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Por Tatiana Duque | Jineth Prieto · 21 de Abril de 2021

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A 51 días de que arranque la Copa América, el torneo de selecciones de fútbol de mayores más importante del continente, el presidente Iván Duque mantuvo ayer su apuesta por realizar el evento en el país. “Estamos preparados para que se juegue en Colombia con esas garantías de bioseguridad”, dijo a la agencia EFE. Eso pese a que no tendrá las ganancias económicas que el mismo Gobierno proyectó cuando la pandemia ya estaba en el país.

 

En un estimativo de los ministerios de Hacienda y de Deporte sobre los impactos económicos de la Copa en Colombia, realizado para 2021, plantearon que habría 45 mil turistas durante el torneo que dejarían ganancias para el comercio y el turismo de casi medio billón de pesos.

Ese escenario cambió por la pandemia. Principalmente porque ni Colombia, ni Argentina (la otra sede) permiten público en los estadios, pese a las presiones de la Conmebol, la organización de la Fifa que regula el fútbol en Sudamérica. 

Es una entidad poderosa: reúne a las federaciones de fútbol de cada país, organiza los torneos de equipos como la Libertadores y la Sudamericana, tiene el poder de exigirle a los países sedes de la Copa América exenciones fiscales, a cambio de realizar los torneos. 

La semana pasada mostró poder al ser una de las pocas entidades privadas a nivel mundial en conseguir una donación de 50 mil vacunas de Sinovac para inmunizar entre otros a los jugadores de las ligas y selecciones. Una gestión que incluyó el lobby del gobierno de Uruguay y un regalo a la farmacéutica del astro argentino Lionel Messi. 

La Copa va porque va, como nos dijeron en Conmebol. El espaldarazo de Duque a su realización, con pandemia y crisis económica encima supone una apuesta en varios frentes: política, financiera y epidemiológica en un momento complicado para el Gobierno. Y el torneo sigue arrastrando una puja que aún no se cierra con la organización deportiva por si habrá público en los estadios.

La apuesta política: una moneda al aire

La Copa América arrancará cuando la reforma tributaria esté en pleno debate en el Congreso. Si bien hoy Duque no tiene las mayorías —ni siquiera en su partido— para aprobarla tal y como la presentó la semana pasada, el Gobierno y los ponentes prevén que para junio el texto estará en pleno debate.

Que ambas cosas ocurran al mismo tiempo no es un cálculo político: la Copa estaba prevista para el mismo momento en 2020, para igualar el calendario con la Eurocopa. Por los aplazamientos de ambas competiciones por la pandemia, las dos quedaron para esta fecha.

Dentro del Congreso admiten que la Copa puede ser un distractor, pero al final creen que el fútbol no desviará la atención sobre lo que se apruebe. 

“Son dos cosas diferentes. Una cosa es un alto para ver un partido y otra que al final del día le vayan a subir el IVA o algo así. Distraerá solo las dos horas”, nos dijo el ponente de la tributaria, Efraín Cepeda. “No sé si Copa América mata tributaria o al contrario, pero sí será un distractor. En medio de los debates álgidos, la Copa va a ser un motivo al menos de tranquilidad”, nos dijo el senador uribista y dirigente deportivo John Harold Suárez.
 
Duque es abiertamente hincha del fútbol (del América) y para lograr la sede de la Copa se “puso la camiseta”. Desde 2018 cuando arrancó el lobby para obtenerla, el Gobierno se alineó con la Fedefútbol para conseguirla y el entonces director de Coldeportes, Ernesto Lucena, hizo parte del equipo que obtuvo ese logro, que Duque celebró como propio

En la Casa de Nariño nos dijeron que la intención de Duque de mantener la sede de la Copa no es un cálculo político. Se debe a que el Gobierno y la Dimayor ya demostraron que el país puede tener competiciones sin contagios. Prueba de eso es el rentado nacional.

“Por eso el escenario está planteado: si tenemos la oportunidad de hacer una Liga, de participar en una Copa, no vamos a ser la excepción ¿qué nos impide hacerla si ya hay todos los protocolos?”, nos dijo el consejero de comunicaciones y vocero del Presidente, Hassan Nassar.

"Sería ilógico que se pudiera jugar un torneo rentado nacional y la Copa Libertadores de América y no pudieran jugar cinco equipos en un entorno seguro, en una burbuja", dijo Duque ayer a EFE en relación a las selecciones de Colombia, Venezuela, Brasil, Ecuador y Perú que son las que jugarán en el país. 
 
Diversos estudios han mostrado que las victorias deportivas impulsan a los presidentes, especialmente en momentos electorales. Sin elecciones de por medio los impactos no son tan significativos, como sugirió un estudio de Oxford sobre los Juegos Olímpicos de 2012 y la felicidad de la población.

Y es que independientemente de los resultados de la Selección en la Copa (Duque ha dicho que espera que lleguen a la final en Barranquilla), el Presidente “no está en la posición de reclamar ganancias con el fútbol”, nos dijo César Caballero, encuestador y analista político.

