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Por narcorama · 13 de Abril de 2012

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Por: Casa de las Estrategias. 

El subgénero (o género) literario sobre el narcotráfico en Colombia ha sido un relato alineado con las diferentes etapas y génesis de este fenómeno. Desde El Divino en 1987 de Gardeazábal, hasta las últimas novelas que complejizan otras aristas del fenómeno, se ha visto una suerte de relato de todo lo que nos interpela como sociedad. 

De esta suerte, se identifican 3 grandes prototipos de novela del narcotráfico (que podrían ser más): Sicariato y cotidianidades del narcotráfico, narcos y sus redes y los testimonios de personas que han estado involucradas en el negocio y que de una u otra forma intentan comercializar su biografía como literatura.

De este último subgénero se podría decir que, finalmente, con estos relatos se profundiza la pornomiseria mediática que el narcotráfico ha brindado a los medios y, adicionalmente, sirve en cierto modo como ascenso y reconocimiento social para estas personas que estuvieron involucradas en el negocio y que terminan “cometiendo literatura”, como nos los explica Andrés Sánchez, literato y profesor universitario.

Este ascenso social estará ligado al lugar que ganan en  el mundo de la farándula y medios donde, a través de adjetivos grandilocuentes, se les da a estas personas un lugar, efímero, en la gran pantalla nacional que los convierte en mercancías que finalmente tratan de dar un sentido testimonial, coherente y vendible a historias llenas de vacíos y silencios (propios de la violencia).

 

                           Ilustración: Camilo Uribe Posada.

 

En el género del sicariato o de las otras ramas del narcotráfico que no están ligadas a las grandes rentabilidades pero que sostienen gran parte de la estructura, encontramos todavía, a pesar de unas excepciones, estereotipos y lugares comunes del fenómeno sin aportes ficcionales significativos y con una visión muy instrumental del sicario.

Algunos trabajos interesantes, como el de Fernando Vallejo en la Virgen de los Sicarios, muestran facetas si se quiere tradicionales del fenómeno, pero con algunas transgresiones interesantes a la tradición conservadora dentro del narcotráfico, como puede ser el homosexualismo.

Igualmente, en la obra de Jorge Franco, podría decirse, como se la ha criticado, que son libros pensados para vender en televisión con ciertos matices superficiales y amarillistas del fenómeno. Sin embargo, de su obra se rescata que intenta insertar estas historias dentro de escenarios más complejos de ficción, donde aparecen factores como  el amor, la traición, la amistad y el dolor, los cuales no son frecuentes en estas historias y desligan al sicario de ser una herramienta más del narco.

Sobre estas categorías, vale la pena analizar un caso interesante: El Eskimal y la Mariposa, de Nahum Montt. En este libro el escritor centra su narración alrededor de la muerte (y los asesinos) de Bernardo Jaramillo Ossa y Carlos Pizarro Leongómez, donde, usando muchos de los archivos reales de la época, inserta la historia en lo que parecería un cuento policíaco con muchos matices de ficción y literatura que logran capturar y transformar los sinsentidos de la violencia y el narcotráfico.

Del prototipo del narcotráfico como tal, sus principales actores y sus conexiones con diferentes sectores de la sociedad encontramos varios ejemplos. Un primer ejercicio literario de esto lo encontramos en El Divino de 1987 escrito por Gustavo Álvarez Gardeazábal. Lo interesante de éste, como primera novela que toca directamente el tema, es que, siendo 1987 y sin un gran repudio nacional y generalizado contra el narcotráfico, ya empezaba a mostrar los entramados sociales y políticos de este fenómeno, así como las diferentes formas en que iba permeando la sociedad, no sólo como una dinámica delincuencial, sino como un correlato de las cotidianidades de un municipio.

Después del Divino, aparecen otros ejercicios literarios valiosos. Aunque hay gran cantidad, la mayoría padeciendo del amarillismo y, a veces, glorificación tácita de este fenómeno, aquí sólo queremos hablar de algunos apreciables a nuestro modo de ver. Uno de estos, es Cartas Cruzadas de 1995 de Darío Jaramillo Agudelo. En este libro hay un ejercicio interesante por señalar como también dentro de los hijos y familiares de los “nuevos ricos” en Medellín de los 90, había dolor y padecimiento de esta etapa violenta, convirtiéndose en un ejercicio de catarsis en donde el dolor de la violencia no es algo que podemos separar entre víctimas y victimarios, sino uno inmanente dentro de la sociedad que la padece. 

