Rey, el estilista

Tres tiros acabaron con la vida de José Reynaldo González en su casa la noche del primero de enero de este año. Eran alrededor de las 10:30 de la noche cuando el ruido de los disparos que se confundían con la pólvora en Bogotá, alertaron a los vecinos.

Luis, el dueño de la casa, estaba comiendo donde su vecina aún celebrando el trasnochado año nuevo cuando oyó que la alarma de su camioneta blanca se disparó por las explosiones. La camioneta estaba guardada en el garaje. Oyó que alguien golpeó duro la puerta.

“Pense que se habían metido los ladrones”, dice, como para justificar por qué decidió asomarse. La primera puerta roja de metal -la casa tiene tres, una para cada apartamento en arriendo- estaba abierta. Era la de José Reinaldo que vivía allí desde hacía cinco meses y a quien, según Luis, “nunca se le escuchaba una mala palabra y era amigo de todo el barrio aún a sabiendas que era gay”.

Su cuerpo apareció en un reguero de sangre que se colaba por las divisiones de las baldosas del baño. Dos tiros en el estómago y uno en la nuca. Estaba boca abajo, cubierto solo por una toalla a la altura de la cintura. Tembloroso.

Los diez minutos que pasaron entre la llamada al 1,2,3  y la llegada de la ambulancia fueron suficientes. José Reinaldo murió ahí, acompañado por su arrendador y sin ningún testigo de lo que pasó.

***

Hacía menos de un año que Rey, como le decían todos sus conocidos, se había venido a Bogotá a buscar trabajo desde Sahagún, Córdoba. “Ese es el sueño de casi toditos nosotros los que estamos acá (en la costa)”, dice su hermano Jairo Redondo. No comparten el mismo apellido, como tampoco el mismo papá.

Su mamá Lucila Gerónimo González, lo tuvo jóven y casi al mismo tiempo en que se vino a vivir a Bogotá. No pudo llevárselo y por eso lo criaron sus abuelos. Su último viaje a Córdoba dos meses antes de que lo mataran se había programado para ir a visitar a su abuelo que andaba enfermo. Rey lo alcanzó a ver, pero días después murió.

El viaje se lo ayudó a pagar Nelsy, la dueña de la Peluquería Diana´s donde Rey consiguió trabajo por pura suerte. Un día llegó como cliente a hacerse el manicure y el pedicure y preguntó si necesitaban ayuda. “Le dije venga y ensaye y se terminó quedando. Nos gustó”, recuerda Nelsy, una mujer que sobrepasa los 60 años, que mientras habla tiene puesto sobre su cabeza un gorro lleno de huecos por donde brotan mechones aclarados con químico, la especialidad de Rey. De hecho, él mismo se había aclarado su pelo hacía poco, justo antes de las fiestas navideñas.

La víspera del asesinato, Nelsy estuvo con Rey, quien preparó el sancocho con carne asada y yuca. Ella lo adoptó como su hijo a pesar de que Rey tenía 33 años porque como ella llegó a esta ciudad desde la costa, sin conocer a nadie y a arrancar de cero. “No tomaron mucho, sólo dos cervezas” recuerda Nelsy. Pasadas las dos de la mañana, Rey se fue a dormir solo.

Se despertó tarde. Un compañero de la peluquería se lo encontró como a medio día desayunando tamal y cocacola en una panadería del barrio con una pareja de esposos conocidos de Rey. “Ella está barrigona” dice Nelsy, refiriéndose a su embarazo. Rey era el que gastaba: “una dos litros solo para ellos”, dice el peluquero compañero del asesinado que se pegó al grupo.

Pronto pasaron a la cerveza. Los cuatro se fueron primero al bar FBI en la calle 80, un lugar que está reservado para negros, como muchos en Suba, a pesar de que todos ellos eran blancos. Más tarde al Bar Fuccia al lado de Diana’s.

Rey, “borrachísimo”, bailaba con el esposo de “la barrigona”. “Le movía las caderas así”, dice el peluquero alto y de ojos azules, con brackets y trenzas rubias que como una niña coqueta menea la cadera de lado a lado tratando de imitarlo.

“Rey era duro en nuestro ‘gremio”, dice, refieriendose a que en la comunidad gay, a la que pertenecía, no le iba mal a la hora de conquistar parejas.  “Estaba en una rasca... Tomamos todo el día. Él era débil para tomar. La cuñada siempre le escondía el trago”.  

Como a las 7 de la noche, Rey quiso volver a su casa a sólo dos cuadras del bar. Lo acompañó “la barrigona”. Tardaron como unos 20 minutos que parecieron eternos porque su esposo la esperaba impaciente, “celoso”, recuerda el peluquero que intentó tranquilizarlo con un “no demoran, fresco”.

Dos horas después, la rasca derrotó a Rey que se despidió de sus conocidos. Esta vez se fue solo y según el peluquero, la pareja se quedó ahí. “Ella estaba maluca, como jarta, y él, contento”, recuerda.

Cuando Rey se fue, el peluquero se cambió de mesa a donde estaban otros amigos, y no volvió a mirar a la pareja, que al cabo de un rato también salió del bar. Faltando diez para las diez, doña Nelsy lo llamó al celular y le contó que la Policía encontró a Rey muerto, a balazos.

