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Por Juanita León · 20 de Enero de 2021

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No sobra decirlo hoy que se posesiona Joe Biden como el presidente 46 de Estados Unidos: Colombia no es importante en el mundo, y tampoco lo es para ese país. Pero lo que sucede hoy impacta directamente el curso de la política colombiana.

Porque Biden tiene una visión distinta en los tres puntos claves de la agenda que Duque estableció con la presidencia Trump: el proceso de paz, la política de drogas, y la relación con Venezuela. Una agenda, además, con la que Duque logró también alinearse con el Centro Democrático. 

Como lo dejó claro el nuevo Presidente de EE.UU. en este ensayo que escribió en la revista Foreign Affairs cuando era candidato, su reto principal en política exterior es retomar el liderazgo mundial.  

Eso pasa por recomponer sus alianzas con Europa, asumir la iniciativa en temas multilaterales que Trump abandonó en beneficio de los chinos como el cambio climático, los acuerdos tecnológicos, la expansión del autoritarismo y la carrera nuclear, sin mencionar el combate al covid.

Frente a América Latina, Biden ha dicho que cambiará su política migratoria, tumbando las medidas más inhumanas implantadas por Trump durante su mandato, y replanteará las políticas de su antecesor en Cuba.

Ninguno de estos temas pasa por Colombia. 

Sin embargo, Biden es de lejos el presidente de Estados Unidos que llega a la Casa Blanca con mayor conocimiento sobre América Latina, que más ha visitado el Continente (16 veces), y que más sabe sobre Colombia pues jugó un papel clave en la elaboración del Plan Colombia como senador, y de Paz Colombia como vicepresidente de Barack Obama, como lo explica este informe del Atlantic Council.

Además, su nuevo director para el Hemisferio Occidental es el colombiano-americano Juan González, que conoce bien el país y tiene acceso a todo tipo de fuentes en Colombia.

Entonces, cuando Colombia entre en el radar de Biden o, para entrar en su radar, el presidente Iván Duque enfrentará en los próximos meses varias encrucijadas.

 

Las encrucijadas para Duque

Una es frente al Acuerdo de Paz, en cuya implementación Biden y su equipo han dicho explícitamente que creen, y frente al cual Duque ha sido muy crítico. 

La llegada de Biden le plantea al presidente colombiano el desafío de mantenerse alineado -en época electoral- con la campaña de oposición al Acuerdo que Àlvaro Uribe ya ha dicho que forma parte de su receta para el 2022, cuando toda la idea del ‘castrochavismo’ genera a la vez escozor en las huestes demócratas de Biden después de que Trump utilizó ese caballito de batalla en su contra en la campaña de Florida, como contó La Silla.

La segunda es en el tema de drogas, que Duque ha convertido en el eje de su diagnóstico sobre los serios problemas que enfrenta el país y cuya erradicación forzada es la punta de lanza de su política de seguridad. 

Biden ha dicho que las drogas son un problema de salud pública, que no cree en las ‘guerras eternas’ y un informe elaborado por asesores suyos, entre otros, para la Cámara de Representantes concluye que la aproximación de Estados Unidos al narcotráfico en las últimas décadas fracasó.

La tercera es Venezuela. Mientras Duque ha fincado su política frente al vecino país en la figura de Juan Guaidó y en la idea de desconocer el régimen de Maduro, Biden ha sido explícito en que “los Estados Unidos no deben meterse en asuntos de cambio de régimen. Nicolás Maduro es un dictador, así de simple, pero la meta en Venezuela debe ser conseguir una salida democrática a través de elecciones libres y de ayudar a los venezolanos a reconstruir su país”.

Estos tres temas no solo han sido pilares fundamentales del gobierno de Iván Duque, sino los temas políticos centrales de su partido, el Centro Democrático, con lo cual a partir de hoy el presidente colombiano enfrentará el reto de reposicionarse frente al aliado más importante que tiene el país sin enfrentarse a su mentor político y su partido justo cuando arranca la campaña electoral.

El dilema para Uribe

Para el Centro Democrático, y en particular para Uribe, la derrota de Trump y lo que ha sucedido en las últimas semanas también le plantea un reto.

Ahora que arranca la campaña, y que el uribismo enfrenta el desafío de ganar una consulta de derecha y de mantener sus curules en el Senado sin Uribe liderando la lista, ‘calentar’ a sus bases con el discurso de polarización contra la izquierda, el Acuerdo de Paz, y el ‘castrochavismo’ será una tentación. 

Pero al mismo tiempo, como lo analizó recientemente en esta historia del New York Times, el profesor de ciencia política de la Universidad Tecnológica de Dresden Hans Vorländer, “todos aquellos que se han focalizado en hacer política a partir de promover la polarización han sufrido un revés. Es una señal muy clara”.

La receta política de Trump de hablarle solo a su base y de radicalizarla con la idea de que eso sería suficiente para reelegirse, no solo fracasó porque perdió las elecciones sino que también le demostró al Establecimiento del mundo entero los riesgos reales y tangibles de la polarización.

En Estados Unidos, la reacción del sector privado a la toma del Capitolio por parte de los trumpistas fue contundente: le quitaron la financiación a Trump, a sus negocios y a los congresistas republicanos que no aceptaron los resultados a favor de Biden; las plataformas tecnológicas literalmente lo desconectaron a él y a sus replicadores; el poder judicial se movió en su contra.  El castigo fue público y brutal.

En esa misma dirección, La Silla supo que empresarios colombianos han hablado con Duque y le han recomendado no dejarse tentar por el discurso de la radicalización.

De hecho, tras la derrota de Trump, Iván Duque ha retomado su discurso del ‘extremo centro’ y se ha alejado del manual trumpiano al que había comenzado a recurrir el año pasado y que incluyó disfrazarse de policía y enaltecer su ‘gallardía’ horas después de que miembros de la institución mataron jóvenes que protestaban en Bogotá hasta desconocer inicialmente el fallo judicial sobre la protesta social.

Uribe ya ha reconocido que solo con su partido no será capaz de mantener el poder en la Casa de Nariño y la pregunta es si frente a este nuevo escenario internacional mantendrá la estrategia de polarización, que es similar a la de su rival de izquierda Gustavo Petro, o si también comenzará a desradicalizar su discurso.

Porque en el fondo, además de nuevas caras e ideas, hoy se inaugura en Washington un tono menos estridente. Mientras en Bogotá, empieza para Duque un malabarismo para alinearse con Biden, sin quedar mal con Uribe y el Centro Democrático. 

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