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Por Juan Manuel Flórez Arias · 03 de Noviembre de 2020

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Desde hace cinco meses, las redes sociales se llenaron de rostros de niñas y jóvenes sobre un fondo violeta, con el mensaje #BuscarlasHastaEncontrarlas. 

La consigna es una estrategia de Estamos Listas, el primer movimiento político de mujeres del país, que comenzó el año pasado obteniendo una curul en el Concejo de Medellín.

Desde junio, siguen cada desaparición de niñas y jóvenes en la ciudad (y algunas de otros municipios), difunden las fotos en redes sociales con un grupo de cerca de 800 voluntarias, y presionan a las autoridades con derechos de petición y plantones para que hagan la búsqueda. 

También, a través de su concejala, Dora Saldarriaga, convocaron hace unas semanas una sesión de control político en el que interpelaron a la Fiscalía, la Policía y la Alcaldía.

La concejala presentó cifras, tomadas de Medicina Legal, que perfilan las desapariciones de mujeres en Medellín entre enero y junio: el 99 por ciento ocurrieron en barrios populares; el 52 por ciento de las desaparecidas tenían entre 12 y 14 años, y entre las causas identificaron principalmente redes de explotación sexual y violencia sexual en las casas. 

Estos datos, sumado al seguimiento que han hecho desde junio, en el que han acompañado 13 casos de desaparición (hasta ahora 12 niñas han aparecido), les ha permitido encontrar factores comunes: “Las redes criminales buscan desaparecer niñas de barrios empobrecidos que, usualmente, no buscaría toda la sociedad”, le dijo Saldarriaga a La Silla.

Aunque la mayoría de estas niñas aparecen, la concejala explica que encontraron una modalidad de las redes de explotación sexual en las que desaparecen las niñas y jóvenes por un fin de semana. Además, en los casos en los que las jóvenes se van de sus casas por casos de violencia sexual, hallarlas no es suficiente en caso de que sigan en ese contexto.

La estrategia generó una respuesta de la Alcaldía, que en junio creó una Mesa de Seguimiento de Desaparición de Mujeres en la que participan la Fiscalía, Medicina Legal, y la Policía, en la que, según nos dijo un vocero de la Secretaría de Seguridad, “se evidenció una desarticulación entre las dependencias”.

Por ahora, sin embargo, los avances en articulación han sido sobre todo declaraciones. Tres secretarías nos dijeron que aún no terminan el protocolo único con enfoque de género para responder a las desapariciones ni la unificación de cifras entre todos.

Esta mesa y otras acciones de la Administración muestran que la estrategia de Estamos Listas, aunque con antecedentes en campañas de búsqueda de desaparecidos por el conflicto armado en Medellín, tiene una particularidad: por primera vez se hace desde un espacio de poder político, como el Concejo, con interlocución directa con el poder local.

Buscarlas a todas

La estrategia Buscarlas hasta encontrarlas comenzó con el caso de una integrante de Estamos Listas, Karina Rivera, cuya desaparición el 13 de junio generó una respuesta masiva en redes y un pronunciamiento del alcalde Daniel Quintero.

Karina apareció el 17 de junio, pero la velocidad institucional frente a su caso contrastó con el silencio frente a otro: el de Luz Leidy Vanegas, un ama de casa que desapareció en el barrio Castilla, al occidente de la ciudad, el 1 de enero, y que desde ese momento es buscada por su hija Yesenia Rivera.

Yesenia, junto a Estamos Listas y otros activistas que venían apoyándola presionaron en ese momento para que el Alcalde también se refiriera al caso de Luz Leidy (Quintero demoró cuatro días en pronunciarse sobre Rivera, pero llevaba seis meses sin mencionar a Luz Leidy Vanegas). Fue el inicio de #BuscarlasHastaEncontrarlas.

El objetivo, dice Gloria Castaño, integrante de Estamos Listas y encargada de la estrategia, es apoyar la búsqueda de las niñas y mujeres que no tienen relevancia pública: “Que la sociedad diga: no la conocemos, pero la vamos a encontrar, porque no hay unas que deban ser más buscadas que otras”.

Precisamente, el caso de Luz Leidy refleja varios de los vacíos institucionales frente a las desapariciones menos públicas. El 2 de enero, cuando Yesenia Rivera fue a poner la denuncia, le dijeron en la Policía Judicial que su mamá debía estar pasando la rabia de la discusión que había tenido con su pareja el día anterior y que seguro pronto iba a aparecer. 

Solo 15 días después de la desaparición, el fiscal asignado se enteró de los detalles, porque Yesenia y su tía fueron hasta su despacho a hablar con él. 

“Ellos mismos escogen si los casos son importantes o no. Los familiares somos la voz de los desaparecidos, y si no la alzamos, no pasa nada”, dice Yesenia.

