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Por Lucas Ospina · 26 de Agosto de 2014

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“Él es un hijueputa, pero es nuestro hijueputa”. La frase se atribuye al presidente estadounidense Franklin D. Roseevelt en relación al apoyo tácito que su gobierno le dio a Augusto Somoza, dictador de Nicaragua (circa 1939). Otras versiones han señalado que la frase la dijo Roseevelt no para referirse a Somoza sino a otro dictador, su “hijueputa” en República Dominicana, Rafael Trujillo. Otras versiones señalan que la frase no es de Roseevelt, sino del mismo Somoza, que la regó como pólvora para ufanarse del grado de “hijueputez” en que lo tenía el presidente de los Estados Unidos y graduarse de “hijupueta” entre los sectores más “hijueputas” de la derecha nicaraguense y así, de puro “hijueputa”, mantenerse en el poder. Pero hay más versiones sobre el origen del gentilicio y hay indicios que señalan que la frase no es de Roosevelt ni de Somoza, sino que fue dicha por Cordell Hull, un Secretario de Estado Norteamericano, para referirse a Trujillo. Aunque Hull también podría ser solo un imitador de voces, un señor Paulsen señala que la frase no sería de él sino que podría ser atribuida a Thaddeus Stevens, un senador estadounidense que llegó tarde a la deliberación para la escogencia de dos candidatos a un escaño. Stevens preguntó cuál era la mejor opción y un partidario le respondió que ambos candidatos eran unos hampones, “Bueno”, habría dicho el senador, “¿Cuál es nuestro maldito hampón?”.

Tal vez, en este mundo de machos cabríos, nunca se sepa quien fue el padre de la cita o hasta donde se remonta, lo cierto es que la política pragmática del “nuestro hijueputa” se puede trazar hacia el pasado, vivir en el presente y proyectar hacia el futuro, bastan tres personas para que ahí ya esté el diablo, tres de ellas para postularse, dos para aliarse, tres para votar, marcar un desempate y una de ellas para ser el “hijueputa” de uno, de dos, de tres y de sí mismo.

En las pasadas elecciones presidenciales en Colombia, el 50.95% de los votantes votó por un candidato y el 45% por ciento votó por otro, a pesar de que en este juego el ganador se lleva todo y con ello el poder de nombrar y repartir las cartas, la paridad de las cifras hace que, a la luz del naipe electoral, todo colombiano se vea representado por ambos candidatos, por nuestros “hijueputas”. Claro, ellos, y tantos otros políticos, son el “hijupueta” de alguien: de un banquero, de un líder oculto o visible, de una cofradía elitista o trepadora, o son el caballito de turno de un carrusel de “hijueputas”, pero ellos también son nuestros, siempre lo han sido, así es la cosa desde que jugamos al país, del contrapunto entre criollos y chapetones y del quilombo entre Bolívar y Santander al semáforo del convivialismo entre conservadores y liberales. La apuesta no solo es de derechas, tiene su paralelismo en la izquierda y su canibalismo, las peleas de troscos y leninistas, de línea Moscú versus Línea Pekín, de Polistas y Progresistas, en algo se asemejan al embate actual entre fascismo caudillista y alto manzanillismo.


Sí, en las pasadas elecciones, ganó o perdió nuestro candidato, nuestro “hijueputa”, pero la verdad, cuando las cosas están tan parejas, esto solo muestra que nuestro ADN tiene tanto de lo uno como de lo otro; comprender ese bifrontismo, esta dualidad, es habitar la realidad exagerada a que nos enfrenta el surrealismo criollo, un estado donde no hay contradicción entre día y noche, entre civilización y barbarie, entre social bacanería y burguesía retrograda, solo una contienda agonística y ventajosa de todos contra todos a la que llamamos política.


A esto se suma que los políticos son apenas un atajo para que en la charla diaria podamos hablar de “política”: ellos, los políticos, cautivados por la política y cautivos de la polítiquería, tendrán sus dueños, pero son nuestros “hijueputas” cuando los nombramos y los atrapamos mediante el poder del verbo. La política es y será una telenovela nacional que no logra opacar ninguna parabólica, es el lugar común que nos da un relato de nación y nos pone a hablar entre pasajero y taxista, empleado y empleador,  secuestrado y secuestrador. Hablar de estos políticos y sus acciones nos ayuda a simplificar la vida y por arte de magia, la complejidad atroz del mundo y la indiferencia con que nos trata la Naturaleza se ven menguadas: toda la existencia se resume a un diminuto pero ambicioso relato donde unos cuantos “hijueputas” son los culpables de todos nuestros males.

