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Por Tatiana Duque · 02 de Febrero de 2021

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24 horas después de que Palacio lo filtró a medios, el presidente Iván Duque confirmó a Diego Molano como su nuevo ministro de Defensa. La tardanza en oficializar el nombramiento dio pie a rumores de supuestas diferencias entre el Gobierno y el Centro Democrático, que al final quedaron descartadas, porque Duque se decantó por uno de sus funcionarios más cercanos, pero también de la entraña uribista para tranquilizar a su partido que considera esa cartera como propia.

 

Mantiene la línea de nombramientos durante el Gobierno: Al igual que Guillermo Botero y Carlos Holmes Trujillo (qepd), Molano proviene del corazón uribista y trabajó en los dos gobiernos de Álvaro Uribe; y, al igual que sus antecesores, llega sin experiencia en el sector defensa pero tras haber manejado instituciones grandes y complejas.

Duque manda a un Ministerio clave para su gobierno a alguien de su primer círculo de confianza en la Casa de Nariño: manejó la frustrada Conversación Nacional para apaciguar el Paro de 2019; y durante 2020 ha sido un frecuente vocero del mandatario, además de ser uno de sus escuderos ante las críticas de la alcaldesa de Bogotá, Claudia López.

A menos de que algo extraordinario ocurra, Molano será el ministro que entregará los resultados del último tramo del gobierno y será el encargado de consolidar la política de seguridad, que aún no le cuaja al Presidente. Su reto será enfrentar la creciente fragmentación del conflicto en guerras locales, el aumento de asesinatos de líderes y masacres; y reenfocar una política de seguridad que gira alrededor de la lucha contra el narcotráfico sin resultados estructurales.

De estampa uribista

Con el nombramiento, Duque pone a alguien de su entera confianza y del expresidente Álvaro Uribe.

Como hemos contado, Duque no cuenta con el respaldo absoluto del uribismo, por lo que con ese nombramiento, al menos, no le da nuevos bríos a sus detractores internos.

“Estamos bastante conformes”, nos dijo el senador Ciro Ramírez, de la línea duquista; “Diego tiene carácter, es honesto y trabajador”, nos dijo el exviceministro Rafael Nieto, directivo de línea dura del Partido. De hecho, el senador e ideólogo del Centro Democrático, José Obdulio Gaviria, lo había puesto entre su baraja de aspirantes para suceder al fallecido ministro Trujillo cuando lo entrevistamos el viernes pasado.

Diego Molano Aponte es un bogotano de 50 años que ha hecho la mayoría de su carrera política y pública con el uribismo y en Bogotá. Es administrador de empresas del Rosario y tiene un máster en administración pública de la Universidad de Columbia en Nueva York.

Aunque no tiene experiencia en el sector defensa, conoce a los militares porque su papá fue militar y estudió en el colegio militar Patria. Además sí tiene experiencia gerencial, lo que le puede servir para manejar una cartera con un presupuesto de 39.1 billones de pesos para este año y casi 400 mil uniformados que conforman las fuerzas armadas del país. Toda una empresa en sí misma.

Luego de trabajar en los noventa con el exsenador caldense Luis Alfonso Hoyos y arrancando el siglo en el Acueducto de Bogotá, Molano entró al gobierno de Álvaro Uribe como asesor del componente social del Plan Colombia en 2003.

Allí entre 2004 y 2009 manejó el Centro de Coordinación de Acción Integral (Ccai), en donde fungía como articulador de Presidencia con militares, policías y ministerios de Justicia, Interior y Educación, además de programas sociales del Gobierno para hacer presencia en nueve zonas y 52 municipios del país donde Uribe enfocaba la política de seguridad democrática.

El Centro de innovación de sociedades de la universidad de Princeton resaltó en 2009 esta coordinación como una experiencia exitosa: “a pesar de los altibajos, para 2009 la coordinación había recibido un amplio apoyo nacional e internacional”, dijo en un documento de esa política.

Según el director del área de conflicto de la Fundación Ideas para la Paz, Juan Carlos Garzón, propuestas como ésta dan la idea de que Molano podría funcionar como un articulador de la agenda duquista de seguridad con capacidad para arrojar resultados.

