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Por Román D. Ortíz · 07 de Octubre de 2013

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Cuando ya está cerca de cumplirse el primer año de conversaciones gobierno- FARC, la cúpula de la organización terrorista es consciente de que se acerca el momento de la verdad. Durante los pasados meses, los representantes del grupo armado han imprimido a las negociaciones un paso extremadamente lento. De momento, se ha pasado del primer punto de las conversaciones – “Desarrollo Rural Integral” – al segundo – “Participación Política” – y quedan otros cuatro –“Fin del Conflicto”, “Solución al Problema de las Drogas Ilícitas”, “Víctimas” e “Implementación, Verificación y Refrendación” –esperando turno. En consecuencia, las conversaciones podrían prolongarse sin un final a la vista, sobre todo, si se toma en consideración la inclinación de la guerrilla a reabrir cuestiones que parecían cerradas y tratar de ampliar la agenda al infinito.

Sin embargo, a pesar del permanente tira y afloja de las FARC, el gobierno ha mantenido las restricciones con que empezaron las conversaciones. Por un lado, la agenda sigue amarrada a los seis puntos acordados inicialmente en el “Acuerdo General para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera”. Por otra parte, los límites temporales establecidos a comienzos del proceso para evitar la prolongación “ad infinitum” de las negociaciones se mantienen vigentes. Ciertamente, puede haber la holgura de unos pocos meses adicionales; pero los avisos de que el tiempo se acaba se están haciendo más frecuentes y claros. En este sentido, resulta significativo que el presidente Santos anunciase en su discurso ante la Asamblea General de la ONU que “la paciencia del pueblo colombiano tiene un límite”.

En realidad, las FARC se enfrentan a una situación inédita en sus casi cincuenta años de historia: negociar con el Estado cuando se encuentran en una profunda crisis. De hecho, la organización está inmersa en un agudo declive estratégico y político. El número de sus integrantes se ha reducido en los pasados años hasta alcanzar una cifra de poco más de 7.000 militantes. Además, su carencia de apoyo social quedó al descubierto cuando tuvo recurrir a amenazas para forzar a los campesinos de las comunidades donde hace presencia a unirse a los recientes paros agrícolas.

De este modo, el liderazgo de las FARC enfrenta una decisión crítica: renunciar a su proyecto extremista y pactar su desmovilización o insistir en la violencia hasta...  perder completamente su capacidad armada y hundirse en la irrelevancia. La decisión no debería generar dudas si no fuera por dos factores que suelen impedir a los grupos terroristas reconocer que han perdido. Por un lado, los anteojos de la ideología que deforman su comprensión del escenario donde están inmersos. Un sesgo que, por ejemplo, ha llevado a la guerrilla a mirar las últimas movilizaciones campesinas como un despertar revolucionario en lugar del producto de las dificultades del sector agrícola en el contexto de la modernización económica del país. Por otra parte, la resistencia a abandonar las armas cuando estas son el único instrumento que otorga influencia política a una minoría radical. En otras palabras, la dirigencia del grupo armado se resiste a abandonar la violencia puesto que reconoce que sin ella se tornaría irrelevante.

Atrapados entre la realidad de su crisis estratégica y la ficción de su proyecto ideológico, la elección de las FARC entre desmovilización o confrontación dependerá del modo en que la dirección guerrillera responda a cuatro dilemas claves:

  1. ¿Hasta cuándo pueden aguantar militarmente?

En este sentido, la cúpula guerrillera es consciente de que la organización atraviesa por momentos extremadamente difíciles. Sin embargo, al interior de la organización, existen valoraciones muy distintas sobre la naturaleza de la crisis y las perspectivas de futuro del grupo armado. De hecho, la visión sobre la situación varía entre aquellos que han sufrido directamente la ofensiva de la Fuerza Pública y quienes llevan largo tiempo fuera del país o han encontrado refugio en las fronteras.

Cabecillas como Pablo Catatumbo que han visto como se incrementaba la presión sobre el Bloque Occidental de las FARC y los duros golpes recibidos por el Frente 6° de la organización no pueden albergar muchas expectativas sobre la viabilidad estratégica de la guerrilla. Para este sector, la negociación se parece a una carrera contra el tiempo: cuanto más tiempo pasa, más desgastada está la organización y menos capacidad de negociación tiene con el Estado. En consecuencia, la mejor opción es un acuerdo relativamente rápido.

