Muchacho no salgas

Las mesas del bar, atestadas de botellas, forman un laberinto por el que los borrachos van dando tumbos en su camino hacia el ‘baño de caballeros’, un cuarto oscuro, contrahecho. Andrés Caicedo Angulo ?25 años?, acompañado de un hombre y una mujer, bebe donde El Calidoso desde la noche anterior. Es la mañana del año nuevo, día de fiesta en el calendario, y por tanto día de trabajo para los cantineros del “lejano oeste bogotano”, como le dice un policía a los barrios de Suba más allá de La Gaitana.

En el baño las puertas abren con dificultad. Una vez adentro, el ocupante debe dar la espalda y, si es alto, inclinar la cabeza hacia el orinal. Al darse vuelta, bajo el techo falso que forman las escaleras en ese rincón del bar, un testigo ve salir a Caicedo con sus acompañantes. Hay quien dice que uno de los tres salió del bar con el cuchillo entre sus ropas. Y hay quien dice que el arma llegó después, pasando de mano en mano, veloz, y terminó escondida en la blusa de la mujer.

En el barrio Santa Rita (Suba), tierra fértil para las cantinas de garaje, se amontonan casas hechas a pulso sobre calles destapadas, sin andenes, sin árboles. Solo hay postes. Postes que llevan electricidad a las casas, postes que alumbran la principal y sirven de cartelera a los negocios del barrio. Postes donde a veces van a morir los hombres antes de tiempo.

Andrés Caicedo y la pareja con la que departe, no sé sabe bien por qué, discuten afuera del bar un par de minutos. Algún transeúnte creyó entender que peleaban por un teléfono celular y así lo contó al día siguiente Qhubo, el periódico rojo más leído de la ciudad.

“Ese moreno [Caicedo] se le trepaba al otro, lo agarraba, qué no le hacía”, recuerda un testigo. Se calman, vuelven a entrar al bar. En cuestión de segundos empieza de nuevo la pelea: Caicedo esquiva cuatro o cinco enviones. “Era una pala de cuchillo, el man todos se los chupó, ni lo alcanzó a tocar; después se enfriaron, Caicedo se sentó y el hombre y la mujer salieron del bar”, cuenta otro testigo.

En la casa de tres pisos donde funciona el bar, una rockola de negros, o de ‘morenos’ como les dicen en la zona, hay también un expendio de lotería, unas cabinas telefónicas y una iglesia cristiana.

Santa Rita y los barrios aledaños, cercados por los ríos Bogotá y Juan Amarillo, son puertos de busetas y colectivos. A la zona llegan numerosas rutas de buses que transportan a los habitantes de los barrios hacia sus trabajos en el Norte o en el Centro. Por eso abundan los negocios en los garajes, en las salas de las casas, locales improvisados para atender la demanda de talleres, restaurantes, peluquerías.

Andrés Caicedo había estado en prisión. Fue condenado a poco más de cuatro años por hurto agravado, y en el barrio dicen que entraba y salía de la cárcel todo el tiempo. No es un hombre que no sepa de la calle ni de la vida cuando es dura y, aun así, borracho, envalentonado, sale a buscar a sus amigos, a seguir la pelea.

Tres o cuatro minutos después regresa al bar sangrando. Uno de los presentes revisa la herida del pecho por entre la camisa ?tiene dos más, según recuerda un tercer testigo, en el brazo izquierdo y en la espalda?. Por temor quizá, lo sacan del lugar, cierran las puertas y lo dejan tirado en la calle, recostado contra un poste, muriéndose.

Del momento preciso en que lo apuñalan no hay testigos. Un vecino recuerda haberlo visto tambaleándose, aunque no era claro si por las heridas o por la borrachera: “de la jartera que tenía ni se dio cuenta [de que lo apuñalaron]”, dice.

Alguien llama a la Policía, que llega 25, 30 minutos después. Lo suben al platón de la patrulla, una pick up de doble cabina, pero cuando ya se van con él la gente empieza a gritar que ahí viene la ambulancia, que esperen.

El paramédico le toca el cuello, las muñecas, y constata que ha muerto. Lo dejan de nuevo en la calle, recostado contra el mismo poste, para que venga la Fiscalía a hacer el levantamiento del cadáver.

