Uso de cookies

La Silla Vacía usa Cookies para mejorar la experiencia de nuestros usuarios. Al continuar navegando acepta nuestra política.

listo

Por Lucas Ospina · 02 de Agosto de 2010

9265

25


“¿Y hace cuanto no viajaba en bus?”, me preguntaron al llegar quienes me esperaban en Armenia tras 11 horas de viaje.

No viajaba en bus hace bastante tiempo, a no ser por un viaje menor Bogotá-Tunja, de espontáneo, en un expreso baratero que garantizaba las mismas incomodidades de siempre. Esa vez no fue distinto, afuera del terminal de transporte, en la avenida, el bus cambió de inmediato su modalidad, pasó de expreso a lechero para recoger y dejar pasajeros, encomiendas, mercancías y vendedores por todo el camino. Las sillas eran rígidas, dotadas de una palanca ornamental que no las inclinaba; las ventanas no se puedían abrir y las cortinas, cutres, no se podían correr, ni apartar, ni mover. Las velocidades pasaron de acelere a frenado intempestivo, la dirección de sobrepaso en curva a contravía. El bus estaba dotado de coche-baño: un cubículo plástico al fondo, con una puerta que apenas cerraba mientras, al bamboleo de la ruta, el pasajero urgido intentaba atinar, el piso y las paredes, llenos de chisguetes, emanaban efluvios excrementicios que aromatizaron la travesía. El chofer y su ayudante, amangualados en la cabina, iban atentos para alternar galantería y lascivia con las mujeres solitarias o las madres solteras. Un par de machos convencidos tanto de la velocidad como de la película que pusieron en el monitor: una narración de gallardía, variación ad infititum de . No  se aceptaban comentarios sobre el volúmen de la música o la emisora. La barahunda radial la acaparaba una gallada de recreacionistas que no oían ni dejaban oír y salpicaban la transmisión con apuntes sosos de pipís, culos, tetas, polvos y polvazos, y entre chiste y chanza se craneaban infomerciales camuflados de concurso para poner a prueba la fidelidad y la estupidez de la audiencia mientras le garantizan tiempo a los anunciantes.

Cuando la señal de la emisora de este zoológico comienzó a desfallecer, el chofer ni se percató, dejó esa estática de fondo para sus pitazos y frenazos, un granizado ilegible hasta que de pronto… apagó el radio —sí, el silencio—, pero que nadie se ilusione o se aterre por estar a solas, el “conductor de orquesta” se dispone presto a ofrecer película a todo volúmen o salpicón de reguetón, chucuchucu, bambuco, tropipop y, ya bien entonado, un techno monótono y seco como la alarma descontrolada de un carro abandonado.


El tiquete en bus Bogotá-Armenia en la empresa Expreso Bolivariano cuesta cinco veces menos de lo que vale el tiquete en avión, y como en un puente festivo no hay muchos vuelos, más de un pasajero se ve obligado a coger carretera. “Nada grave —pensé— me iré por carretera”. Los buses grandes y nuevos de esta empresa, que es la más cara del mercado, se ven limpios y bien lavados siempre. La imagen de la empresa es la de colombianos típicos felices.  Las ventanas son grandes, los puestos amplios y cómodos. Se trata de una empresa pionera, los nombres con que bautizan sus servicios marcan una época del transporte terrestre en la nación: Pullman, Aerobús, Platino, Royal Plus, Scania y SuperExpreso (sin olvidar la introducción del servicio Ejecutivo, Mini Royal y Eurovan). Todo un repertorio: rapidez, servicio, confort. “Distinción”, distinto de los recorridos de otras compañías. El lema lo dice todo: “¡Uniendo al país, conectando corazones, proyectando el tricolor nacional en nuestra imagen y llevándola con orgullo en nuestros vehículos.”