Adicionalmente, el libro Delirio (2004) de Laura Restrepo, también se preocupa por mostrar cómo el narcotráfico estaba permeando profundamente toda la sociedad y, específicamente, la sociedad bogotana que por mucho tiempo se representó como externa a las dinámicas de corrupción y testaferrato del narcotráfico. En esta novela, la autora busca mostrar las vicisitudes que implicaba para la alta sociedad bogotana obtener dinero del narcotráfico para mantener prestigio y poder, pero intentando de muchas formas no ser vinculados a este fenómeno.

Otra novela que resulta bastante interesante y que toca uno de los temas que tanto hemos tocado en esta columna es Happy Birthday, Capo (2008) de José Libardo Porras. En ésta, el escritor busca desmitificar la gloria y poder de Pablo Escobar, contando, a través de la ficción y desbaratando las historias trilladas y glorificadas de Escobar, los últimos pensamientos de Escobar, sus dolores, sus arrepentimientos y todo el drama psicológico que pudo haber vivido antes de morir en el día de su cumpleaños.

La última novela de este tipo es El Ruido de las Cosas al Caer, de Juan Gabriel Vázquez, que plantea una innovación en los lugares no espectaculares del fenómeno e inclusive de una narración en primera persona de un personaje que la casualidad absoluta, sin ninguna culpabilidad, le da la posibilidad de hablar de nuestro trauma, de nuestra impotencia, para el grueso de la sociedad que nada tiene que ver con narcotráfico.

 

                           Ilustración: Camilo Uribe Posada.

 

En suma, en el país hemos contado con ejercicios interesantes de mostrar las historias y testimonios del narcotráfico a través de la literatura en Colombia. Sin embargo, pareciera que el trauma, el dolor y la constante repetición de algunos fenómenos en nuestro país, todavía no dan cabida para hacer ejercicios literarios que den cuenta de otras cotidianidades, otras facetas y otros silencios y vacíos que son aplastados por los hechos de mayor atención y demanda mediática.

Esto hace que no haya espacio para muchas figuras literarias que darían otro matiz a nuestro relato como sociedad y que permitiría ver, a través del “shock” y el “desacostumbrarnos”, la magnitud y profundidad de un fenómeno como el narcotráfico a través del cual aparecen muchos problemas y miserias de nuestra sociedad y tiene la composición necesaria para requerir una ruta de esfuerzos a recorrer como país. 

Comentarios (12)

Diego A. Cruz

14 de Abril

0 Seguidores

Un muy buen artículo, el narcotráfico indiscutiblemente ha permeado todas nuestras esferas, la forma de pensar de los colombianos y la literatura y los medios no son ajenos a ese enfoque, sin embargo, he visto una carencia de creatividad y un abordaje siempre similar, y jarto, de este tema.
Es paradójico como repudiamos el narcotráfico y luego algunos quieren aprovechar el fenómeno para venderlo. Así como en ciudades como Cali una "cultura" narco, en lo que a comportamiento se refiere, se instauró y como poblaciones enteras quedaron en el rezago por hombres que crecieron viendo la plata fácil, quemándola y despilfarrandola, para ahora no querer trabajar por ella (vease Putumayo), nuestros "artistas" y medios de entretenimiento también entraron en un rol de cultura narco del que aún no logramos salir, con programas, libros, películas y obras que giran alrededor del tema y que siguen, con una almagama entre ficciones y realidades permeando el Prime Time del hogar colombiano.

Un muy buen artículo, el narcotráfico indiscutiblemente ha permeado todas nuestras esferas, la forma de pensar de los colombianos y la literatura y los medios no son ajenos a ese enfoque, sin embargo, he visto una carencia de creatividad y un abordaje siempre similar, y jarto, de este tema.
Es paradójico como repudiamos el narcotráfico y luego algunos quieren aprovechar el fenómeno para venderlo. Así como en ciudades como Cali una "cultura" narco, en lo que a comportamiento se refiere, se instauró y como poblaciones enteras quedaron en el rezago por hombres que crecieron viendo la plata fácil, quemándola y despilfarrandola, para ahora no querer trabajar por ella (vease Putumayo), nuestros "artistas" y medios de entretenimiento también entraron en un rol de cultura narco del que aún no logramos salir, con programas, libros, películas y obras que giran alrededor del tema y que siguen, con una almagama entre ficciones y realidades permeando el Prime Time del hogar colombiano.