Andrés Caicedo Angulo era conocido en el barrio y aun así nadie parece saber dónde vivía ni de dónde era. (De Cali, dijo un vecino sin mucha convicción). Mientras agonizaba, ninguno de los presentes lo auxilió, ni llegó a abrazarlo ni a llorarlo ni a nada más que a mirar mientras llegaba la ambulancia.

“El man botaba sangre y de una vez caía en la alcantarilla. En un momento suspiró, y quedó ahí con los ojos abiertos”, recuerda un testigo.

“¿No pararon un taxi?”, “Nada”, ¿Ni cubrieron las heridas, un torniquete, algo?, “No, hermano, como uno en Colombia es tan intolerante, se pone a ayudar y sale crucificado: llega un familiar o alguien y cree que uno fue y también le clava su puñalada”.

 

IN MEMORIAM
LA SUBA OSCURA

Cada vez que ocurra un asesinato en la localidad, este se ubicará en el mapa.

Si quiere enviar su mensaje de condolencia a la familia de algunas de las víctimas o sumar su nombre a quienes creen que nada justifica un asesinato en nuestro país, incluya su mensaje en la caja. Una vez sea aprobado aparecerá en este mismo espacio.

Para: La vida

Que inconcebible puede parecernos la muerte, pero a la vez como somos tan indiferentes e indolentes. Nuestros muertos, hijos de madres, como todos, hermanos de sangre o hermanos de barrio, de colegio, del parque, sin nombres y apellidos, el hijo de un vecino, el del amigo, el de la muchacha, el que no conozco. De ellos resulta la prueba mas cruda y sincera de nuestra sociedad; la prueba de nuestra misma conciencia, del olvido al que sometemos a nuestra triste prueba de la decadencia que convive casi como una historia eterna, de dejar a nuestros vivos y muertos enterrados en la memoria. Acá cabemos todos; cabemos a los que nos duele, a los que no nos duele, a los que nos hacemos que nos duele, mientras el televisor nos presenta otra noticia. Cabe un "gobierno" indiferente a sus muertos, que cada calle sepulta. cabe nuestra indiferencia que pide a gritos la justicia de "Nuestros" muertos, pero dejamos que lloren otros, a los que no conocemos, que nuestra voz, nuestras palabras se pierdan en el eco infinito del silencio.

Aun nos falta que en verdad nos duela, porque el día en que quizá sintamos el dolor, de sensación, del no poder, no creer; quizá ese día comprenderemos que nunca debimos enterrar a nuestros muertos.

luisa

Para: la revista

El fenómeno de la inseguridad especialmente en las grandes ciudades obedece a la ineficacia de la justicia formalmente, pero a la misma estructura económica desigual que rompe la solidaridad humana y convierte al ser humano en enemigo de si mismo

ulises

Para: la familia de paul esteban bernal parra

para toda la familia de santa muy dolorosa la muerte de paul no entiendo como murio asi si el no era problemático, si alguien de la familia me pudiera mandar un video de el les agradecería pues me quede sin ningun recuerdo de el

israel riveros

Para: la familia

"Una mujer alegre, sin problemas ni enemigos". Seguramente, así es como ella quería ser recordada. Gracias a La Silla por no borrar la humanidad de las víctimas de crímenes de odio. Y por recordar que es con h al final.

Isabel

Para: familiares de victimas

Nada justifica el arrebatarle la vida a un ser humano, Dios en grande misericordioso, que perdone a los victimarios y que acoja a las victimas, entendamos que el perdón es el camino de la salvación y de la paz.

Orlando Diaz

Para: lucina mejia y hermanos de orangel

mucha fuerza para superar esta dalta que nos hace orangel pero solo dios sabe lo que sucedio y el jusgara.

BRINNER RODTIGUEZ

Para: Para quienes aun estamos vivos.

Mas que firmar la Paz se debe educar y desarmar los espíritus, en este país el día mas violento es en la fiesta de la madre. Quieren mas pruebas?

Alberto

Para: Alejandro y Diego

¡Dios que historia tan triste!
Todo el pueblo velando a uno de los suyos, no a cualquiera, a uno muy especial. Un joven ser humano que toco mucho corazones... Diego qué dolor contaminarse de rabia, impunidad y dolor y actuar contra un inocente y vivir con eso...Paz en tu tumba Alejandro, paz en tu alma Diego, que te puedas perdonar...

