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Por amolap · 24 de Noviembre de 2011

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La prohibición del uso de drogas hunde sus raíces en una tendencia proteccionista. Lo que fundamenta una prohibición de ese estilo es la idea de que la sociedad no debe tolerar el daño que un individuo puede infringirse a sí mismo. Filosóficamente, equivale a otorgarle al Estado la posibilidad de saber más y determinar qué es mejor para la vida de los ciudadanos por encima del querer y el buen entender de cada uno. Se trata pues de una prohibición cuyos fundamentos son bien discutibles y que nos retrotraen al debate en torno a si el ciudadano es dueño de sí mismo y cuál es el límite de las cargas que puede imponerle la sociedad y el Estado.

A pesar de estas consideraciones el mundo se aventuró en una prohibición total de la producción y comercialización de las drogas y una postura moderada frente al consumo. La idea era preservar la libertad individual, pero mantener esa libertad alejada de las tentaciones.

El resultado que tenemos ahora es una lucha frontal contra las drogas en términos de producción y comercialización. Tiene además esta guerra la característica de que los productores están en los países en vía de desarrollo, en tanto que los grandes consumidores están en los países desarrollados. Entre otras cosas, porque en los países desarrollados la agricultura está subsidiada, de manera que la producción agrícola legal es un excelente negocio; mientras que los países en vía de desarrollo la agricultura es azarosa y poco lucrativa, los productos no pueden competir en el mercado global contra los multimillonarios subsidios de las grandes economías. Además, los elevados precios de las drogas limitan su consumo a quienes pueden costearlas. La mayoría de los consumidores de drogas no son adictos; son personas funcionales que utilizan las drogas como mecanismo recreacional. Si bien, existen drogas baratas que generan gran adicción, aquellas no son suficientes para convertir el tráfico de drogas en un negocio multimillonario capaz de poner en jaque a los Estados del mundo.

Otro hecho relevante en la discusión es que la lucha contra las drogas, entendida como un esfuerzo global, está fracasando. Esta guerra, caracterizada por los dos factores anunciados -la presión sobre la oferta y poca acción sobre la demanda- determina que la lucha se da en los países en vía de desarrollo, en tanto que los países desarrollados limitan su participación a aportes económicos que ayuden a financiar esos esfuerzos. La situación resulta cómoda para los países desarrollados; la experiencia muestra que las guerras contra las mafias son devastadoras. La tranquilidad y la estabilidad social se ven seriamente afectadas y la capacidad de los sociedades de resistir el embate es nula. Las guerras contra las mafias generan violencia, exacerban la corrupción y desestabilizan la vida de los ciudadanos. Es evidente que el costo es muy alto, así que cualquier cifra que se pague por que esa guerra se libre por fuera del territorio nacional es baja. La posición de los países desarrollados es muy efectiva; cumplen con la agenda política de luchar contra las drogas, pues contribuyen en su financiación; pero no se hace en el territorio de manera que las consecuencia de esa guerra se hacen invisibles.

Dejando de lado esta disparidad en los esfuerzos y los "costos" que la guerra contra las drogas implica, evaluemos el resultado final. Si se analiza desde la perspectiva nacional es posible decir que hay éxitos, sino definitivos por lo menos alentadores. Colombia con un basto esfuerzo ha logrado reducir el área de cultivos ilícitos, controlado el enriquecimiento de los mafiosos -mediante la extinción de dominio y controles a las transacciones en efectivo- y puesto innumerables mecanismos para evitar los despachos de coca. Los resultados comparados con el esfuerzo realizado son bajos, pero somos uno de los países que puede preciarse no solo de haber dado la guerra, sino de tener algún tipo de resultado positivo.

Lo que es interesante de los esfuerzos colombianos es que en la medida en que nosotros mejoramos la situación se agrava en otros países. Así, si reducimos el área de cultivos ilícitos, esta se aumenta en Perú y Bolivia. si logramos espantar a los mafiosos ellos se ubican en México. Es decir, la mafia no se acaba, sólo se traslada hacia otros países. El esfuerzo de una nación va pues en detrimento de las otras. En el agregado global, no se hace nada; la lucha contra las drogas fracasa.

Pareciera, entonces, que no vale la pena dar una lucha como esta, pero la realidad es menos benévola. Una nación no puede vivir con la mafia en su seno, pues la cultura y los valores sociales se debilitan de manera grave: se pierde el incentivo para el trabajo, la corrupción pervierte la institucionalidad y el poder de la fuerza se convierte en la medida de las relaciones humanas. No hay alternativa; no se puede vivir con la mafia. Cambiar para tener una guerra enfocada en el consumo tiene limitaciones teóricas ineludibles para los Estados liberales (como lo explicamos al inicio), así que tampoco es una alternativa.

