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Por Nohora Celedón · 05 de Febrero de 2021

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La semana pasada la Comisión de Regulación de Comunicaciones, CRC, declaró que Claro es una empresa dominante en la telefonía móvil, lo que quiere decir que la compañía del multimillonario mexicano Carlos Slim es tan grande que hay un riesgo de que impida la competencia.

La CRC, adscrita al Ministerio de TIC pero con independencia para tomar sus decisiones, decidió por ahora no tomar ninguna medida para evitar que se siga expandiendo. Pero lo puede hacer si encuentra que Claro abusa de esa posición y, en todo caso, ahora la Superintendencia de Industria y Comercio debe ver cualquier reclamo de otro operador sobre las prácticas de Claro con los lentes de la desigualdad en el mercado.

Y mientras la CRC advierte sobre el poder de Claro por su tamaño, en dos grandes licitaciones del mismo MinTIC la empresa ha ganado más poder, pues se ha quedado con premios gordos, tanto en internet móvil como fijo.

De un lado, en una subasta para llevar la red 4G de celulares a más zonas del país; de otro, con la licitación de centros digitales por la que construirá 7.468 puntos de internet en más de 1.000 municipios.

Con esto, buena parte de la apuesta del Gobierno Duque para que el 70 por ciento de la población tenga internet  queda en manos de la empresa que ya tiene el 40 por ciento de los accesos fijos y el 60 por ciento de participación en el negocio de telefonía móviles.

Justamente, para tres expertos consultados por La Silla esos dos contratos tienen el riesgo de que Claro aumente todavía más su poder en el mercado, algo que en el largo plazo puede afectar a los consumidores, a la competitividad e incluso llevarla a ser una empresa tan grande y estratégica que el país dependa de ella.

El mayor poder de Claro

Claro no es grande en Colombia por casualidad. En los últimos 20 años ha hecho el 60 por ciento de las inversiones de infraestructura de todo el sector, algunas arriesgadas, como ampliar su red a mercados que no eran tan rentables, y en parte por eso hoy tiene la red de celulares más grande del país. También porque, ya siendo la más grande, cuando bajó precios a llamadas de Claro a Claro hizo que más gente migrara a su red, por el llamado efecto club.

Aunque eso ha traído problemas y ya en 2008 la CRC definió que era dominante en el mercado de voz móvil (los datos por celular eran un lujo en ese momento), siguió creciendo. 

 

En ese momento la CRC la obligó a llevar su red a zonas no conectadas y a alquilar su red a otros operadores a tarifas controladas, para que pudieran usarla así no tuvieran el capital suficiente para invertir en redes propias. Mejor dicho, para que pudieran competir ante los clientes aunque Claro tuviera la infraestructura más grande y sólida.

Eso desincentivó a que sus competidores metieran platas en torres, y justo entonces empezó a crecer el mercado de datos celulares y a empaquetar con televisión por cable e internet fijo, con lo que Claro se volvió una súperpoderosa en todo el mercado de telecomunicaciones y no solo en llamadas por celular.

En la resolución que publicó la semana pasada, la CRC dice que “sus ventajas competitivas, junto con los resultados de su estrategia comercial de los últimos años, habrían llevado a que no enfrente presiones competitivas efectivas en el mercado de “Servicios móviles” y a que se generen distorsiones en este mercado lesivas para la competencia efectiva del mismo, limitando los beneficios que podrían obtener los usuarios en un mercado con mejores condiciones de competencia”.

Esta ventaja aumentó en los dos últimos años por los dos contratos.

El primero fue cuando se ganó parte del espectro de 700 mhz, que es una especie de carretera invisible, de la que es dueña el Estado, por la que pasan las ondas de señales como las de radio o de telefonía. La de esos megahertz permite llevar señal 4G a los celulares, y Claro se ganó 20 megas de esta banda. 

No fue el que más ganó, pues Tigo ganó 40 megas de esta subasta, mientras que Avantel (que luego compró la firma Partners, dueña del operador Wom), ganó 20. 

Para ganarla, Claro se comprometió a pagar 949.257 millones de pesos, el 40 por ciento en plata al Estado, y 569.554 millones de pesos en especie, con obras que deben llevar el 4G a 1.348 puntos con redes, antenas y lo que se necesite para llegar a ellos.

Aunque es una inversión obligada, le da la posibilidad de llegar primero y ganar clientes en estas áreas poco conectadas.

Pero en la subasta la discusión no fue esa, sino que para sus competidores la mexicana no debería participar o debía tener límites para hacerlo, porque al ganársela crecería más en un mercado del que ya tiene el 60 por ciento.

En 2013 el Gobierno Santos le prohibió participar en una parte de la subasta por el espectro, justamente por su dominancia.

Además, para internet fijo obtuvo el mayor puntaje en la licitación para construir Centros Digitales en zonas apartadas, una de las mayores apuestas del Gobierno que, como contamos, es la única alternativa de millones de colombianos para entrar a internet con puntos fijos en escuelas, resguardos indígenas, parques naturales, guarniciones y puestos de salud. 

