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Por LaSillaVacia.com · 26 de Enero de 2021

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Con la muerte del ministro de Defensa Carlos Holmes Trujillo, Iván Duque no sólo pierde uno de sus alfiles más visibles e importantes políticamente de su gabinete, sino que también deja al desnudo que el Gobierno atraviesa su peor momento en su lucha contra el covid.

 

Por punta y punta, la muerte del ministro Carlos Holmes Trujillo es una pérdida política para el Gobierno, para el Presidente y para el Centro Democrático.

Según confirmamos con la Casa de Nariño, desde la 1 de la mañana, Duque estuvo pendiente de la situación de salud y desde la internación del Ministro en la UCI, recibía partes cada tres horas de la evolución de Trujillo.

Tenían una relación personal. Se conocieron antes de la campaña electoral de 2014, en la que Trujillo era la fórmula vicepresidencial de Óscar Iván Zuluaga.

Cuando Trujillo y Duque fueron precandidatos del Centro Democrático en 2017, ambos se alinearon en posturas como la forma de elegir al candidato a través de una encuesta abierta y no una cerrada como quería Zuluaga. Al final, fue Uribe quien dio el dedazo hacia Duque.

“Cuando dieron el resultado (de las encuestas y Duque era el ganador), él fue el primero en abrazar a Iván Duque y le dijo: ‘a partir de este momento soy su soldado’”, nos recordó el senador Ernesto Macías, amigo de Duque y quien estuvo presente en ese momento.

Trujillo arrancó en la Cancillería y cuando la oposición tumbó al anterior ministro de Defensa, entró a calmar la tempestad en esa cartera que es clave en cualquier gobierno, pero aún más en uno que fue elegido con la bandera insigne del uribismo de la Seguridad Democrática. Más cuando éste no ha podido enfrentar con éxito el desafío que plantea la fragmentación del conflicto tras la desmovilización de las Farc.

“Era un Ministro con absoluta autonomía, al igual que el Ministro de Hacienda”, nos dijo un funcionario de Palacio. Su larga trayectoria pública contrastaba con la relativa inexperiencia en la vida pública de varios de sus colegas.

Además, Trujillo jugaba un rol que ninguno de los otros ministros ha decidido asumir: echarse al hombro la defensa del gobierno en momentos críticos. La última vez fue cuando estalló el escándalo por la brutalidad policial el 9 de septiembre del año pasado.

Según dos uribistas que dicen saberlo de primera mano, Duque y Trujillo habían ya conversado a finales de 2020 de la posibilidad de su renuncia. Incluso dentro del gabinete se hablaba ya de su pronta salida.

Trujillo quería ser el sucesor de Duque.

Por eso, su muerte también es un golpe político para el Centro Democrático, porque a la vez que expresaba el discurso uribista, su talante, cancha política y pertenencia a los últimos cinco gobiernos lo hacían un candidato atractivo para tender puentes con otras fuerzas políticas para el 2022.

“Era quizá el Ministro que mejor representaba la filosofía del partido: tenía la oportunidad de tener la confianza plena del Presidente, igual la confianza del presidente Uribe y de todos nosotros. Deja ese vacío allí que difícilmente nos podremos reponer y la esperanza del 2022”, nos dijo el senador valluno, John Harold Suárez, coterráneo de Trujillo.

Un mal arranque de año

El 2021 arrancó rompiendo los techos de contagios en Colombia: el país superó los 2 millones de casos de covid y ya ha cobrado la vida de 52.128 personas (a corte del último reporte del MinSalud que salió hace minutos), casi 400 al día la última semana, entre las que está la del ministro Trujillo.

Después de pasar por una meseta entre octubre y diciembre del 2020, en que había unas 200 muertes diarias y 11 mil casos nuevos al día, Colombia registra hoy su segundo pico con más de 17 mil contagios al día, datos que sobrepasan los máximos del primero en agosto.

Los sistemas hospitalarios están nuevamente en alerta roja porque la ocupación de UCI alcanza niveles superiores al 90 por ciento en muchas regiones, y varias capitales o departamentos tuvieron que recurrir una vez más a los toques de queda, ley seca, pico y cédula y cuarentenas estrictas para intentar controlar los contagios.

En pleno segundo pico, con nuevas variantes del virus que amenazan la salud pública y una gran cantidad de la población que sigue vulnerable, la falta de claridad sobre la llegada de las vacunas ya estaba creando la sensación de que el Gobierno no se está moviendo suficientemente rápido ni con la contundencia necesaria para contener la enfermedad.

La muerte de uno de sus ministros y de un destacado sindicalista como lo fue Julio Roberto Gómez por la misma enfermedad que está tratando de contener, enfatiza esa sensación de vulnerabilidad del país ante la pandemia.

