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Por Román D. Ortíz · 05 de Junio de 2013

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La “cuestión venezolana” volvió a saltar a los titulares de prensa la semana pasada en virtud de un rifirrafe provocado por la decisión del presidente Juan Manuel Santos de recibir en la Casa de Nariño al líder opositor del vecino país, Henrique Capriles. Como ya es rutina cada vez que la cúpula del régimen bolivariano se resiente de alguna decisión de la diplomacia colombiana, insultos y amenazas saltaron la frontera. Términos grandilocuentes como “puñalada a Venezuela” o “descarrilamiento de las buenas relaciones” fueron seguidos de advertencias sobre la decisión de “evaluar la posibilidad cierta de que podamos seguir siendo parte del proceso de paz”. Un aviso serio si se tiene en cuenta que en ocasiones anteriores el gobierno chavista ya ha mostrado con cuenta facilidad puede pasar de un apoyo entusiasta a las negociaciones para terminar el conflicto interno a un soterrado boicoteo de cualquier perspectiva de paz de común acuerdo con los sectores más fanáticos de la guerrilla.

A medida que las aguas vuelven a su cauce, este conato de crisis debería ser visto no tanto como fruto del azar o la mala fortuna sino más bien como una señal de que las relaciones bilaterales están entrando en un periodo turbulento. Como tantas veces pasa en política internacional, el aumento de la inestabilidad entre Bogotá y Caracas tiene poco que ver con las personalidades de los respectivos presidentes o con las habilidades de ambos cuerpos diplomáticos y más bien es consecuencia de cambios en el escenario estratégico que escapan al control de las partes. De hecho, en este caso, el origen del problema descansa en la debacle hacia la que se dirige el chavismo. En otras palabras, Venezuela está abocada a una crisis política y económica de proporciones colosales y las relaciones con Colombia no podrán escapar de sus efectos.

Para entender la crisis hacia la que se dirige Venezuela, es necesario considerar cuál es la naturaleza del régimen que gobierna el país vecino y sus perspectivas de futuro. En este sentido, los analistas de la Revolución Bolivariana–admiradores y detractores como este autor – han estado enzarzados en dos debates claves. Por un lado, la naturaleza autoritaria o no del chavismo. Por otra parte, la sostenibilidad de una política social asistencialista dirigida a satisfacer las necesidades de los ciudadanos y de paso comprar su apoyo para el gobierno. Ambas cuestiones quedaron resueltas más allá de cualquier duda razonable a lo largo de los meses transcurridos desde la muerte de Hugo Chávez. El Socialismo del Siglo XXI es una autocracia y el modelo económico en que se apoya resulta insostenible en el mediano plazo.

El autoritarismo del régimen venezolano

Las razones para afirmar que los venezolanos viven bajo una autocracia se hicieron bien visibles a lo largo de las maniobras realizadas por los herederos políticos de Chávez para garantizar la continuidad del régimen a cualquier precio. Por si se ha olvidado, el caudillo bolivariano falleció antes de jurar como presidente de Venezuela por cuarta vez consecutiva lo que hacía imposible que Maduro ocupara legalmente la vicepresidencia de un jefe del Estado que nunca fue. En cualquier caso, este pequeño detalle no fue obstáculo para el vicepresidente “de facto” se convirtiese también en presidente “de facto” una vez fallecido su mentor. Después llegó la campaña electoral previa a las elecciones presidenciales del pasado 14 de abril que se rigió por las amañadas reglas de costumbre que, por ejemplo, limitan a pocos minutos el tiempo de la oposición en la televisión mientras garantiza el acceso irrestricto del gobierno a los medios de comunicación.

Los trucos siguieron hasta los comicios. El régimen utilizó los datos proporcionados por el sistema informático que monitorea la participación electoral y la capacidad de movilización de sus cuadros políticos agrupados en el Frente Francisco Miranda para bloquear el voto opositor y empujar a sus partidarios a acudir a las urnas. Así, votantes de los distritos mayoritariamente opositores fueron cambiados de colegio electoral el día antes de los comicios, forzándoles a cruzar grandes distancias para acudir a las urnas. Al mismo tiempo, a lo largo la jornada electoral, los militantes del Frente se encargaron de recoger casa por casa a los partidarios del gobierno para llevarlos a votar.

