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Por Juanita Vélez · 25 de Julio de 2019

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Luego de estrellarse duro con la realidad en las elecciones al Congreso, la Farc tiene una estrategia de empezar por abajo en las elecciones regionales de octubre. En lugar de apostarle a alcaldías grandes o gobernaciones, se la van a jugar sobre todo por listas de coalición a concejos y asambleas, con un perfil tan bajo que en algunas ni siquiera saldrán en el tarjetón.

Eso a pesar de que su proyecto político desde el Acuerdo parte de crecer en el poder local, que se define en buena medida en estas votaciones, y de que vienen de ser los que ‘orientaban’ por quién votar en muchos municipios.

Esa estrategia parte de reconocer que tienen un lastre mayor al que pensaban.

“La estigmatización no sólo viene de la derecha. También la hemos sentido en sectores de izquierda que ven amenazados sus votos y que tampoco quieren cargar con el estigma”, dijo a La Silla Francisco González, excomandante que hace parte de la dirección nacional del partido y era conocido con el alias de ‘Pacho Chino’.

No hay con qué

Tres miembros del  ‘Consejo Nacional de los Comunes’ (la reunión de los 111 directivos de Farc) nos contaron que en el más reciente pleno, hace unas semanas, concluyeron que deben trabajar primero en crear la estructura del partido, antes de aventurarse a lanzar candidatos para cargos grandes como alcaldías de ciudades capitales o gobernaciones.

 

“Estamos en unas carreras terribles por todo lado porque si bien tenemos consejos departamentales en 30 departamentos y consejos locales en las capitales, no hay todavía consejos municipales”, nos dijo Pacho Chino. “El trabajo hasta ahora ha sido o en los espacios territoriales o en las capitales, faltan los equipos municipales”, agregó.

Sienten que sin ellos, no tienen una estructura de partido, y que estas elecciones son una oportunidad para crearlas, y para eso es clave tener candidatos, especialmente a los concejos municipales.

Esa estrategia, sin embargo, se enfrenta a grandes límites.

Uno es que sienten que no hay garantías de seguridad: la Misión de la ONU ha verificado la muerte de 123 excombatientes, más 10 desapariciones y 17 intentos de homicidios desde la firma del Acuerdo. Ante eso, tener un candidato fariano equivale a asumir un riesgo muy alto.

Otro es que sienten la sombra de sus disidencias. Creen que ella no solo hace que la gente crea que no han dejado las armas, sino que son otro problema de seguridad, pues en algunas regiones, como Arauca o Putumayo, esos grupos tienen amenazados a los excomandantes que hagan trabajo político con sus bases. Eso, de nuevo, desincentiva apuestas propias.

El tercer límite es el enorme rechazo que tiene su pasado armado, como se notó en la fallida visita de Iván Márquez a su natal Florencia en febrero del año pasado, antes de desaparecer, o cuando Rodrigo Londoño era su candidato a la Presidencia y lo recibieron con huevos y maicena en algunas ciudades. 

Eso hace casi imposible que tengan candidatos victoriosos en cargos importantes y por eso candidaturas que estaban sonando, como la de Joaquín Gómez a la Gobernación de La Guajira o la de Fabián Ramírez a la alcaldía de Cartagena del Chairá, Caquetá, ya no van, según nos confirmaron fuentes del partido. 

“Hasta el momento él no va. No hay garantías políticas, ni jurídicas, ni físicas para semejante desafío”, nos dijo Abelardo Caicedo, que fue un comandante Caribe, cuando le preguntamos por la candidatura de Gómez.

De abajo hacia arriba

Por todos esos factores, la apuesta es “lograr la participación en cuerpos colegiados (concejos y asambleas), apoyando a algunos candidatos en alcaldías con coaliciones”, nos dijo el ahora representante a la Cámara, Luis Albán, conocido como Marcos Calarcá.

Esa decisión de ir en coaliciones les permite, por un lado, mandar el mensaje de que no están aislados y, por otro, sumar votantes con otros grupos y tener chances de alcanzar una curul.

Para eso buscan meter candidatos en listas de convergencia con los mismos partidos y movimientos que apoyaron la ‘Colombia Humana’ de Gustavo Petro como la Unión Patriótica, el Polo, Mais y un sector verde.  

Lo que los ha sorprendido es que esas alianzas han sido difíciles de concretar, a pesar de que pensaban que tenían apoyo en la izquierda.

En Bogotá, por ejemplo, lanzaron al exdirigente estudiantil y exvocero de Marcha Patriótica, David Flórez. La idea es que vaya en una lista de convergencia con partidos como la Unión Patriótica y movimientos como la ‘Colombia Humana’, pero eso aún no se ha concretado. 

En Antioquia, bastión uribista, les pasó algo parecido. 