Aunque considera que mantener el torneo sirve porque “el país y el Gobierno necesitan un bálsamo”, Duque “está en una posición difícil”. “El tema de la tributaria ya pinta difícil, la movilización social ya va a estar. Está bien para el país, (la alegría) le va a durar un par de semanas. No le durará más”.

Así Duque no le caiga mucha de la gloria futbolera, ya hizo una apuesta de plata para el torneo, y ahí ya hay pérdidas.  

La apuesta financiera: se va a pérdida

Aunque la Copa América es un evento privado, el Estado le apostó por dos vías a la ejecución del torneo con recursos públicos. 

La primera y más visible es la inversión que se fue en infraestructura para las cuatro ciudades que serán sedes de los partidos, si el torneo se mantiene como va: Barranquilla, Cali, Medellín y Bogotá. 

Según supo La Silla, los requerimientos principales de la Conmebol para los estadios fueron dos: la iluminación y la conectividad. 

Lo primero con el fin de garantizar que las transmisiones serán en alta calidad, y lo segundo para asegurar que, en caso de que existiera aforo, todos los asistentes tuvieran acceso al Wifi del respectivo estadio y no se cayera la señal de sus teléfonos. Eso, por ejemplo, permite que existan apuestas desde los estadios en vivo.

Para ejecutar esas adecuaciones tanto el Ministerio del Deporte, como las autoridades locales, se metieron la mano al bolsillo en medio de la pandemia.

Al cierre de esta historia el Mindeporte no le entregó a La Silla el reporte exacto de la inversión que destinó, pero oficialmente ha reconocido 10 mil millones de pesos.

Esa plata se fue, hasta donde La Silla logró rastrear, en financiar la iluminación de los estadios y no fue ejecutada directamente por el Mindeporte sino transferida a las cuentas de cada Alcaldía para que cada territorio contratara directamente.

A su vez, cada ciudad puso plata propia para contratar la conectividad de su respectivo estadio, así como para hacer reparaciones a locaciones (como silleterías, camerinos, baños, entre otros).

La inversión, según lo que está reportado en el portal de contratación estatal y lo que nos explicaron en las respectivas ciudades, se fue así:

  • Medellín: 11.000 millones de pesos

  • Bogotá: 7.500 millones de pesos

  • Cali: 16.025 millones de pesos.

  • Barranquilla: no nos respondieron en la Alcaldía al cierre de esta historia, pero encontramos un convenio por 7.676 millones de pesos para iluminación y conectividad. No hay ninguno reciente relacionado con adecuaciones del estadio.

Como dato curioso también encontramos que Medellín, Cali y Barranquilla terminaron tercerizando la inversión de los recursos a través de empresas de economía mixta que en la práctica tienen procesos de selección mucho más laxos que a los que están obligados las entidades públicas por ley.

Es decir, por lo menos hasta donde logramos rastrear, se han destinado 42.201 millones de pesos para preparar al país para la Copa América.

Dado que toda la plata ha sido invertida en medio de la pandemia, está sobre la mesa el debate sobre si el gobierno debió priorizarla para atender otros temas que tienen enredado el deporte por el aislamiento, como por ejemplo, subsidios a las ligas y federaciones no solo de fútbol, sino de cualquier otro deporte.

Héctor Riveros, columnista de La Silla, escribió este fin de semana que “no deja de causar perplejidad, por ejemplo, que estemos preparándonos para realizar la Copa América dentro de algunas semanas, como si nada pasara. Ese evento no le deja sino gastos al Estado y ningún beneficio”.

Sin embargo, dado que esa plata al final no se pierde porque la intervención en los estadios le queda al país —y en especial a los equipos de fútbol que juegan en esos escenarios— y servirá para todos los eventos que se realicen en adelante, su destinación también es leída como una inversión que eventualmente puede generar réditos.

El otro frente en el que la apuesta económica del Gobierno es negativa, fue la aprobación de una ley que genera exenciones de impuestos a la Conmebol hasta un mes después de que finalice el torneo, en julio de 2021.

Aprobar esa ley era una condición de la Conmebol para que Colombia se convirtiera en sede, lo que muestra la coordinación o al menos el lobby que debe hacer la respectiva Federación de fútbol para promover la realización de este tipo de torneos dentro de su propio país. 

En la práctica lo que hace el proyecto es volver al país un “paraíso fiscal” para todas las transacciones que hagan tanto la Conmebol, como los equipos, funcionarios, asociaciones miembro, asociaciones invitadas y empleados en Colombia.

Según las motivaciones de esa ley, dejar exenta a la Conmebol de cualquier impuesto era un gana-gana porque las proyecciones del Ministerio de Hacienda se hicieron sobre la base de que para este año la economía ya estaría “en niveles iguales a los observados antes de la pandemia”.

El documento partía de que para esta fecha vendrían 45 mil visitantes que moverían alrededor de 489 mil millones de pesos en transacciones comerciales, lo que a su vez generaría un recaudo tributario de 54 mil millones de pesos. 

El cálculo fue que dejando exenta a la Conmebol -calcularon en 38 mil millones lo que dejarían de cobrar- el país, en todo caso, recaudaría 16 mil millones de pesos en impuestos y eso dejaba un balance positivo. 