Sin embargo, nada fue suficiente para dar a Maduro una triunfo electoral holgado que le consolidase como nuevo líder del chavismo. En realidad, la exigua ventaja de 236.000 votos (un 1,5%) entre el candidato presidente y el opositor Henrique Capriles perdió todo su valor para legitimar la continuidad del régimen a medida que surgieron indicios de un fraude a cuentagotas. De hecho, según datos de la oposición, se produjeron incidentes violentos en 860 centros electorales donde había registrados 720.000 votantes y en otros 1.000 militantes chavistas “acompañaron” a los ciudadanos a ejercer su derecho al sufragio.

Desde entonces, el comportamiento del chavismo ha confirmado su determinación de aferrarse al poder. Mientras la oposición exigía un reconteo de los votos que el Consejo Nacional Electoral convirtió en la pantomima de revisar el funcionamiento del voto electrónico, el gobierno paso de la intimidación a la represión pura y dura. Durante las jornadas de protestas por la falta de limpieza de los resultados electorales, se produjeron nueve muertos como resultado de ataques de individuos sin identificar o por la pura represión policial. Días después, varios diputados opositores sufrieron una fuerte golpiza en la misma sede de la Asamblea Nacional.

Las cosas no llegaron a más porque la dirección de la opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD), liderada por Capriles, prefirió desactivas la protesta y recurrir a los canales institucionales a través de la impugnación de unos centenares de mesas de votación. El problema es que este movimiento solo aplaza el choque entre oposición y gobierno. En un escenario político como el venezolano donde hace tiempo que la separación de poderes brilla por su ausencia, resulta inconcebible que el Tribunal Superior Justicia haga nada distinto que confirmar la victoria de Maduro. Entonces, Capriles y el MUD no tendrán ninguna otra alternativa sino trasladar las protestas a la calle.

El abismo económico

Para entonces, los venezolanos tendrán una razón adicional para el descontento: el inevitable colapso económico. Las previsiones económicas para este año son sencillamente aterradoras. Un documento de la campaña de Maduro filtrado antes de las elecciones de abril pronosticaba una inflación del 50%, un hundimiento del Producto Interno Bruto del 5% y una escasez crítica de productos de primera necesidad. Algunos podrían señalar a un súbito ascenso del precio del crudo como consecuencia del agravamiento de la crisis de Oriente Medio como la única tabla de salvación del régimen; pero incluso un encarecimiento del petróleo no sería suficiente para rescatar a la economía venezolana. En realidad, el problema de la Revolución Bolivariana no es la falta de recursos financieros sino una combinación de intervencionismo estatal, mala gestión y corrupción que ha devastado el aparato productivo y roto los canales que garantizan a los ciudadanos la distribución de bienes y servicios a un precio razonable.

Las decisiones tomadas para el ejecutivo venezolano para enfrentar la tormenta económica merecerían el calificativo de surrealistas si no fuese porque demuestra el radicalismo sinsentido de los dirigentes de la Revolución. Para enfrentar la crisis en la generación de electricidad provocada por la falta de mantenimiento de la infraestructura, Maduro dio orden de militarizar las plantas de generación de energía para protegerlas de los “saboteadores”. Una decisión que hubiese enorgullecido a Lenin. Entretanto, la carestía de bienes primera necesidad – desde alimentos cotidianos a medicamentos– se combate con importaciones masivas y operaciones policiales destinadas a capturar acaparadores de… papel higiénico.

El equipo económico del que se ha rodeado Maduro no anuncia nada bueno. Inicialmente, el nombramiento de Nelson Merentes como Ministro de Finanzas hizo pensar a algunos que el nuevo presidente iba a apartarse de las políticas revolucionarias que han conducido al país al abismo. Sin embargo, estas expectativas se desvanecieron después de conocerse la designación al frente del Banco de la República de una partidaria de los controles de precios como Edmee Betancour y la permanencia al frente de la cartera de Planificación de Jorge Giordani, conocido como “el albanes” por el radicalismo de sus posiciones.