***

Un crimen pasional. Así lo describió la policía que atendió la llamada de Luis. La puerta no estaba forzada, como si José Reinaldo le hubiera abierto la puerta al asesino. Como si lo conociera.

Esa hipótesis no es nueva según supo La Silla. Un policía de alto rango de la Estación de Suba , que prefirió guardar su nombre, explica que los homosexuales son presa fácil de los atracadores. Como es usual que monten negocios exitosos, como peluquerías, ha habido varios casos donde terminan muertos después de un robo. La técnica es enamorarlos para después hacer de las suyas. Sin embargo, según la primera información de prensa que se conoció de este caso, la casa de Rey quedó intacta después del crimen.

Lo único que hacía falta era su celular pero éste apareció al día siguiente. Lo tenía ‘La Barrigona’, la última persona que estuvo con Rey a solas en su casa y que la familia de Rey presume que tuvo que ver con su muerte.

El 2 de enero, a las 8 de la noche, Lucila Gerónimo se montó en un bus desde Sahagún hasta la capital para recoger el cuerpo de su hijo. “No traía sino lo de los pasajes”, dice Nelsy que fue a recogerla al terminal al día siguiente.  

Medicina Legal demoró la entrega un día más mientras se recogían los documentos del trámite. Sólo hasta el 7 de enero pudieron enterrarlo otra vez en su pueblo.  

Desde Sahagún, la familia Redondo Gerónimo ha tratado varias veces de averiguar en qué va la investigación por la muerte de Rey. Sin éxito.

En la Fiscalía del pueblo sólo les dieron un teléfono en Córdoba, el número de radicado del caso -lo que implica que al menos ya hay una investigación abierta- y el dato del fiscal que la está llevando: el 237 de la URI de Usaquén en Bogotá.

“Nosotros no tenemos facilidad económica para ir a Bogotá y nos dijeron que si queremos saber algo tenemos que estar allá porque allá ocurrieron los hechos. Yo mandé un correo al programa Séptimo Día de Caracol para que nos colaboraran pero parece que no llegó o no me han respondido”, dice uno de los seis hermanos de Rey.

IN MEMORIAM
LA SUBA OSCURA

Cada vez que ocurra un asesinato en la localidad, este se ubicará en el mapa.

Si quiere enviar su mensaje de condolencia a la familia de algunas de las víctimas o sumar su nombre a quienes creen que nada justifica un asesinato en nuestro país, incluya su mensaje en la caja. Una vez sea aprobado aparecerá en este mismo espacio.

Para: La vida

Que inconcebible puede parecernos la muerte, pero a la vez como somos tan indiferentes e indolentes. Nuestros muertos, hijos de madres, como todos, hermanos de sangre o hermanos de barrio, de colegio, del parque, sin nombres y apellidos, el hijo de un vecino, el del amigo, el de la muchacha, el que no conozco. De ellos resulta la prueba mas cruda y sincera de nuestra sociedad; la prueba de nuestra misma conciencia, del olvido al que sometemos a nuestra triste prueba de la decadencia que convive casi como una historia eterna, de dejar a nuestros vivos y muertos enterrados en la memoria. Acá cabemos todos; cabemos a los que nos duele, a los que no nos duele, a los que nos hacemos que nos duele, mientras el televisor nos presenta otra noticia. Cabe un "gobierno" indiferente a sus muertos, que cada calle sepulta. cabe nuestra indiferencia que pide a gritos la justicia de "Nuestros" muertos, pero dejamos que lloren otros, a los que no conocemos, que nuestra voz, nuestras palabras se pierdan en el eco infinito del silencio.

Aun nos falta que en verdad nos duela, porque el día en que quizá sintamos el dolor, de sensación, del no poder, no creer; quizá ese día comprenderemos que nunca debimos enterrar a nuestros muertos.

luisa

Para: la revista

El fenómeno de la inseguridad especialmente en las grandes ciudades obedece a la ineficacia de la justicia formalmente, pero a la misma estructura económica desigual que rompe la solidaridad humana y convierte al ser humano en enemigo de si mismo

ulises

Para: la familia de paul esteban bernal parra

para toda la familia de santa muy dolorosa la muerte de paul no entiendo como murio asi si el no era problemático, si alguien de la familia me pudiera mandar un video de el les agradecería pues me quede sin ningun recuerdo de el

israel riveros

Para: la familia

"Una mujer alegre, sin problemas ni enemigos". Seguramente, así es como ella quería ser recordada. Gracias a La Silla por no borrar la humanidad de las víctimas de crímenes de odio. Y por recordar que es con h al final.

Isabel

Para: familiares de victimas

Nada justifica el arrebatarle la vida a un ser humano, Dios en grande misericordioso, que perdone a los victimarios y que acoja a las victimas, entendamos que el perdón es el camino de la salvación y de la paz.

Orlando Diaz

Para: lucina mejia y hermanos de orangel

mucha fuerza para superar esta dalta que nos hace orangel pero solo dios sabe lo que sucedio y el jusgara.

