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Por Julián Huertas · 13 de Noviembre de 2019

Foto: Presidencia

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Hoy en el Congreso se tomarán dos decisiones importantes: elegirán un magistrado del Consejo Electoral y la plenaria del Senado votará la moción de censura al exministro de Defensa, Guillermo Botero Nieto, a pesar de que ya renunció. Lo más probable es que en los dos casos pierda el Gobierno, lo que dejaría un mensaje de que el Congreso puede seguir golpeando al presidente Iván Duque

Ambas decisiones tienen el sello de la unión de los partidos de La U, Cambio Radical y Liberal, que anunciaron que votarían en contra de Botero y que se aliaron para impulsar a Virgilio Almanza como nuevo magistrado del CNE. 

Si ganan, le quitarían ese espacio a los conservadores, que son gobiernistas y quieren poner magistrada propia, a su exsecretaria general María Mercedes López. 

Además, mostrarían el cambio político que se ha vivido desde fines de agosto del año pasado, cuando los godos se quedaron con esa curul en cabeza del fallecido Heriberto Sanabria gracias al apoyo de los liberales, que le coqueteaban al Gobierno, y a una ruptura entre La U y Cambio.

Si, además, deciden votar la moción contra Botero y ganan quienes querían sacarlo, mostrarán la intención de dejar un mensaje simbólico: Botero ya no es ministro pero quedará claro que las mayorías del Senado querían que se fuera.

Esto es importante porque le enviará el duro mensaje al Gobierno de que si ellos se siguen uniendo, serán el fiel de la balanza en el Congreso.

Ese sería, hasta ahora, el peor escenario para el Presidente en el Congreso, pues aunque nunca ha tenido unas mayorías claras, su estrategia de mantener las bancadas rotas le ha servido para ganar la mayoría de los pulsos duros: incluso al rechazar las objeciones presidenciales a la ley estatutaria de la JEP, la pelea y derrota política más dura del Congreso en lo que va del Gobierno Duque, La U se rompió y Cambio Radical también.

La presión a Duque

Con la renuncia de Botero, todo indicaba que el Senado ya no iba a citar a la moción, “pues eso en política se llama papel quemado”, como nos dijo un funcionario del Congreso. De hecho, cuando Néstor Humberto Martínez renunció a ser ministro de Interior de Andrés Pastrana en el 2000 para evitar una votación inminente en una moción en su contra, las cosas quedaron así.

A pesar de ese antecedente y de que el efecto será solamente simbólico, sí habrá votación esta tarde. Y eso, en sí mismo, es una derrota para Duque.

Pero, además, lo más seguro es que gane la moción; es decir, que así sea una vez fuera de su cargo, Botero sería el primer ministro al que el Congreso eche de su puesto. Eso porque votarían en ese sentido los 22 senadores de la oposición y los 44 que suman liberales, Cambio y La U, con lo que llegarían a 66 votos, cuando la moción funciona si llega a 55 votos.

Detrás de ello está la negativa del presidente de aceptar los llamados a armar una coalición de gobierno más amplia o a hacer un pacto nacional.

En ese sentido, un ministro nos habló fuera de los micrófonos, “ese tal pacto nacional no va a ocurrir porque lo único que quieren los partidos es burocracia o representación, como ellos lo llaman. Se lo digo porque recibo tres o cuatro a la semana y siempre piden cosas”. 

Eso no ha cambiado con la renuncia de Botero.“No me ha llamado ni el portero de Palacio”, nos dijo el director del partido de la U, Aurelio Iragorri, al preguntarle por aproximaciones desde el Gobierno. Supimos de primera mano que tampoco ha buscado al expresidente César Gaviria. 

Entre tanto, Gaviria y el exvicepresidente Germán Vargas están presionando públicamente al Gobierno. 

