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Por Juan Pablo Pérez B. · 16 de Marzo de 2021

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El viernes Caracol Radio reveló que dos días antes el presidente Iván Duque y el líder de la extinta guerrilla de las Farc y hoy presidente del partido Comunes, Rodrigo Londoño ‘Timochenko’, se habían reunido para hablar de los problemas que enfrenta la implementación del Acuerdo de Paz. 

Aunque eso dejó un mensaje de buen entendimiento, algo clave ahora que con Gobierno Biden los gringos le están parando bolas al futuro del Acuerdo, el objetivo de afianzar la confianza entre ellos y sus equipos no se logró.

Eso porque Duque y Londoño tuvieron que enfrentar críticas de los sectores más radicales de sus partidos, lo que llevó a que al final el segundo haya criticado duramente al Gobierno por la reunión misma.

Una reunión

El encuentro se dio en la noche del miércoles en la casa del jefe de la Misión de Verificación de la ONU, Carlos Ruiz Massieu, quien, como contó El Tiempo, duró ocho meses organizándola.

Del lado del Gobierno asistieron el Presidente, su jefa de gabinete María Paula Correa, el alto comisionado para la paz Miguel Ceballos, y el consejero para la estabilización, Emilio Archila. Del de los Comunes estuvieron Londoño y Pastor Alape, miembro del Consejo Político Nacional del partido.

No fue una reunión formal sino una comida relajada, para así fortalecer la confianza entre las partes, lo que ayudaría mucho a desempantanar la implementación que está embolatada en lo que tiene que ver con la participación política, la reforma rural, la seguridad de los excombatientes y el programa de sustitución de cultivos.  

“Fue una reunión histórica en la que se reconoció que estamos en un momento único para abordar problemas históricos del país. El objetivo era seguir avanzando en fortalecer la confianza”, le dijo Archila a La Silla Vacía.

“Se dio en el marco de la meta que tiene la Misión de Verificación de la ONU de generar condiciones de diálogo entre los firmantes y el Gobierno. Fue un diálogo muy respetuoso en el que cada uno sentó sus posiciones”, nos dijo, por su lado, Alape.

A pesar de que el ambiente en el encuentro parecía lograr el cometido, las reacciones de este fin de semana deshicieron ese camino.

El sábado, Archila dio una entrevista en Semana Tv. Dijo que, entre lo discutido, Duque “puso sobre la mesa la relevancia de que tengamos la información que las Farc pudieran haber tenido sobre las bandas de narcotraficantes”. 

Ante la pregunta que le hizo la periodista Angélica Barrera sobre si Londoño y Alape se comprometieron a darles esa información, respondió que es “un tema muy sensible” y que “para el presidente Duque era importante que (los exfarc) pudieran tener la confianza” y, por eso, se manejaría “en el formato apropiado para ese tipo de información”.

Con lo último dio a entender que los líderes de los Comunes habían aceptado dar esa información. O por lo menos eso entendieron ellos, como muestra la reacción airada de Timochenko al difundir un comunicado oficial del Consejo Nacional de los Comunes, la instancia directiva del partido que surgió de la exguerrilla

“Consideramos que el consejero Archila busca posicionar, a costa nuestra, la interpretación unilateral que del Acuerdo Final de Paz hace la actual administración (...) No compartimos la visión del actual Gobierno al respecto y pretender hacer creer lo contrario, como intenta irresponsablemente el consejero Archila, afecta profundamente el difícil proceso de construcción de confianza”, dice el comunicado.

Con esto quedó claro que no hubo avance en la construcción de la confianza.

“Quedamos sorprendidos cuando vimos lo que dijo el Gobierno y eso nos genera muchas preocupaciones, porque ya nos producen desconfianza. Ahora nos va a tocar, en cada diálogo que tengamos, tener un acta, una relatoría y que todo quede por escrito”, le dijo Alape a La Silla Vacía.