Llamé a preguntar por horarios, los cupos eran escasos, la amable señorita que me atendió me dijo que enviaban el tiquete a domicilio para evitar las molestias de las filas. Me ofrecieron acceso directo a la Sala VIP que tiene la empresa en el terminal de transporte. El día del viaje el pasaje nunca llegó; pasado el meridiano llamé a la empresa y otra amable señorita me dijo que estaba en camino, que habían tenido un inconveniente, los dos partidos del mundial de fútbol, pensé. Hora y media antes de que saliera mi bus, volví a llamar y después de media hora más al teléfono me dieron un número de reserva e instrucciones de entrar de inmediato a la Sala VIP: un espacio abarrotado de gente, maletas y paquetes. Al parecer todos éramos “very important people”. Varias pantallas transmitían el final de un partido de fútbol, el volúmen no dejaba oír lo que uno decía y lo que decían dos operarios entre dos peceras con huequitos, había que hacer señas y moverse al lado de la ventanilla y gritar por entre el marco y la puerta.


Recibí mi tiquete ida y vuelta y me subí al bus que ya salía. Había pedido ventana. Me senté. Alguien entró con un radio de mano, oía el desenlace por penaltis del partido, nada grave, este era un ruido que podría acallar con los audífonos del reproductor que había cargado para el viaje. Del afán no queda sino el cansancio: el bus no se iba a ir hasta que se resolviera el partido. Ahí, en la puerta de la Sala VIP, atentos al balón, estaban todos los choferes de bus, como niños en halloween con sus uniformes mal planchados que imitan los de los pilotos de avión, algunos con la camisa blanca medio afuera del pantalón, todos con charreteras sobre los hombros con estrellitas y galones simplones sin ningún significado. La consola de control sobre mi puesto también imitaba la de un avión: una bombilla, una rejilla de ventilación y un botón rojo para llamar a un ¿aeromozo? Recliné mi silla: la ventana era inmensa.


Apenas salió el bus el chofer y su asistente se pusieron en lo suyo: el radio empezó a sonar a todo volumen para oír los comentarios de los comentarios de los comentarios sobre la gesta deportiva que acababa de protagonizar un país de África contra su par suramericano. Después pusieron una emisora donde un comentarista le preguntaba a una señora casada y con hijos si ella estaba “solita” en su casa. Con un gesto de triunfo me puse los audífonos, pero ganó el ruido de los parlantes del bus. Supuse que una vez en carretera la emisora se iría y que oír algo radio no me sentaría mal. Después de atravesar un laberinto urbano de atajos y barrios residenciales el bus llegó al Terminal del Sur, una moderna bodega, cosmética y vacía, donde apenas se montó una pareja. Ahí estuvimos media hora esperando a Godot. El chofer del bus, con las manos entre los bolsillos y un pantalón a lo cantinflas, hizo visita con otro operario.

Al fin nos pusimos en marcha. Dos horas después de iniciado el viaje llegamos a los extramuros de la ciudad. La señal de la emisora desfalleció: una muerte lenta, llena de estertores. El audio de relevo corrió por cuenta de una película de vampiros juveniles en algún lugar de la norteamérica rural, las escenas le competían al escenario de la ventana, a las montañas y la niebla, al parchado verde de la carretera, a las casitas y a esos caminos misteriosos y discretos que no se sabe adónde llevan. El entretenimiento televisivo era celoso con su público cautivo: cada vez que uno intentaba abstraerse en el movimiento del paisaje, reclamaba atención a grito herido con el sonido de los efectos especiales y alaridos de unas voces desangeladas, las mismas de muchas otras traducciones televisivas con inflecciones y tonos tan manidos como los de sus avatares angloparlantes. Las imágenes de la película resultaban tan poderosas como las del audio, a las malas terminaba uno volviendo a la pantalla, en el encierro del bus ese brillo hipnótico nos hace tan vulnerables como insectos ante la luz de un bombillo.


Hubo silencio cuando se acabó la película. Era de noche. Descansé mis ojos en las sinuosidades de las montañas, respiré profundo, una leve felicidad apuntó entre mis sienes, y de pronto… apareció en escena Dj Jhon Marín con su programa “Súbele el volumen”, era viernes, puente festivo, la rumba apenas comenzaba. Aproveché un peaje para acercarme al conductor con el ánimo de que le bajara al volumen. Lo bajó un punto, pasó de 27 a 26 en el medidor digital, me dijo tajante que así no se oía, miro hacia el frente y aceleró como si yo no estuviera ahí.

Bajamos y subimos pisos térmicos mientas dentro del bus la temperatura subía y bajaba sin ton ni son, a veces era un sauna, otras helaba. En Melgar algunos pasajeros conocedores sacaron mantas, afuera del bus la gente calentana disfrutaba del fresco de la noche. La consola de controles de mi puesto no funcionaba, la luz no prendía, el aire no salía por la rejilla sino por unas poderosas exclusas invisibles junto a la ventana, un viento colado frío; el botón para llamar al mozo era una ironía.