Las cosas son muy distintas para otros sectores de la guerrilla. Iván Márquez, por ejemplo, llevaba más de un lustro fuera de Colombia antes de aterrizar en La Habana. Por su parte, integrantes de la cúpula del Bloque Sur como Joaquín Gómez o Fabián Ramírez cuentan con la frontera con Ecuador como zona de refugio. De este modo, por unas u otras razones, una fracción del liderazgo guerrillero ha esquivado el impacto directo de la ofensiva del Estado y tiene una percepción más optimista – y también más equivocada – de lo que les espera si las conversaciones fracasan.

Además, el “ala dura” de la guerrilla se refugia en esperanzas más o menos quiméricas de que existe una “bala de plata” que podría evitar un completo hundimiento estratégico. En este sentido, algunos miran el despeñadero en el que se hunde Venezuela como una oportunidad. Desde esta perspectiva, si la Revolución Bolivariana se radicaliza, guardan la esperanza de que los nuevos “hombres fuertes” de Caracas opten por suministrarles equipo militar en suficiente cantidad como para equilibrar la balanza. Otros miran el narcotráfico como una fortaleza de plata ilegal detrás de la que atrincherarse y resistir la presión del Estado. Desde luego, ninguna de estas opciones impediría la quiebra del grupo terrorista; pero son argumentos que los más intransigentes de las FARC pueden esgrimir para rechazar la desmovilización.

  1. ¿Cuáles van a ser las garantías del cumplimiento de los acuerdos de La Habana?

La dirigencia guerrillera exige contar con garantías de que el Estado cumplirá lo pactado en La Habana, especialmente, en lo relativo a los beneficios jurídicos para sus integrantes. Ciertamente, el gobierno y el Congreso están trabajando sobre un marco legal sólido para los acuerdos y en particular para el modelo de justicia transicional. El problema es que las FARC rechazan frontalmente las leyes y las instituciones del Estado que han tratado de destruir durante décadas. En este contexto, el calendario electoral del próximo año añade incertidumbres. De hecho, la dirigencia guerrillera mira con desconfianza la posibilidad de que las elecciones al Congreso produzcan un cambio en la composición del legislativo que incremente el peso de los sectores que se oponen a las negociaciones. Un escenario que podría poner en cuestión la aplicación de los compromisos alcanzados entre el Estado y la guerrilla.

Ante este escenario, la cúpula de las FARC parece apostar por una opción maximalista para asegurarse el cumplimiento de un eventual acuerdo de paz, a salvo de cualquier vaivén político. Por un lado, ha buscado extender las conversaciones más allá de las citas electorales del próximo año. Por otra parte, ha insistido en la convocatoria de una asamblea constituyente que transforme los compromisos de La Habana en una nueva constitución. Sin embargo, estas exigencias chocan con dos límites claves del gobierno: la negativa a prolongar las conversaciones de forma indefinida y el rechazo a la apertura de un proceso constituyente.

?El problema es que algunos indicios señalan a la falta de consenso al interior de la guerrilla sobre cuanto ceder en lo que se refiere a las garantías de cumplimiento de los acuerdos. En buena medida, estas discrepancias tienen que ver con las mayores o menores  dificultades de los distintos cabecillas a la hora de encarar los futuros procesos de justicia transicional como consecuencia de sus prontuarios delictivos. Aquellos con mejores perspectivas ante las justicia están menos preocupados por el blindaje jurídico y político de un acuerdo que quienes tienen prontuarios criminales de mayor gravedad.

  1. ¿Cuánta influencia social ganada a través del terror conservarán las FARC si abandonan la violencia y participan en política electoral?

La guerrilla ha utilizado la intimidación y el terror para someter a su voluntad a las comunidades rurales donde hacen presencia. La pregunta que se hace la cúpula de la organización es cuanto de este poder podrán conservar una vez que hayan abandonado la violencia y perdido su capacidad de coacción. El asunto es clave porque la mayor o menor posibilidad de mantener una cierta cuota de influencia regional después de la desmovilización será un factor clave para definir quienes dentro de la guerrilla estarán dispuestos a dar el salto a la legalidad y quienes optaran por continuar con las armas.

