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Por Ever Mejía · 26 de Noviembre de 2020

Foto tomada por Luis Carlos Martínez

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La foto es la misma de hace dos años: la plaza principal del municipio de Uribia, el corazón de la golpeada alta Guajira donde viven 190 mil personas, casi todos indígenas wayuu, prácticamente bajo el agua por las lluvias. 

La tragedia comenzó la semana pasada y hasta ahora deja dos muertos y 757 familias sin hogar, lo que equivale a unos cinco mil damnificados.

La razón principal de la inundación es el desbordamiento de dos arroyos llamados Kutanamana y Chemerrain, que por la erosión no controlan los aguaceros que han estado cayendo.

Lo particular es que en 2018, cuando se presentó la misma situación con un saldo de 12.697 damnificados, se firmó un contrato a dedo por cuatro mil millones de pesos justamente para el control de la inundación y la erosión en los arroyos de Kutanamana y Chemerrain.

 

Mejor dicho, para solucionar el problema de fondo. 

Lo firmó la Alcaldía del municipio bajo la figura de la urgencia manifiesta, que permite este tipo de contratación directa, en ese momento en cabeza del alcalde Luis ‘el Negrito’ Solano Redondo, hijo y representante de la cacica Cielo Redondo, un temido poder que, como hemos contado, ha sido relacionado en La Guajira con la criminalidad que opera en la parte alta del departamento y quien en 2016 fue capturada, estuvo prófuga un tiempo y luego se entregó para ser acusada por concierto para delinquir, peculado por apropiación y falsedad en documento público y privado. 

La ineficiencia local

Durante casi 20 años, Uribia estuvo bajo el poder de la cuestionada Cielo Redondo, quien fue alcaldesa en dos períodos. 

Redondo es investigada por la Fiscalía por supuestas irregularidades en la contratación en su segundo tiempo como alcaldesa (2008-2011). Su poder era tal que, en 2016, fue clave en la elección atípica del gobernador Wilmer González, quien hoy está condenado en primera instancia por las irregularidades cometidas en esa elección y es prófugo de la justicia.

Y aunque el año pasado su grupo perdió la Alcaldía de Uribia con Bonifacio Henriquez (quien había militado en el clan de Redondo), es clave en esta historia porque su hijo, el Negrito Solano Redondo, fue alcalde en el periodo pasado y quien entregó el contrato de los arroyos. 

Solano es recordado en La Guajira porque, en época electoral, apareció en un video entregando mercados en el corregimiento de Nazareth y fue cuestionado por la Misión de Observación Electoral que señaló que el hecho podría constituir una posible compra de votos.

Ya en la Alcaldía, y tras las inundaciones, Solano entregó en diciembre de 2018 la obra de cuatro mil millones de pesos para “el control de inundación y erosión en los arroyos de Kutanamana y Chemerraín” para evitar más desbordamientos. 

Ese contrato no tiene documentos de acta de finalización subidos en la página de contratación Secop, un asunto que es obligatorio por transparencia. 

El exsecretario de Obras Públicas de Uribia y quien firmó el contrato, Frank Castilla, le dijo a La Silla que la obra fue entregada a finales del año pasado. En la Alcaldía no nos contestaron cuando pedimos información oficial.

Para constatar en terreno lo sucedido, contactamos a varios habitantes.

Carlos Romero, vecino del barrio San José, aledaño al arroyo, nos dijo que en su sector sí se hicieron unos muros de contención, pero que éstos no sirvieron porque no evitaron la inundación del barrio. 

Romero y un periodista local que no quiso ser citado agregaron que en varios otros sectores no se hizo la contención.

Buscamos al contratista, quien se llama Ángelo Jiménez Ibarra.

De él pudimos averiguar que ya había sido contratista de la Alcaldía de Uribia en 2012 (con el alcalde del grupo de Cielo, Abel Giacometto) y también recibió contratos de la Corporación Autónoma Regional de La Guajira entre 2013 y 2018.

Un político local nos aseguró que Jiménez es cercano a Juan Carlos González, hermano de Wilmer González, el exgobernador prófugo y aliado de Cielo Redondo.

Al respecto, Jiménez no nos respondió cuando le preguntamos.

Sobre los trabajos sí nos contestó, asegurando que éstos, contrario a lo que nos dijeron un habitante y el periodista local, se hicieron: “Nadie se esperaba las precipitaciones que cayeron. De igual manera, créame que los muros de contención funcionaron a la perfección porque yo monitoreo las obras que hago”.

Y continuó con un detalle técnico: “Lo que pasa es que hay un efecto rebote: cuando el agua llega a la parte final del desagüe del municipio, cuando se encuentran los dos arroyos Kutanamana y Chemerrain, intentan salir por debajo de la vía férrea y la capacidad de desagüe no es óptima. Entonces chocan y se rebotan por el barrio San José que es la parte más baja del casco urbano”, sostuvo. 

El exsecretario de Obras Públicas que entregó el negocio nos dijo que “solo se hicieron los gaviones (cestas rellenas de piedras que sirven de protección) en los puntos más críticos porque no había recursos para más” y que “si esa obra no se hubiera hecho la inundación podría haber sido peor”.

En todo caso, en la propia acta del informe de gestión del alcalde Solano Redondo, basado en las observaciones del Departamento Nacional de Planeación, consta que la obra tuvo varias deficiencias técnicas. Entre ellas, “la discontinuidad geométrica en las secciones hidráulicas conformadas mecánicamente en los taludes de los arroyos Kutanamana y Chemerrain, en relación con los perfiles de los diseños aprobados”. 

Asimismo, el informe también resalta la falta de cumplimiento del proceso constructivo y las especificaciones técnicas para la construcción de los gaviones.

Y hay cuestionamientos al interventor, la Asociación de Trabajadores Independientes (Asotraindal), por las debilidades en el contenido de sus informes pues, entre otras cosas, no incluyen documentos que soporten la calidad de las obras y tampoco presentaron un cronograma de las actividades que se han ejecutado.

El mismo 2018, el presidente Iván Duque fue a Uribia para un taller de su programa ‘Construyendo País’ y se encontró con el pueblo bajo agua. 

Allí Duque se comprometió a atender las necesidades del departamento y de Uribia en materia de salud, educación, seguridad, entre otras áreas; y luego lideró el puesto de mando unificado para atender la emergencia. 

“Una tierra que luce esa manta de grandeza con joyas de misterio, esta es la tierra engalanada que por años fue olvidada y que se yergue grande porque aquí llegó su presidente a expresarle a La Guajira que la quiere”, dijo Duque en ese entonces, parafraseando un vallenato de Hernando Marín. 

Dos años después, Uribia y gran parte de La Guajira padecen la misma tragedia por las lluvias, para la cual se invirtieron cuatro mil millones que, a la luz de las inundaciones, también hicieron agua.

Comentarios (1)

Julián

27 de Noviembre

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Las medidas estructurales de gestión del riesgo se han vuelto un robadero.

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