Péker

I

La puerta entreabierta, uno sentado en el sofá junto a la entrada, su amigo parado al lado. Ambos se resguardan del sol de mediodía en la sala fresca, un tanto oscura, de la casa anaranjada. Visten ropas anchas y cachuchas de viseras grandes y planas: la moda del hip hop gringo en las profundidades de Suba.

—¿Carlos Andrés? Yo no sé, es que de manes que hayan matado, ufff, le podemos hablar del Cubio, el Richard, Carlitos… —dice el que está sentado, su mirada perdida en algún punto de la calle.

En esa cuadra del barrio Miramar, preguntando por un Carlos, se llega a dos asesinatos.

—No, es que el que era estilista es Carlitos. A ese lo mataron hace poquito por atracarlo, dice el que está de pie.

Añade que no sabe dónde vive la familia. Quién sabe si le sorprendería enterarse de que vive en una casa azul que se ve desde el sofá en el que está sentado. Pero la historia de Carlitos ya se escribió. Es la de Péker la que falta. A él no lo mataron por atracarlo. Los atacantes no iban por un par de tenis, iban por una persona. Más de siete jalones le dieron al gatillo.

—Al otro, a Péker, lo conocíamos del parque. Jugaba micro. Pero sólo lo distinguíamos de saludo. Era buena gente. En el parque le cuentan más —dice el de gorra. Cuenta las cuadras y describe el camino que hay que seguir para llegar al lugar—. ¿Qué más recuerdo de él? Era un man sano. Nunca lo vi en malos pasos. Me acuerdo que nos dijo que estaba buscando camello. Él había trabajado en un taller de ornamentación.

 

II

No hay un solo niño en el parque. La cancha de micro no es ningún estadio pero tiene una especie de tribuna: además de las bancas de madera que flanquean un costado, los tres restantes están rodeados de fachadas de casas, una tienda, un café internet. Las únicas personas que se ven cerca son dos trabajadores del taller de ornamentación que queda justo al lado de uno de los arcos. Según el muchacho de cachucha, en un taller como esos trabajó Peker. La coincidencia es enorme. No hay ninguna, en realidad, explica uno de los trabajadores desde una de las bancas de madera. Hay muchos talleres en Suba y en ese no fue donde trabajó Péker. El hombre — calva al sol, bigote de escoba, panza apretada contra la cremallera entreabierta del overol azul — recuerda al muchacho.

—En este parque lo mataron. Llegaron unos tipos y empezaron a disparar.

Confirma el rumor de la bicicleta. Dicen en el barrio que los gatilleros iban detrás de otra persona. Para encontrarla tenían como referencia su bicicleta y cuando llegaron al parque la vieron en manos de Péker.

El hombre dice que esa noche, más o menos a las diez, había jugadores en la cancha y mucha gente alrededor. Todos salieron en desbandada cuando oyeron los tiros. Péker recibió siete. Falleció pocos minutos más tarde. Otros dos muchachos fueron alcanzados por las balas pero sobrevivieron, según el periódico que cubrió el caso.

—Dicen que ningún muerto es malo —dice el ornamentador, y se pone de pie—. Pero este sí era un pelao sano. Imagínese, que fuera un marihuanero o algo así; pero nada. Al entierro fue una galladota. El parque estaba solo ese día.

Dice que el papá de Péker vende helados en un colegio cercano. Agrega que vive en un conjunto residencial a un par de cuadras. Lo primero resulta ser falso. El heladero será otro papá, tal vez de otro muerto. Lo segundo sí es cierto. El hombre del overol ya no tiene nada que agregar sobre el crimen. Se despide y se reúne con su compañero en torno a una puerta que hay que terminar de pintar de blanco.

 

III

La puerta es blanca, negro el número. La casa queda en una de las esquinas del conjunto, tres bloques de viviendas separadas entre sí por unas callejuelas y del resto de Suba por una malla coronada con un espiral de púas.

Es común en Suba que el resultado de llamar a la puerta sea una cabeza asomada por una de las ventanas de los pisos superiores. La que sale por esta se parece mucho a la de Péker, algo a la de su padre. Ambos rostros salieron en el periódico: el del hijo, serio, encorbatado, como posando para la foto de la cédula; el del padre, desorbitado, los ojos cargados de lágrimas.

En el primer piso, sentado en el comedor, Milton Rojas habla de su hermano. No elabora demasiado, dice lo justo para responder a las preguntas y, a medida que estas se acumulan, su semblante se empieza a parecer más al del padre.

La última vez que conversó con Péker fue el 17 de octubre, el mismo día que lo mataron. Ese sábado estuvieron en la misa de un mes de fallecido del bebé de Milton. A eso de las nueve y media Péker se fue para el parque a ver el partido de micro.

—Ha sido demasiado. Apenas lo estamos entendiendo. Pero tengo que ser fuerte por mis papás —dice y mira por la ventana—. Mi mamá ha sido muy fuerte. A mi papá lo veo más maluco. Está bastante decaído.