Por un lado, Gaviria en la entrevista que le hizo Yamid Amat hace una semana, lo retó: “Yo nunca logré que el presidente Duque me dijera en público que yo no le he pedido jamás puestos. Si no lo he hecho nunca, mucho menos ahora me voy a sentar a discutir de puestos. Ese es un tema en el cual todo el tiempo hay rumores de cambios.”, explicó. 

Por el otro, Vargas quiere meterle la mano a la tributaria y anunció en su última columna cuales eran sus puntos de honor. Además creó un comité para controlar a su bancada en el trámite de esa reforma, central para Duque, para que no favorezca al Gobierno sin su consentimiento. 

Todo eso muestra la presión política al Gobierno, que crecerá hoy si todo sale como parece.

Almanza, con el CNE en el bolsillo

A la 2:00 pm está citado a Congreso pleno para decidir, a voto limpio, quién reemplazará a Sanabria. Lo más posible es que el elegido sea Virgilio Almanza, pues necesita la mitad más uno de los votos de los presentes, y de los 280 congresistas, las bancadas de La U, Cambio y liberales suman 134. 

Por eso, para ganar López necesitaría sumar todas las bancadas gobiernistas (Centro Democrático, Colombia Justa Libres, Mira y su partido conservador) y la oposición, una suma sin antecedentes y que es improbable.

Supimos de primera mano que Almanza, quien no contestó a nuestros mensajes al cierre de esta edición, hizo el lobby para llegar al CNE luego de que no fuera escogido para ser Registrador Nacional, aunque estuvo entre los 10 finalistas. 

Para eso tocó la puerta en los tres partidos e Iragorri nos confirmó que Vargas, Gaviria y él, por teléfono, se pusieron de acuerdo para apoyarlo y dejar atrás la división que tuvieron en la elección del año pasado al CNE. 

El anuncio oficial lo hicieron la semana pasada los secretarios de los tres partidos:

Almanza no es nuevo en estas lides, y el año pasado estuvo cerca de llegar al CNE; con el apoyo de la casa Char y del entonces saliente magistrado (hoy Registrador) Alex Vega, podría haber llegado por una alianza entre La U y Cambio Radical.

Pero La U se dividió entre los que apoyaban a Almanza y quienes apoyaban a la ficha de Dilian Francisca Toro, Noralba García, por lo que no hubo acuerdo con Cambio y ambos candidatos se quedaron por fuera. 

Entre tanto, los liberales habían hecho alianza con los conservadores precisamente para poner al difunto Sanabria, un equilibrio que esta vez no se repetirá.

Por eso, un representante conservador nos dijo que lo más posibles es que pierdan y el presidente de la colectividad, Omar Yepes, sencillamente respondió “el partido tiene que ir hasta el final así perdamos, se tiene que dar la pelea”. 

De hecho, los godos dieron ayer patadas de ahogado con una carta de Yepes al presidente del Senado, el liberal Lidio García, en la que argumentan que legalmente se debe respetar el pacto que se hizo en la elección del año pasado:

Con eso, La U, Cambio y los liberales posiblemente se anoten un triunfo más, y la coalición de gobierno se quede solo con 3 de los 9 votos en el CNE.

Además de esa derrota concreta, quedará refrendada la capacidad de las bancadas no gobiernistas del todo de golpear al Gobierno y a sus aliados.

Por ahora no se ve que ese proceso de alejamiento vaya a cambiar: los dos nombramientos ministeriales de Duque de ayer muestran que prefiere hacer enroques y gobernar con quienes lo apoyaron en campaña que entregar representación a otros partidos, y dejó atrás su propuesta de pactos nacionales, en las que el Gobierno y los partidos podrían lograr acuerdos para sacar adelante políticas, que en todo caso nunca concretó.

Por eso, aunque La U, Cambio y los liberales no han armado una alianza permanente, probablemente la dinámica siga. El debate de la tributaria y una posible moción de censura contra el Ministro de Agricultura probablemente sean los próximos rounds.

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