“Lo que va a medir a los mandatarios es el número de muertos por el covid. ¿qué puede esperar una persona en Pamplona que espera la vacuna, si al gobierno se le muere un ministro?”, nos dijo el analista político Carlos Suárez.

Duque había finalizado el 2020 con una victoria política que mostraba ejecución y rapidez para enfrentar la crisis del covid, al anunciar el 18 de diciembre que había logrado tres acuerdos para adquirir casi 30 millones de vacunas para arrancar un plan masivo que permitiera inmunizar a 34 millones de colombianos a inicios de este año.

Pero un mes y una semana después de ese anuncio con bombos y platillos, no es claro todavía si el gobierno ya compró efectivamente las vacunas ni cuántas ni cuáles. Las regiones tampoco están preparadas para cuando lleguen y el gobierno ni siquiera ha nombrado una persona encargada de coordinar la compleja logística de vacunación.

Hoy no se sabe cuándo Colombia pondrá su primera vacuna. En la cumbre de gobierno de Hatogrande, como contamos, se habló de que posiblemente las vacunas llegarían “a finales de febrero”, semanas después de la fecha inicial que el MinSalud había indicado.

Es más, el gobierno no aprovechó la planeación estratégica de Hatogrande para enviar un mensaje contundente al país sobre la prioridad que le da su gobierno a la vacunación, ya que lo metió como uno de seis temas.

De hecho hoy, en medio del luto del Gobierno por la muerte de Trujillo, el Congreso volvió a sesionar para escuchar (en una audiencia pública prevista desde mediados de enero) al ministro Ruiz para explicar el estado real de la situación con las vacunas.

Mientras tanto, Panamá y Ecuador arrancaron sus vacunaciones con la vacuna de Pfizer (una de las tres con las que Colombia tiene acuerdo), hace cinco días y ya el personal médico de primera línea ha comenzado a recibir las primeras dosis; Chile arrancó el 24 de diciembre también con Pfizer; y Argentina arrancó la vacunación el 30 de diciembre con las de Sputnik y al 20 de enero había administrado 241.850 dosis.

El viernes pasado, México había aplicado 567.379 dosis, de esas 18.510 han sido segundas dosis. Costa Rica empezó la vacunación el 24 de diciembre, y ya han puesto 48.128.

Esos avances en la región -con la vacuna que sea- debilitan aún más la posición de Colombia y la carta clave de Duque para el fin de Gobierno, que es el legado que tendrá en el manejo de la pandemia y la reactivación económica.

“Ecuador, Panamá, Argentina tienen vacunas, sea la de Sputnik o la que sea. Duque no puede decir lo mismo”, nos dijo el analista de riesgo político Sergio Guzmán. “Se queda sin la herramienta clave: mostrar gestión, abrir la economía y darle a la gente esperanza de que el fin del covid estaba a la vuelta de la esquina y revertir la tendencia de pesimismo que tenemos”.

Y es que como dijo hoy en su editorial el director del diario Portafolio, Francisco Miranda (exasesor de Duque), las demoras y la poca claridad del Gobierno sobre el estado actual de las negociaciones para traer las vacunas, tienen un impacto político sobre la credibilidad del Ejecutivo y de Duque.

“Aún si se cumple el compromiso de empezar la inmunización a mediados de febrero, reconstruir esa confianza ciudadana requerirá de una estrategia robusta”, dice Miranda en su editorial.

Tanto Guzmán como Miranda coinciden en que esta situación, en menor escala, ya la había enfrentado el Presidente con la reconstrucción de Providencia, que prometió lograr en 100 días en diciembre y que tuvo que reprogramar.

Sin una fecha clara de vacunación, y con el segundo pico en todo su furor, la reactivación económica tampoco pudo arrancar en enero.

El impacto del segundo pico

El Gobierno y los empresarios arrancaron diciembre con la esperanza de que ese fuera el mes en el que se empezara a consolidar la reactivación económica, que arrancó en septiembre cuando se abrieron casi todos los sectores de la economía.

Pero esa esperanza se fue desinflando rápidamente en la medida que las camas UCI se llenaban y que los gobiernos locales (con el permiso del Ministerio de Salud y de Interior) implementaban nuevamente cuarentenas, toques de queda estrictos y restricciones a la movilidad.

Aunque aún no hay datos oficiales del Dane, una encuesta de Fenalco reportó que, en diciembre, 38 por ciento de los comerciantes reportaron una caída en sus ventas frente a 2019, y ya el presidente de la agremiación, Jaime Alberto Cabal, declaró que enero también había sido un mes perdido para la reactivación.