Por momentos le tiembla la voz. Cuenta que tenía una relación muy cercana con su hermano, dice que era su confidente. Describe con certeza lo que en el resto de las personas eran impresiones:

—Él era respetuoso con todos, muy risueño, muy cariñoso con nosotros, muy amigo de la gente del barrio. A todo el mundo lo saludaba y lo trataba bien.

Con Milton, Péker deja de ser solo fútbol. Tenía 22 años y era novio de Laura hace siete. Estaba buscando trabajo en varias temporales. De dos llamaron con ofertas una semana después del entierro. Había llegado hace un par de años de prestar servicio militar en el Ejército. Nada que ver el camuflado con sus ropas anchas, su amor por el hip-hop y el graffiti. Milton saca un cuadernillo de discos del cajón de un mueble del comedor.

—Esta era la biblia de mi hermano.

Entre los discos están Los Nández, Asilo 38 y otros grupos de rap que se han convertido en las voces de algunos jóvenes de estos barrios. Sus canciones convierten en música las historias de violencia y drogas que muchachos como Péker crecen a diario. 

—¿Por qué Péker? Hubo un tiempo que no quería crecer y de cariño le decían así. Después le siguieron diciendo así cuando cantaba Hip Hop. Ese era el diminutivo en el canto y como todos lo conocían”.

Respuestas hay pocas. La versión sobre la bicicleta y especulaciones de que el crimen fue obra de pandilleros es todo lo que los Rojas tienen para darle sentido a la muerte de Carlos Andrés. En la nota del periódico se afirma que dos personas fueron capturadas. En la base de datos de Paloquemao no aparece el expediente. Péker se pierde entre los asesinados de Suba y sus victimarios entre las conjeturas y los rumores.

 
IN MEMORIAM
LA SUBA OSCURA

Cada vez que ocurra un asesinato en la localidad, este se ubicará en el mapa.

Si quiere enviar su mensaje de condolencia a la familia de algunas de las víctimas o sumar su nombre a quienes creen que nada justifica un asesinato en nuestro país, incluya su mensaje en la caja. Una vez sea aprobado aparecerá en este mismo espacio.

Para: La vida

Que inconcebible puede parecernos la muerte, pero a la vez como somos tan indiferentes e indolentes. Nuestros muertos, hijos de madres, como todos, hermanos de sangre o hermanos de barrio, de colegio, del parque, sin nombres y apellidos, el hijo de un vecino, el del amigo, el de la muchacha, el que no conozco. De ellos resulta la prueba mas cruda y sincera de nuestra sociedad; la prueba de nuestra misma conciencia, del olvido al que sometemos a nuestra triste prueba de la decadencia que convive casi como una historia eterna, de dejar a nuestros vivos y muertos enterrados en la memoria. Acá cabemos todos; cabemos a los que nos duele, a los que no nos duele, a los que nos hacemos que nos duele, mientras el televisor nos presenta otra noticia. Cabe un "gobierno" indiferente a sus muertos, que cada calle sepulta. cabe nuestra indiferencia que pide a gritos la justicia de "Nuestros" muertos, pero dejamos que lloren otros, a los que no conocemos, que nuestra voz, nuestras palabras se pierdan en el eco infinito del silencio.

Aun nos falta que en verdad nos duela, porque el día en que quizá sintamos el dolor, de sensación, del no poder, no creer; quizá ese día comprenderemos que nunca debimos enterrar a nuestros muertos.

luisa

Para: la revista

El fenómeno de la inseguridad especialmente en las grandes ciudades obedece a la ineficacia de la justicia formalmente, pero a la misma estructura económica desigual que rompe la solidaridad humana y convierte al ser humano en enemigo de si mismo

ulises

Para: la familia de paul esteban bernal parra

para toda la familia de santa muy dolorosa la muerte de paul no entiendo como murio asi si el no era problemático, si alguien de la familia me pudiera mandar un video de el les agradecería pues me quede sin ningun recuerdo de el

israel riveros

Para: la familia

"Una mujer alegre, sin problemas ni enemigos". Seguramente, así es como ella quería ser recordada. Gracias a La Silla por no borrar la humanidad de las víctimas de crímenes de odio. Y por recordar que es con h al final.

Isabel

Para: familiares de victimas

Nada justifica el arrebatarle la vida a un ser humano, Dios en grande misericordioso, que perdone a los victimarios y que acoja a las victimas, entendamos que el perdón es el camino de la salvación y de la paz.

Orlando Diaz

Para: lucina mejia y hermanos de orangel

mucha fuerza para superar esta dalta que nos hace orangel pero solo dios sabe lo que sucedio y el jusgara.

BRINNER RODTIGUEZ

Para: Para quienes aun estamos vivos.

Mas que firmar la Paz se debe educar y desarmar los espíritus, en este país el día mas violento es en la fiesta de la madre. Quieren mas pruebas?