De la inversión por 2,1 billones de pesos, Claro se quedó con un contrato de 1 billón, y el otro por la cuestionada Unión Temporal Centros Poblados.

Como al menos 1008 Centros Digitales están a menos de cinco kilómetros de las zonas a las que Claro se comprometió a llevar red red 4G por la subasta del espectro, su competidora Telefónica, que también participó en la licitación, advirtió a MinTIC que la mexicana tenía una ventaja para concursar porque aunque la red es para telefonía móvil, podría servir llevar internet wifi a esos puntos.

Es decir, podría usar su compromiso con el Estado para ganarse otro contrato.

La oficina de prensa de Claro explicó a La Silla que en esos puntos no usará las antenas de 4G sino otras tecnologías como microondas, fibra óptica o satélites, que fue lo que en efecto propusieron en la licitación.

Esto es tan costoso que otras compañías no podían ir solas por un proyecto de este tamaño, y por eso todos los demás concursantes en la licitación eran consorcios. 

Pero Claro fue solo y obtuvo el mejor puntaje porque ofreció hacer 294 puntos digitales más que Centros Poblados y 976 más que el que quedó de tercero, la Unión Temporal ETB SKynet.

“Para Claro el negocio es de conectividad, de conexiones al por mayor de internet. Para ellos es más rentable, por ejemplo, rehabilitar los pasados proyectos de fibra óptica”, explica Fernando Castro, experto en redes de la Fundación Karisma.

Justamente , con la operación de estos centros que están financiados por el Gobierno hasta 2031, Claro tiene garantizada una presencia mínima en mercados que luego podrá conquistar con una buena estrategia comercial.

Según Jesús Soto, experto en temas de competencia y telecomunicaciones de la Universidad Externado, no es claro que con eso haya una conducta anticompetitiva.

“Es una eficiencia que Claro puede llevar a cabo sin que sea anticompetitivo. Porque una empresa puede decidir cómo lograr sus objetivos y si lo hace accediendo a una licitación, que además le otorgan porque es el mejor postor, no veo nada ahí”, dijo a La Silla el académico.

Sin embargo, para Soto es cuestionable que sea el mismo Estado, que declaró que domina el mercado de los móviles, el que alimente el crecimiento de la empresa.

“Lo que va a conllevar ya en términos prácticos es que el consumidor de aquí a cinco años va a terminar pagando más y el servicio que le van a prestar, tarde o temprano va a ser peor. Eso está clarísimo, eso va a suceder, porque siempre que hay centralización de poder en el mercado el servicio y la calidad de ese bien o servicio se ve perjudicado”, dice.

Y también es riesgoso para el Gobierno de Iván Duque.

El riesgo que asume Duque

Con estas decisiones, el Gobierno asume un riesgo grande: está impulsando a crecer tanto a una empresa que la supervivencia de Claro se puede volver indispensable para el país, y para sus propias metas de conectividad, que hoy más que nunca son esenciales para las personas que viven en sitios con muy mal servicio de internet.

Además porque los proyectos más claves de conectividad del Gobierno dependen en buena parte de Claro. 

La empresa tiene los contratos para lograr la mitad de la meta de los centros digitales para llevar internet a zonas rurales, una cuarta parte de la apuesta de las redes de telefonía celular (el Gobierno quiere pasar de 8,7 por ciento a 80 por ciento de cobertura 4G, para 2025), y de la meta de llevar internet barato a estratos 1 y 2 con el programa de internet social, en el que el Gobierno financia las conexiones en hogares de bajos recursos.

De acuerdo con la profesora Sandra Ortíz, experta en derecho de telecomunicaciones de la Universidad Externado, la cacareada ley TIC de Duque tiene tres objetivos básicos: cerrar la brecha digital, promover las inversiones y promover la competencia en el mercado. 

“En aras de tener conectividad puede estar afectando otro tipo de derechos como podría ser la participación de otros agentes en la consolidación de un proyecto de interés general que es la disminución de la brecha digital. Esto puede concretar la posición de dominio”, dijo a La Silla Vacía.

Ortiz también explica que el Gobierno no podía frenar a Claro en la licitación de los Centros Digitales: no había un concepto de la Superintendencia de Industria y Comercio que le dijera que era necesario, ni había salido la decisión de la CRC sobre la dominancia, por lo que el Ministerio no tenía una base legal sólida para sacarla.

Consultamos al Ministerio de las TIC para esta historia y no obtuvimos respuesta.

Aunque hayan pasado solo unas semanas, el panorama cambió con la decisión de la CRC, y en el horizonte está una nueva subasta para el espectro de 5G, la tecnología más avanzada para telefonía móvil. 

En ella, el Ministerio deberá definir si le da juego a Claro para que siga creciendo, o pone condiciones especiales para facilitar la participación de los otros 11 operadores que hay en el mercado, y de nuevos que puedan estar interesados en entrar.

Es decir, de si asume el riesgo de que en telecomunicaciones Claro sea como lo que es Avianca en el transporte: una empresa que tiene competencia pero que se vuelve tan grande que cualquier problema suyo pone al Gobierno de turno, al Estado y a todo el país en aprietos.

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