En 2009 Molano entró a dirigir Acción Social (hoy Departamento para la Prosperidad Social) y en 2011, bajo el gobierno de Juan Manuel Santos, dirigió Bienestar Familiar, una entidad de más de mil contratistas y funcionarios, hasta 2013.

En 2015 se metió en la política electoral, como jefe programático del entonces candidato a la Alcaldía de Bogotá del uribismo, Francisco Santos, hoy embajador en Estados Unidos.

Pacho Santos también estaba encargado de armar la lista cerrada de candidatos al Concejo de Bogotá del uribismo y puso a Molano en el primer lugar, representando al sector del excandidato presidencial Oscar Iván Zuluaga, de quien Molano es muy cercano.

Como todo el Centro Democrático, Molano apoyó el No al plebiscito en 2016 y en la precampaña presidencial uribista de 2017 fue el compromisario de Zuluaga para las reglas de juego de la escogencia del candidato, que al final fue Duque.

Ya en el Concejo, trabajó de la mano con el entonces concejal y hoy ministro del Interior, Daniel Palacios, sobre todo en materia de seguridad: ambos conformaron una comisión de seguimiento a las políticas de seguridad del entonces alcalde Enrique Peñalosa. En esta labor se hizo amigo del actual viceministro de Defensa, Jairo García, quien era el Secretario de Seguridad del Alcalde.

Con Duque, Molano hizo campaña Bogotá en las presidenciales y en 2019 fue designado por el Presidente para manejar administrativamente la Casa de Nariño. Ahí Molano se volvió uno de los voceros más vocales y visibles del Gobierno Duque y entró a hacer parte del primer círculo de confianza del mandatario, que encabeza la jefe de gabinete María Paula Correa, y del que también forma parte el consejero económico Víctor Muñoz, ahora director administrativo de Presidencia, en reemplazo de Molano.

Fue el vocero y principal coordinador de la Conversación Nacional, la estrategia de Duque para conjurar el Paro de 2019, cuyos resultados quedaron empantanados por la pandemia.

Desde 2020 Molano hace parte del consejo de redacción del programa diario del Presidente y por orden de Duque se volvió uno de los voceros más activos de Palacio para responder a las críticas de la alcaldesa de Bogotá, Claudia López, una de sus principales opositoras.

Además, fue el encargado, con la exsecretaria jurídica, Clara María González, de concertar con esa Alcaldía el protocolo para el manejo de protestas, tras un fallo del Tribunal de Cundinamarca.

Molano mantiene la misma línea de “defensa de la institucionalidad” y manzanas podridas del Presidente para enfrentar la brutalidad policial . Así quedó claro durante las protestas en Bogotá a raíz del asesinato del abogado Javier Ordóñez a manos de policías de un CAI.

“Esos respaldos pesan mucho dentro de la fuerza pública”, nos dijo una persona que trabaja en el sector defensa y conoce del trabajo de Molano en Bogotá.

Molano defendió la tesis que movió el Gobierno de que las protestas fueron infiltradas por el ELN y las disidencias con las Farc, pese a que, como contamos las manifestaciones de esa noche fueron más espontáneas que coordinadas.

Y que la quema de los CAI en Bogotá era una estrategia para favorecer el microtráfico de drogas, desconociendo la rabia que existe entre jóvenes pobres de la ciudad que han sido víctimas de abuso policial, como documentó La Silla.

Desde esa época volvió a sonar en redes la propuesta de Molano de 2015 de hacer un protestódromo en Bogotá, un lugar donde la gente vaya a protestar sin alterar las vías públicas y evitar disturbios. Idea que, pese a las burlas, el funcionario volvió a defender hace unos meses. 

Ahora como cabeza del MinDefensa deberá liderar la política de seguridad de Duque, que en sus dos años y medio de mandato no ha podido consolidar una estrategia efectiva para enfrentar a las bandas criminales, las disidencias de las Farc y el Eln. 