Así las cosas, la duda no es si Maduro tiene sus días contados sino más bien cuantos le quedan. Solo es una cuestión de tiempo que la falta de legitimidad política y la crisis económica se combinen para provocar un estallido de descontento popular que desmorone su gobierno. Una crisis que inevitablemente trae a la memoria el “Caracazo” que sembró el caos en la capital venezolana en 1989. Semejante escenario probablemente sería sólo el prólogo a la imposición de una dictadura cívico-militar apoyada en una represión generalizada.

Las consecuencias para Colombia

Frente a semejante perspectiva, la pregunta inevitable es cómo afectará a Colombia las ondas de choque producidas por el colapso del régimen bolivariano. En este sentido, varias cuestiones claves tienen que ser tomadas en consideración:

- Proceso de Paz. El presidente Chávez jugó un papel como facilitador en los acercamientos de las FARC y el gobierno colombiano. Sin embargo, Maduro no heredó de su mentor la capacidad para influir sobre el grupo terrorista. En este sentido, la relevancia de Venezuela en las negociaciones sufrió un declive neto con la muerte del caudillo. De hecho, el rumbo de las conversaciones está siendo determinado por la presión que ejerce la Fuerza Pública sobre el grupo armado y los equilibrios entre pragmáticos y radicales al interior de la guerrilla. Entretanto, la participación venezolana ha comenzado a tomar tintes más cosméticos.

Sin embargo, si la convulsión hacia la que se dirige el régimen bolivariano desemboca en la imposición de una dictadura, el consiguiente incremento del poder del Ejército traería aparejado el riesgo de un cambio en la posición de Venezuela sobre las negociaciones y una mayor disposición a apoyar el fortalecimiento de la guerrilla colombiana. Dos factores alimentarían esta tendencia. Por un lado, la presencia de tramas de corrupción al interior de las fuerzas armadas de Caracas que ven las FARC como un socio y la violencia en Colombia una oportunidad para enriquecerse con del tráfico de armas y drogas. Por otra parte, la existencia de un núcleo de oficiales venezolanos ultranacionalistas que miran a Bogotá como una amenaza y contemplan la posibilidad de atizar su conflicto interno como una forma de debilitar a un rival estratégico. En consecuencia, hay que contar con la posibilidad de que el papel benevolente del gobierno venezolano en las negociaciones de paz podría ir no más allá del tiempo que permanezca Maduro en el poder.

- Seguridad fronteriza. Tradicionalmente, la frontera colombo-venezolana ha sido un escenario de seguridad complejo, utilizado como refugio por guerrilleros y narcotraficantes. En este contexto, Caracas entregó a Bogotá a varios narcotraficantes claves en los pasados años. Sin embargo, la situación en las regiones limítrofes ha continuado siendo difícil dada la incapacidad de Caracas para controlar su lado de la “valla” como resultado de la corrupción y la ineficacia de gran parte de su aparato de seguridad fronterizo.

La situación se hará más volátil a medida que el régimen venezolano responda con crecientes dosis de represión al aumento del descontento popular. En este sentido, es probable que los perseguidos por el chavismo opten por buscar refugio al otro lado de la frontera. Si esto sucede, Colombia se convertiría en tierra de asilo de la oposición venezolana. Un escenario que necesariamente incrementará las tensiones bilaterales. En otras palabras, si la mera visita de Henrique Capriles a la Casa de Nariño provocó los mencionados exabruptos de la dirigencia chavista, ¿cuál será su reacción ante la presencia de miles de opositores refugiados en la frontera que utilizan el territorio colombiano como plataforma para sus actividades políticas?

- Comercio. Lo cierto es que el comercio binacional no ha recuperado el vigor que llegó a tener en el periodo previo a la crisis colombo-venezolana de 2008. Las razones son fáciles de entender. Por un lado, las profundas diferencias entre la economía de mercado colombiana y el modelo estatista venezolano han hecho cada vez más difícil mantener flujos de intercambio estables. Por otra, el desgobierno y la corrupción del régimen bolivariano han convertido las exportaciones al país vecino en una empresa con un alto riesgo de impago.

