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Por Camilo Andrés Garzón · 14 de Abril de 2020

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El colegio público Próspero Pinzón está ubicado en el barrio Kennedy, al suroccidente de Bogotá, a unas cuadras del Monumento a las Banderas y a 10 minutos de Corabastos. 

Es un colegio público de 1400 niños con una jornada que va hasta grado 11. Existe hace más de medio siglo, pero justo desde comienzos del año estrenaron nuevas instalaciones con un edificio circular moderno que la alcaldía de Peñalosa dejó construido. Cada salón tiene un televisor y el plan es tener internet en todo el colegio próximamente. 

 

Pero por ahora, sus estudiantes, la mayoría de ellos estratos uno y dos, están encerrados en su casa hasta el 31 de mayo por el coronavirus y la idea de seguir estudiando de manera virtual es una promesa para otros.  En este colegio seis de cada diez estudiantes no tienen acceso a internet o un computador en sus casas.

Aunque durante todo el gobierno de Santos se “cacareó” la entrega de tabletas a los niños y la conexión a Internet de todo el país, e Iván Duque llegó con la idea de volver digital al país, la realidad es que aproximadamente el 63 por ciento de los estudiantes de bachillerato en colegios públicos no tiene ni internet ni computador en casa, según el Laboratorio de Economía de la Educación de la Universidad Javeriana. Estos son más de 4 millones de estudiantes de los 7 millones que están en colegios públicos actualmente. 

Así, el colegio Próspero Pinzón, sus profesores, directivas y estudiantes son más la norma que la excepción, y sus historias muestran cómo para la mitad del país estudiar en tiempo de coronavirus es una odisea.  

La apuesta por conectar a los estudiantes desde los colegios

En un país donde, según el último censo nacional (2018) un 67 por ciento de los hogares carece de internet, los programas de gobierno se enfocaron durante años en permitirle a los estudiantes conectarse desde sus colegios. 

El programa que llevó las banderas para equipar a los colegios públicos con computadores y acceso a internet es Computadores para Educar, un programa que inició con Pastrana, pero que continuaron Uribe y Santos. Duque lo retomó, con el objetivo de formar a profesores en tecnologías de la información y equipar a los colegios con computadores y tabletas. 

El programa reportó a finales de 2019 haber entregado en todo el país casi 2 millones de computadores y otras 2,5 millones de tabletas desde que empezó a operar. Para 2010, se calculaba que en el país había 17 estudiantes por cada computador en colegios públicos. Hoy Computadores para Educar calcula que hay 1 computador por cada 5 estudiantes.  

Para 2020, con un presupuesto asignado de 33 mil millones de pesos, el plan de Duque era entregar 72.000 computadores nuevos para 2.414 colegios públicos en el país.

Pero las cosas se ven distinto desde el colegio Próspero Pinzón.

Los profesores con los que hablamos nos contaron que tienen aproximadamente 40 tabletas para todo el colegio, las cuales les entregó Computadores para Educar en 2018, y que alcanzan para equipar una clase completa, pero no son suficientes para que dos salones estén usándolas al tiempo, por lo cual se turnan su uso. 

En la práctica, algunos estudiantes manifiestan que han usado las tabletas dos o tres veces en uno o dos años de estudio, por lo que no son percibidas como elementos esenciales para el desarrollo de ninguna clase. Los computadores no han terminado de ser instalados en la nueva sede, así que tampoco cuentan con ellos. 

“Solo usamos las tabletas una vez”, nos dijo un estudiante. “El problema es que cada vez que las prestaban, salían dañadas, así que como no se cuidan las cosas, creo que prefieren no usarlas ahora tanto”.

Luz Karime Abadía, codirectora del laboratorio de Economía de la Educación de la Universidad Javeriana, cree que a pesar de lo que ha hecho Computadores para Educar “la gran mayoría de colegios no tienen computadores suficientes o de buena calidad y muchos de ellos no tienen acceso a Internet. Esa brecha se hace especialmente clara en la diferencia entre públicos y privados, pues estos últimos tienen mejores recursos tecnológicos y así mismo les va mejor en las pruebas nacionales e internacionales”, dice.

Sin embargo, en este momento, todo lo que se avanzó para dotar de computadores o tabletas a los colegios públicos, no les sirve a los estudiantes porque esos equipos no se pueden sacar del colegio por ser recursos públicos. Así que a los estudiantes les toca ingeniárselas desde sus casas para conectarse y seguir estudiando.  

La solución a la que han recurrido en el Próspero Pinzón es tomar fotos de las tareas y enviarlas por whatsapp. Los que pueden, pero con un costo para su educación muy grande y convirtiéndose en un estrés adicional para las familias, ya de por sí angustiadas por la pandemia y la crisis económica que se avecina.

