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Por narcorama · 10 de Agosto de 2012

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Por: Casa de las Estrategias.
Desde la década de los 70´s los narcotraficantes colombianos y mexicanos colaboran en la exportación de cocaína. La relación entre los capos de los dos países avanzó cuando se logró una especialización en la cadena de abastecimiento; los colombianos acopiaban la droga, la empacaban y entregaban a los mexicanos en algún lugar entre los dos países; los mexicanos eran los encargados de pasar la mercancía al otro lado de la frontera. Esa colaboración ha sido exitosa porque el precio de la cocaína en las calles se ha mantenido, lo cual indica que la oferta es capaz de satisfacer la demanda. Durante los últimos treinta años la cadena de abastecimiento de cocaína ha aumentado su eficiencia gracias a una división internacional del trabajo criminal. No sobra decir que cuando el Chapo Guzmán fue capturado en Guatemala trabajaba para los hermanos Gilberto y Miguel Rodríguez Orejuela; y que Pablo Escobar cooperaba con el Señor de los Cielos, uno de los narcotraficantes más grandes de México en la década de los 90´s.  
Los contratos criminales entre mexicanos y colombianos por lo general se respetan; ninguno quiere correr el riesgo de enfrentar un comando de sicarios colombianos o mexicanos. El incumplimiento contractual en el mundo de los narcos lesiona gravemente la reputación y puede costar la vida. La capacidad de “enforcement” criminal es una consecuencia del fortalecimiento de los ejércitos privados al servicio de grandes y medianos narcos. Adicionalmente, estas redes de cooperación son capaces de hacer transferencia de tecnología: cuando se ha necesitado entrenamiento en materia de usos estratégicos de la violencia y la corrupción, mexicanos y colombianos han compartido sus conocimientos. En ambos casos se ha aprendido la importancia de participar en la actividad política: alcaldes, concejales y congresistas han sido elegidos gracias al apoyo de organizaciones narcotraficantes. En ambos países los capos ya comprendieron la importancia de controlar la producción de leyes.  
La unión de capos mexicanos y colombianos se ha consolidado en Centroamérica. Varios de esos países se han convertido en centros logísticos para el transporte de sustancias psicoactivas ilegales. Honduras y Guatemala padecen la presencia de organizaciones narcotraficantes como los Zetas, y también se ha podido identificar que algunos carteles colombianos se han instalado en los mismos países. Esta cooperación criminal está causando grandes problemas a los países de Centroamérica.
Pocas veces unos países han tenido que enfrentar unos carteles que han desarrollado grandes capacidades de coordinación con el fin de enfrentar la presión de las autoridades. La esperanza es que en la región se desarrolle una casta política que pueda contener el excesivo uso de la fuerza de los capos consolidados; sin embargo, dadas las circunstancias coyunturales pareciera que la división político-administrativa entre instituciones, regiones, países, etc. sigue siendo una ventaja competitiva para la cadena de distribución del narcotráfico que se extiende por toda centroamérica

 

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