Sin embargo, la influencia económica venezolana sobre las regiones fronterizas ha crecido como consecuencia del contrabando. De hecho, una parte del desabastecimiento venezolano se explica porque grandes cantidades de productos adquiridos por el gobierno de Caracas para ser entregados a su población a bajo costo son desviados por redes de corrupción hacia Colombia donde se transan a precio de mercado. De este modo, se ha generado un enorme negocio ilícito que genera beneficios fabulosos.

El previsible colapso de la economía venezolana traerá consigo un frenazo al contrabando. En este escenario, el impacto sobre las regiones de frontera asumirá dos formas. Por un lado, los segmentos de población que viven de este tipo de actividades sufrirán un fuerte golpe en sus ingresos que puede desencadenar una escalada de protesta social. Por otra parte, la reducción del tamaño de la economía ilícita incrementará la violencia entre los grupos armados ilegales y las bandas criminales que compiten por su control.

- Política interna colombiana. Finalmente, vale la pena mencionar cual será el impacto en la política doméstica colombiana de la crisis del chavismo En este sentido, la cuenta de cobro irá girada contra la izquierda nacional. Con honrosas excepciones, durante los catorce años de gobierno bolivariano en Venezuela, un buen número de líderes de este color político cometieron dos pecados capitales. Por un lado, ignoraron la deriva autoritaria del régimen venezolano, dando la impresión de que las libertades civiles y el respeto por las minorías solo debían ser defendidos cuando eran ellos o sus correligionarios quienes estaban en la oposición. Por otra parte, presentaron los supuestos logros del Socialismo del Siglo XXI como un ejemplo a seguir, pasando por alto lo ficticio e insostenible del modelo. A medida que la situación en Venezuela empeora, ambas posiciones resultan cada vez más insostenibles y aquellos que las defienden se exponen a recibir un severo castigo del electorado.

Visto así, la historia de la izquierda colombiana en las próximas elecciones podría parecerse a aquella de sus pares europeos a comienzos de los 90, cuando los electorados del Viejo Continente les pasaron una cuenta de cobro por haber coqueteado con los regímenes estalinistas del Este de Europa. Dicho esto, también es cierto que hay formas mejores y peores de enfrentar una calamidad ideológica de esta naturaleza. En Europa, las alternativas para enfrentar el desastre ideológico se hicieron visibles en las trayectorias de los comunistas franceses e italianos. Los primeros mantuvieron su fidelidad al modelo prosoviético y desaparecieron del espectro político con él. Los segundos supieron evolucionar, transformarse en un partido socialdemócrata y llegar al poder años después. Aquí podría suceder algo parecido. Quienes sepan marcar distancias con el chavismo probablemente capearán la tormenta política que traerá consigo el colapso de la Revolución Bolivariana. Los otros están condenados a sufrir un largo purgatorio político.

Visto desde esta perspectiva, parece difícil dudar de que el inevitable desmoronamiento del Socialismo del Siglo XXI en Venezuela tendrá amplias repercusiones en Colombia. Catorce años de fiesta populista prometen dejar una devastadora resaca a los venezolanos y una prolongada fuente de dolores de cabeza a todos los que han vivido al lado de este fallido experimento político.

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Comentarios (11)

koven

05 de Junio

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Yo leo estos comentarios y no me lo puedo creer. Semana tiene en su portada un...+ ver más

Yo leo estos comentarios y no me lo puedo creer. Semana tiene en su portada una cifra absurda "5.5 millones de víctimas", principalmente desplazados y pensamos que Venezuela está terriblemente.
Pero no se puede esperar más de estos columnistas que critican a los demás países y no nos preguntamos esas 5 millones de personas dónde están y porqué están así. ¿Culpa de Chávez? ¿De Maduro?
El fallo está en tener la democracia más vieja de latinoamérica y no habernos dado cuenta de la cloaca en la que vivimos.
Envidia debería dar en Colombia haber reducido la pobreza a la mitad y haber acabado con esa maldita desigualdad que no es sino una muestra del egoísmo de nuestros gobernantes.