Alberto

Para: Alejandro y Diego

¡Dios que historia tan triste!
Todo el pueblo velando a uno de los suyos, no a cualquiera, a uno muy especial. Un joven ser humano que toco mucho corazones... Diego qué dolor contaminarse de rabia, impunidad y dolor y actuar contra un inocente y vivir con eso...Paz en tu tumba Alejandro, paz en tu alma Diego, que te puedas perdonar...

Jeannette Rubiano

Para: Fiscalia y Jueces

No habría tantos crímenes sin Juzgar si en la fiscalía y los jueces no existiera corrupción, se entregaran más a la investigación a resolverlos y no dejarlos en libertad o darles casa por cárcel

Luis Vargas

Para: la familia de Alexander y la de Diego

Siento mucho que esto haya pasado. Si funcionara el 1,2,3 seguro que se hubiera evitado. Qué tristeza.

antonia perez

Para: Fiscalía y jueces

Este caso demuestra la abulia de la Fiscalía, la cual sólo presta especial interés si hay un impacto mediático relevante (aunque sus pruebas terminen seriamente cuestionadas ante cualquier tribunal).
Tal parece que será deber de los familiares recopilar pruebas y testimonios a fin de que este asesinato no quede impune.
Triste ver cómo la impunidad en Colombia está liderada por la pereza de tanto funcionario, quienes sólo se limitan a no complicarse ("enchicharronarse" creo que le llaman).

Yair Vera

Para: Maicol Alejandro Sarmiento

A pesar de que somos efímeros, nada justifica atentar contra la vida.

Gilberto Betancourt

Para: FAMILIA SANDRA

Lamentando mucho la pérdida d esta gran mujer y madre. Ojalá haya justicia. Yo también fui maltratada y sé lo q significa. Mi solidario abrazo Lo siento en el alma.

LEYLA

Para: Sandra Patricia

Mi solidaridad para la familia de Sandra, especialamente para el pequeño.
Nada podrá enmendar el crecer sin su madre.
Pensar en la labor de ser Madre, en criar seres de paz y tolerancia.

Milena Parra

Para: los familiares de las victimas

Un vacio que dejan, la violencia que se los llevo. Quedamos nosotros para escribir un nuevo capitulo. La vida es sagrada, NADA NADA justifica sus muertes. Un abrazo lleno de esperanza.

jennifer

Para: Familia de Sandra Q.E.P.D.

Acompañándolos de corazón por tan terrible tragedia de perder un ser querido. Que todo el peso de la ley recaiga contra el asesino Jorge Bernal. Un abrazo.

Maurico Mosquera

Para: familiares y amigos

No hay Justificaciónn alguna para poner fin a una vida ante. Dios todos somos iguales,algo que no henos podido entender, si no entendemos esto no entenderemos los valores de la vida.
un abrazo solidario

Edgar

Para: Sandra Rodríguez

soy vecina, me da mucha tristeza por lo que le sucedió a la
señora sandra,des afortunadamente no eta va en la casa , cuando ocurrieron
los hechos.Dios proteja a los niños que siempre los llevo en mi corazón.a
ese señor que le caiga el todo el peso de la ley, que este caso no sea los
que se archiven, o que quede en la impunidad

gloria naizaque

Para: Familiares de Sandra

que dolor tan grande que sigan pasando estas cosas, espero Dios les de fuerza y paciencia en su dolor y a ese demente asesino le den la pena máxima y sin beneficios por favor cuiden el bebé y saquen el perrito de la terraza el era parte de la familia u merece proteccion

Mireya soto

Para: Los familiares de Sandra

No los conozco, xo desde mi corazón reciban mis palabras de cariño y solidaridad en estos momentos de dolor, x favor rodeen a ese bebe q perdió a su madre.

Un abrazo,

Astrid

Astrid Salamanca Rahin

Para: la familia de Sandra.

Siendo hombre siento una profunda pena, por este tipo de hechos.

Edward

Para: Todos

Lo siento

Daniel

Para: La familia de Sandra Rodríguez

Los acompaño en su dolor. Es una tragedia para la familia, para el niño. Increíble el daño que se puede causar por sentirse dueño absoluto de la pareja.

CECILIA

Para: Todos

Nada, nada, nada justifica algo así. no entiendo en qué país vivimos. Lo siento por todos los que tienen que soportar actos como estos.

Angélica

Para: la familia de Nelson

Siento mucho que haya pasado esto. No puedo creer que por pinches 500 mil pesos maten una persona valiosa.

magaly

Para: Todos

Mi mas sentido pésame por su perdida

alber

Para: Todos

Los conocí a todos a través de estas historias. Muy triste. Ninguno merecía morir así.

Daniel

Para: Jose Rafael Contreras

De verdad siento mucho la muerte de este hombre trabajador. Que absurdo que lo mataran asi por robarlo.

Miguel

Para: Todos

Lo siento mucho

lorena