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Por Lucas Ospina · 28 de Marzo de 2011

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Hasta el domingo 27 de marzo estuvo en el Museo Nacional, en la sala Ideologías, Arte e Industria, la exposición Hacer la paz en Colombia. Ya vuelvo. Carlos Pizarro. Ahí se narró con detalle la vida de este líder asesinado, su largo devenir como insurgente, primero en las FARC y luego comprometido con el M-19, su distancia y la de sus compañeros ante la ideología de las líneas Moscú o Pekín, sus críticas a los abusos del movimiento guerrillero, su habilidad como estratega en la batalla de Yarumales, su insistencia paradójica en alzarse en armas para hacer la paz, su corta candidatura presidencial antes de ser asesinado en un avión y el sicario abatido por guardaespaldas estatales que al parecer le estaban guardando la espalda a otros (¿acaso el asesino se iba a volar por una ventanilla de la nave?). La muestra temporal e itinerante, pasó por la Fundación Casa América Catalunya, en Barcelona (donde fue elogiada por Juan Manuel Santos), y ahora estuvo seis meses en Bogotá.

Es un error que esta exposición no se quede de manera permanente, después de todo solo ocupa dos pequeñas salas. Basta ver cómo ha sido recibida por el público para mostrar su contundencia: al principio con escepticismo o idealismo, pues muchos, sobre todo los más jóvenes, tienen como únicos arquetipos de guerrillero al “Mono Jojoy” o al logo estático del Che; pero pronto surge una curiosidad auténtica motivada por el afortunado contrapunteo de imágenes, textos, videos, objetos, que se da aquí y que hace imposible no caer en las redes de esa demanda generosa que obliga a permanecer en las salas por largo rato.

Después de ver la muestra algo cambia en uno, bien sea porque al espectador antes lo ha trabajado el olvido o porque su educación escolar se limitó a una balumba de datos y a cantar el himno nacional, pero el asunto es que tras recorrer la exposición el episodio se ve más complejo de lo que parecía, cobra nuevos matices y resurge vivo. Además, el archivo expuesto en el museo se convierte en una serie de pedradas que rompen el hábito plano y virtual de la experiencia estética televisiva —tipo History Channel—. Algunos objetos que son patrimonio del museo anclan el soporte físico al aquí y ahora de la exposición y evitan que la narración se pierda en la nebulosa de las abstracciones. La manera como está contada la secuencia carga de sentido los objetos, porque las cosas no significan en sí sino en relación a otras cosas. Y para que el patrimonio museal salga del cuidado exclusivo de la unidad de conservación y restauración, la curaduría hace que ese patrimonio quede a las ordenes de la interpretación, actualiza el sentido de las cosas, porque evita una exhibición de piezas esenciales de una sola colección, en una dirección única. Así, esta muestra reveladora se rebela ante la posibilidad de un entierro en bodega o en la fosa común del olvido. Junto a los zapatos del Pizarro hay muestras de tierra de distintas regiones de la geografía colombiana, una máquina de escribir maltrecha en el error y horror del Palacio de Justicia, un casco militar, la voz de un magistrado que pide un cese al fuego, el sombrero que el guerrillero lució cuando firmó la paz, una estatua descabezada, un listado de desaparecidos, tres afiches de campaña de tres candidatos presidenciales de oposición asesinados (la “ola política multicolor” de 1990 tan efímera, tan dolorosa y tan cándida —a la luz de lo brutal— como la reciente “Ola verde” del 2010).


Tal vez en el museo cause cierta incomodidad la cercanía de un exguerrillero, así se trate de uno guapo (“Comandante papito” es como apodaron a Pizarro en la campaña política). Quizá las familias que donan los restos de sus antepasados —las polainas y antiparras de políticos, generales y curas—, verán con alarma esta muestra en el vecindario patrimonial y ejercerán la presión que puedan para evitar que la mala vecindad se vuelva permanente. Ya antes pasó, cuando en la curaduría de Tiempos de paz: Acuerdos en Colombia 1902-1994, liderada por Beatriz González, el montaje previó sellar las vitrinas de exhibición para evitar cambios motivados por presiones externas (en una de las urnas se exhibía la máquina de escribir y el sombrero del líder guerrillero Juan de la Cruz Varela, en otra dos cartas del líder de las FARC Jacobo Arenas y en otra una de las pañoletas que llevaban puestas los miembros del M-19 el día de la dejación de armas). Ahora, con Pizarro, a pesar de ser una muestra temporal, la molestia de la godarria cultural se vuelve a hacer presente. Sin embargo, estas luchas por el sentido son un buen síntoma, sobre todo para este lugar, muestran que de verdad estamos hablando de un “Museo Nacional” donde conviven la actualidad y la historia, en trance con todas las Historias, y que no se trata de un paraíso de mermelada, propaganda, e ideología.

Con muestras así el museo deja de ser una miscelánea donde reposa protegida la identidad patria, para convertirse en un laboratorio donde los símbolos pasan a ser signos que cambian de acuerdo a su configuración. Esta es la razón de que se tema este tipo de exposiciones: ¿si el significado de los objetos cambia nosotros también cambiamos? Los símbolos pueden ser útiles para hacer ingeniería social y mantener la identidad de un pueblo o de una casta pero son los signos los que desafían y cuestionan, y los que de verdad nos hacen madurar, no ya como rebaño nacional sino como individuos que habitan un lugar posible en el mundo.

