Uso de cookies

La Silla Vacía usa Cookies para mejorar la experiencia de nuestros usuarios. Al continuar navegando acepta nuestra política.

listo

Por Nohora Celedón · 31 de Mayo de 2020

10410

4

“Éramos un paciente que estaba enfermo, y ahora estamos en UCI”. Ese es el diagnóstico con el que Mauricio Tamayo, presidente de la Fundación San Vicente, uno de los complejos hospitalarios más grandes del país, resume la salud financiera de los hospitales y clínicas privados y públicos en Colombia, tras el tiempo que llevan esperando el pico de pacientes por Covid.

La tarea de tener disponibles suficientes camas hospitalarias y de cuidados intensivos para cuando llegara el momento álgido de la pandemia, con restricciones para hacer procedimientos médicos no urgentes u opcionales; y el mismo miedo de los pacientes a ir a un hospital y arriesgarse a contagiarse de coronavirus, le añadió a estos establecimientos una presión adicional a la crisis financiera que ya llevaban a cuestas.

Según los datos de la Asociación Colombiana de Hospitales y Clínicas, ACHC, en promedio los ingresos se les han disminuido a la mitad. Y aunque parecería poco si se compara con sectores económicos que han perdido todo en los últimos meses, el objetivo de la cuarentena siempre fue comprar tiempo para que el sector hospitalario estuviera listo para el pico, y para evitar que todos nos enfermáramos al tiempo.

Pero después de más de dos meses de cuarentena y como lo contamos en esta investigación, aún no están las camas ni los respiradores que se prometieron para esta fecha, y, en cambio, hay algunos establecimientos de salud en riesgo de quebrarse.

Así lo evidencian varios ejemplos y lo reconoce el propio Gobierno.

¿Una crisis de éxito?

Con sus dos hospitales privados: el Universitario de Medellín y el de Rionegro, la Fundación San Vicente maneja 70 especialidades, suma 802 camas, un área de pediatría con 200 camas y tiene 3.900 empleados directos. 

Antes de la pandemia, facturaba 40.000 millones de pesos al mes y en abril facturó 25.000 millones, (Ahora en mayo, con la reactivación de algunos servicios, espera subir a 29.000 millones la facturación). 

Así que con todo y que es un hospital privilegiado, por su tamaño, y porque el empresariado antioqueño lo respalda (el grupo Sura y Argos le hicieron una donación de 11.000 millones de pesos para que habilitara nuevas camas y respiradores), lo que recibió el mes pasado no le dio para cubrir su operación. “Nos tocó pedirles a los bancos que nos aplazaran el pago de unos intereses para poder pagar nómina, pero a este ritmo no podemos aguantar mucho tiempo”, nos dijo su presidente Tamayo.

No aguantar mucho tiempo no significa que vayan a cerrar los hospitales el otro mes. Significa que tienen que empezar a reducir costos, como ya lo hicieron este mes cuando despidieron a 20 trabajadores de la salud, entre ellos tres especialistas, varios médicos generales que hacían trabajos administrativos, enfermeras y auxiliares de enfermería, cuyo trabajo no tenía que ver con la atención del Covid.

El presidente de la ACHC, Juan Carlos Giraldo, describe esta situación como una crisis del éxito: una que se da por haber logrado habilitar camas para atender el pico de la pandemia. 

Una encuesta de la semana pasada con 101 de sus afiliados, muestra que en urgencias los hospitales y clínicas están trabajando con el 41 por ciento de la capacidad (cuando antes de la pandemia estaban por encima del 100 por ciento) y en cuidados intensivos están a un 52 por ciento de capacidad. (Aunque en algunas ciudades como Cartagena estas tasas se están aumentando).

“¿De dónde viene la parte de crisis? no se le olvide que, con motivo de la Ley 100, el esquema de financiación del sector hospitalario está basado en la producción de servicios de salud y en la venta de esos servicios a unos compradores”, dijo a La Silla Giraldo.

De ahí la paradoja: a menos capacidad usada es más posible que se pueda atender mejor el pico de la pandemia, pero también está más en riesgo la sostenibilidad financiera de los hospitales para cuando ésta llegue.

Porque además, los bajos ingresos de hoy no son el único problema de caja de los hospitales, que mes a mes tienen dificultades para que los compradores a los que se refiere Giraldo (la Nación, las entidades territoriales y las EPS) les paguen lo que gastan mes a mes en la atención a sus pacientes, y además tienen acumuladas unas deudas viejas, que según a quién se le pregunte van desde los 11,2 billones de pesos hasta los 24 billones de pesos.

