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Por Juanita León · 12 de Julio de 2020

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El ocio y cómo nos divertimos no es un tema que se considere estrictamente político. Sin embargo, lo puede ser si pensamos que mucho del tiempo que la gente invierte a diario y de sus decisiones son justificadas en función del qué tendrán en el futuro para divertirse.

Como parte de nuestra serie de entrevistas para nuestro nuevo podcast “El futuro del Futuro”, en el que buscamos anticipar posibles escenarios a diez años, entrevistamos al intelectual español Jorge Carrión.

Carrión ha sido crítico cultural en la sección de opinión en español de The New York Times y autor de varios libros de ficción y no ficción. 

Su último artículo, titulado “Lo viral” (Galaxia Gutenberg), es un diario falso sobre el coronavirus, pero sobre todo una reflexión sobre la sociedad contemporánea, a través del lente del Covid, de la viralidad digital, de Netflix, Zoom y Amazon. Y “Contra Amazon”, de la misma editorial, una exaltación de la librería y el librero, analiza el impacto cultural de este gigante en la vida contemporánea.

En esta entrevista, editada para mayor claridad, Carrión trata de anticipar cómo será el ocio del futuro.

Aquí puede escuchar el podcast.

La Silla Vacía: Me gustaría arrancar esta entrevista con lo que usted, en una de sus columnas del New York Times, denominó la estética de la pandemia: esa retícula de Zoom que iguala a toda la gente. ¿Cree usted que esa estética será pasajera? ¿o tendrá consecuencias a largo plazo?

Jorge Carrión: Hace seis meses, por ejemplo, en el futuro del ocio y de la diversión hubiéramos visto eventos masivos multitudinarios, pero ahora eso está en suspenso. La reunión colectiva es, en efecto, esa pantalla dividida en celdas, que recuerdan a una colmena. 

Pero no es sólo Zoom. Son muchas las aplicaciones de videollamada colectiva que dividen la pantalla en diversos receptáculos. Cada uno está en su ventana, en su casa, en su lugar comunicado, pero a la vez aislado, sin posibilidad de tacto y contacto realmente visual. 

Yo diría que no se puede hablar del futuro, en general, pero menos ahora. Sin embargo, intuyo que algo va a quedar de ese tipo de estética. Por ejemplo, creo que se van a normalizar radicalmente los encuentros virtuales de mucha gente.

Yo me preguntaba justamente hoy, pensando en esta conversación, si se va a normalizar, por ejemplo, quedar para cenar con gente a distancia. Creo que eso no va a ocurrir. 

Aunque eso, a la vez qué bonito es, ¿no? Reunirte con gente que quieres, pero que no puedes ver. 

Hay elementos bonitos, tiernos, muy íntimos en, por ejemplo, beber e incluso emborracharse con alguien a través de una pantalla, pero yo creo que ese tipo de ritual no va a prosperar.

La Silla Vacía: ¿Cree que a largo plazo experiencias como ir al museo, al teatro o a un concierto van a ceder a favor de experiencias más individuales y a través de una pantalla?

Jorge Carrión: En parte sí. Yo creo que se ha acelerado radicalmente la digitalización del mundo. Nos hemos acostumbrado en tres meses a una cantidad de acciones cotidianas a través de la pantalla que estaban fuera de ese ámbito. 

Por ejemplo, mis hijos, que tienen cuatro y cinco años, se han acostumbrado a hacer clase por internet; algo que era una aberración hace cinco meses y que ahora es casi normal. Y yo creo que sí que va a quedar gran parte de ese tipo de inercias porque se están insertando.

También creo que a partir de ahora es muy probable que cualquier evento cultural presencial, como lo es el teatro, la danza o la presentación de un libro, tenga una segunda esfera virtual. 

Eso es bueno e interesante porque va a generar dos tipos de públicos simultáneos: un público que tiene la suerte de estar ahí o que puede pagar estar ahí en persona, y un público que va a recibir esa experiencia a distancia (a través de una pantalla), pero que de algún modo también se va poder beneficiar de ella. 

No obstante, creo que eso, en el contexto de la tecnología y de la sociedad, va a radicalizar uno de los grandes problemas que tenemos ahora; la soledad. Otra epidemia que se va a convertir, o se está convirtiendo, o ya es, una pandemia.

