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Por Jerson Ortiz | Ever Mejía | Juan Manuel Flórez Arias · 26 de Febrero de 2021

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En septiembre del año pasado once senadores disidentes de los partidos Liberal, La U y Cambio Radical se aliaron para montar un movimiento que se llamó Liberalismo Social Demócrata (LSD).

Su apuesta era posicionar un centro ideológico, distante de los extremos, pero diferente al de sectores alternativos como la Alianza Verde. 

Con nombres de peso, como Rodrigo Lara, Roy Barreras y Luis Fernando Velasco, muchos votos y representación en casi todas las regiones, pintaba para ser un bloque protagonista en las elecciones presidenciales de 2022. 

Bien fuera con un candidato propio o como aliado de otro, pero siempre con un discurso de centro liberal. 

Pero el LSD se desparramó antes de arrancar el calendario electoral.

Se quebró por las aspiraciones individuales de unos y la obligación de otros de quedarse en sus partidos para no perder sus curules. 

Y también porque en el tablero aparecieron nuevas figuras, como el posible candidato Alejandro Gaviria, cuya aspiración puede terminar unificando las diferentes vertientes del partido Liberal y evitar que quienes no se sienten identificados con la dirección nacional se alejen hacia Gustavo Petro. 

Por eso, la mayoría de los LSD consultados por La Silla creen que, aunque siguen unidos en causas legislativas, es muy probable que se vayan por caminos diferentes, al menos hasta la primera vuelta. 

Hay al menos cuatro caminos, que empiezan a mostrar cómo se están decantando los polos de atracción política rumbo al 2022. 

Primero, uno hacia la centro derecha, donde el partido de la U, con una precandidatura de su presidenta, Dilian Toro, tantea una alianza con otros exmandatarios locales. En la que podía llegar en algún momento el uribismo.

Segundo, el que sigue el paso de políticos tradicionales como Roy Barreras y Armando Benedetti de adherirse a la alianza de sectores de izquierda liderada por Gustavo Petro. Una opción que no descartan congresistas del Partido Liberal. 

Tercero, el del partido Liberal, que con la expectativa de una posible candidatura de Alejandro Gaviria ha logrado mantener quietos, por ahora, a los congresistas que coqueteaban con irse hacia donde Petro. 

Y cuarto, el polo más débil de atracción de los desperdigados LSD, el de la centro izquierda. Donde el partido Alianza Verde, Sergio Fajardo, Humberto de la Calle, Juan Fernando Cristo, y demás, atraen a un senador. 

Un LSD 'psicodélico'

El LSD nació como un grupo legislativo con puntos en común como la defensa al acuerdo de La Habana, la renta básica y el control político al gobierno de Iván Duque, como los debates de moción de censura al ministro de Defensa, Carlos Holmes Trujillo (QEPD). 

El LSD se formó con cuatro congresistas de La U: Roy Barreras, Jose Ritter López, Roosvelt Rodríguez y Germán Hoyos; cinco liberales: Luis Fernando Velasco, Andrés Cristo, Jaime Durán, Horacio José Serpa y Guillermo García Realpe; y dos de Cambio Radical: Temistocles Ortega y Rodrigo Lara.

Lara los convocó por reuniones en zoom en septiembre del año pasado.

“Tenemos un grupo parlamentario sicodélico, que es el grupo parlamentario social demócrata, una apuesta de construcción ideológica liberal. Creemos en la solidaridad”, dijo Lara cuando se empezó a hablar del tema en medios.

LSD se perfiló como una posible plataforma política para el 2022 cuando, en octubre, Roy Barreras empezó  a hablar de convertirlo “en un movimiento libre y ciudadano, sin ataduras a los partidos políticos tradicionales. Y poder concurrir a una plataforma que ayude a derrotar a este gobierno Uribe-Duque”. 

La propuesta de Barreras no avanzó. Pero la idea de juntarse bajo un mismo movimiento siguió en el ambiente. En la aprobación del Código Electoral, los LSD impulsaron un artículo que permitía la creación de movimientos políticos cuando los senadores que querían reagruparse representaran más del 3 por ciento de los votos válidos para el Senado. 