Este problema refleja las tensiones que cada una de las partes enfrentó entre sus aliados después de que se conoció la reunión, especialmente Londoño.

Las peleas internas

Los principales reproches vienen del hecho de que la reunión haya sido secreta.

Por ejemplo, el mismo sábado la senadora uribista María Fernanda Cabal, quien ha sido quizás la más crítica del Gobierno Duque desde las filas más rudas de su partido, le recomendó que no haga reuniones con los excomandantes sin que sea públicas.

“No podemos repetir el secretismo de Santos con las Farc”, dijo, un comentario que entre el uribismo es muy duro porque cualquier comparación con el expresidente que traicionó a Álvaro Uribe para negociar la paz es casi un insulto.

 

En el otro lado ocurrió algo similar pero mucho más fuerte, ya que hay un sector de la antigua guerrilla que se ha distanciado de la cúpula de los Comunes por la manera en la que se toman las decisiones en el partido.  

Ayer Benedicto González, excongresista de Farc a quien expulsaron del partido el año pasado por ser parte de los inconformes, publicó una dura carta contra Londoño y Alape.

“Timochenko y Alape no representan al universo de firmantes del Acuerdo de Paz, de modo que cualquier compromiso al que hayan podido llegar con relación al polémico tema (el dar información sobre rutas y narcotraficantes), o cualquier otro tema, solo los compromete a ellos y a quienes siguen sus orientaciones. No se firma un acuerdo de paz para quedar reducido a informante (sapos) de los organismos del Estado colombiano”, dice.

Lo mismo piensa el senador Israel Zúñiga o ‘Benkos Biohó’, quien renunció al partido en enero.

“Es preocupante la manera en la que actúa la dirigencia, pues, cuando uno actúa en secreto, está sujeto a la interpretación y surgen las versiones contradictorias. Como hay un desconocimiento total de la agenda y de lo que se discutió, a uno le queda la duda”, nos dijo.

Justamente hace poco más de una semana Zúñiga creó, con la también senadora Victoria Sandino y el excomandante Joaquín Gómez, un nuevo grupo de excombatientes que siguen firmes con el proceso pero no con el partido. 

Este grupo se suma al que hace poco más de dos años conformaron en el sur varios mandos medios, que se llama Corporeconciliación, y es una muestra más de que la fractura interna no se reduce a la “Segunda Marquetalia” de Iván Márquez y Jesús Santrich.

Que las diferencias entre los exguerrilleros sean cada vez más profundas es un reto enorme para el mismo Gobierno, porque es más difícil implementar el Acuerdo cuando su interlocutor pierde control de sus bases. Algo que, en menor medida, también es un reto del otro lado cuando Duque recibe críticas por reunirse con Timochenko.

Quizás por eso el líder guerrillero le escribió a Duque: “águila no caza moscas (...) saquemos del estado crítico en que se encuentra a la implementación del Acuerdo de Paz.” El lío es que no es claro que el mismo Londoño sea águila, ni que sus críticos entre los exguerrilleros sean moscas.

Comentarios (1)

Wilozada

21 de Marzo

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No se podrá pasar la página del conflicto con las Farc, a pesar del acuerdo, si los cabecillas de esa organización subversiva, con graves delitos de lesa humanidad a cuestas, permanecen en el congreso, y si continúan teniendo tanta relevancia elementos indeseables en la contraparte como Uribe, Cabal, Mejía, Molano, Macías y un largo etc. En 2022 hay que barajar de nuevo. Este país no aguanta más.

No se podrá pasar la página del conflicto con las Farc, a pesar del acuerdo, si los cabecillas de esa organización subversiva, con graves delitos de lesa humanidad a cuestas, permanecen en el congreso, y si continúan teniendo tanta relevancia elementos indeseables en la contraparte como Uribe, Cabal, Mejía, Molano, Macías y un largo etc. En 2022 hay que barajar de nuevo. Este país no aguanta más.

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