“Ya vuelvo”, dice el título de la exposición, pero Pizarro no va a volver jamás. Ahora el museo no debería dejar ir esta muestra.

 

 


 

Comentarios (9)

HugoJB

28 de Marzo

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Excelente recuento de esa exposición.
Estoy de acuerdo con su idea: esa ...+ ver más

Excelente recuento de esa exposición.
Estoy de acuerdo con su idea: esa debe ser exhibición permanente en el Museo Nacional, uno de los más visitados por los Colombianos.
Infortunadamente desde hace años carece de espacio adicional. Ignoro en qué va el lío con los predios aledaños que se iban a anexar.
Pero sí, el país no puede seguir amnésico y pensar, como me decía una alta funcionaria de una universidad privada poco después de regresar del Caguán, cuando eso estaba de moda: "No mijo, si eso por allá no es como lo pintan. Los medios que exageran."
Años después vimos que los medios no solo no exageraban sino que se quedaron cortos.

J. Felipe Parra

28 de Marzo

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Recoge varios sentimientos y percepciones propias sobre la exposición. Inmedi...+ ver más

Recoge varios sentimientos y percepciones propias sobre la exposición. Inmediatamente para rotación.
P.D.: ¿Por qué solo 2 salas? ¿Por qué no retorna Pizarro y se vuelve permanente? ¿Acaso creen que por silbar una canción de Silvio Rodríguez (como de forma surrealista viví un día estando dentro de una sala de exposición) va a desatarse una avalancha de pequeños JUCOs?
La godarria abuuuurre y busca desnutrirte siempre.

Bat

29 de Marzo

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Muy profundo aquello del signo y el símbolo... Don Lucas, me puso a investiga...+ ver más

Muy profundo aquello del signo y el símbolo... Don Lucas, me puso a investigar sobre el tema y es de lo más interesante...

se?orita Bambi

29 de Marzo

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Muy bello el texto que escribe sobre esta instalaciónn. Ojala fuera itinerant...+ ver más

Muy bello el texto que escribe sobre esta instalaciónn. Ojala fuera itinerante, concuerdo con usted debe ser permanente, pero también debe recorrer este país, es necesario, clave por no decir vital. Recorde esa época, a las palomas que pinté en la calle, a mis padres soñando, a esa posibilidad, a la utopías. Fue emocionante volver a ver los videos de la campaña electoral.
La memoria y el olvido, siempre tan selectivos. Gracias.

Martha

30 de Marzo

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Como se va quedar de manera permanente si sobrevivimos en un pais de títeres ...+ ver más

Como se va quedar de manera permanente si sobrevivimos en un pais de títeres en el cual los titiriteros lo que necesitan es moldearnos a su antojo.

se?orita Bambi

30 de Marzo

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Creo que hay más que eso. Estas escenas nos muestran también la manera como ...+ ver más

Creo que hay más que eso. Estas escenas nos muestran también la manera como se ha construido este país, como irrumpieron en la esfera política, dotandola de particularidades claves para entender esta trama histórica. Analizarla, pero sobre todo dotar de sentido el pasado, el presente pero también encaminar la perspectiva futura.

se?orita Bambi

30 de Marzo

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Lucas mira el video que me encontré sobre la construcción del pasado desde l...+ ver más

Lucas mira el video que me encontré sobre la construcción del pasado desde la visión de los museos. Interesante.http://www.youtube.com/watch?v=nhUdbnz9I00&feature=youtu.be

Helius Leionfer

07 de Abril

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Apreciados Lucas y Señores comentaristas del Blog: Me pregunto si no es posib...+ ver más

Apreciados Lucas y Señores comentaristas del Blog: Me pregunto si no es posible hacer una carta electrónica o física, como sea, que podamos firmar electrónicamente o si es necesario en físico (aunque les confieso que eso da susto, ya que los firmantes podríamos convertirnos en objeto de persecución de la godarria recalcitrante que campea en este país a sus enteras anchas). Pero bueno, no importa. La carta sería para pedir que la Exposición se vuelva permanente o que por lo menos la extiendan más tiempo en Colombia, en Bogotá y en otras ciudades. Es aquí donde se necesita tener memoria histórica. Por otro lado no puedo dejar de expresar que aquello de que Juan Manuel Santos la alabó en Barcelona es como si el el que se comió el queso saliera después a gritar, Por qué se comieron el queso!!!????. Da risa ver al Santo...s haciéndole morcillas al Diablo...

Gato Azul

21 de Abril

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Gracias Lucas!
Estoy fuera del país y este vistazo de la exposición, fug...+ ver más

Gracias Lucas!
Estoy fuera del país y este vistazo de la exposición, fugaz y parcializado (a su forma de ver el mundo), es mi única alternativa. Ojalá que trajeran esa exposición a Nueva York (y ojalá yo, que vivo en las nubes, me entere si es que la traen).
Gracias de nuevo :)

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