Hacia las 10 de la noche llegamos a un comedero abarrotado de buses, la gente de mi ruta salió a sumarse a una fila. Sopa de pasta, frijoles, piezas de pollo amarillo, arroz seco, hamburguesas albinas refritas y perros calientes arrugados, además de galguerías empacadas en tamaño jumbo: “detodito”, platanitos y papas. A un lado de la carretera yo buscaba un poco silencio, como si fuera un nadador que toma aire antes de zambullirse en el agua. Después de casi cuarenta minutos continuó el martirio de los cañonazos bailables, hacia la media noche bajaron el volumen pero el acompañamiento musical nunca nos abandonó.

Hubo otra parada larga en el terminal de Ibagué; se subieron más personas de las que se bajaron así que, con tiquetes comprados, tuvieron que dejar el bus a la espera de que en un próximo transporte la empresa sí acertara con el tejemaneje de la logística. Algunos pasajeros, arrunchados en sus cobijas, se burlaron de los pasajeros burlados, se preciaron de que ya no dejaran viajar gente de pié en los buses, se ufanaron de su compra de tiquete por internet, se quejaron incluso de que la gente se quejaba mucho. Es tan arbitraria la violencia que maneja el bus y su empresa de transporte que la situación, como tantas otras de abuso de poder, tiene un efecto perverso sobre los pasajeros: el consentimiento de los dominados frente a su dominación.

Llegamos a las 3 de la madrugada al Terminal de Armenia, en medio de tiendas y televisores que transmitían teleconcursos que nadie veía, había todo tipo de personas, parejas y grupos dispersos durmiendo en todas las posiciones: sobre sillas, escaleras, paquetes, maletas, unos contra otros, a la espera de montarse en los primeros buses de la madrugada, obligados a usar lo que pudieran conseguir; algunos “” estaban de paso, desplazados en la quietud, dormían donde fuera para ahorrarse lo del hotel.

Comentarios (25)

César Nova Duque

02 de Agosto

0 Seguidores

Este texto bien se puede interpretar como una fotografía de Colombia, un retr...+ ver más

Este texto bien se puede interpretar como una fotografía de Colombia, un retrato de nuestro "tricolor" nacional. En pocas palabras: una crónica; que es el enfoque, en mi opinión, que quiere darle Lucas Ospina. Pero también es cierto que si un ciudadano corriente, promedio, que viaja en bus continuamente -algo que se nota que no lo hace Luis- lee este texto-crónica, pues para él este escrito es como decir que el agua moja. Quizás para una élite que puede acceder a la información y tiene Internet en su casa, accede a educación de calidad, etc., se acoja a la primera interpretación. Sin embargo, para el común de los colombianos este texto no deja de ser su diario vivir. Es decir, me parece que este texto hace un trabajo descriptivo de Colombia (intenta una crónica), pero le dá un enfoque elitista. Claro, alguien puede decir: es una crítica al 'populacho'. Lo cual puede ser cierto, pero se prodría hacer mejor la crónica desde otro ángulo, creo yo.

Lucas Ospina

02 de Agosto

30 Seguidores

César… paciencia, paciencia, faltan las otras dos partes… Y una pregunta:...+ ver más

César… paciencia, paciencia, faltan las otras dos partes… Y una pregunta: ¿la frase "el consentimiento de los dominados frente a su dominación", en su contexto, le pareció elitista?

Alejandro Martín

02 de Agosto

0 Seguidores

En su contexto, suena igual que como se quejaban los criollos (lá élite del ...+ ver más

En su contexto, suena igual que como se quejaban los criollos (lá élite del momento) en la independencia.
La frase no sólo es de alguien de la élite, sino además de un filósofo que hace meta-reflexiones dentro de una crónica.
Pero está bueno que por ser de la élite no se pueda quejar.
Aunque por ser de la élite fue que notó como extraño, como violencia, lo que es la normalidad.
Es más, quizás para muchos las películas y la música son un placer.
Y la violencia del "intruso" de la élite consiste en imponer el silencio y el apagado de la luz incandescente.
Muchas veces considero como algo violento el hecho de que con Transmilenio se silenciaran los buses.
Para muchos eso significó un oasis de paz. Lo que es claro desde entonces mucha menos gente compartirá las mismas canciones con nostalgia (así sea una nostalgia construída a partir de viajes insoportables).