BRINNER RODTIGUEZ

Para: Para quienes aun estamos vivos.

Mas que firmar la Paz se debe educar y desarmar los espíritus, en este país el día mas violento es en la fiesta de la madre. Quieren mas pruebas?

Alberto

Para: Alejandro y Diego

¡Dios que historia tan triste!
Todo el pueblo velando a uno de los suyos, no a cualquiera, a uno muy especial. Un joven ser humano que toco mucho corazones... Diego qué dolor contaminarse de rabia, impunidad y dolor y actuar contra un inocente y vivir con eso...Paz en tu tumba Alejandro, paz en tu alma Diego, que te puedas perdonar...

Jeannette Rubiano

Para: Fiscalia y Jueces

No habría tantos crímenes sin Juzgar si en la fiscalía y los jueces no existiera corrupción, se entregaran más a la investigación a resolverlos y no dejarlos en libertad o darles casa por cárcel

Luis Vargas

Para: la familia de Alexander y la de Diego

Siento mucho que esto haya pasado. Si funcionara el 1,2,3 seguro que se hubiera evitado. Qué tristeza.

antonia perez

Para: Fiscalía y jueces

Este caso demuestra la abulia de la Fiscalía, la cual sólo presta especial interés si hay un impacto mediático relevante (aunque sus pruebas terminen seriamente cuestionadas ante cualquier tribunal).
Tal parece que será deber de los familiares recopilar pruebas y testimonios a fin de que este asesinato no quede impune.
Triste ver cómo la impunidad en Colombia está liderada por la pereza de tanto funcionario, quienes sólo se limitan a no complicarse ("enchicharronarse" creo que le llaman).

Yair Vera

Para: Maicol Alejandro Sarmiento

A pesar de que somos efímeros, nada justifica atentar contra la vida.

Gilberto Betancourt

Para: FAMILIA SANDRA

Lamentando mucho la pérdida d esta gran mujer y madre. Ojalá haya justicia. Yo también fui maltratada y sé lo q significa. Mi solidario abrazo Lo siento en el alma.

LEYLA

Para: Sandra Patricia

Mi solidaridad para la familia de Sandra, especialamente para el pequeño.
Nada podrá enmendar el crecer sin su madre.
Pensar en la labor de ser Madre, en criar seres de paz y tolerancia.

Milena Parra

Para: los familiares de las victimas

Un vacio que dejan, la violencia que se los llevo. Quedamos nosotros para escribir un nuevo capitulo. La vida es sagrada, NADA NADA justifica sus muertes. Un abrazo lleno de esperanza.

jennifer

Para: Familia de Sandra Q.E.P.D.

Acompañándolos de corazón por tan terrible tragedia de perder un ser querido. Que todo el peso de la ley recaiga contra el asesino Jorge Bernal. Un abrazo.

Maurico Mosquera

Para: familiares y amigos

No hay Justificaciónn alguna para poner fin a una vida ante. Dios todos somos iguales,algo que no henos podido entender, si no entendemos esto no entenderemos los valores de la vida.
un abrazo solidario

Edgar

Para: Sandra Rodríguez

soy vecina, me da mucha tristeza por lo que le sucedió a la
señora sandra,des afortunadamente no eta va en la casa , cuando ocurrieron
los hechos.Dios proteja a los niños que siempre los llevo en mi corazón.a
ese señor que le caiga el todo el peso de la ley, que este caso no sea los
que se archiven, o que quede en la impunidad

gloria naizaque

Para: Familiares de Sandra

que dolor tan grande que sigan pasando estas cosas, espero Dios les de fuerza y paciencia en su dolor y a ese demente asesino le den la pena máxima y sin beneficios por favor cuiden el bebé y saquen el perrito de la terraza el era parte de la familia u merece proteccion

Mireya soto

Para: Los familiares de Sandra

No los conozco, xo desde mi corazón reciban mis palabras de cariño y solidaridad en estos momentos de dolor, x favor rodeen a ese bebe q perdió a su madre.

Un abrazo,

Astrid

Astrid Salamanca Rahin

Para: la familia de Sandra.

Siendo hombre siento una profunda pena, por este tipo de hechos.

Edward

Para: Todos

Lo siento

Daniel

Para: La familia de Sandra Rodríguez

Los acompaño en su dolor. Es una tragedia para la familia, para el niño. Increíble el daño que se puede causar por sentirse dueño absoluto de la pareja.

CECILIA

Para: Todos

Nada, nada, nada justifica algo así. no entiendo en qué país vivimos. Lo siento por todos los que tienen que soportar actos como estos.

Angélica

Para: la familia de Nelson

Siento mucho que haya pasado esto. No puedo creer que por pinches 500 mil pesos maten una persona valiosa.

magaly

Para: Todos

Mi mas sentido pésame por su perdida

alber

Para: Todos

Los conocí a todos a través de estas historias. Muy triste. Ninguno merecía morir así.

Daniel

Para: Jose Rafael Contreras

De verdad siento mucho la muerte de este hombre trabajador. Que absurdo que lo mataran asi por robarlo.

Miguel

Para: Todos

Lo siento mucho

lorena