En principio, las expectativas de las FARC a la hora de participar en política electoral son negras dado su fundamentalismo ideológico y su abrumador historial  de crímenes y abusos. Se trata de un amplio rechazo social que se extiende, más allá de las ciudades, a las áreas rurales que han sido las principales víctimas de sus depredaciones. La propia cúpula de la organización es consciente de su impopularidad. Esto explica su rechazo a la posibilidad de que los eventuales acuerdos de paz con el gobierno sean sometidos a referéndum popular. La dirigencia guerrillera teme que los ciudadanos traduzcan su aversión a las FARC en una negativa a aceptar los compromisos alcanzados para su desmovilización.

En cualquier caso, aquí también hay diferencias al interior de la organización. En este caso, las discrepancias tienen que ver con el distinto arraigo territorial de las estructuras guerrilleras y, en consecuencia, con las posibilidades que tendrían sus líderes de transferir su influencia armada en peso en la política legal después de la desmovilización. Así, el Bloque Oriental encabezado por Mauricio Jaramillo “El Médico” cuenta con una larga tradición de presencia en La Macarena mientras que el Bloque Caribe al mando de Iván Márquez fue expulsado de los Montes de María en 2007 y permanece refugiado en la frontera con Venezuela. En consecuencia, es lógico que los cuadros del Oriental sean más optimistas sobre sus perspectivas en la política electoral tras un eventual acuerdo de paz que los cabecillas de las estructuras del Caribe que cada vez se asemejan más a una banda armada en el exilio.

  1. ¿Es posible un acuerdo que tenga “marcha atrás” y deje abierta la puerta para que la organización se rearme y regrese a la violencia?

En este sentido, la dirigencia de las FARC estaría analizando si existe la posibilidad de firmar un acuerdo que deje abierta una puerta trasera para volver a las armas si el aterrizaje en la paz no responde a sus expectativas. La idea sería repetir el escenario que enfrentó la administración Betancur tras la firma del cese el fuego de 1984. Entonces, el compromiso de paz se limitó a una tregua con las estructuras guerrilleras dispersas por todo el país y sin una verificación efectiva. El resultado fue que las FARC se fortalecieron durante el frenazo de las operaciones de las Fuerzas Militares para luego regresar a la violencia unos pocos años más tarde.

Los negociadores de las FARC han empezado a destapar algunas cartas que permitirían a la organización conservar una “opción militar” después de un acuerdo. La primera estratagema ha sido buscar un compromiso que facilite la aparición zonas de refugio donde las FARC podrían mantener sus estructuras a cubierto. Esto explica el intento de la guerrilla de manipular el concepto de Zonas de Reserva Campesina para transformarlas en entidades con autonomía política que estén vedadas a la Fuerza Pública. La segunda opción se centra en demorar al máximo la destrucción de su arsenal y, de este modo, mantener abierta la posibilidad de volver a las armas. Esa es la razón por la que han insistido en estudiar el modelo de desarme acordado con el IRA Provisional durante el proceso de paz de Irlanda del Norte. Bajo dicho esquema, los terroristas norirlandeses no entregaron las armas y solamente las destruyeron bajo la supervisión de una comisión internacional siete años después de firmado los acuerdos de “Viernes Santo” de 1998.

Esta estrategia de “paz con puerta trasera” tiene una doble explicación. Para empezar, muchos miembros de la organización están inmersos en la cultura paranoica propia de una organización terrorista que desconfía de la institucionalidad y ve las armas como su única garantía de seguridad. En otras palabras, temen que desarmados queden a merced no solo sus adversarios ideológicos sino también las víctimas de sus crímenes. Por otra parte, los sectores más “duros” de la guerrilla aspiran a mantener el acceso a las armas después de un eventual acuerdo con tres objetivos: utilizar la amenaza de romper el cese el fuego para renegociar los compromisos iniciales con el Estado, coaccionar a la población civil y disponer de una vía de regreso a la violencia si la participación electoral no satisface sus expectativas.

?Desde luego, el gobierno se opone frontalmente a cualquier fórmula de paz que no incluya el abandono definitivo e irreversible de las armas por las FARC. Sobre esta base, es previsible que las preocupaciones de seguridad para los desmovilizados sean tratadas incluyendo en los compromisos de La Habana una serie de provisiones destinadas a garantizar de seguridad para los ex - guerrilleros. Esta perspectiva puede tranquilizar a los sectores más pragmáticos de la organización que están dispuestos a dar un adiós definitivo a las armas; pero quedará muy por debajo de las exigencias de los más intransigentes que todavía acarician la idea de combinar violencia con elecciones como su palanca para derribar las instituciones.

