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Por Efraín Rincón · 03 de Marzo de 2021

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Resuena la pregunta de qué tan probable es que haya un tercer pico en el país o si, por el contrario, los colombianos más bien están del otro lado.

La Silla Vacía consultó con seis fuentes expertas en epidemiología y modelos matemáticos. Todos concuerdan con la posibilidad de una tercera oleada de casos es alta, sin embargo creen que la magnitud puede no ser igual a la última que vivimos entre diciembre y enero. 

Los expertos recalcan que hay factores que podrían hacerla más o menos grave. Tres son claves: el ritmo de la vacunación, las nuevas variantes del virus y qué tanto se sigan cuidando los colombianos.  

La pregunta por el tercer pico en Colombia se da en un contexto global. Thedros Adhanom, director de la Organización Mundial de la Salud, manifestó el 1 de marzo su preocupación por el aumento mundial de casos luego de siete semanas a la baja. 

La idea también ha sido un tema entre los políticos. Por ejemplo, Claudia López había llamado la atención sobre el resurgimiento de un nuevo pico en la discusión sobre la vacunación con el gobierno de Iván Duque. 

Esto anticipa que, además de las implicaciones sobre la salud pública, y la reapertura de la economía, el tercer pico vendrá con un elemento político marcado. El de las muertes evitables, según el ritmo de la vacunación.  

Los casos volverán a aumentar

A principios de este año, Colombia vivió un segundo pico más mortal que el primero. 

Para dimensionarlo, según Our World in Data, que se basa en datos recogidos por la Universidad Johns Hopkins, entre el 12 julio y el 16 de agosto el país tuvo 9.790 muertes.  

En el segundo pico, entre el 15 de diciembre y el 31 de enero, murieron 14.627 personas. 

Así se han visto los picos:

Estas últimas cifras se explican, según los expertos, por un diciembre sostenido de encuentros familiares, medidas relajadas y fechas como el Día de las velitas, las novenas, Navidad y Año Nuevo.

Durante estas fechas muchas personas que todavía estaban susceptibles al virus se expusieron al contagio, como los adultos mayores que se habían cuidado durante la pandemia. 

Por eso la epidemióloga Isabel Rodriguez dice que la reducción de casos, pues en los últimos siete días se han contabilziado cerca de 4.000 nuevos cada día, refleja que la proporción de personas susceptibles al covid sería menor. 

Aunque todavía puede ser muy rápido para decir cuánto aumentó el porcentaje de colombianos infectados después de la segunda ola, Rodriguez se atrevena decir que llegaría a un “45 por ciento, más o menos”. 

Más allá de que haya todavía una buena parte de la población susceptible, la caída en el número de casos está haciendo que se relajen las medidas en Colombia. No solo en el comportamiento de las personas sino en las medidas oficiales, como el levantamiento del pico y cédula en Bogotá, Medellín o Cali, o la extensión de horarios para gastrobares.

Además, esta vez los colegios y las universidades están empezando a volver a la presencialidad.

Silvana Zapata, también epidemióloga y científica de datos, le dijo a La Silla que esta flexibilización en las medidas implica que otra vez se esté dando un aumento en la movilidad e interacciones de las personas. 

Con ello, un rebote en el número de casos las próximas semanas. Especialmente después de Semana Santa, que culturalmente está representada en eventos religiosos que llaman a las aglomeraciones y los días festivos a las vacaciones. 

Por eso la directora del Instituto Nacional de Salud, Martha Ospina, dijo en Noticias Caracol que la Semana Santa es una amenaza y que podría ser “como otro diciembre y fin de año”, según los modelos que plantean en el Instituto. 

Un tercer pico de casos, pero no tantas muertes y hospitalizaciones

Hasta el 2 de marzo en Colombia se habían puesto 169.619 dosis de vacunas contra el covid, algo así como 12.115 por día. Un ritmo muy lejano de las 100.000 diarias que el ministro de Salud, Fernando Ruiz, dijo que el país podía aplicar.

Esa capacidad sería necesaria para terminar de cubrir por lo menos a la población mayor de 80 años antes de Semana Santa, que empieza en tres semanas. “Si se vacunan a todos los mayores de 80 años, la letalidad cae aproximadamente un 25 por ciento, que no es poco”, le explicó a La Silla la epidemióloga Rodriguez. 

