TIEMPO DEL
CASO

Jesús David Noriega Mendoza

2016
03              
02              
01              
2015
12              
11              
10              
09            
1

Audiencia de individualización de la pena

El juzgado condena a Jesús David Noriega Mendoza a 156 meses de prisión por homicidio simple. No procede la suspensión de la ejecución de la pena ni la prisión domiciliaria solicitadas por la defensa y, en consecuencia, se ordena la reclusión del condenado.

08          
10

Audiencia de verificación de allanamiento de cargos

La juez aprueba el allanamiento y anuncia el sentido del fallo: condenatorio.

 
07        
16

Audiencia de formulación de acusación

La fiscalía presenta escrito de acusación por homicidio agravado; el imputado acepta los cargos.

   
06              
05              
04
5

Legalización de captura

La juez declaró legal la captura.

5

Imputación de cargos

La fiscalía imputó cargos por homicidio agravado, que el imputado aceptó.

5

Medida de aseguramiento

La juez libra boleta de detención.

       
03              
02              
01              

Jesús David Noriega Mendoza

Jesús David Noriega Mendoza parece hacer un esfuerzo por ocupar el menor espacio posible; se ve encorvado en su silla, las manos cruzadas sobre las piernas, ocultas bajo la mesa. No para de mecerse, cruza las piernas, las estira, las vuelve a cruzar, levanta la mirada y enseguida la clava en el suelo. Los agentes del INPEC que lo custodian descansan recostados contra la pared a su izquierda. A la derecha tiene a su abogado, el defensor de su derecho a la presunción de inocencia, la misma que murió cuando aceptó los cargos en la primera audiencia. Este es el día de la sentencia.

El cuatro de abril del 2015, Noriega asesinó a Harold de Jesús Ealo Bustos. El origen de su furia fue una cuota de mil pesos que faltaba para comprar la siguiente botella de aguardiente de esa noche de sábado. No se sabe si Harold puso la plata o no. Sea como sea, su victimario le abrió el pecho con tres puñaladas. La policía capturó a Jesús David o, lo que es lo mismo, lo salvó de ser linchado por la concurrencia.

En la sala de audiencias es a la Fiscal a quien le corresponde identificar al acusado. Lo hace a modo de lista, la voz un tanto apagada tras el tapabocas blanco que le cubre la boca. Noriega nació en San Pedro, Sucre, el 25 de diciembre de 1984. Estudió hasta noveno y se fue a vivir a Bogotá donde se dedicó a “oficios varios”. Vivía en unión libre con Leidy Marcela Vaca Perilla. Ahora vive recluido en la Cárcel Modelo.

Para la descripción física del imputado, la fiscal confía en las notas que tiene desparramadas en la mesa. Sin mirar a Noriega lo caracteriza como un hombre de piel trigueña, contextura delgada y metro 77 de estatura. Otro observador podría añador que tiene un lunar negro sobre el labio superior, orejas prominentes y una calvicie incipiente. Tal vez notaría también que esa piel que la fiscal describe como color trigo se ve más bien pálida durante la audiencia.

“Con respecto a la pena, Su Señoría, esta delegada la deja a su consideración y quiere solicitar, de manera respetuosa, que no se le conceda ningún beneficio habida cuenta de que no se reúnen las condiciones”, termina la Fiscal y le devuelve la palabra al juez. Este, a su vez, se la da al defensor de Noriega. La intervención del abogado dura exactamente 35 segundos y se resume en una de sus escasas oraciones: “lo de la pena, pues, lo dejo a su resorte, dado que en últimas es el que está facultado para tasar la misma”. Junto a él se ve a Jesús. Los cuadros morados, blancos y negros de su camisa se mueven con su pecho agitado.

Al terminar, el abogado le explica con esfero y papel algo al imputado. Parece que Jesús entiende porque, concluida la explicación, cruza los brazos sobre la mesa y clava la cabeza en ellos. El juez continúa la audiencia con la descripción minuciosa de la noche del asesinato y concluye que “sin lugar a dudas se declara a Jesús David Noriega Mendoza responsable y ello surge de manera diáfana e indubitable”.

Tasa la pena en 156 meses, 13 años, poco menos de la mitad de los que el condenado lleva vivo. “Sin recurso”, responde Noriega ante la pegunta del juez de si pretende apelar a la decisión. Se cubre la cara con las manos, la espalda encorvada, los codos sobre la mesa. El juez levanta la sesión, el abogado le da la mano al condenado y el agente del INPEC le indica que se ponga de pie para esposarlo.