luis46eme

08 de Junio

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El egoísmo de nuestros gobernantes + la mala memoria de los de la cloaca mant...+ ver más

El egoísmo de nuestros gobernantes + la mala memoria de los de la cloaca mantendrán esta situación para siempre. Ahí están todos los deseos de re-elección. Seguro que los re-acompañamos. Por qué Colombia tiene que depender en gran parte de la vecindad para ser económicamente estable? Depende argentina de Bolivia? Chile de Perú? Brasil de las Guyanas? De pronto siendo absurdo o radical, por qué no cerramos la frontera y miramos para el resto del mundo, en todo sentido?

juan manuel rodríguez. c.

06 de Junio

1 Seguidores

Expertos en relaciones internacionales analizan como inconveniente el hecho de...+ ver más

Expertos en relaciones internacionales analizan como inconveniente el hecho de SANTOS recibir a CAPRILES después de reconocer como jefe de Estado la victoria electoral, pírrica o no de NICOLÁS MADURO el 14 de Abril de 2013 en Venezuela. Si irracionales han sido las actitudes de los chavistas, la oposición no se ha quedado atrás. Esa oposición la enfrentó CHAVEZ en PDVSA; entre sus mismos copartidarios; a través de los medios de comunicación que no es cierto que la mayoría hayan sido cerrados por el gobierno bolivariano. Las tantas y tantas elecciones celebradas en Venezuela a lo largo de 14 años no han sido vetadas por el ojo avizor de los observadores internacionales, entre los cuales estuvo alguna vez el ex-Presidente colombiano, CÉSAR GAVIRIA TRUJILLO.

Carlos Sanchez

07 de Junio

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Sr. Román: creo que en Colombia y en muchas partes del mundo y gracias a la i...+ ver más

Sr. Román: creo que en Colombia y en muchas partes del mundo y gracias a la internet mucha gente que hemos podido investigar y seguir de cerca el proceso Venezolano, y al leer sus "comentarios", uno ya no sabe si reír o llorar, los días de ignorancia en los que un columnista tarifado como Ud. se sentaba a repetir las mismas mentiras de la burguesía mundial y a desmentir una realidad como han sido los procesos revolucionarios que actualmente se viven en Venezuela, Ecuador, Bolivia...etc., repiten como loros: "autoritarismo", "Régimen", etc., etc.....yo le digo SR. Ramón, los procesos evolutivos nos dicen que la humanidad necesariamente debe avanzar hacia adelante y no hacia atrás, y lo que se está viviendo actualmente en Venezuela es un avance hacia el futuro, porque los grandes capitales actualmente esclavizan a la humanidad con su sistema capitalista, está mandado a cambiar se necesitan gobiernos que como el de Venezuela se preocupe por la gente y no como aquí en Colombia que 5 famili

Flavio Pinto Siabatto

10 de Junio

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Como es usual, Roman intenta continuar SU guerra y esta vez el botin es Venezu...+ ver más

Como es usual, Roman intenta continuar SU guerra y esta vez el botin es Venezuela.
Segun la mentecilla maquiavelica de Roman, son factores externos los que haran deteriorar las relaciones con Venezuela. Corresponsables? Para nada! Somos victimas, hojas al viento sin proposito ni conviccion. Que fue un error reunirse con Capriles? No: "factores externos". Que el regimen venezolano se deteriora? Entonces hay que agravar la crisis ajena. Que cunde el panico? Entonces los de aqui deben alinderarse.
No hay decoro, ni prudencia, ni recato, ni respeto al proceso ajeno. Somos parte de la gavilla. Sencillamente, tenemos que avalanzarnos sobre el regimen en dificultades y ayudar a darle la estocada final.
Sin duda, Colombia tendra que mejorar mucho su educacion y su cultura politica, para que visiones tan primitivas como la de Roman no tengan siquiera el chance de ser publicadas en portales que buscan ser serios.