Otro caso lo cuenta el director del Hospital (privado) Universitario San Ignacio, en Bogotá: el médico Julio César Castellanos.

El médico le contó a La Silla que a la entidad ya le deben 167 mil millones de pesos, lo que daría para operar seis meses, pero no es claro que esa plata les vaya a llegar en el corto ni en el mediano plazo. Mientras tanto sus ingresos mensuales bajaron un 50 por ciento, por lo que necesitan que esas deudas se empiecen a pagar, empezar reactivar algunos servicios o que les llegue plata de algún otro lado. 

“Tenemos un mes más, si no, nos toca empezar cerrar (servicios) y despedir gente”, afirmó Castellanos.

Hospitales grandes, con varias especialidades como el San Ignacio y San Vicente, tienen el problema extra de que muchos de los servicios rentables que prestan son especialidades que se están atendiendo menos por el Covid. 

De acuerdo con la misma encuesta de la ACHC de la semana pasada, el 74 por ciento de los hospitales ha tenido que cancelar procedimientos médicos y quirúrgicos y de estos casi la mitad fueron por decisión de las EPS y un 30 por ciento por los propios pacientes.

Pero los hospitales de menor nivel también están en un aprieto similar. Así nos lo confirmó el interventor del hospital (público) San Jerónimo de Montería, Rubén Darío Trejos.

Este hospital es uno de los 12 intervenidos por la Superintendencia de Salud. Está bajo la administración de la entidad de vigilancia desde febrero del año pasado porque las malas administraciones pasadas, corrupción y la cooptación política de la institución lo tenían al borde de la quiebra. 

Según contó Trejos a La Silla, a principios de este año ya se habían puesto al día con la nómina, invirtieron mil millones de pesos en en la reparación una máquina de tomografías y otras para tomar imágenes diagnósticas, lo que les estaba generando nuevos ingresos; lograron descuentos por pronto pago con proveedores y, en resumen, el flujo de caja les daba para costear el funcionamiento y no perder plata.

Esto a pesar de que les deben todavía 118.000 millones de pesos, de los que 53.000 son de seis EPS que liquidaron el año pasado, por lo que es difícil que se las vayan a devolver; 20.000 del departamento de Córdoba; y 4.000 millones de pesos que han invertido en atención de población venezolana que no es claro quién les va a pagar.

Pero el coronavirus les dañó el equilibrio frágil que habían logrado. De los 5.800 millones de pesos que estaban facturando mensualmente, en abril se les bajó a 2.500, y necesitan 3.500 millones para poder funcionar. 

El interventor explicó a La Silla que aunque empezaron la semana pasada a abrir unas consultas externas, como oftalmología, y esperan abrir cirugías ambulatorias la otra semana, tampoco pueden sostener dos o tres meses este ritmo sin tener que recortar costos o renegociar con las 91 personas de planta y los 443 contratistas que trabajan en el hospital.

Todos los hospitales, tanto públicos como privados tienen la presión adicional de que deben invertir más dinero en implementos de protección para el personal y que aún cuando abran todos sus servicios en las próximas semanas por las medidas de distanciamiento social sus costos serán más altos. Entonces la crisis consiste en mayores costos, menos ingresos y una deuda embolatada.

“Un hospital no muere de un día a otro. En los hospitales se empiezan a contraer los servicios, por ejemplo, yo tengo estas 50 especialidades, con esta situacion, yo voy a tener que empezar a dejar lo más crucial, empiezo a prescindir de ciertas áreas, la frecuencia de las consultas disminuye, los turnos se empiezan a disminuir. Usted desde afuera no lo ve porque el hospital sigue ahí, pero por dentro usted empieza a ver que el portafolio ya empieza a disminuir hasta que llega a niveles críticos”, añade Giraldo.

Ante la gravedad del problema, el Gobierno Nacional anunció medidas, empezó a desembolsar una plata y analiza otras soluciones. Aunque, como ha pasado con otros sectores, el temor es que sea muy poco y muy tarde.

Viejas y nuevas soluciones

El ministro de Salud, Fernando Ruiz, tiene claro el problema y así lo dijo en este video que circuló por redes sociales: “Sabemos que la mayor parte de los hospitales y clínicas del país han tenido problemas crónicos durante mucho tiempo para poder mantener la salud financiera (...). Ante la inminencia del coronavirus este problema se vuelve mucho más acuciante y tenemos que actuar rápido y acuciosamente para que los hospitales tengan liquidez y puedan responder”.