Son tan nuestros estos “hijueputas” que los usamos para criticar a la política pero a la vez, con esa diatriba de alto turmequé, nos exoneramos de ejercer la misma crítica en nuestro entorno político más mundano. Día a día nos movemos en las arenas movedizas de la familia, los amigos y el trabajo y a riesgo de sufrir las consecuencias de la crítica y hundirnos, tendemos al quietismo, al cálculo, a pasar de agache. Vociferamos ante las fallas de tal y tal político, pero actuamos con sigilo ante nuestros pares y superiores, no vaya a ser que un apunte deje mal parado al patriarca, al jefe y nos deje sin herencia, desempleados y divorciados, no vayamos a quebrar la moral corporativa que rige a cualquier institución que se quiere autoperpetuar, sea gubernamental, educativa, cultural o familiar: “Aquí no hablamos de lo mal que están las cosas, aquí estamos bien y mejorando”.

Comentarios (9)

Andrés Bermúdez Liévano

27 de Agosto

487 Seguidores

¡Excelente! Un pequeño dato curioso de contexto. Thaddeus Stevens era el re...+ ver más

¡Excelente! Un pequeño dato curioso de contexto. Thaddeus Stevens era el republicano radical -es decir, más liberal- que estaba totalmente contra la esclavitud (minoría en su partido) en las épocas de Lincoln y pleno mediados de siglo XIX. Ah, y en la película de Spielberg sobre Lincoln era el personaje de Tommy Lee Jones...

Farrokh Bulsara

27 de Agosto

0 Seguidores

La entrada describe muy bien nuestra idiosincracia, por eso no es entendible t...+ ver más

La entrada describe muy bien nuestra idiosincracia, por eso no es entendible tanto escandalo e "indignaciones" fingidas por tanto pseudoperiodista, contra el presidente con mas caracter que a tenido este pais en los ultimos 60 años AUV.

alfonso garcia

28 de Agosto

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Nuestros políticos, nuestros hp, el anterior análisis tiene algo de verdad, ...+ ver más

Nuestros políticos, nuestros hp, el anterior análisis tiene algo de verdad, pero no toda, la historia comienza en la "conquista" española, quienes nos conquistaron? cual era el perfil? que nos dejaron?..un ADN ambicioso, asesino, con un ADN malicioso y desconfiado...he ahi nuestro ADN hp, un híbrido de corrupción, de engaño, de promeseros, de hipócritas, en eso nadamos y no podemos pedirle manzanas a un arbol espinoso y sin frutos, esos son nuestros queridos políticos hp, somos del mismo ADN híbrido, pero en la mitad, ávidos de elegir al que le podemos sacar la ganancia, para codearnos con ellos y salir en todos los medios de comunicacion, ah!! y con jaker a bordo, eso si que es un ADN electrónico!

FRANCISCO ALBER...

28 de Agosto

0 Seguidores

Nuestro ADN viene de la Langosta, todo lo arrasamos, todo nos lo comemos, que ...+ ver más

Nuestro ADN viene de la Langosta, todo lo arrasamos, todo nos lo comemos, que se salve el "HIJUEPUTA"

Emilio Zolá

29 de Agosto

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Podríamos aplicárselo también al grupo de pollitos descerebrados que sigue ...+ ver más

Podríamos aplicárselo también al grupo de pollitos descerebrados que sigue a Uribe como gallina clueca. Uribe podría decir perfectamente: Sí, son 38 atorrantes malparidos.....Pero son míos, hacen lo que a mí me de la gana y al final son congresistas gracias a mí....Firmado: El emperadorcito paisa.

antonio ramiírez caro

29 de Agosto

0 Seguidores

Felicitaciones. Excelente perfil de lo que hemos sido y somos, y lo peor, de p...+ ver más

Felicitaciones. Excelente perfil de lo que hemos sido y somos, y lo peor, de para donde vamos.Y ante tanto espectáculo hediondo, quién podrá ser el Chavo? Quién podrá salvarnos?

chjarami

03 de Septiembre

1 Seguidores

Hola Lucas,
Todo muy cierto, aunque creo que en esto somos como todo el mu...+ ver más

Hola Lucas,
Todo muy cierto, aunque creo que en esto somos como todo el mundo, en todos los tiempos. Es más: ¿será que la vida en comunidad -familia, amigos, clase, ciudad, país, mundo- es viable sin una dosis alta de hacerle barra al hijueputa de uno y pasar de agache ante lo que hace el hijueputa de los demás?
Chjh

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