Visto así, los cuatro dilemas estratégicos mencionados no solo enfrentan a las FARC a una disyuntiva decisiva sobre su futuro sino que además dividen sus filas entre una facción pragmática dispuesta a arrojar los fusiles y un ala extremista decidida a perseverar  en el terrorismo. De este modo, parece probable que el grupo armado trate de prolongar al máximo las negociaciones para evitar una decisión trascendental que amenaza con abrir una brecha insalvable en su interior.

Este escenario tiene dos consecuencias claves para las perspectivas de paz. Por un lado, resulta difícil esperar que la organización esté dispuesta a firmar un acuerdo antes de las elecciones de marzo. Por otra parte, si se alcanza un compromiso en La Habana, será poco probable que cuente con el respaldo unánime de toda la guerrilla. En otras palabras, el éxito de las conversaciones de La Habana implicará necesariamente la fractura interna de las FARC. Todo ello si la cúpula del grupo no opta por la continuidad y prefiere mantenerse unido en la guerra que arriesgarse a dividirse en la paz. Una opción que empujaría las conversaciones hacia un callejón sin salida.

@roman_d_ortiz

Comentarios (13)

DIDUNDI

07 de Octubre

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LOS CUATRO DILEMAS ESTRATÉGICOS DEL GOBIERNO
1-Hasta cuando pueden aguant...+ ver más

LOS CUATRO DILEMAS ESTRATÉGICOS DEL GOBIERNO
1-Hasta cuando pueden aguantar militarmente?
En este sentido la cúpula militar en cabeza del gobierno Santos es consiente q tiene la suficiencia para terminar con todo lo q se le atreviese a su paso, así sea por acción u omisión cuando le entregaron el país a los paras.
Igual un poco más de sangre importa?
2. Cuáles van a ser las garantías del cumplimiento de los acuerdos de la Habana?
La dirigencia del Estado más q las mismas FARC, por si ni lo recuerda señor Román es el estado quien esta constitucionalmente obligado a cumplir con un verdadero posconflicto real e incluyente, y los indicios dan, q nuestro sistema político no está en disposición de ceder más allá de unos paliativos coyunturales.
La falta de consenso del mismo gobierno y las diferentes posiciones en la misma cúpula militar hace igualmente difícil de creer en ambas partes.
see u later.

DIDUNDI

07 de Octubre

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3. Cuánta influencia social ganada a través del terror conservaran las Far...+ ver más

3. Cuánta influencia social ganada a través del terror conservaran las Farc si abandonan la violencia en política electoral?
El estado igualmente ha utilizado la intimidación y el terror en forma directa y/o indirecta, las únicas formas de coaccionar no son las q maneja las guerrilla, también están las del estado a través de sus organismos ineficientes de control, la inoperancia e inactividad de sus dirigentes para atender las necesidades básicas, como en la poca o nada celeridad en el control sobre los recursos del estado q en manos de un gran mayoría de corruptos sigue pasando de agache, sin olvidar la forma alegre de imponer su voluntad violando las normas básicas de la constitución a través de falsos positivos, eso señor Román tiene un nombre: Terrorismo de estado-

DIDUNDI

07 de Octubre

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4. ¿Es posible un acuerdo que tenga “marcha atrás” y deje abierta la pue...+ ver más

4. ¿Es posible un acuerdo que tenga “marcha atrás” y deje abierta la puerta para que la organización se rearme y regrese a la violencia?
“Para empezar, muchos miembros de la organización están inmersos en la cultura paranoica propia de una organización terrorista que desconfía de la institucionalidad”
Esta frase de su autoría resume todo, la experiencia con lo ocurrido con la UP es suficiente para dudar del estado.
PD: No creo que desconozca los infirmes de Basta ya y memoria histórica así que asumo que es simplemente su forma muy clara de exponer una filosofía egoísta desde la comodidad de los que no hemos sufrido la guerra en carne propia

sinnombre

07 de Octubre

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4. No creo que Ortíz se refiera a situaciones como las de los asesinatos de l...+ ver más

4. No creo que Ortíz se refiera a situaciones como las de los asesinatos de la gente de la UP, cosa que es, al menos en la lógica del asesino, obvia (nadie espera que se queden tranquilos si los asesinan). Creo que él se refiere a la posibilidad de que los cambios pactados no sean implementados, cosa que es perfectamente posible porque como se requiere algún mecanismo de refrendación y como la gente en todo caso es más sensata de lo que los iluminados creen (esos "intelectuales" como Albarracín), es poco probable que esos cambios se materialicen. Es que si la gente quisiera esos cambios, no sería necesario asesinar gente para implementarlos.
Es decir, como lo han dicho los críticos del proceso, están perdiendo el tiempo en La Habana. Y no solo eso, están dándole incentivos al resto de bandas de asesinos para que sean tan sanguinarios como les sea posible para "llegar fuertes a la(s) (eventual(es)) mesa(s) de negociación".