La odisea

Patricia Jiménez, la coordinadora Académica y de Convivencia de preescolar y primaria del Próspero Pinzón, nos contó que el 14 de marzo, cuatro días antes de entrar en cuarentena, se reunieron, convocados por la Secretaría de Educación, los profesores de 348 colegios públicos de la ciudad para fijar las medidas pedagógicas si se suspendían las clases, como al final pasó. 

Decidieron crear un blog del colegio en el que los profesores pudieran subir las tareas y los estudiantes sus respuestas. Solo tenían un desafío: entre el 50 y el 70 por ciento de los alumnos carecen de un computador o de servicio de internet.

“Esto implica que muchos no podrán acceder al blog. Por eso dejamos libertad a los profesores de contactar a los estudiantes a través de otros medios”, dice Patricia.

El que más ha servido es whatsapp. Por ahí crearon grupos de padres y se mandan las actividades con fotos. 

“Las familias pueden no tener computadores, pero celulares todos tienen, así que es el medio más universal. Los papás contentos porque desde ahí hacen reclamos y se enteran de las tareas de sus hijos”.

El esfuerzo más grande le ha tocado a los profesores. 

La primera semana de la cuarentena, Sonia González, que enseña español entre séptimo y décimo en el Próspero Pinzón, le envió varios mensajes de correo a sus 145 estudiantes. Le respondieron solo 10. 

Como del resto no sabía nada, si les había llegado el mensaje o no tenían cómo verlo, decidió tomar el directorio de teléfonos del colegio y llamarlos. 

“Me tocó empezar a llamar uno por uno a sus casas para saber dónde estaban, así logré contactarme con 60. Con el resto no tengo comunicación. No sé nada de ellos”.  

Muchos estudiantes, sorprendidos con su llamada, le dijeron que no habían podido hacer nada porque no tenían cómo. 

Algunos de ellos compran datos por 2 mil pesos por un día o dos y así pueden recibir mensajes por whatsapp o abrir el correo electrónico. 

“Hablé con algunas mamás y me decían que les tuviera paciencia porque solo hay un computador para 3 niños estudiando y el esposo que trabaja desde la casa lo tiene que usar casi todo el día”. 

Algunos profesores dicen que el colegio envió opciones para facilitar que las familias tuvieran internet desde las casas. Por ejemplo, con Claro podían los padres tener un internet muy barato en la casa con una tarifa que va entre los 8.600 y los 18 mil pesos para poder conectarse, pero no se sabe cuántas familias realmente puedan permitirse ese gasto adicional. 

La familia de Zulma Castro, una joven de 15 años que estudia en el Próspero en décimo grado, no puede darse ese lujo.

Ella y sus dos hermanas menores que también estudian allí, para hacer tareas no tienen acceso a Internet pero tampoco computador en el apartamento. Lo que hacen, entonces, es ir donde una tía que vive cerca y que sí tiene computador. 

“Usamos el de ella para abrir el correo, ver las tareas que nos dejan, tomarles foto y luego sí nos devolvemos a hacerlas. Nos turnamos cada una por día para ir donde mi tía porque ella también tiene hijos y tienen que salir a la calle. Pero es un ritmo muy duro”. 

Zulma cuenta que los profesores dejan tarea todos los días. Como ven 11 clases a la semana, son 11 tareas que tiene que hacer sin guía de nadie. 

“Las tareas las hacemos las tres desde el comedor de la casa. Para hacer casi todas las tareas necesitamos internet, por lo que usamos el celular de mi papá que tiene datos para hacer consultas específicas, pero no tanto porque no podemos gastarnos todos sus datos. Con lo que averiguamos escribimos la tarea a mano, le tomamos una foto desde el celular de mi papá y luego enviamos las imágenes a algunos profesores por whatsapp y a otros por correo desde el computador de la tía". 

Zulma dice que “es un momento muy raro” porque hay más tareas por hacer pero no están sacando notas. Los profesores revisan si entregan completo o no y ya. “En algún momento dicen que nos van a calificar pero quién sabe cuándo”. Sonia dice que por estos meses las calificaciones que harán serán cualitativas.   

Los profesores tampoco lo saben porque a ellos se les ha duplicado el trabajo. Sonia cuenta que tiene reuniones virtuales con los rectores y el personal administrativo, y que le toca alargar sus jornadas.

“En ocasiones me dan las 9 de la noche trabajando porque no me da el día para revisar todo. Tenemos que enviar informes a la secretaría de educación, calificar estudiantes, preparar clases, y aparte de todo eso, estar pendientes de nuestra casa”. 

Aunque no todo es malo, piensa Sonia González, quien ve esta como una oportunidad pedagógica.