Sin embargo, es casi imposible que alguna de esas proyecciones se cumpla.

Duque mantiene que no habrá público en los partidos. Y aún si eso cambiara, es poco probable que miles de viajeros en menos de dos meses se vuelquen a otro país sin planeación y en medio de la pandemia.

Como muchos de los impuestos de los que queda exenta la Conmebol no dependen de toda la cadena comercial que genera la Copa América (en gran parte están relacionados con importaciones, o tienen que ver con la operación propia del torneo), al final no habrá un gana-gana.

Por el contrario, la Conmebol tendrá a su favor la balanza de las exenciones. Pues no le cobrarán los impuestos a los organizadores.

El Gobierno, por su lado, tendrá un hueco fiscal, porque las proyecciones de ingresos tributarios por la Copa estaban incluidas dentro del Marco Fiscal de Mediano Plazo, es decir, el Estado contaba con esos recursos dentro de su presupuesto. 

En la apuesta con la asistencia de público de los estadios, que sí movería al menos la cadena comercial interna si los locales pueden asistir, el pulso aún está abierto.

La apuesta con el aforo: los gobiernos con ventaja

La apuesta de la Conmebol es hacer la Copa con o sin público. A La Silla le dijeron desde la organización que no descartan que el torneo tenga hinchas en los estadios. “Sería muy importante para nosotros llegar a este aforo (30 por ciento). De no lograr esta meta la Copa América se disputará igual”, nos dijo Gonzalo Belloso, secretario general adjunto del organismo.

Es una medida en la cual no han podido convencer a los gobiernos de Colombia y Argentina, pese al lobby. 

De acuerdo a lo que nos dijo un alto ejecutivo deportivo enterado, el Ministerio de Salud de Colombia dará su veredicto final a la Federación y la Conmebol “casi momentos antes de arrancar el torneo”.

La Conmebol ha presentado a Colombia un protocolo de realización de pruebas PCR que tuvo 98,7 por ciento de efectividad en la Libertadores y Suraméricana. Este viernes anunciará la logística de la vacunación para los jugadores de las 10 ligas profesionales y las selecciones. Pero, el dirigente deportivo y una fuente gubernamental, aseguraron a La Silla que no ven viable que el Gobierno Duque acceda a la pretensión del 30 por ciento de aforo.

La razón es epidemiológica. “En momentos ideales, en los cuales la positividad (de transmisión del covid) estén por debajo del 5 por ciento, se puede pensar en un aforo, cumpliendo los distanciamientos físicos”, nos dijo Carlos Álvarez, director de investigaciones del Covid para Colombia de la OMS y uno de los científicos que el Gobierno consulta.

Durante el 2021, Colombia nunca ha estado por debajo del 10 por ciento de positividad del virus, por lo que Álvarez considera que hacer una proyección no es posible por el momento.

Un lobby más visible y fuerte ha hecho la Conmebol en Argentina. Allí, según reportó Clarín en febrero, la AFA (la asociación de fútbol equivalente a la Federación Colombiana de Fútbol) envió cartas a los gobernadores de los estados donde hay partidos para permitir el aforo el 30 por ciento. 

“Estaba claro que generar ese aforo era un plan previo para la Copa América”, nos dijo Alejandro Wall, escritor y periodista deportivo en Argentina que conoce de la movida. “La presión la pone la Conmebol y es una situación completamente atípica. La preocupación del Gobierno no son las sanciones, sino los contagios”, nos dijo Leandro Illia, relator y periodista deportivo gaucho.

Al final, el gobierno de Alberto Fernández negó la solicitud. El jueves, el Presidente prendió las alarmas al dar unas declaraciones en las que ponía en duda si su país albergaría la Copa: “no quiero frustrar el espectáculo de la Copa América, lo que quiero es que hablemos y seamos muy sensatos”, dijo.

En la Conmebol le dijeron a La Silla oficialmente que “tienen confianza” de que Argentina siga con el proyecto. Eso porque, como supimos por una fuente que nos habló off the record, dentro de esa organización consideran que “fueron más fuertes los titulares que la declaración”.

En Colombia, una alta fuente directiva del fútbol nos dijo que si Argentina “se baja” de la Copa, habría capacidad para albergarla acá (como en 2001). En ese escenario se destinarían estadios adicionales como los de Pereira, Manizales o Armenia, lo que implicaría ajustarlas a las medidas de la Conmebol y un gasto adicional estatal.

Duque, por ahora, zanjó ese debate ayer en la entrevista a EFE, diciendo que el país está preparado para albergar “los cinco equipos” que le corresponden. 

“La decisión final será de las autoridades sanitarias de cada país. Sería lindo poder contar con la alegría del público en los estadios, pero entendemos que lo primero es la salud”, explicó Belloso, de la Conmebol.

Si bien la Copa América fue una apuesta de Gobiernos y Conmebol para generar plata y resultados, al final el escenario está dado para que Colombia deje de generar los recursos que esperaba. Quedan los réditos inciertos del juego, del estado de ánimo del país, y de la marca de Colombia en el continente que podría recoger el presidente Duque. 

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