Lucas Ospina

02 de Agosto

30 Seguidores

En la segunda parte de la crónica llegará un personaje que hará que tu cora...+ ver más

En la segunda parte de la crónica llegará un personaje que hará que tu corazón se estremezca, una mujer corajuda…

Daniel

04 de Agosto

0 Seguidores

Aunque creo que a veces la visión romántica (o romanticona) de lo popular se...+ ver más

Aunque creo que a veces la visión romántica (o romanticona) de lo popular se parece a la quejumbrosa en lo "elitista". ¿No es la estetización de la buseta, a la larga, una forma de agarrar pueblo?

César Nova Duque

03 de Agosto

0 Seguidores

Es que más que la frase, es como la sensación que a uno le queda al final......+ ver más

Es que más que la frase, es como la sensación que a uno le queda al final... Pero tendré paciencia y esperaré las otras dos parte. Así las cosas, me quedo esperando a Godot.

Ale_dice_que

02 de Agosto

0 Seguidores

"el consentimiento de los dominados frente a su dominación" ENFERMEDAD que se...+ ver más

"el consentimiento de los dominados frente a su dominación" ENFERMEDAD que se produce siempre y cuando elColombiano este cara a cara con el que domina, ´pr ejemplo el chofer del bus, a ese no se le para nadie, a no ser que sea unamuchedumbre enfurecida; sin embargo, cuando es a distancia, por ejemplo un operador de call center de empresas de telecomunicaciones (Cable, telefonia movil, etc) ahi es cuando el colombiano saca todo su dolor, esa actitud sumisa que lo describe desaparece y es reemplazada por una actitud similar a la de un sayayin frente a la luna

Camilo1 Rodriguez

02 de Agosto

0 Seguidores

EXCELENTE!!!!
Yo viajo mucho por tierra, y lo mas triste es que ya estoy a...+ ver más

EXCELENTE!!!!
Yo viajo mucho por tierra, y lo mas triste es que ya estoy acostumbrado a todo tipo de abusos
Le falto cuando uno compra ventana y el compañero de silla se hace el vivo y no la suelta.
Que tal cuando ponen el aire acondicionado a toda a las 3am y queda uno totalmente congelado? ni siquiera abren las ventanas para que uno pueda calentarse un poquito
Eso si que es el reflejo de Colombia, manteniendo las proporciones se parece como a lo que hicieron los gringos en la carcel de Abu Ghraibhttp://www.prisonexp.org/

Lucas Ospina

02 de Agosto

30 Seguidores

A mi me pasó al revés, me dieron pasillo pero el hombre que tenía al lado p...+ ver más

A mi me pasó al revés, me dieron pasillo pero el hombre que tenía al lado prefirió ese lugar. Por supuesto, la experiencia no es como Abu Ghraib, pero es un buen sucedáneo para la ociosa imaginación.

Camilo1 Rodriguez

02 de Agosto

0 Seguidores

Que pena por hacer una comparacion tan fuerte, definitivamente son proporcione...+ ver más

Que pena por hacer una comparacion tan fuerte, definitivamente son proporciones muy, muy diferentes. En realidad lo que queria mencionar es que en sicologia hay varios trabajos clasicos que hablan acerca de este efecto de dominacion que usted menciona.

txarlz

06 de Agosto

0 Seguidores

Lucas, sigo pensando que no es tan grave viajar en bus intermunicipal. Aunque ...+ ver más

Lucas, sigo pensando que no es tan grave viajar en bus intermunicipal. Aunque parezca que lo importante es llegar y preferiblemente que sea rápido, si algo necesitamos los colombianos, y más los urbanos, es que tengamos nociones más propias y un sentido de la realidad rural que desafortunadamente está muy deteriorada por los conflictos bélicos, pero también por el imaginario del campo como algo que "empobrece, ennegrece y embrutece", sumado a los escándalos de AgroIngresoSeguro, el éxito de "las pirámides" y la altísima votación por la reunión de truhanes PIN. En este contexto, viajar en bus, con incomodidades y paradas es la oportunidad de tener esa experiencia individual y desagregada que nos podría dar la oportunidad de crear nuevas perspectivas del campo y del país. Pensándolo así, viajar en bus es más útil que barato para quienes se despojan de la inmediatez logística.