Hace un par de años la Organización Mundial para la Salud (OMS)  declaró la soledad como una epidemia; como una preocupación global. Evidentemente, con el confinamiento, los encierros, y las cuarentenas, ello se ha vuelto un problema brutal, y lo que hacen, por ejemplo, Amazon,  Netflix y  Zoom es justamente alimentar ese aislamiento, esa incomunicación y esa falta de contacto físico. 

Lamentablemente, yo creo que ese es el camino que está tomando la humanidad por culpa de acelerar innecesariamente la velocidad de la transición hacia los entornos digitales.

La Silla Vacía: Es interesante eso de que en el futuro habrá gente privilegiada que podrá ir a un concierto en vivo, pero que al mismo tiempo, otra que sólo podrá vivir esa experiencia de manera virtual. ¿Será esa otra brecha de inequidad?

Jorge Carrión: Pensemos en un concierto de Rosalía en Barcelona. Si a ese concierto sólo pueden ir el 20 por ciento de los habitantes (por la capacidad del espacio), va a ser un evento de lujo y las entradas van a estar muy caras. 

Sin embargo, aquí en Barcelona, de pronto habría unas 5 mil, 10 mil o 20 mil personas que estarían dispuestos a pagar por una entrada un poco más económica para acceder al concierto de modo virtual. 

Ahí sí veo efectivamente la discriminación: dos tipos de acceso vinculados con la economía. 

Sin embargo, hay otro tipo de experiencia que tiene que ver no tanto con el dinero, sino con la casualidad o con el lugar donde vives. Por ejemplo, esa doble tarifa le podría permitir a una persona que viva en Buenos Aires o en Tokio acceder al concierto de Rosalía en Barcelona. Eso ya no es es discriminación, sino una ventaja.

Por eso, yo creo que va a haber cierta complejidad para entender cómo es que la industria cultural, el ocio y la diversión van a transitar hacia esos dos tipos de públicos. 

La Silla Vacía: ¿En el futuro nuestras experiencias estéticas van a estar totalmente atravesadas por la inteligencia artificial?

Jorge Carrión: Sin duda; eso ya es inevitable. Lo va a estar en todo.

¿Dentro de 20 años quien puede gestionar mejor la sanidad de un país durante una epidemia? ¿El gobierno con sus múltiples fallos? ¿o un algoritmo? Probablemente un algoritmo sea mucho más fiable. 

Eso en cuanto a política, pero ahora, en términos de cultura y de producción artística, en efecto hay un gran tema. Por ejemplo, para este podcast yo te hubiera podido mandar un escrito con todas las respuestas y un audio de WhatsApp de un minuto y medio de mi voz, y un algoritmo podría leer mis respuestas, imitando mi respiración, mis pausas, mis dudas, incluso alguna broma, y todo el mundo pensaría que realmente lo he dicho yo. 

Hay ahí un terreno fascinante y a la vez terrorífico.

La Silla Vacía: Sí, muy miedoso

Jorge Carrión: Sin embargo, hay ejemplos que nos dan un poco de esperanza y tranquilidad al respecto. Creo que el más elocuente podría ser el del ajedrez.

Hace ya más de veinte años que las máquinas son mejores que los humanos jugando ajedrez, pero no por eso hemos dejado de jugar ajedrez ni de organizar competiciones entre humanos. 

Por eso no es descabellado pensar en una división de mercados y de sistemas de reconocimiento y de prestigio. 

De pronto haya una literatura humana y una literatura algorítmica; un arte plástico humano y uno algorítmico; una música humana y otra algorítmica, por mencionar algunos ejemplos. 

La gran cuestión es que en diez años es muy probable que sea así. Ya lo es ahora, pero no está blanqueado, no se ha hecho público y no está estructurado.

Dentro de 40 años ya muy probablemente, con los sistemas de machine learning y la computación cuántica, ya no habrá un autor humano del algoritmo, sino que un algoritmo habrá escrito otro algoritmo, y ese algoritmo será el que haga el cuadro, la música o el poema. 

La Silla Vacía: ¿Cómo cree que eso cambie no solo la noción de ser artista, sino también la experiencia del arte y de la música? ¿Cree que eso nos vaya a modificar como seres humanos? 

Jorge Carrión: Probablemente sí. Yo diría que ahora mismo Netflix y Amazon son estructuras humanas de acompañamiento, estímulo y servicio de linajes algorítmicos. 

La Silla Vacía: ¿Cómo así?

