sumó 375.730 votos y Santos 293.810, menos del cinco por ciento de la votación total.

Zuluaga ganó en municipios godos, Santos en liberales

El segundo criterio que revisamos fue la concentración en un solo candidato, con la advertencia de que en una segunda vuelta naturalmente los votos se concentran más en los dos candidatos.

Primero buscamos los municipios en los que alguno de los candidatos hubiera concentrado los votos de forma atípica según las fórmulas de la MOE (el promedio nacional más o menos dos desviaciones estándar).

Encontramos tres en los que Zuluaga lo superó (Saladoblanco, Acevedo y Oporapa en Huila, donde sacó más del 90,87 por ciento de los votos) y 37 en los que Santos lo hizo. Es decir, una cifra importante pero muy lejana de los 200 municipios a los que se refirió Fabio Valencia Cossio cuando dijo que “en casi 200 municipios del país donde hay influencia de las Farc hubo una atípica y exagerada votación por el Presidente Santos” . Al hacer clic acá puede ver la lista de esos municipios.

Eso muestra que Santos se llevó más municipios por una goleada excepcional - pero como no se puede extrapolar la fórmula de las legislativas a las presidenciales, decidimos mirar con más detenimiento.

Miramos si en una muestra más grande sí se notaba esa ventaja de Santos. Revisamos los municipios en los que uno de los candidatos se llevó cuatro de cada cinco votos válidos o aún más, que es una concentración alta. Suman 159: en 65 de ellos el beneficiado fue Zuluaga, y en 94 fue Santos.

En todo caso, no se puede hablar de irregularidades en esos municipios solo por la concentración.

De hecho, ésta se da especialmente en municipios pequeños; Zuluaga tuvo ese resultado en los de tradición conservadora y Santos en los de estirpe liberal, algo que puede explicar el resultado.

El municipio en el que Zuluaga le dio una tunda más grande a Santos fue Oporapa (Huila), en donde el uribista sacó 4.236 votos y el presidente-candidato solo 276. Oporapa es de tradición conservadora.

Santos apaleó a Zuluaga en dos corregimientos que para efectos de las elecciones aparecen como municipios y que tienen el mismo nombre: en Morichal (Guanía) tuvo 22 votos frente a uno solo de Zuluaga, en Morichal (Vaupés), la diferencia fue de 20 a 1. Tradicionalmente, los antiguos territorios nacionales eran liberales.

En total, en estos 159 municipios Zuluaga sacó 292 mil votos y Santos 566 mil. La diferencia es de 274 mil votos a favor del Presidente-candidato, una cifra significativa pero que no alcanza a ser un tercio de la ventaja total con la que ganó.

A más votantes, mejor para Zuluaga

Finalmente, revisamos el tercer criterio de las votaciones atípicas, que es que haya una abstención mucho mayor o mucho menor que en el promedio.

Si se aplica la metodología de la MOE, solo hubo tres lugares con abstención atípica: los dos Morichal, en los que ganó Santos, tienen una abstención atípicamente alta; Guachene (Cauca), una muy baja y también ganó Santos. Pero el aporte de los tres es muy pequeño: suman 6.916 votos por Santos y 648 por Zuluaga.

Al revisar los 55 municipios en los que la abstención fue de menos del 40 por ciento (sustancialmente menor al promedio nacional del 48 por ciento), para ver quién ganó en ellos, encontramos que en 38 ganó Zuluaga y Santos en los 17 restantes.

En ellos Santos obtuvo 129.534 votos y Zuluaga 146.202. Es decir, a Zuluaga le fue mejor donde hubo más participación, aunque su efecto sobre la votación total es muy pequeño.

En todo caso, por sí solo eso no significa una votación atípica. Hay municipios donde históricamente la abstención es muy alta (por ejemplo, en el Amazonas), y otros donde es alta. Por eso hay que mirar con más detalle dónde hay una participación distinta a la usual.

Los atípicos por participación, sospecha contra Santos

Precisamente otra alerta de votación atípica es que haya un cambio brusco en la cantidad de votantes de un municipio frente a su tradición. Cuando en un lugar sale a votar mucha más gente de la usual, las alarmas se prenden.

Para lograrlo, comparamos el caudal de la segunda vuelta con varias elecciones anteriores.

Frente a la primera vuelta de 2010, en el total nacional la abstención subió un 1,4 por ciento.

Pero entre los municipios las cifras fueron variadas: mientras en Santa Helena del Opón (Santander) la participación se cayó de un altísimo 76 por ciento a casi el 50, una reducción de 27 puntos; en Guachene (Cauca) ocurrió lo contrario y la participación pasó de un bajo 35 por ciento en la primera vuelta de 2010 a más del 66 en la segunda de 2014.

En este caso la fórmula de la MOE sí resalta más casos de votaciones atípicas: hay 71 municipios en los que la participación varió más que el cambio promedio más dos desviaciones estándar (es decir, cayó más del 14,87 por ciento o subió más del 12,07 por ciento).

Y en esos 71 municipios (que incluyen a los dos Morichal y a Guachene) donde sí se puede hablar de resultados atípicos, Santos ganó en 61 mientras que Zuluaga solo se llevó 10.

En total, esos municipios pusieron 881.665 votos para la reelección y Zuluaga solo se llevó 448.848 votos, para una diferencia de 432.817 votos.

También hicimos el mismo paralelo con los resultados de la segunda vuelta de 2010. En esas elecciones, la segunda vuelta atrajo menos votantes, y por eso la abstención fue superior en  3,65 por ciento que el domingo.

De nuevo, Santos fue el ganador de los municipios donde más creció la votación entre 2010 y 2014. De los 61 en los que la abstención cambió de forma atípica (según la fórmula de la MOE, cayó más de 10,42 por ciento o creció más de 17,72 por ciento), ganó en 51 y Zuluaga solo en 10. Para conocer los municipios, haga clic acá.

Pero lo más interesante es que de esos 61 municipios en 52 cayó la abstención y en nueve subió: Zuluaga ganó en siete de esos nueve y solo en tres de los 52 donde votó mucha más gente que en la segunda vuelta de 2010. Encima, en 31 de ellos Santos ganó con el 80 por ciento o más de los votos.

Solo hay un caso opuesto: en Jordán (Santander), Zuluaga sacó el 83 por ciento de los votos y Santos el 15, y la abstención se cayó de casi el 63 al 38 por ciento respecto de la segunda vuelta de 2010.

Los resultados de estos 51 municipios son los que le darían la razón a Valencia Cossio en lo que tiene que ver con su atipicidad.

Su peso, sin embargo, no es muy grande porque le dieron a Santos solo 305.004 votos y produjeron una ventaja a su favor de 225.846 votos, apenas una cuarta parte de la ventaja total.

Además, incluso en el caso de esos 51 municipios la votación atípica no muestra por si misma una irregularidad. En el caso de la parapolítica los datos electorales fueron apenas un primer indicio que permitió que la Corte Suprema abriera una investigación, que solo llegó a condenas gracias a las versiones de apramilitares en la ley de Justicia y Paz, a confesiones y a documentos como el famoso Pacto de Ralito.

En conclusión, sí hay votaciones atípicas pero no tienen un peso muy grande y para demostrar un fraude falta un trecho.