David Doria

02 de Agosto

0 Seguidores

esta es la realidad de nuestros servicios de transporte interdepartamental, se...+ ver más

esta es la realidad de nuestros servicios de transporte interdepartamental, servicios con abuso incluido, el baño , que no es baño, es un retrete con movimiento propio, y el asqueroso olor de los humores de todos los que pasan por ahi, y dejan sus recuerdos , liquidos y sólidos, y que decir del aire acondicionado toda la noche, en los viajes a manizales, se imaginan en los paramos a las tres de las mañanas? y el aire a todo vapor, de ahi, que la gente tiene que llevar su cobija y taparse de pies a cabeza, eso es una abuso y nadie dice nada , nadie hace nada para que eso cambie, ese fastidioso radio, y las peliculas asquerosas, cada vez que me toca viajar en bus lo pienso cien vecez.

Marleny Barrera López

02 de Agosto

5 Seguidores

Una fotografía, que por el momento nos parece graciosa y Lucas tiene ese toqu...+ ver más

Una fotografía, que por el momento nos parece graciosa y Lucas tiene ese toque humorístico a una situación de indisciplina e irrespeto en nuestras malhadadas carreteras con nuestros conductores dueños y soberanos de las mismas, que por desgracia deja su buen cúmulo de muertes. Como siempre excelente, Lucas, pero soy incapaz de no pronunciarme por las "inflecciones y exclusas", porque de las otras palabras si son meros errores de dedo, que incluso ya olvidé, pero éstas no.

andante15

02 de Agosto

0 Seguidores

Francamente genial, Sr Ospina. Me recuerda una vieja canción de los Amerindio...+ ver más

Francamente genial, Sr Ospina. Me recuerda una vieja canción de los Amerindios cuya letra sigue vigente: "Si quieres conocer al pueblo colombiano, ¡Súbete en un bus, de servicio urbano!". Claramente, también se aplica al caso interurbano.
Y me parece curioso que alguien hable de un "enfoque elitista", lo que más bien confirma "el consentimiento de los dominados frente a su dominación". Estuve por años en otro país (cuyo nombre no viene al caso mencionar) donde se han dado cuenta de que ofrecer servicios de bus seguros, limpios y respetuosos (cualidades que ni son monopolio de las élites, ni cuestan dinero), es la clave para -entre otros- impulsar el turismo de mochila, el más barato y popular.
Sueño con vivir para ver el día en que el clamor popular colombiano obligue a desmontar esas trampas mortales que son los torniquetes de los buses urbanos, a que los conductores conduzcan con prudencia y no dejen pasajeros en la mitad de la vía. No creo que esos sean privilegios elitistas.

dayper1987

03 de Agosto

0 Seguidores

yo sali hace poco de un viaje en bolivariano parecido y el bus se baro, fueron...+ ver más

yo sali hace poco de un viaje en bolivariano parecido y el bus se baro, fueron como 12 horas de viaje que normalmente tarda 8. un viaje muy parecido. muy malo el servicio y la películas que pusieron son siempre las mismas y para nada interesantes.

rlunari

03 de Agosto

0 Seguidores

Interesante la idea de la cronica, pero el estilo en que describe las cosas ca...+ ver más

Interesante la idea de la cronica, pero el estilo en que describe las cosas cansa un poco. Esperaré las otras dos partes. No creo que sea un "enfoque elitista" (aunque entiendo a quienes lo ven de ese modo) sino que parece mas la descripción que haría alguien que no tiene ni idea de como son las cosas en Colombia... parece mas la descripción de un cronista danés que de un blogger Colombiano. Es decir, uno no puede montarse en un Bolivariano y esperar que no recoja gente por el camino, o que pare a la mitad del viaje en algún lado para comer. Asi son las cosas, y esperar otra cosa no es realista.
En todo caso, la idea es buena, y debo decir que en general el transporte por carretera entre ciudades ha empeorado mucho en los últimos dos o tres años. Yo tenía un buen concepto de Bolivariano, pero viajé este año y me desilusionó mucho... no se que será, quizas las "low cost" como aires le han quitado clientela a los buses.