Como los once LSD sacaron juntos cerca de 900 mil votos en 2018 (de los 14 millones de votos en total), podían cumplir el requisito. Sin embargo, como contamos acá, esa propuesta y otras similares, fueron hundidas por las bancadas oficiales de los partidos.

 

El puntillazo final para acabar con la idea de convertir ese bloque legislativo en un partido se dio cuando el senador Barreras sacó una ‘carta alucinante’ invitando a los LSD a renunciar a sus partidos políticos, como él lo había hecho en La U.

Según Barreras, así todos podían quedar en libertad para participar abiertamente en la consolidación de un nuevo ‘Centro Político’ en Colombia. 

Ninguno le cogió la caña a Barreras. La razón para no renunciar, según nos comentaron seis de los senadores implicados, es que es una decisión arriesgada en términos políticos.

No solo porque el camino de las firmas está embolatado como contamos acá (necesitarían 600 mil), sino porque podrían verse expuestos a que los partidos les quiten las curules. 

El caso de Barreras es diferente, porque él, junto con Armando Benedetti, logró que La U lo expulsara. 

Cuando un congresista es expulsado puede conservar su curul, mientras que cuando renuncia, el partido le puede suspender derechos políticos como la voz y el voto o incluso quitarle la curul. 

“Le dijimos a Roy que eso de renunciar era muy difícil, renunciar es morir”, nos dijo el senador Guillermo García Realpe.

“Esto (los LSD) se rompió cuando Roy envió una carta pidiéndonos que nos saliéramos de los partidos y que nos fuéramos por firmas. Tenemos posturas en común, pero quisieron trasladar esto a cuestiones electorales. Yo no me voy a salir del Partido”, nos dijo otro senador que nos pidió no citarlo porque quiere mantener las relaciones con esa bancada. 

El plazo que da la ley para que los actuales congresistas pudieran renunciar a sus partidos y no quedaran inhabilitados para las próximas elecciones venció el 12 de febrero. 

El senador Rodrigo Lara sostiene que el cálculo electoral nunca estuvo sobre la mesa. “Es que esto nació como la idea de un caucus, un bloque parlamentario que recoge unas ideas liberales, transformadoras, pero no se pensó como un partido político”, nos dijo Lara. 

Aunque la idea del bloque ya no va, lo que sí está claro es que los integrantes de LSD buscarán ser protagonistas por carriles separados. Incluso, al vaivén de los nuevos jugadores que han ido apareciendo en el camino. 

Los únicos con rumbos claros, de momento, son Barreras, que se sumó al proyecto petrista de ir con listas conjuntas al Congreso; y Lara Restrepo que está promoviendo una propuesta de centro que deje al uribismo fuera de la segunda vuelta presidencial. 

Alejandro Gaviria corta el 'viaje' rojo hacia Petro

Hace tres meses, cuando Armando Benedetti anunció que apoyaría a Colombia Humana, el movimiento de Gustavo Petro parecía un rumbo atractivo para varios integrantes del LSD. Sobre todo porque, como contamos, el petrismo mandó el mensaje a los políticos tradicionales de que allá todos podían llegar.

Algunos expresaron su interés. El senador liberal Luis Fernando Velasco, por ejemplo, dijo entonces que Benedetti “puede ser el primero de varios dirigentes políticos nacionales que terminen tratando de ayudar a Petro, ya sea directamente o a través de una alianza que permita construir una consulta de distintos sectores”.

En Colombia Humana ya lo esperaban. Dos fuentes del movimiento, que pidieron no ser citadas para no romper la posibilidad de la llegada de Velasco, le dijeron a La Silla que él “viene pidiendo pista aquí”. Esperaban renovar la alianza que, como contamos, ya tuvieron con Velasco en el Cauca durante las presidenciales.

El otro refuerzo liberal que tenían entre sus cuentas en la Colombia Humana, según estas dos fuentes, era el senador Guillermo García Realpe, de Nariño, con quien estuvieron aliados para apoyar la candidatura a la gobernación de Luis Eladio Pérez en 2019.

