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Por Mauricio Albarracín · 05 de Julio de 2014

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Hace veinte años, el narco mató a Andrés Escobar, el caballero de la cancha. El viernes pasado fuimos eliminados de la copa del mundo. Dos extremos mundialistas de un país dónde la violencia y el fútbol han tenido una relación desafortunada. Ahora que el Mundial llega a su fin podemos pensar qué nos dejó para nuestro proceso como civilización.

Como lo argumentan los sociólogos Norbert Elias y Eric Dunning, el fútbol y los deportes en general “constituyen un tipo de dinámica de grupo en el cual se producen tensiones controladas entre al menos dos subgrupos”. Aunque los deportes imitan de alguna manera un combate, lo hacen de forma reglada y controlada1.

También, siguiendo a Elias y Dunning, los deportes permiten analizar las tensiones y conflictos, así como la cooperación y la armonía de los grupos, que en la cancha son interdependientes. Lo que hace aún más interesante al Mundial es que es un espectáculo, que como diría otro sociólogo, es una panóptico al revés: somos los espectadores quienes observamos cada detalle de los jugadores con nuestra mirada a través de poderosas pantallas de alta definición2. Un partido de fútbol es un laboratorio social que no debemos despreciar. En otras palabras, como diría Dunning, el deporte importa, y mucho, para comprender nuestras sociedades3.

Colombia tiene el conflicto armado más largo y complejo del continente. Nuestras tensiones económicas, políticas y sociales, se han tramitado a través de un proceso sangriento. Aquí la violencia se imita a sí misma en un teatro real. La representación del horror es el horror mismo. Al mismo tiempo, también es un país que vive la fiebre del fútbol como pocos: ciudades paralizadas y vacías. Euforias y represiones propias de revueltas. Símbolos comunes y dogmas de fe establecidos por el fútbol. Y, por supuesto, la violencia que nunca nos abandona. 

Presencié los partidos de Colombia por una invitación de mi hermano y mi papá, unos devotos seguidores de la selección Colombia. Al principio no sentía nada. ¡El viernes pasado era un fanático total! En este proceso, pensaba cómo el fútbol puede decirnos algo sobre nuestro propio proceso de civilización: entre la realidad de un conflicto y el sueño de la paz.

La Selección Colombia se mostró cooperativa, alegre y con un liderazgo colectivo. Los jugadores se reconocían entre sí y se sentía un grupo de jóvenes sin arrogancia. El mensaje de motivación de Pékerman contra el ego es muy diciente de esta actitud:

El conflicto vino de la mano de los espectadores. Bogotá prácticamente tuvo que aplicar medidas de emergencia para poder sobrellevar los partidos sin excesos de la violencia. ¿Por qué Bogotá? Nadie ha ofrecido una explicación contundente de este fenómeno. ¿Por qué la capital tiene estos niveles de intolerancia social en momentos de triunfo? Tal vez somos una ciudad dividida que requiere con urgencia una política de la amistad ciudadana.

Las relaciones raciales y de género también se hicieron notar. ¿Cómo es posible que tantos jugadores afrocolombianos le den alegría a un país, pero que ese mismo país sea racista y tenga olvidadas las regiones negras? Debemos reconocer que si algo hace grande a Colombia es que es un país afro y que debemos aplicar medidas urgentes de justicia racial. 

Cuando terminó el partido contra Brasil, James lloró durante una entrevista. El comentarista dice: “son lágrimas de varón…, lágrimas de héroe”. Y James responde: “los hombres también lloran… Y más cuando sentís esto como un hijuemadre... estoy triste por eso”. La respuesta de James es muy importante porque corrige al comentarista: no son “lágrimas de varón” –como dice el censor moral–, es la tristeza de una derrota y de la vulnerabilidad: “los hombres también lloran”. ¡Grande James!

Después de las emociones que produjeron este Mundial, creo que Colombia tiene mucho potencial para ser un país más cooperativo. Pero debemos reconocer que la violencia, que nos divide y nos hace miserables, la injusticia racial, que empobrece a nuestras comunidades, y el machismo hacen a los hombres arrogantes y al mismo tiempo pequeñitos.

Estamos fuera de la competencia por la copa del mundo pero algunas lecciones morales de esta experiencia las deberíamos llevar a nuestra vida cotidiana. Tal vez así el fútbol nos ayude a ser mejores ciudadanos.

 

Referencias

1 Norbert Elias and Eric Dunning. (1991). Quest for Excitement: Sport and Leisure in the Civilizing Process. Blackwell: Oxford UK & Cambridge USA. P. 193.

2 Fiske, J. (1991) ‘Bodies of Knowledge, Panopticism and Spectatorship’, unpublished paper delivered at the 1991 NASSS Conference, Milwaukee. Citado por Dunnung (1999).

3 Dunning. E. (1999). Sport matters. Sociological studies of sport, violence and civilization. Routlegde. London & New York.

Comentarios (5)

DIDUNDI

06 de Julio

3 Seguidores

Albarracin. Debemos y TENEMOS q aprender TODOS, pero en especial la dirigencia...+ ver más

Albarracin. Debemos y TENEMOS q aprender TODOS, pero en especial la dirigencia colombiana en todos su ambitos.
El 15 de junio Colombia le dio un mandato a Santos muy específico, hoy ese mismo país en las Calles de Bogotá y con lo visto en este mes le da otra orden a nuestros dirigentes;'estamos habidos de un mejor país, urge cambios y reformas sociales q deben y tienen q aplicarse YA, no hay x q esperar una firma en la Habana para dar vía libre a proyectos de inclusión en todos los campos , q se supone vendrán con el posconflicto.
Obligación d estado es asumir q lo q se vive hoy en Colombia X cuenta de la selección, es el mensaje q la sociedad común y corriente, esa de la q esta hecha el 95% del país, pide a gritos mejores condiciones de vida q permitan asimilar de mejor manera las derrotas y triunfos.
Lo q ocurre hoy con la selección es para ser capitalizado por los políticos q de Verdad quieran el país. Encaminar diferentes fuerzas en el mismo sentido. VOLUNTAD POLÍTICA YA.

Melanchthon

07 de Julio

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Me quedé esperando la respuesta del sr. Albarracín a la columna de Mauricio ...+ ver más

Me quedé esperando la respuesta del sr. Albarracín a la columna de Mauricio Rubio del espectador, donde le hace una aguda crítica a la postura lastimera que asume hacia la comunidad LGBT, condicionando el debate de entrada. Me recordó un texto que leí hace tiempo de Todorov: el abuso de la memoria. Chévere que se pronunciara al respecto.

María Catalina Payares Brito

08 de Julio

0 Seguidores

Definitivamente si hay muchas lecciones que aprender, tanto como ponerle atenc...+ ver más

Definitivamente si hay muchas lecciones que aprender, tanto como ponerle atención a todo lo que arrojó el comportamiento de los hinchas en el mundial...creo que esta selección demostró que podemos tener una actitud diferente, a pesar de las situaciones que se presentan, por que mientras ellos avanzaban y tomaban las cosas con calma, era el pueblo el que se revolucionaba y terminaban convirtiendo celebración en tragedia. Obviamente no fueron todos, pero lo que si se debe tener en cuenta, es que el vivir en medio de un conflicto ala larga termina generando en quienes lo padecen repuestas como lo que vemos ahora en Colombia,violencia e intolerancia.

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