Ese actuar se ha traducido en una mezcla de viejas y nuevas estrategias.

Del Ministerio de Salud nos enviaron esta presentación que describe el paquete de medidas para ayudar financieramente a los hospitales y clínicas. La mayor inversión que muestra el Ministerio es de recursos corrientes, es decir lo que tienen que girar a los hospitales, clínicas y EPS según el Presupuesto General de la Nación.

De un total de 21,1 billones que se ha girado, cerca del 90 por ciento es plata que estaba en el presupuesto del Sistema General de Salud. Son 3,1 billones de pesos que se han girado a 980 hospitales públicos, 4,5 billones a 2.616 hospitales privados y mixtos y 9,9 billones de pesos se los han girado a las EPS, entre el 1 enero y el 8 de mayo. Esto, a través de lo que en el sistema se llama Unidad de Pago por Capitación, o UPC; que en español quiere decir la plata que paga el Estado por el plan básico de salud de cada paciente.

También aceleraron las compras de cartera de la Adres (Administradora de los Recursos del Sistema), un mecanismo que ya existía y que permite que la entidad preste plata a las EPS, para que se pongan al día con los hospitales y clínicas a los que les llega directamente el giro de la Adres. Por esa vía les han llegado 134.000 millones de pesos a 220 hospitales públicos y 273.000 millones a 161 privados.

La otra estrategia es que han anunciado ponerle el acelerador al Acuerdo de Punto Final, que se creó el año pasado con el Plan Nacional de Desarrollo y consiste en saldar cuentas pendientes del Estado con las EPS, que a su vez le deben parte de estos recursos a clínicas y hospitales.

Ahí la meta inicial es pagar al 5,2 billones en deudas por pagos del régimen contributivo (los que hacen aportes a salud) y 1,5 billones al régimen subsidiado. Del régimen subsidiado casi toda la plata se ha pagado, del contributivo anunciaron que acelerarían el pago de 4,7 billones que todavía no se han desembolsado.

También desembolsaron la parte del acuerdo de punto final que financia la Nación con el Distrito de Barranquilla, y los departamentos de Atlántico, Valle del Cauca, Antioquia y Tolima, que desde el año pasado han girado 553 mil millones de pesos, de los cuales 318.000 los puso el Gobierno Nacional.
Entre las estrategias nuevas, con la primera emergencia económica el Gobierno autorizó a las EPS a que usen para pagar deudas con los establecimientos de salud (hospitales, clínicas e instituciones prestadoras de salud, IPS) una plata que por norma tienen que mantener reservada. Esta plata se calcula en 1,6 billones de pesos. Y también las autorizó a usar unos excedentes de las cuentas del Sistema General de Participaciones que sumarían 840.000 millones de pesos. No conseguimos los datos de cuánta de esta plata se ha girado.

 

Y se abrió una línea de crédito por 257.000 millones de pesos para instituciones prestadores de salud, que según el Ministerio se desembolsarán entre mayo y junio. Esto se financiará con plata del Fome, el Fondo de Mitigación de Emergencias creado para administrar la plata de la pandemia.

De ahí también saldrán unos 5 billones de pesos que irán a las canastas Covid, que es una plata que están reservando para cuando llegue el pico de la pandemia. La idea es que el Fome pague la atención de las personas que se enfermen cuando  ya no alcance la plata del sistema de salud. Esto todavía no se ha reglamentado.

Es decir, la mayor parte de la plata que se ha girado es parte de los gastos corrientes de los hospitales, y para sanear la deuda se han girado 1,3 billones en recursos; y hay promesas para girar 4,7 billones de pesos y reservados en el Fome 5 billones para el pico de la pandemia.

Los gerentes con los que hablamos nos contaron que sí han recibido parte de esos giros, que son un alivio a la caja. Por ejemplo, el San Vicente recibió 11.400 millones de compra de cartera, y el Hospital de Córdoba recibió 1.293 millones de la nómina y 300 millones de pesos de compra de cartera.

En cuanto los créditos de Findeter, incluido en la emergencia económica, los hospitales tienen las mismas dudas que las demás empresas con las garantías crediticias que explicamos en esta historia. “El problema es que el que presta es la banca comercial y para la banca comercial no hay pandemia, hacen el mismo análisis de riesgo, ven a los hospitales como un alto riesgo y no les prestan”, dice Giraldo, de la ACHC.