Gustavo Adolfo

11 de Junio

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La de Venezuela es una historia muy triste (y como nos recuerda Koven la de Colombia no es mucho mejor), mientrastanto los foristas demuestran que Colombia no esta tan lejos de sumar a su actual desgracia la de tener un Estado que aprenda a comprar libertad con platos de lentejas, mientras nuestros ciudadanos no se den cuenta que la libertad y prosperidad son cosas demasiado importantes como para confiarlas al Estado este país seguira sufriendo la misma agonía.

La de Venezuela es una historia muy triste (y como nos recuerda Koven la de Colombia no es mucho mejor), mientrastanto los foristas demuestran que Colombia no esta tan lejos de sumar a su actual desgracia la de tener un Estado que aprenda a comprar libertad con platos de lentejas, mientras nuestros ciudadanos no se den cuenta que la libertad y prosperidad son cosas demasiado importantes como para confiarlas al Estado este país seguira sufriendo la misma agonía.

calkos

11 de Junio

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Indudablemente, vivimos en una cloaca y dizque democrática para mejor descri...+ ver más

Indudablemente, vivimos en una cloaca y dizque democrática para mejor descripción , creo que es una acertada definición la de Koven, pero quien no vive en persona el absurdo drama diario que padecen los vecinos es mejor que no diga nada. El peor de los novelones mexicanos es un pasabocas al lado de lo que ocurre en el hermano país. Para ser honestos uno no sabe cuál de los dos dramas es mas infierno.

Ana

12 de Junio

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El artículo muestra una realidad terrible sobre Venezuela, que cada día par...+ ver más

El artículo muestra una realidad terrible sobre Venezuela, que cada día parce hundirse en un abismo sin salvación. Las fronteras siempre sufrirán lo que le pase a Venezuela. La repercusión mas grave que tendrá Colombia con esta crisis, ser´na las migraciones de gente sin trabajo que creerá encontrar en Colombia una tabla de salvación.

Ciro Alberto

12 de Junio

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Creo que en Venezuela ha habido una disminución de la pobreza y una transfere...+ ver más

Creo que en Venezuela ha habido una disminución de la pobreza y una transferencia del ingreso de las clases ricas a las pobres. En 1981 el 10% más rico de Colombia tenía un 47% del ingreso. ¡Uno de cada 10 colombianos era dueño de la mitad de la plata! En Venezuela esa cifra era similar: 43.7% del ingreso era para el diez por ciento más rico. Hoy en día en Venezuela el ingreso nacional que le llega al 10% más rico es de apenas 33%, mientras que en Colombia se mantiene igual, en 45%. Esa transferencia de dinero empuja a los ricos a a atacar económicamente al Gobierno, como es lógico. Este artículo es un reflejo de esa situación. ¿Tener un vecino menos pobre es malo? Enfáticamente no. ¿Nos muestra ese ejemplo hacia donde ir? Yo creo que sí. También es una muestra de como será la reacción en Colombia.
En ese sentido es magnífico un vecino más avanzado.
Fuente: http://www.indexmundi.com/facts/indicators/SI.DST.10TH.10/compare#countr...

Malena25

14 de Junio

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Alguien que le regale un pasaje con destino a Venezuela al Sr.Román, pero que...+ ver más

Alguien que le regale un pasaje con destino a Venezuela al Sr.Román, pero que no incluya hospedaje en un lujoso hotel, digamos, que le toque al Sr. Román caminar las calles de cualquier ciudad venezolana, de cualquier barrio, que escuche a los pobres, que vaya a una universidad municipalizada, que haga la cola para comprar comida en un Mercal, que mire bien las aceras y que diga si ve niños abandonados. Me pregunto, mientras leo este artículo, si este señor tiene agallas suficientes para oficiar en el periodismo, si esta Venezuela qué menciona acá se refiere a la misma Venezuela qué es vecina de Colombia, o es algún país perdido en otro planeta que aún no sabemos que existe. O usted cree que uno es idiota Sr. Román o a usted eso de escribir cualquier mierda se le da facilito. Si no me equivoco, es lo segundo.

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