sinnombre

07 de Octubre

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3. De nuevo, decir que el Estado hace terrorismo es una ridiculez. Que haya de...+ ver más

3. De nuevo, decir que el Estado hace terrorismo es una ridiculez. Que haya delincuentes en el Ejército no es lo mismo que decir que el Ejército sea una organización delictiva.
Ahora, decir que "la inoperancia e inactividad de sus dirigentes para atender las necesidades básicas, como en la poca o nada celeridad en el control sobre los recursos del estado q en manos de un gran mayoría de corruptos sigue pasando de agache" es equivalente a terrorismo de Estado es una idiotez que solo cabe en un "cerebro" adoctrinado. Según eso, todos los Estados son terroristas porque todos sufren en alguna medida de la negligencia de sus funcionarios, cosa que es, evidentemente, una generalización rídicula. Además, deberían meter a la cárcel a todo aquel que haya sido funcionario porque hizo parte de esa organización delictiva.
De los falsos positivos, ya lo dije antes: pactar la ley con la guerrilla es lo mismo que pactar la ley con quienes fueron determinadores de falsos positivos.

sinnombre

07 de Octubre

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1. Claro que un poco más de sangre importa, y mucho. Por eso, es necesario qu...+ ver más

1. Claro que un poco más de sangre importa, y mucho. Por eso, es necesario que impere la ley. Es decir, que todos los asesinos sean judicializados y que cualquier cambio institucional se lleve a cabo mediante los mecanismos previstos en la Constitución, no como resultado de la extorsión.
2. Yo me opongo a que haya pactos con asesinos. Pero si los hacen, para verificar el cumplimiento por parte del Gobierno no se requiere mayor cosa: siempre que los poderes sean independientes, el poder judicial podrá establecer si hay abusos por parte del Gobierno y deberá condenar a quien los cometa. Por el contrario, cuando hay organizaciones armadas que no aceptan la ley, es imposible que alguien los aprese cuando un juez determine que la han incumplido. Usted parte de una base errada y es que los asesinos son lo mismo que el Gobierno. Otra cosa es que dentro del Gobierno haya asesinos (como los de los falsos positivos), sobre quienes debe aplicarse la ley (como sobre el resto de asesinos).

DIDUNDI

07 de Octubre

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Marleny Barrera López

07 de Octubre

5 Seguidores

Interesante análisis de las Farc, pero falta la de la incapacidad del Estado para comportarse también como tal, mas de 50 años de guerrilla, denota una gran falta de Estado, como también de sociedad, que es la otra arista que falta en el análisis. Una parte de la sociedad, demasiada, que sigue insistiendo en la violencia, tal vez porque no la vive directamente, que junto a la insolidaridad, exclusión e inequidad que sufrimos, la explica. Cuántos no les parece de lo más natural que los jóvenes más pobres son los que le ponen pecho a la muerte, a las balas, a las amputaciones y aún lo peor, ni siquiera una pensión o salud de calidad como agradecimiento. Quisiera que muchos colombianos siguieramos los programas de Diana Uribe, como los de Sudafrica y Mandela y ahora del proceso de Irlanda, en especial recordar a U2 con su canción Domingo Sangriento.

Interesante análisis de las Farc, pero falta la de la incapacidad del Estado para comportarse también como tal, mas de 50 años de guerrilla, denota una gran falta de Estado, como también de sociedad, que es la otra arista que falta en el análisis. Una parte de la sociedad, demasiada, que sigue insistiendo en la violencia, tal vez porque no la vive directamente, que junto a la insolidaridad, exclusión e inequidad que sufrimos, la explica. Cuántos no les parece de lo más natural que los jóvenes más pobres son los que le ponen pecho a la muerte, a las balas, a las amputaciones y aún lo peor, ni siquiera una pensión o salud de calidad como agradecimiento. Quisiera que muchos colombianos siguieramos los programas de Diana Uribe, como los de Sudafrica y Mandela y ahora del proceso de Irlanda, en especial recordar a U2 con su canción Domingo Sangriento.