El mismo libreto

Molano será el último ministro de Defensa del gobierno de Iván Duque y eso implica no solamente entregar resultados que definan el legado en seguridad del Presidente, sino también evitar que el Centro Democrático pierda una bandera propia para las elecciones de 2022.

Dentro del uribismo y según cuatro fuentes que lo conocen desde su trabajo en el Concejo de Bogotá, es un hecho que el nuevo Ministro quiere ser Alcalde de la ciudad en el futuro, por lo que una buena gestión en el Ministerio le puede servir de plataforma política.

Pero dar resultados en seguridad es un reto en estos momentos.

El principal reto de Molano será ejercer un verdadero liderazgo civil sobre las fuerzas militares, algo que no ha logrado hacer el Presidente, tras los escándalos que han rodeado a la fuerza pública, como las chuzadas desde el Ejército, las denuncias de brutalidad policial, los casos de abusos sexuales por parte de uniformados y las peleas internas de altos mandos, como ocurrió antes de la salida del general (r) Óscar Atehortúa de la Policía.

Y si bien hasta ahora como escudero de Duque, Molano utilizó la táctica de que la mejor defensa es el ataque a las críticas, esa labor puede ser mucho más complicada ahora, teniendo en cuenta que será la cabeza del alto mando militar, criticada por poblaciones vulnerables que a su vez el Ministro debe proteger.

En política de seguridad, el Gobierno asume como su principal logro la disminución de homicidios en 2020, pero la razón no fue una política articulada, sino las restricciones de movilidad por las cuarentenas.

Según la ONU, el 2020 cerró con 250 víctimas de 66 masacres verificadas, la cifra más alta desde 2011 (171 muertos por masacres); el mismo organismo verificó que el año pasado fueron asesinados 120 líderes sociales, la cifra más alta desde 2018 (143).

Y arrancando el año según Indepaz ya han ocurrido ocho masacres, la última de ellas el domingo en Policarpa (Nariño) donde cuatro jóvenes caucanos fueron asesinados.

“Se requiere una visión renovada de la seguridad, que supere la discusión sobre el vacío estatal, para abordar de frente su eficacia y legitimidad”, dice Juan Carlos Garzón, quien esboza en esta columna las diez dinámicas de la seguridad en 2021.

Pero es improbable que Molano logre esa visión renovada.

“A estas alturas el libreto está definido e interiorizado. El libreto es la manera como el Gobierno concibe la seguridad, es la misma que tiene Molano: una narcotización ciega y esa es la perspectiva”, nos dijo Garzón.

En una entrevista a El Tiempo de hace una semana, Molano dijo que “todos los males del país tienen nombre propio: el narcotráfico, ese gran virus que carcome a Colombia, en campos y ciudades”.

La apuesta principal para mostrar resultados del Gobierno es sacar adelante en lo que queda del mandato de Duque la aspersión aérea con glifosato para erradicar 130 mil hectáreas, meta que se puso el entonces ministro Trujillo hace un mes.

La política está parada por falta de concertación con las comunidades. De hecho, el 13 de enero un juez del Tribunal de Pasto detuvo una resolución del Ministerio del Interior que permitía la aspersión en territorios afro según contó El Espectador

A lo que se suma que un informe de diciembre de una comisión del Congreso norteamericano donde estaban asesores del hoy presidente norteamericano Joe Biden, aseguró que uno de los fracasos del Plan Colombia fue, precisamente, la aspersión aérea, como contamos.

También durante este año el país conocerá los alcances del informe de la Comisión de la Verdad y el auto de la JEP en el caso 03 sobre falsos positivos, dos documentos que son muy sensibles tanto para el expresidente Uribe como para los militares. Y Molano tendrá que liderar la respuesta a ambas actuaciones.

En ese frente, Molano también mantiene el mismo libreto uribista. De hecho en 2019, antes de entrar a Presidencia, se unió a las manifestaciones de sectores uribistas contra la JEP.

Con todos esos retos, Molano llega al Ministerio con la estampa uribista y con la confianza de Duque. En agosto de 2022 se sabrá si la estrategia de poner a uno de los suyos le cuajó al Presidente para dejar legado y si le sirvió a su Partido para mantener el poder.

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