Jeannette Rubiano

Para: Fiscalia y Jueces

No habría tantos crímenes sin Juzgar si en la fiscalía y los jueces no existiera corrupción, se entregaran más a la investigación a resolverlos y no dejarlos en libertad o darles casa por cárcel

Luis Vargas

Para: la familia de Alexander y la de Diego

Siento mucho que esto haya pasado. Si funcionara el 1,2,3 seguro que se hubiera evitado. Qué tristeza.

antonia perez

Para: Fiscalía y jueces

Este caso demuestra la abulia de la Fiscalía, la cual sólo presta especial interés si hay un impacto mediático relevante (aunque sus pruebas terminen seriamente cuestionadas ante cualquier tribunal).
Tal parece que será deber de los familiares recopilar pruebas y testimonios a fin de que este asesinato no quede impune.
Triste ver cómo la impunidad en Colombia está liderada por la pereza de tanto funcionario, quienes sólo se limitan a no complicarse ("enchicharronarse" creo que le llaman).

Yair Vera

Para: Maicol Alejandro Sarmiento

A pesar de que somos efímeros, nada justifica atentar contra la vida.

Gilberto Betancourt

Para: FAMILIA SANDRA

Lamentando mucho la pérdida d esta gran mujer y madre. Ojalá haya justicia. Yo también fui maltratada y sé lo q significa. Mi solidario abrazo Lo siento en el alma.

LEYLA

Para: Sandra Patricia

Mi solidaridad para la familia de Sandra, especialamente para el pequeño.
Nada podrá enmendar el crecer sin su madre.
Pensar en la labor de ser Madre, en criar seres de paz y tolerancia.

Milena Parra

Para: los familiares de las victimas

Un vacio que dejan, la violencia que se los llevo. Quedamos nosotros para escribir un nuevo capitulo. La vida es sagrada, NADA NADA justifica sus muertes. Un abrazo lleno de esperanza.

jennifer

Para: Familia de Sandra Q.E.P.D.

Acompañándolos de corazón por tan terrible tragedia de perder un ser querido. Que todo el peso de la ley recaiga contra el asesino Jorge Bernal. Un abrazo.

Maurico Mosquera

Para: familiares y amigos

No hay Justificaciónn alguna para poner fin a una vida ante. Dios todos somos iguales,algo que no henos podido entender, si no entendemos esto no entenderemos los valores de la vida.
un abrazo solidario

Edgar

Para: Sandra Rodríguez

soy vecina, me da mucha tristeza por lo que le sucedió a la
señora sandra,des afortunadamente no eta va en la casa , cuando ocurrieron
los hechos.Dios proteja a los niños que siempre los llevo en mi corazón.a
ese señor que le caiga el todo el peso de la ley, que este caso no sea los
que se archiven, o que quede en la impunidad

gloria naizaque

Para: Familiares de Sandra

que dolor tan grande que sigan pasando estas cosas, espero Dios les de fuerza y paciencia en su dolor y a ese demente asesino le den la pena máxima y sin beneficios por favor cuiden el bebé y saquen el perrito de la terraza el era parte de la familia u merece proteccion

Mireya soto

Para: Los familiares de Sandra

No los conozco, xo desde mi corazón reciban mis palabras de cariño y solidaridad en estos momentos de dolor, x favor rodeen a ese bebe q perdió a su madre.

Un abrazo,

Astrid

Astrid Salamanca Rahin

Para: la familia de Sandra.

Siendo hombre siento una profunda pena, por este tipo de hechos.

Edward

Para: Todos

Lo siento

Daniel

Para: La familia de Sandra Rodríguez

Los acompaño en su dolor. Es una tragedia para la familia, para el niño. Increíble el daño que se puede causar por sentirse dueño absoluto de la pareja.

CECILIA

Para: Todos

Nada, nada, nada justifica algo así. no entiendo en qué país vivimos. Lo siento por todos los que tienen que soportar actos como estos.

Angélica

Para: la familia de Nelson

Siento mucho que haya pasado esto. No puedo creer que por pinches 500 mil pesos maten una persona valiosa.

magaly

Para: Todos

Mi mas sentido pésame por su perdida

alber

Para: Todos

Los conocí a todos a través de estas historias. Muy triste. Ninguno merecía morir así.

Daniel

Para: Jose Rafael Contreras

De verdad siento mucho la muerte de este hombre trabajador. Que absurdo que lo mataran asi por robarlo.

Miguel

Para: Todos

Lo siento mucho

lorena