GMolano

08 de Octubre

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Excelente analisis en cuando a los dilemas estrategicos, pero Roman encausa ca...+ ver más

Excelente analisis en cuando a los dilemas estrategicos, pero Roman encausa caprichosamente sus conclusiones dada su notoria tendencia guerrerista.
En el fondo Roman aun cree que las FARC se van a acabar despues de un aluvion de plomo, 50 años de historia estan para demostrarle, que si bien las FARC enfrentan un declive estan muy lejos de ver el fin del fin., por ahora. La historia de las FARC esta repleta de premoniciones de "el fin del fin". Una de las caracteristicas clave de su supervivencia es la capacidad de adaptarse rapidamente a las dinamicas de guerra insurgente. Todos los "expertos" hablan de como sera el fin pero les queda difícil explicar porque han pasado 50 años en premoniciones que no se han cumplido.
Es gracioso que el autor olvide a Marcha Patriotica y otros movimientos afines a la hora de medir la capacidad de movilizacion politica de las FARC, deja el espacio politico solo lo que los guerrilleros consiguen a punta de fusil. Y mas gracioso es leer a este tipo...

GMolano

08 de Octubre

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... autores cuando opinan de espacios politicos como Marcha Patriotica con la ...+ ver más

... autores cuando opinan de espacios politicos como Marcha Patriotica con la manida tesis de "la combinación de todas las formas de lucha". En el fondo ahi un miedo o un escozor, no se como interpretarlo, de que de pronto las FARC si tengan la posibilidad de generar espacios políticos legítimos.

Luis Fernando Pears

08 de Octubre

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Señor Román, para pelear se necesitan dos, así que si queremos detener el c...+ ver más

Señor Román, para pelear se necesitan dos, así que si queremos detener el conflicto, son ambas partes las que debemos invitar al dialogo; endilgar la responsabilidad a una sola, hace que su artículo además de sesgado sea nada objetivo, pero si lleno de un gran egoísmo propio del que no pone el pecho en el frente de batalla.
No se necesita tampoco ir al monte para tener la sensibilidad de colombiano por los colombianos, pero por lo menos una visión menos egoísta contribuye más, que una posición desde el sillón de su casa a las 4 de la mañana cuando de seguro se debate en el dilema de ir a jugar golf o tenis, y no por la zozobra de saber si un allegado suyo este siendo víctima de esta guerra insulsa que poco o nada le molesta.
Yo tampoco los tengo, y también juego tenis, pero la sensibilidad por el dolor ajeno si me embarga.

Alejo Acosta

09 de Octubre

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Llamativas las omisiones que comete quien expone una mirada "alternativa" de l...+ ver más

Llamativas las omisiones que comete quien expone una mirada "alternativa" de la seguridad, etc. Lamentable, puesto que el Sr. Ortiz es lo suficientemente inteligente para argumentar sin recurrir a esas argucias.
1.Cuando nombra la tregua de 1984 se le olvidó un pequeño detalle: se rompió por los atentados y ataques hechos a los guerrilleros, entre ellos Antonio Navarro.
2. No mencionó tampoco el genocidio de la UP, ni la larga lista asesinatos de sindicalistas y, en este gobierno principalmente, de los líderes de restitución de tierras. Crasa y deliberada omisión callar la larga tradición de persecución al pensamiento de izquierda en Colombia por parte del Estado. Estoy en radical desacuerdo con la lucha armada, pero esos antecedentes son justificativos de la paranoia de los guerrilleros.

Alejo Acosta

09 de Octubre

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No olvidar que comentaristas como el Sr. Ortiz, Rafael Guarín y Alfredo Range...+ ver más

No olvidar que comentaristas como el Sr. Ortiz, Rafael Guarín y Alfredo Rangel han ocupado cargos relacionados con las escuelas de guerra o Mindefensa: (cito su cv) "Profesor Coordinador de la materia “Seguridad Nacional” en la Maestría de Seguridad y Defensa Nacionales de la Escuela Superior de Guerra". Son los voceros civiles del ejército y defensores del macartismo de la guerra fría. Olvidan que el Estado colombiano también utilizó "todas las formas de lucha" O ¿quién trajo a Yair Klein? ¿o van a afirmar que los paramilitares fueron campesinos que espontáneamente se alzaron en armas para combatir a la guerrilla? Me parece muy bien que tenga su espacio, pero que no pose de analista independiente.

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