Pronósticos de otros centros de estudios le dan la razón. Para economistas del Banco de Bogotá, la economía podría caer entre 4,5 y 7 por ciento frente a enero de 2020; y una cifra similar tiene Anif, entidad que además prevé una tasa de desempleo entre 16 y 17 por ciento en enero, tres puntos porcentuales por encima de la tasa de desempleo de noviembre (el último dato disponible), mientras que Fedesarrollo calcula que con la segunda ola de Covid se perderán 146.000 empleos y se dejará de producir -solo en enero- entre 800 mil millones y 1,2 billones de pesos.

En este entorno, con un programa de reactivación confuso -que promete 164 billones de pesos de inversión y crear dos millones de empleos en dos años, pero del que no han precisado todos los proyectos ni de dónde saldrá la plata- y una deuda que equivale al 66 por ciento del PIB, el Gobierno se enfrenta también al desafío de sacar una reforma tributaria que recoja unos 20 billones de pesos que necesitará para funcionar en 2022 y evitar que las calificadoras de riesgo le quiten al país el grado de inversión (un reconocimiento que le permite al Estado endeudarse a bajas tasas de interés).

Con el panorama de salud y económico en su peor momento, el Presidente no ha logrado consolidar un discurso claro frente a la vacunación ni un liderazgo como el del inicio de la pandemia que combinaba altos niveles de optimismo con medidas contundentes para alistar el país para enfrentar el contagio.

Por ejemplo, ha mantenido su programa de TV como principal herramienta de comunicación, a pesar del evidente desgaste que contamos acá; no ha anunciado medidas novedosas sino restricciones que son cada vez más difíciles de aplicar por la pérdida paulatina de legitimidad de los cierres, el agotamiento general y la necesidad del rebusque; no ha logrado reabrir las escuelas públicas y muchas privadas han vuelto a cerrar; y ha tenido muchas dificultades en comunicar lo que se ha logrado y los retos para empezar a vacunar, y más cuando por ejemplo ha dicho que hay contratos firmados pero no, o que se empieza antes de lo que ha dicho su propio Ministro de Salud.

Así, mientras la sensación general en diciembre era que la pandemia iba quedando atrás, Duque no ha podido mostrar que la esperanza de las vacunas esté cerca.

Justamente hoy iba a presentar el plan de vacunación ante directores de medios, una medida que le podía ayudar a retomar el control de la agenda pública, pero canceló tras la muerte de Trujillo, una muestra de cómo este momento envuelve al Gobierno.

Comentarios (3)

Flora Mercado

27 de Enero

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La coalición de gobierno está demostrando su poca idoneidad para cumplir su única y más importante labor: garantizar la vida de las personas. Ya sea por ineptitud o por ceguera ideológica, el gobierno fracasa rotundamente en la consecución de las vacunas. La vida de la gente no puede estar sujeta al fanatismo de sus gobernantes. CD+CR+Conservadores no pueden seguir dirigiendo. OJO CON EL 2022.

La coalición de gobierno está demostrando su poca idoneidad para cumplir su única y más importante labor: garantizar la vida de las personas. Ya sea por ineptitud o por ceguera ideológica, el gobierno fracasa rotundamente en la consecución de las vacunas. La vida de la gente no puede estar sujeta al fanatismo de sus gobernantes. CD+CR+Conservadores no pueden seguir dirigiendo. OJO CON EL 2022.

Wilozada

27 de Enero

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Sí, doña Flora: Ojo con el 2022. Si no somos consecuentes, objetivos, serenos, a la hora de buscar un candidato que enfrente esa maquinaria que enumera, los volveremos a tener en el poder por mucho tiempo. Por desgracia, un candidato con una altísima imagen negativa parece ser el llamado a enfrentar dicho contubernio maligno. Si es así, volveremos a fracasar.

Sí, doña Flora: Ojo con el 2022. Si no somos consecuentes, objetivos, serenos, a la hora de buscar un candidato que enfrente esa maquinaria que enumera, los volveremos a tener en el poder por mucho tiempo. Por desgracia, un candidato con una altísima imagen negativa parece ser el llamado a enfrentar dicho contubernio maligno. Si es así, volveremos a fracasar.

Wilozada

27 de Enero

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Con tristeza, y lejos de fanatismos o malquerencias, hay que reconocer que el señor Duque es muy bueno para la farándula; (desconocíamos sus dotes de presentador de televisión) para nombrar a sus amigotes de la Sergio Arboleda en cargos importantes; para cooptar los organismos que garantizan el equilibrio de poderes; para la provocación y la casa de peleas innecesarias. Como estadista, un fiasco.

Con tristeza, y lejos de fanatismos o malquerencias, hay que reconocer que el señor Duque es muy bueno para la farándula; (desconocíamos sus dotes de presentador de televisión) para nombrar a sus amigotes de la Sergio Arboleda en cargos importantes; para cooptar los organismos que garantizan el equilibrio de poderes; para la provocación y la casa de peleas innecesarias. Como estadista, un fiasco.

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