Adriana R.

04 de Agosto

0 Seguidores

Lo barato sale caro y sólo leyendo esta travesía en bus, ya me dolió la cab...+ ver más

Lo barato sale caro y sólo leyendo esta travesía en bus, ya me dolió la cabeza con ése volumen tan alto. En serio....

Daniel

04 de Agosto

0 Seguidores

Mi último viaje en expreso bolivariano fue amenizado por los golpes de Bud Sp...+ ver más

Mi último viaje en expreso bolivariano fue amenizado por los golpes de Bud Spencer y Terrence Hill. Fue hace rato.

txarlz

06 de Agosto

0 Seguidores

Nada que hacer, si la comida rápida por excelencia en Colombia es el pollo as...+ ver más

Nada que hacer, si la comida rápida por excelencia en Colombia es el pollo asado (¿en qué pueblo, municipio, cacería o carretera no hay o alguien sirve algo más rápido?), pues ver películas es algo que se hace los domingos gracias a la re-transmisión de los canales nacionales o en bus (preferiblemente de origen pirata al gusto del chofer, por lo general de artes marciales). Esto tiene todo el sentido ya que las salas de cine solo están en algunas ciudades, ni pensarlas en cabeceras de municipio o zonas rurales.
Bueno Lucas, pero Bogotá-Armenia es un trayecto corto en comparación del viajesito a la costa caribe o Bogotá-Cali. Ahí es cuando los buses ofrecen doble baño, aire acondicionado, merienda y un número de paradas que varía dependiendo del ánimo-hambre-vejiga y convenios de los conductores con los paraderos, desayunanederos y paradores.

Diego Luis Córdoba

04 de Agosto

0 Seguidores

Cuando vendrá expreso bolivariano al Chocó.?ahh pero se me olvidaba que el p...+ ver más

Cuando vendrá expreso bolivariano al Chocó.?ahh pero se me olvidaba que el presidente adjudicó las vías a sus amigos y no han cumplido. Ni modo.

Pio

05 de Agosto

0 Seguidores

Buena !!!! pero igual no olvidar que uribe dejo la iirsa concreta en le pacifi...+ ver más

Buena !!!! pero igual no olvidar que uribe dejo la iirsa concreta en le pacifico colombiano y de paso todos sus nefastos impactos ambientales y sociales… Medellín y Choco se verán a la "misma altura" y se conectarán con prontitud comercial dentro de unos años,eso sí mientras ecosistemas y comunidades agonizan. http://www.grain.org/biodiversidad_files/IIRSA-1.pdf

J. Felipe Parra

05 de Agosto

0 Seguidores

Viendo hoy el documental de Los Dos Escobar, me vino a la memoria el nivel REA...+ ver más

Viendo hoy el documental de Los Dos Escobar, me vino a la memoria el nivel REAL de subdesarrollo del país, tan materializado profundamente como en ningún otro aspecto de su vida nacional como en el transporte interdepartamental.
Ahí se canaliza, realmente, que Colombia es un Gran Corazón Apasionado lleno de triglicéridos, grasa y refritos gringos. :)
¡Viiiiiva el nacionalsocialismo demócrata criollo! XD

txarlz

06 de Agosto

0 Seguidores

Nada que hacer, si la comida rápida por excelencia en Colombia es el pollo as...+ ver más

Nada que hacer, si la comida rápida por excelencia en Colombia es el pollo asado (¿en qué pueblo, municipio, cacería o carretera no hay o alguien sirve algo más rápido?), pues ver películas es algo que se hace los domingos gracias a la re-transmisión de los canales nacionales o en bus (preferiblemente de origen pirata al gusto del chofer, por lo general de artes marciales). Esto tiene todo el sentido ya que las salas de cine solo están en algunas ciudades, ni pensarlas en cabeceras de municipio o zonas rurales.
Bueno Lucas, pero Bogotá-Armenia es un trayecto corto en comparación del viajesito a la costa caribe o Bogotá-Cali. Ahí es cuando los buses ofrecen doble baño, aire acondicionado, merienda y un número de paradas que varía dependiendo del ánimo-hambre-vejiga y convenios de los conductores con los paraderos, desayunanederos y paradores.

Las historias más vistas en La Silla Vacia