Jorge Carrión: Ahora mismo quien toma las decisiones realmente en Amazon respecto a la logística, la arquitectura de soluciones, etcétera, es el algoritmo. En el mejor de los casos, el algoritmo observa y analiza patrones, y propone narrativas, temas y ambientaciones, y los humanos buscan el mejor modo de que ese dictado se haga realidad. 

Yo diría que en diez años lo que es muy probable que exista es la transformación de ese tipo de visiones algorítmicas en contextos inmersivos, donde predomine la realidad virtual. 

Retomemos el ejemplo del concierto de Rosalía. En diez años lo podremos ver presencialmente, o lo podremos ver desde nuestra casa a través de una pantalla, o vivirlo virtualmente en 3D como experiencia inmersiva desde casa.  

El desarrollo de gafas de 3D, como ya hemos visto en Black Mirror y en tantas otras películas y series de ciencia ficción, va a ir hacia el microchip implantado o hacia la video lentilla. En el momento en que la industria encuentre ese camino, ya la inmersión va a ser imparable. 

Los que han vivido una experiencia de realidad virtual saben que las gafas 3D no son satisfactorias. Tampoco es satisfactorio el Ebook o el Kindle para los que aún preferimos el papel. Esto da cuenta de que el Ebook y las gafas de realidad virtual no han superado ni al libro en papel ni a la vivencia de alguien en un teatro o en un parque temático. 

Sin embargo, yo sí creo que vamos hacia una tecnología de la lectura y del espectáculo sensorialmente satisfactoria que va a permitir una inmersión total. 

Esto, vinculado con los algoritmos y con la generación en tiempo real de aquello que puede desear el espectador o el lector, puede ser brutal. 

Imagina una experiencia inmersiva en la que yo me pueda transportar a una biblioteca ideal y que el Big Data genere en tiempo real los libros que más me pueden gustar. 

Eso creo que es muy plausible que ocurra en diez años, pero a la vez el ser humano siempre creo que tiene fases. No me extrañaría que después de una fase en la cual todos estemos fascinados con la realidad virtual, pasemos a una fase en las que todos estemos fascinados con ir a ver bibliotecas antiguas o ir a los bosques a tocar las cortezas de los árboles y a escuchar el canto de los pájaros.

La Silla Vacía: Una de sus reflexiones más interesantes es la idea de que el Covid está forzando la emergencia de narrativas literarias de una nueva escala humana, alejada del selfie, para representarnos más humildes en relación con el planeta. ¿Podría hablar un poco de eso?

Jorge Carrión: Sí, ya llevo unos años pensando en si el Antropoceno, que es esta nueva edad geológica en la que vivimos y en la que hemos alterado el régimen climático con nuestro uso invasivo de energías fósiles y con nuestro desarrollo exacerbado y sin ningún tipo de respeto por el medio ambiente, está encontrando relatos a su altura. 

Es necesario avanzar hacia una conciencia progresiva que nos permita entender que debemos cambiar el modo de contar el mundo. Ya no estamos en el siglo 15 o 19, y sabemos que los seres humanos no somos centrales.

Yo creo que es muy interesante nuestro momento histórico porque en él se da la emergencia de la conciencia de que no somos las únicas inteligencias. Estamos conviviendo con incipientes inteligencias artificiales y también con la conciencia de que hay una cierta inteligencia animal e incluso vegetal. 

Yo diría que lo más interesante del arte y de las narrativas que se están produciendo ahora tiene que ver con ese cuestionamiento del yo. 

Ahora la ficción más vanguardista, más interesante y más en sintonía con nuestra época, se da cuenta de que somos nodos de una red y que ya no hay protagonismos humanos.

La Silla Vacía: Bueno, y ya para cerrar, ¿cree que en 10 años nos divertiremos más o menos que ahora?

Jorge Carrión: Yo creo que es mejor no pensar en ese tipo de ficciones. Es un poco, digamos, iluso, porque siempre el ser humano ha pensado que el pasado fue mejor, pero la verdad es que es imposible comparar.

Yo creo que encontraremos nuevas formas, sin duda. 

Evidentemente, toda la nueva generación, que ha nacido ya en el siglo 21, naturaliza todo de un modo increíble; incluso lo que nosotros consideramos una aberración. 

Por ejemplo, para mí es una aberración el hecho de que dos personas se sienten en una mesa y no se hablen porque están con sus móviles. Sin embargo, puede que para ellos eso sea una forma de felicidad y diversión.

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