Uso de cookies

La Silla Vacía usa Cookies para mejorar la experiencia de nuestros usuarios. Al continuar navegando acepta nuestra política.

listo

Por blogverde · 12 de Diciembre de 2011

3501

2

Por Daniel Castillo Brieva

Conservar los ecosistemas y la biodiversidad no es asunto de ver y no tocar. Nada más alejado de esa idea de conservación por ejemplo cuando hablamos de manglares y recursos hidrobiológicos en el Golfo de Tribugá, en el Pacífico chocoano.  Hay una buena cantidad de personas que extraen madera de los manglares  para uso doméstico y algunos para comercializar. Reducir la extracción de madera implica encontrar alternativas productivas para reemplazar las fuentes de ingresos que dependan directamente de los recursos naturales como la madera. En el caso de la pesca usar sosteniblemente los recursos incluye la captura de individuos por encima de de las tallas mínimas y de especies que no estén amenazadas, además de una cadena comercial segura con los centros de distribución en el interior del país. En el caso del manglar se plantea el turismo como una de las opciones productivas para la zona para disminuir la extracción de madera y conservar el ecosistema.

Pero tanto el turismo como el funcionamiento de las cadenas de valor para los recursos pesqueros necesitan medios de transporte confiables. Esto no existe en esta y en muchas zonas de Colombia. Esto no necesariamente implica grandes proyectos de vías terrestres. La infraestructura está; existen aeropuertos, muchos necesitan ampliaciones y ajustes pero lo básico está. Lo que no existe es sentido de servicio en la aerolínea, solo existen las lógicas del mercado, que en la práctica demuestran su absoluta desinterés con el desarrollo local.

El transporte aéreo para estas zonas es el cordón umbilical, el oxígeno para los emprendimientos locales. Esto se traduce en que finalmente no hay como plantear alternativas productivas sostenibles que garanticen ingresos diferentes a los generados por la extracción directa de los recursos naturales o que le den valor a ciertas especies. ¿Pero quiénes son los prestadores del servicio? Pues nuestra aerolínea insignia: Satena. Ellos tienen el monopolio, por lo tanto las tarifas, los horarios y el caos, lo imponen ellos a su acomodo. No hay día en que usted tenga vuelo Bogotá-Quibdo-Nuquí en el que usted tenga algún grado de certidumbre de la hora e incluso el día de su llegada. No hay día en que usted tenga que ir a esas tierras lejanas y no tenga que luchar encarnizadamente por sus derechos de viajero con los dependientes de la aerolínea que conecta Colombia, estrellándose contra el vacio absoluto: no hay razones a excepción del clima y los aeropuertos cerrados, claro esto último muchas veces resulta ser una fantasía inventada en el momento por los funcionarios. En caso de que pueda llegar a su destino, nada ni nadie le asegura que pueda volver, fácilmente le cancelaron su cupo y le toca quedarse mínimo tres días más.

Oye uno por ahí como se asume la situación: “es que así funcionan las cosas aquí y no hay problema usted se relaja y disfruta de los tiempos del Pacífico”. Esta es la peor actitud, porque los emprendimientos locales y las alternativas productivas necesitan resolver las diferencias entre los tiempos del Pacífico y los tiempos del resto del país, o por lo menos de las ciudades en donde el producto se compra: Medellín, Cali, Bogotá. Y eso que todo el país está en una misma zona horaria.

Es imposible que se desarrolle el etno, el eco turismo o como le quieran llamar, manejado por locales, si una familia que decide ir de vacaciones a tierras de ensueño y sobre todo “lejanas” (gracias a nuestra empresa insignia), si nadie le garantiza que al lunes siguiente podrá retomar sus actividades cotidianas. Es imposible que una asociación de pescadores local pueda sobrevivir de la pesca cion las mejores prácticas, con el sello verde que quieran si nadie les asegura que su producto llega cuando el comprador lo necesita y en condiciones óptimas porque sencillamente Satena no cumple con su función social que debería estar por encima de su función comercial. Pero no todo es desastroso, la mejor imagen corporativa y el mejor eslogan jamás inventado, que realmente refleja el carácter de nuestra empresa es: “Satena es Colombia”. Nada más cierto. Y podríamos agregar y Colombia es biodiversidad.

 

Comentarios (2)

Jaime Romero

12 de Diciembre

0 Seguidores

En el pasado he leído artículos en el sentido exactamente opuesto: respetabl...+ ver más

En el pasado he leído artículos en el sentido exactamente opuesto: respetables economistas diciendo que Satena debe acabarse porque -sencillamente- no es rentable. Tampoco creo que Satena tenga un monopolio, simplemente a las aerolíneas comerciales no les interesa ir a esos lugares. El debate es interesante, porque tal vez el problema no es de la empresa (que en todo caso puede mejorar) sino del Estado, que no termina por definir qué va a hacer para conservar los ecosistemas y mejorar las condiciones de vida en los antiguos "Territorios Nacionales".

blogverde

13 de Diciembre

0 Seguidores

Estoy de acuerdo con usted en que el debate es interesante y necesario. Pero u...+ ver más

Estoy de acuerdo con usted en que el debate es interesante y necesario. Pero un punto a tener en cuenta es que Satena es parte del Estado y tiene que hacer parte integral de las estrategias para mejorar condiciones de vida y la conservación de los ecosistemas. Si no hay aerolineas comerciales interesadas en esas rutas entonces el monopolio emerge de la misma situación y el problema es que la única que presta el servicio no tiene competencia y ningún incentivo para prestar un servicio de calidad, aunque, en línea con ciertas corrientes económicas no debbería haber mas incentivos que el de la responsabilidad social siempre y cuando existan ciertos mínimos de rentabilidad. Y claro que estoy de acuerdo con usted en que puede mejorar sobre todo si el Estado entiende que es parte de la solución para el desarrollo local de estas regiones.
Daniel Castillo

Las historias más vistas en La Silla Vacia