La otra preocupación de este gremio es que el Gobierno les esté girando recursos a las EPS que se están demorando en llegar a los hospitales, a pesar de que el Ministerio sacó una resolución en la que obliga a las EPS a hacer anticipos mínimos de 20 por ciento a los hospitales y las clínicas.

“Los próximos meses el flujo de caja no nos va a dar. Desde enero empezamos a preparar a todo el mundo, porque nos decían que en marzo, en mayo, en junio llegaría el pico, hemos visto que en la medida en que van saliendo más personas a la calle vamos a tener más gente enferma y nos preocupa cómo vamos a llegar”, nos dijo Tamayo, de San Vicente. 

La semana pasada varios de los gerentes, Giraldo de la ACHC y el Ministro de Salud tuvieron una reunión virtual en la que le propusieron al Ministro que estudiara un pago por capacidad disponible: una plata que le gire el Gobierno a los hospitales y clínicas por tener las camas desocupadas para atender pacientes Covid-19. La plata, según la ACHC podría salir de la porción de dinero que se les gira a las EPS y que no están utilizando por la suspensión de servicios en los centros de salud.

El Ministro no dijo que sí ni que no. Dijo que lo revisaría, pero por lo pronto en lo que están trabajando es en diseñar las canastas covid y una bonificación a los trabajadores de la salud, que en toda la cadena son los eslabones más débiles, porque representan en promedio el 60 por ciento de los costos de un hospital, y muchos están contratados indirectamente o por prestación de servicios.

En la revisión de esas nuevas medidas la pelea es con el tiempo. En palabras del presidente de la ACHC: “El Gobierno está pensando bien, pero la ejecución es lenta, necesitamos que las buenas ideas se conviertan en eficacia, en medidas reales, que haya liquidez. Este reloj de la pandemia y de la crisis que estamos viendo acá avanza mucho más rápido que la burocracia”.

Comentarios (4)

Javier M

31 de Mayo

0 Seguidores

Años de desidia y corrupción y ahora que llega la crisis ahí si a correr a ...+ ver más

Años de desidia y corrupción y ahora que llega la crisis ahí si a correr a tratar de arreglar los problemas de la salud. Ojalá después de esta crisis se hagan las reformas al sistema, empezando por acabar la perniciosa intermediación de las EPS, que solo piensan en el lucro. Pero no me hago ilusiones con este gobierno. No hay nadie de la salud en el Consejo Gremial que es el poder detrás del trono

Elgatodeschrodinger

31 de Mayo

0 Seguidores

Estoy de acuerdo arreglar los problemas de salud no tiene caso,era mejor contar muertos, supongo que hay gente como no lee, no sabe que Alemania que es el mas interesante modelo de salud tiene ese esquema,un comprador independiente de las entidades mejora la eficiencia de la asignacion de los recursos y hace que el dinero alcance para mas y esto no solo pasa aqui,en USA los hospitales quiebran hoy

Estoy de acuerdo arreglar los problemas de salud no tiene caso,era mejor contar muertos, supongo que hay gente como no lee, no sabe que Alemania que es el mas interesante modelo de salud tiene ese esquema,un comprador independiente de las entidades mejora la eficiencia de la asignacion de los recursos y hace que el dinero alcance para mas y esto no solo pasa aqui,en USA los hospitales quiebran hoy

harriarq

31 de Mayo

0 Seguidores

La correlación de servicio y negocio en el sistema de salud, el servicio no e...+ ver más

La correlación de servicio y negocio en el sistema de salud, el servicio no es negocio según este articulo, por lo que uno puede suponer que ese comercio también debe reactivarse paulatinamente. El estado siempre será responsable por acción (estar preparado) o por omisión, en este caso lo quieren ordeñar por actuar a favor de la vida y no del negocio y cuando reactiva también es culpable, ironías.

efds

01 de Junio

0 Seguidores

Esto lo que muestra es que las IPS se dedicaron por mucho tiempo a mandar exá...+ ver más

Esto lo que muestra es que las IPS se dedicaron por mucho tiempo a mandar exámenes, consultas con especialistas y recetar incapacidades al que se apareciera. Ahora, con coronavirus, la gente no se enferma y tampoco se muere más. Quizás las EPS no son tan malas como las pintan

CONTEXTO

Las historias más vistas en La Silla Vacia