La legalización parece una salida más apropiada en la medida en que al volver legal el mercado la estructura mafiosa desaparece. Los rendimientos disminuyen; hay competencia y se convierte en otro producto del mercado. El problema es que una legalización no puede ser unilateral, las relaciones con la comunidad internacional y en especial con los grandes países -que son al mismo tiempo nuestros mercados internacionales- impide que Colombia u otros países pequeños tomen una decisión por si solos.

Ahora bien, estamos investidos con la legitimidad de haber dado una guerra contra el narcotráfico sin precedentes en la historia, y podemos por lo tanto liderar un giro en la discusión. Ha de ser constructiva y enfocada en el bienestar global. Ello significa entre otras cosas oponernos a las decisiones que tienden a privilegiar -otra vez- a las naciones desarrolladas; me refiero principalmente a la discusión en torno a la legalización de la marihuana, este producto, en general es producido mediante procesos hidropónicos en los países desarrollados; ellos lo producen y lo consumen. Una legalización de la marihuana solo llevaría a que sean menor el esfuerzo que están llamados a hacer, mientras los países en desarrollo con cultivos de coca y amapola seguiríamos siendo víctimas y mártires en una guerra que no se gana. Si va a haber legalización que nos beneficie a todos.

Comentarios (5)

forex

24 de Noviembre

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en los EEUU ya hay si no estoy mal 14 estados donde el uso de la marihuana ya ...+ ver más

en los EEUU ya hay si no estoy mal 14 estados donde el uso de la marihuana ya es legal -cabe acalar que solo para fines medico- y segun un estudio hecho por Jon Gettman por alla en el 2009 eso mas o menos les deja en terminos globales 4.100 millones de dolares, Una cifra nada despreciable para invertir en programas de educacion social para su uso, prevencion y consumo...... por otra parte si el consumo se legaliza seria buano sentar unas buenas bases legales y que no ocurra lo mismo que pasa hoy dia con el alcohol....
Pero en resumidas cuentas no he conocido al primer marihuanero que se quede sin su dosis diaria, en un pais donde aun no esta del todo legalizada, por que existe la dosis minima pero no es legal su produccion ... ? ? ? ? ....

Martha

27 de Noviembre

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Si se legaliza la droga se les acaba el negocio a los paraísos fiscales,las m...+ ver más

Si se legaliza la droga se les acaba el negocio a los paraísos fiscales,las multinacionales farmacéuticas,a la asesina coca cola etc.

preocupadoporco...

15 de Abril

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A quienes les conviene que las drogas sigan siendo ilegales. A los políticos ...+ ver más

A quienes les conviene que las drogas sigan siendo ilegales. A los políticos corruptos (que conforman la mayoría del parlamento colombiano) ya que sirven para financiar sus campañas; a los gobiernos latinoamericanos, ya que mantienen a la nación militarizada y aterrorizada, y se justifican en el narcotráfico y terrorismo para recortar libertades y reprimir la protesta social; a los militares, ya que reciben enormes presupuestos y hasta ayudas extranjeras que se pueden feriar, además de lo que se ganan protegiendo cultivos y rutas de narcotráfico; guerrilla y delincuencia organizada, ya que financian sus organizaciones; al gobierno de los EEUU, por la misma razón que a los gobiernos latinoamericanos y también porque la droga sirve para mantener en la esclavitud de la adicción a las minorías negras, para reprimirlas y encarcelarlas. Recuerden que era la CIA la que traficaba armas por drogas con la Contra nicaragüense y esas drogas eran vendidas en los guetos negros americanos.

preocupadoporco...

15 de Abril

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El Estado debería hacerse cargo, monopolizar, el cultivo, producción y comer...+ ver más

El Estado debería hacerse cargo, monopolizar, el cultivo, producción y comercialización de la droga con las restricciones debidas para que se expenda en sitios adecuados, se prohíba el consumo en público; podría crecer el consumo, pero invirtiendo los dineros que se consigan, además de los billones que se ahorrarían en represión del tráfico, en educación, prevención y tratamiento. Las ganancias por disminución de la corrupción y criminalidad, compensarían con creces los efectos colaterales de una política de legalización.

Guillermo Gonzalez Botero

20 de Septiembre

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MIREN EL EJEMPLO DE LA LEGALIZACION DEL LICOR Y EL CIGARRILLO ,SUSTANCIAS MUY ...+ ver más

MIREN EL EJEMPLO DE LA LEGALIZACION DEL LICOR Y EL CIGARRILLO ,SUSTANCIAS MUY NOCIVAS, DE LAS CUALES SE NUTREN INGRESOS PARA LA SALUD Y EDUCACION PERO NO TIENEN LOS CRIMENES ORIGINADOS EN EL COMERCIO DE LAS DROGAS ILICITAS SI A LA LEGALIZACION USANDO LA EDUCACION EMPLEADA PARA USO DEL ALCOHOL Y EL TABACO.

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