“Nos ha tocado improvisar a todos”, dice. “Cada día uno se levanta a ver cómo va a hacer. Ahora estoy pensando en grabar audios para que escuchen mi voz y sientan mi presencia de alguna forma. Les pedí de tarea que por notas de voz me cuenten historias sobre qué se siente vivir en tiempos de una pandemia. Es el momento perfecto para la literatura”.

Mientras tanto, dice, ella aprovecha que su hija está también en la casa tomando sus clases de microbiología en la Universidad Javeriana y puede escuchar lo que le dicen y ha aprendido de vacunas. “Ahora estoy más cerca de mi hija que antes”, dice.

Patricia, por su lado, sabe que es un desafío que los estudiantes puedan hacer sus tareas efectivamente, no solamente porque muchos no tienen internet, sino porque están en un contexto familiar que no está preparado para tenerlos en casa.

“Para muchos padres el colegio es la guardería”, dice. Muchos de ellos viven del rebusque, del reciclaje, de venta de tintos, y de comerciar en corabastos. Les toca muy duro.  El colegio servía para que les dieran comida a sus hijos. Ahora dependen del subsidio de alimentación para eso y les toca convivir en un espacio pequeño con familias que tienen entre 4 o 5 miembros”.  

En el Próspero a los papás lo único que les toca pagar son mil pesos por el certificado de grado y la inscripción a los exámenes de Estado. Esta situación ha puesto en evidencia lo mucho que las familias dependen del colegio. 

“La mayoría de estudiantes viene a todo menos a estudiar, unos vienen a socializar, otros a comer o a buscar el afecto que no tienen en casa”.  

En el caso de Zulma, el tema de la comida aumenta la tensión que están viviendo. Su papá trabaja como conductor en una ferretería, pero como está cerrada él se está quedando en el apartamento y no recibe pago. 

“Ahora se quedan mi papá y mi mamá todo el día. Ellos se estresan con lo de la economía y se ponían bravos con nosotros porque molestamos mucho y nos la pasábamos pidiendo comida”, cuenta Zulma. “Nos ha servido la ayuda que le llegó a mi mamá del distrito. Le consignaron a su cuenta de Daviplata 234 mil pesos y luego 170 mil. Eso nos ayudó un montón, con eso compramos mercado y estamos bien por ahora”. 

Cuando salga del colegio en dos años, Zulma quiere ingresar al Sena a estudiar enfermería y gastronomía. Se quería inscribir este año, pero por ahora el plan va a tener que esperar. Tanto Zulma como su profesora Sonia son optimistas y piensan que, en medio de todo, están por fin más cerca de sus familias. 

“Me gusta mucho que hemos estado más unidos, compartimos más y jugamos”, dice. “Normalmente no tenía tiempo para estar con ellos, pero ahora lo sacamos”. 

Por ejemplo, el fin de semana decidieron no hacer tareas ni nada para estar juntos. Para ella también es un consuelo que igual puedan seguir estudiando y que no van a cancelar el año de estudios porque así puede salir más rápido a trabajar y ayudar con los gastos de la familia.

El debate sobre si seguir o no

Para organizaciones como la Unesco, la solución de la virtualidad no es realista en regiones como América Latina porque excluye a los más pobres, precisamente entre ellos a esos que no tienen acceso a internet. 

En esa misma línea, expertos de nuestra red de educación como Edwin Fabián García han propuesto que se cancelen las clases, pues la escolaridad obligatoria en casa exacerba los problemas de las familias. 

En su lugar, proponen salidas como usar televisión o radio para masificar la oferta educativa. 

Esto es algo que el Ministerio de Educación, de hecho, ya puso a andar a su modo. El programa “Profe en tu casa” se emite por Radio Nacional y Señal Colombia a las 10 de la mañana y su rating ha subido en un 72 por ciento en las últimas semanas. El programa hace parte de toda una parrilla de contenidos educativos que Señal Colombia está emitiendo de 6 a 6 entre semana. El Ministerio espera poder ampliar estos contenidos a los canales locales.  

Luz Karime Abadía cree que estas estrategias del gobierno son buenas, pero los contenidos de esos programas pueden estar desconectados del plan de estudios de los colegios: “No basta con emitir programas. Se necesita además un tutor en casa que entienda los temas y sepa guiar a los niños. Si se pierde la relación con el profesor, no se aprende”, dice.

Sobre cancelar las clases, le parece que es difícil que vaya a pasar porque en ese escenario el tiempo que los estudiantes ya han estudiado este año no se va a poder reponer, por lo que al final se van a demorar más en salir de bachillerato y en integrarse a la vida laboral: “Es una inversión perdida para el Estado y para los jóvenes”, dice.

Por ahora, el gobierno no tiene ningún plan de parar las clases y seguirán en la modalidad no presencial por lo menos durante la primera mitad de este año. En colegios como el Próspero, esa educación ocurrirá casi toda por Whatsapp.

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