Sin embargo, el panorama cambió con la aparición en el tablero de Alejandro Gaviria como posible candidato, que es la apuesta de César Gaviria para que el liberalismo sea protagonista en las elecciones.

Pese a las diferencias entre Velasco y García Realpe con César Gaviria, al cual un sector del partido le reprocha haber apoyado al uribismo en la segunda vuelta presidencial, el nombre de Alejandro los une. 

“Me parece un hombre interesante, con profundas ideas liberales en temas de derechos individuales. Si él ayuda a crear la coalición y se compromete en un programa que transforme el poder económico lo apoyaría”, le dijo Velasco a La Silla.

García Realpe, por su parte, también dijo que ve viable la opción de Gaviria y de los liberales “sin partido”, que están en la coalición de centro: Juan Fernando Cristo, Humberto De La Calle. Sobre Colombia Humana, en cambio, fue más críptico: “Yo no estoy lejos de ellos, ni cerca, estamos como jugando a las escondidas”.

El senador santandereano Jaime Durán le dijo a La Silla que va a seguir los lineamientos del Partido Liberal, y que no le disgustaría que Alejandro Gaviria sea el candidato que los represente. 

Pero no todos están jugados por esa candidatura, que ni siquiera es claro que exista pues Gaviria ha dicho que no está pensando en ella, aunque a la vez, ha sido tan ambiguo que se le ven las ganas de lanzarse. Es el caso del senador Andrés Cristo, quien le dijo a La Silla que aún no considera a Gaviria, pues este no ha dicho públicamente que se quiere lanzar.

“No podemos llegar sin candidato liberal a cualquiera de los tres sectores que se están formando en estos momentos. No he visto a nadie que levante la mano y diga que quiere ser candidato. Sería irresponsable decir Alejandro Gaviria, cuando él ni siquiera ha dicho que quiere ser candidato”, señaló Cristo. 

Aunque Cristo dice que apuesta a un candidato que salga del Partido Liberal, también está pendiente de lo que se defina en la consulta de centro que lideran los verdes porque allá está metido su hermano, el exministro Juan Fernando Cristo.

Los de La U en manos de Toro

Los tres senadores de La U han dado menos señales de estar buscando otras opciones por fuera del partido.

Pero eso no quiere decir que vayan a aceptar lo que decida el bloque mayoritario. 

El senador José Ritter López, por ejemplo, le dijo a La Silla: “Está todo muy confuso aún, esperemos a que pase más agua debajo del puente”.

Mientras que el senador Roosvelt Rodríguez se siente más decidido. “No sé, pero lo que tengo claro es que no respaldaré un candidato de la derecha”, nos comentó.

López y Rodríguez son cercanos a la precandidata presidencial del partido, la exgobernadora Dilian Francisca Toro. 

Toro está pavimentando un camino para el 2022 que parece ineludible para los congresistas LSD. 

La exgobernadora está mostrando que tiene cómo posicionar una campaña presidencial en el espectro de la centro-derecha.  

Desde que asumió la presidencia del partido en octubre pasado, Toro ha tanteado una coalición de exalcaldes y exgobernadores de centro-derecha. Como contamos, estos días se reunió con el exalcalde de Barranquilla, Alex Char, y el exalcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa. 

La apuesta del combo de exmandatarios regionales es mostrar que son buenos ejecutores y que pueden ser una carta para salir de la polarización del debate entre izquierda y derecha. Pero sin descartar una alianza con el que diga Uribe. 

Toro, además, ha estado en correría regional reorganizando las bases del partido de cara al  2022. Frente a ese liderazgo, los tres LSD de la U pueden terminar siendo minoría. 

Lo que comenzó como una apuesta de once senadores por desligarse de sus partidos para poner por encima sus coincidencias ideológicas de centro liberal, no aguantó el pragmatismo electoral. El LSD se rompió con la salida de los congresistas por caminos ideológicos contradictorios; a la izquierda y a la derecha.

Pero no por una discusión de ideas o principios. Sino por las fuerzas del cálculo electoral, las camisas de fuerza de las reglas de la política, y otros grupos con más fuerza de atracción que van mostrando cuáles son los polos en disputa en las aún lejanas elecciones del 2022.

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