Hasta ahora el 28 por ciento de los fallecidos, 17.049 personas, han sido mayores de 80 años. 

Según el gobierno la población que espera vacunar en la primera etapa, los mayores de ochenta años y el personal de salud de primera línea, son 1.691.366 personas. Es decir que hasta ayer se había vacunado apenas el 10 por ciento de esa primera etapa.

Para terminar con esta etapa antes de que llegue Semana Santa, sería necesario vacunar a cerca de 61.000 personas al día. Esto sería clave para bajar la mortalidad. 

Al ritmo actual no alcanzaremos. Pero Chile, por ejemplo, ha tenido días en que llegó a un ritmo de vacunación de 200.000 diarias, por lo que sí es posible. 

Por eso, si se garantiza el flujo de las vacunas, como las dos millones de dosis que se esperan lleguen el 7 de marzo, y que su aplicación supere los obstáculos que ya se han anticipado, como contamos en esta historia, sumarían para quitarle fuerza un próximo pico.

“Es inevitable que haya un tercer pico, pero lo que es evitable es que haya muertes si hay vacunación”, dice Andrés Vecino ,investigador de la escuela de salud pública de la Universidad Johns Hopkins.

“Veríamos infecciones y hospitalizaciones, pero no tanta mortalidad”, explica Zapata, que concuerda con Vecino. 

En ese sentido, las muertes del tercer pico, serán munición política contra el gobierno y las gobernaciones y administraciones locales, sobre quienes recae la responsabilidad de la vacunación.  

Incertidumbres: las cepas y el relajamiento de medidas

Si hay algo que se ha mantenido durante la pandemia ha sido la incertidumbre sobre lo que pueda pasar de aquí en adelante.

Si bien hay consenso entre las fuentes entrevistadas por La Silla que viene un aumento de casos, también concuerdan en que no hay certeza sobre el tamaño que pueda tener. Es imposible controlar e incluir todas las variables en los modelos epidemiológicos.

“Los modelos se ajustan bien pero predicen regular”, cuenta Juan Manuel Cordovez, director del grupo de Biología matemática y computacional de la Universidad de los Andes. 

Sobre todo, el efecto de eventos como el Día de las velitas, los días sin iva, la Navidad o los partidos son difíciles de incluir en los modelos. Lo mismo sucede frente a la Semana Santa.

Incluso la aparición de una nueva variante.  “Al final esas perturbaciones pueden hacer que las cosas cojan para otro lado”, agrega Cordovez.

Por ejemplo, con nuevas variantes más transmisibles como se ha visto en el mundo, y que hasta ahora en Colombia solamente se ha identificado la P.1, de Brasil, el pico esperado puede ser diferente. 

Recientemente, un estudio liderado por investigadores brasileños (que todavía no ha sido revisado por otros expertos) sugiere que esa variante puede ser hasta dos veces más transmisible. Además,  existen probabilidades altas de infección en personas que ya tuvieron covid.

De ahí que se haya tomado la decisión de hacer un cinturón en la Amazonía colombiana, con vacunación para contener el potencial efecto de esa variante.

Para Andrés Rangel, epidemiólogo que trabaja en la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia, la aparición de una nueva variante en el país sí puede ser un factor que engorde de la curva de los contagios. 

Pero Rangel prefiere guardarse las predicciones, porque sobre ese caso hay bastante especulación. “Con una nueva variante es difícil saber cuándo y cuál sería la que se presente”, sugiere Rangel. 

A esto habría que añadir el factor Semana Santa. La experiencia de la Navidad y el Año Nuevo en Colombia fue que muchos jóvenes les llevaron el virus a los adultos mayores. 

Hay indicios de que Semana Santa puede ser distinta. Según Rangel, “tiene la ventaja de que el puente festivo es más corto”, por lo que no habría la misma oportunidad, como si la hubo en diciembre, para que aumenten las infecciones. 

Sin embargo, todos los expertos que consultamos expresaron preocupación por el relajamiento de las medidas de protección, luego de más de un año de pandemia. 

En todo caso, un tercer pico será inevitable mientras queden susceptibles. Y aunque no auguran próximas olas como las que acabaron de pasar en el país, como dice la epidemióloga Isabel Rodriguez, “quiero ser optimista, pero no hay que bajar la guardia”.

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