narcorama

16 de Abril

1 Seguidores

Gracias por comentar y leernos. Sí, pareciera ser que la profundidad del fen...+ ver más

Gracias por comentar y leernos. Sí, pareciera ser que la profundidad del fenómeno se extinguiera en sus posibilidades mercantiles y leguleyas. Todavía nos faltan muchos miedos y dolores que enfrentar como sociedad, y así, quizá, producir otros relatos que logren movernos de ese lugar cómodo de la memoria en el que hemos caído.
¡Saludo!

Juanita León

16 de Abril

840 Seguidores

Excelente entrada antes de la Feria del Libro, me dan ganas de comprarlos todo...+ ver más

Excelente entrada antes de la Feria del Libro, me dan ganas de comprarlos todos. Me pregunto si la falta de literatura al respecto, sobre todo de una literatura más 'sutil' se debe a que por un lado son los mismos capos los que han colonizado el espacio narrativo del narcotráfico con libros como el del 'Osito' y por el otro, los relatos periodísticos suelen parecer puras novelas de ficción.

narcorama

17 de Abril

1 Seguidores

Sí, pareciera no haber puntos medios entre esos dos extremos, ni figuras lite...+ ver más

Sí, pareciera no haber puntos medios entre esos dos extremos, ni figuras literarias que logren representar, de muchas formas, silencios y vacíos en este fenómeno. Estas figuras sirven para hacer catarsis y vernos reflejados de una u otra manera en ciertos contextos en los que nos pretendemos externos. "Eso es un problema de otros". Por esto, es que nos pareció muy interesante la obra de teatro "discurso de un hombre decente", porque nos cuenta que no todo está contado y no todo tiene un sólo sentido, como lo quiere mostrar el relato hegemónico y esterilizado socialmente.

Rátigan

17 de Abril

0 Seguidores

Excelente nota.....buen análisis sobre aquellas obras literarias que nos traj...+ ver más

Excelente nota.....buen análisis sobre aquellas obras literarias que nos trajo ese maldito flagelo del narcotrafico.....a veces se suele creer que todo el material literario del narcotrafico es preparado para "vender..." y algunas obras estan lejos de este mercantilismo....por CIERTO...saquen a ese personaje que está vendiendo carteras en este foro.....!!! Miren el comentario debajo del mio.......

andante15

22 de Abril

0 Seguidores

Qué bien. Hace falta más comentario crítico sobre el "género literario" de...+ ver más

Qué bien. Hace falta más comentario crítico sobre el "género literario" del narcotráfico, donde abundan los productos hechos con la lógica del dinero fácil. Sin embargo, hay tanto sobre nuestra sociedad esperando ser contado desde ese ámbito.
Por otro lado, imagino que se refieren a Carlos Pizarro Leongómez ...

narcorama

23 de Abril

1 Seguidores

Sí, tiene razón. Corregido. Muchas gracias por leernos y comentar.

Sí, tiene razón. Corregido. Muchas gracias por leernos y comentar.

demacles326

28 de Abril

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De los que mencionas rescato a Vallejo, Restrepo y Vásquez. El de Álvarez Ga...+ ver más

De los que mencionas rescato a Vallejo, Restrepo y Vásquez. El de Álvarez Gardeazabal no lo he leído y por tanto no puedo opinar de él; y el resto no me termina de convencer. Jorge Franco no sólo no lo recomiendo, sino que les sugiero evitarlo. Es un escritor amarillista y superficial cuyos libros (para mí) no son muy diferentes de los de Gustavo Bolívar.
Por otro lado no les recomiendo la Feria del Libro. Además de que cobran por entrar, los libros están más caros que en librerías (me salió más barato comprar el nuevo libro de Vargas Llosa en Lerner que en los pabellones de CORFERIAS y me ahorré la boleta y el transporte). No me voy a desgastar en decir porque no me gusta esa, dizque feria del libro, porque no es el lugar correcto, pero si me despido agradeciendo a “Casa de las Estrategias” por sus recomendaciones.

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