Aunque inicialmente entraron a una coalición con el Polo, Mais, la UP y Colombia Humana para llevar listas conjuntas a concejo, asamblea y tener candidato a la Alcaldía de Medellín, “los alternativos nos bajaron del bus por la estigmatización, porque tenemos que ir con otro vestido, otro símbolo, nuestros muchachos tienen que ir camuflados de otros partidos", nos dijo ‘Marcos Urbano’, consejero político de Farc en el área metropolitana y vocero en tema de avales. 

Por eso nos dijo que están hablando con “otros sectores”, aunque no nos dijo quienes. Esperan al menos llevar candidatos a concejo en los municipios donde hay espacios territoriales de capacitación, que son Anorí, Remedios, Dabeiba e Ituango, y en algunos del Valle de Aburrá como Bello e Itagüí.

En otras regiones las coaliciones alternativas sí los han recibido, pero ellos mismos son conscientes de que poner el logo del partido en el tarjetón resta.

Un caso que lo muestra muy bien es el de Argelia en Cauca. Allí, los excombatientes del frente 60 estuvieron de acuerdo en que no era conveniente que saliera el logo del partido en el tarjetón, aunque apoyan a la alcaldía a Jonathan Patiño, miembro de la coordinadora de cocaleros Coccam y diputado por la Alianza Verde.

“Con ellos conversamos ese tema del logo y ellos mismos decían que si aparecía como coaval no era conveniente por el estigma. Es complejo porque hay corregimientos donde son bien recibidos, pero por ejemplo en la cabecera municipal no. Por eso llegamos a ese acuerdo”, nos dijo el candidato Patiño.

Solo en algunas regiones que han sido sus retaguardias históricas están trabajando más de frente.

Como contamos, en Putumayo, donde por años el frente 48 tenía mucho poder, se metieron, con logo y todo, en la coalición ‘Convergencia Putumayo’. Están con el Polo, Mais, Verde, Aico, Colombia Humana y sectores indígenas y docentes, y tienen un candidato único a la Gobernación. 

Lo mismo en San Vicente del Caguán, Caquetá, fortín del otrora bloque sur y de la columna móvil Teófilo Forero. Allí dos excombatientes que viven en el espacio de ‘Miravalle’ van a estar en una lista al concejo con el Polo y la Unión Patriótica.

Hay algunos casos excepcionales en los que tendrán lista propia.

En La Montañita, otro municipio caqueteño pegado a Florencia, se la van a jugar por una lista cerrada al concejo de cuatro excombatientes. “Estamos es pendientes del papeleo y todo eso, pero ya vamos así”, nos dijo Federico Montes, dirigente político del espacio territorial de ese municipio. 

En San Calixto, en el Catatumbo (subregión de Norte de Santander)  y donde sacaron más del diez por ciento de la votación total a Senado, van con lista propia al concejo. En ese mismo departamento llevarán a Rubén Zamora, máxima cabeza de Farc en el Catatumbo, en una lista con la UP y el Polo.

Y en La Uribe, Meta, el único sitio del país en el que sacaron más del 20 por ciento de los votos a Senado, quieren una lista propia al concejo en la que irían cuatro excombatientes y la encabezaría ‘Albeiro Suárez’, líder del punto de agrupamiento que hay en ese municipio. Solo les falta que la dirección del partido les diga que los exguerrilleros que se quieren lanzar tienen los papeles en regla.

Allí, además, tienen alianza con Mais y UP para coavalar a Inocencio Hurtado a la Alcaldía, que en las elecciones de 2015 contaba con el apoyo soterrado de la guerrilla y quedó de segundo con 1251 votos versus los 1313 del liberal Jaime Pacheco. 

Por último, llevarán lista propia a la Asamblea del Tolima, encabezada por alias ‘Donald’, excomandante del Frente 21.

Esas apuestas son relativamente pocas y aisladas, pero tienen una visión de mediano plazo. “No es nuestro interés llegar a una competencia feroz, sino ir acumulando pensando en las próximas locales”, dice ‘Marcos Calarcá’.

Las regionales suelen ser la cuota inicial de las legislativas y las presidenciales. Por eso la estrategia a mediano plazo es que tener éxitos para acumular fuerza electoral para las elecciones nacionales de 2022. Algo que necesitan si no quieren desaparecer como partido, porque el Acuerdo les dio derecho a avalar candidatos sin lograr el umbral, pero solo hasta las elecciones de 2026. 

El panorama para octubre es apenas el primer paso para asegurar esa vida política en el futuro. Una mirada de largo plazo similar a la que tuvieron durante cincuenta años como guerrilla, en una estrategia que no les funcionó con las armas y que tiene un arranque difícil con las urnas. 

Comentarios (3)

Pedro Korrea

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