En casos como el de Luz Leidy la institucionalidad ha replicado el protocolo de esperar 72 horas para iniciar la búsqueda, pese a que desde 2005 la ley 971 estableció el mecanismo de búsqueda urgente que acelera este proceso.

Según Claudia Carrasquilla, exdirectora de sección de la Fiscalía en Medellín, “las primeras son las horas clave para interceptar teléfonos, buscar antenas desde donde se hicieron las últimas llamadas y revisar los últimos lugares en los que vieron a la persona”.

Aunque desde la Secretaría de Seguridad le dijeron a La Silla que están haciendo pedagogía para que las personas sepan que no deben esperar 72 horas, en la práctica Carrasquilla considera que este protocolo se mantiene. 

Para la exfiscal “hay un error de diseño en el sistema. Funciona para que los casos lleguen al Cuerpo Técnico de Desapariciones, una unidad muy pequeña. Si la denuncia llega el fin de semana, por ejemplo, hay que esperar hasta el lunes para que un fiscal destacado ante el Gaula tome el caso”.

La otra carencia que identificó la estrategia de Estamos Listas es el acompañamiento a las familias, a cargo de la Secretaría de Inclusión Social. 

Es por esta vía por la que llegan la mayoría de reportes de desapariciones -148 entre enero y junio de este año entre hombres y mujeres-, y es la encargada de activar una ruta de siete pasos que incluye contactar a la familia, rastrear en centros de salud, albergues para víctimas, estaciones de Policía, Medicina Legal y hablar con la Fiscalía para verificar si se hizo una denuncia.

Desde Estamos Listas, sin embargo, nos dijeron que en varias ocasiones ha sido el movimiento el que ha acompañado a las familias en estos trámites e incluso han cubierto gastos como los pasajes para ir al lugar en el que las niñas han sido vistas por última vez y las fotocopias de los carteles de “Se busca”.

La Secretaría de Inclusión respondió, consultada por La Silla, que por la pandemia han buscado que este tipo de acciones sean virtuales. “Para la búsqueda lo que se distribuye son las fotos virtuales, se activa la ruta, y se brinda la atención de emergencia psicológica”, dijo el vocero y agregó que los recursos para pasajes o fotocopias “no están contemplados”.

Este contexto se agrava en el caso de las mujeres, las cuales, de acuerdo con Juliana Martínez, Secretaria de las Mujeres de Medellín, muchas veces al momento de desaparecer son culpadas por prejuicios machistas sobre su vida privada.

“Quién sabe qué estarían haciendo o con quién se fue”, son frases comunes, dice Martínez, por lo que es uno de los aspectos que están teniendo en cuenta en el protocolo.

El reto, explica Gloria Castaño, de Estamos Listas, es incluir las violencias particulares que enfrentan las mujeres en un sistema pensado sobre todo para buscar a los desaparecidos del conflicto armado.

Las herederas del sirirí

Medellín ha sido una ciudad marcada por sus desapariciones -3.663 personas entre 1980 y 2014 por el conflicto armado, según el informe Medellín Basta Ya-, pero también por sus búsquedas.

La presión del grupo Madres de la Candelaria para buscar a sus hijos, la campaña nacional ‘¿Y los desaparecidos qué?’ en 2006 y la audiencia pública ‘La verdad sobre las desapariciones en Antioquia’ en 2008 son antecedentes de la estrategia de Estamos Listas.

Es una herencia que se rastrea en las palabras, como la forma en la que el movimiento político llama a la presión que hacen en redes ante cada caso de desaparición: “Operación Sirirí”.

Es el mismo nombre que Fabiola Lalinde le dio a la causa para buscar a su hijo, Luis Fernando, luego de que fue desaparecido por el Ejército en octubre de 1984, y que la llevó a recopilar años de evidencia en un archivo que fue incluido en el registro regional del programa Memoria del Mundo de la Unesco. 

“Los militares desaparecieron a Luis en la operación Cuervos. Entonces yo me inventé mi propia operación. De niña mi papá me decía que yo era un Sirirí y cuando le pregunté el significado me respondió que era un pájaro muy insistente que defendía a sus crías de los cuervos sin matarlos”, dijo Lalinde en un documental publicado en 2017.

En Medellín, a través de esa persistencia, los familiares de los desaparecidos se han convertido también en sus buscadores. “El cambio, con la estrategia de Estamos Listas, es que esa insistencia cuenta ahora un megáfono en la política”, dice Juan Arenas, profesor del Instituto de Estudios Políticos de la Universidad de Antioquia.

Y también es novedosa de esta estrategia la mirada feminista que, como contamos, el movimiento político ha estado poniendo sobre en la agenda de la ciudad en temas como el Plan de Desarrollo y la campaña de Emergencia Nacional por Feminicidios.

Una mirada que Estamos Listas tiene la intención de escalar a nivel nacional.

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