La ignorancia extrema

“Ahí si como dicen. Es la primera vez que yo caigo en manos de la justicia. Ese vocabulario en el que me hablan, en el que me dicen ahí… yo no entiendo cómo es que funcionan esas leyes… Ahí si lo que yo digo, le pido a mi defensor que me oriente porque yo no puedo convenir así...”

Benedicto Galindo aún traía la misma camisa a cuadros, pantalón gris y zapatos cafés con los que había sido sorprendido por un par de policías la noche anterior,  con un revólver en la mano, parado justo al lado del cuerpo ya casi sin vida de su inquilino, Orangel Enrique Rodríguez.

Todavía, el hombre de 74 años, pelo canoso y 1.67 de estatura, no lograba entender las palabras del juez, que por tercera vez le preguntaba si comprendía las consecuencias de aceptar los cargos de homicidio agravado y porte ilegal de armas de los que lo acusaba la Fiscalía.

“Mi representado, y no es una ofensa, desafortunadamente padece de una ignorancia extrema”, se apresuró a decir el abogado defensor de oficio que ese 6 de agosto a primera hora se encargó de su caso.

Benedicto, que sólo estudió hasta primero de primaria en su natal Burichaca, Boyacá, terminó por no aceptar los cargos. Sin embargo, y a pesar de que ésta es sólo la primera audiencia de su proceso penal, a ninguno de los presentes en esa sala de Paloquemao les quedó la duda de que fue él quien disparó contra su inquilino. La pregunta, más bien, es por qué.

Esa noche, antes de las 8, Orangel Rodríguez llegó a la casa donde vivía en arriendo desde hacía más de tres años. Nació en Riohacha, Guajira, a finales de los años sesenta pero llegó a Bogotá como muchos otros, buscando trabajo, y consiguió uno como celador de un edificio.

La casa de tres pisos de ladrillo y puertas rojas, trepada en la parte más alta del sector de El Rincón, en las colinas de Suba, era un inquilinato donde además de él, vivían varias personas, -incluso familias-  y “Don Benedicto”, el propietario. Orangel Enrique vivía solo, sin sus dos hijos adolescentes.

El “Guajiro”, como lo llamaban los vecinos, de 44 años y piel morena- vestido de bermuda y esqueleto blanco, timbró y golpeó más de dos veces sin respuesta. Nadie abrió. La orden de Benedicto Galindo era que nadie podía entrar a la casa si él no estaba. No importaba cuántas veces o quién golpeara la puerta. Su hija, Betty Janeth, de 42 años, y la persona que siempre estaba en la casa, cumplía la orden a cabalidad.

Al cabo de un rato, Benedicto abrió.

– ¡Por qué me cierra la puerta! Yo pago un arriendo. Tengo pago hasta el 15. Si Don Benedicto permaneciera aquí para abrirme está bien, pero como no, ¡entonces no le ponga el pasador!–, le reclamó el Guajiro.

–¡Váyase! Me tiene que pagar dos meses de arriendo–, le respondió Benedicto.

– ¡No sea tan marica, güevon. ¿Qué se cree? Yo tengo pago hasta el 15!–, gritó Orangel.

Entonces, Benedicto sacó un revólver.

La pelea se trasladó al segundo piso de la casa, donde al parecer, los dos (propietario y arrendatario) tenían sus respectivas habitaciones.

– Yo también tengo con qué defenderme– le oyó decir otro inquilino de la casa al Guajiro que desenfundó un cuchillo plateado con cacha de madera. Después, sólo se escuchó un tiro.

La central de radio del Cai de El Rincón recibió la novedad a las 8:51 de la noche: una riña. Cuatro minutos después llegaron a la casa.

El otro inquilino, que oyó toda la pelea pero no alcanzó a verla, les abrió la puerta y los dejó pasar. Él había intentado llamar a la policía del celular de Orangel pero el aparato no tenía señal. “Están en el segundo piso”, les dijo a los dos patrulleros que se apresuraron a subir las escaleras.

Orangel estaba tendido en el piso de la cocina, boca arriba, con una herida de bala en el abdomen. Sangraba pero no demasiado y aún respiraba. A su lado estaba Benedicto, a quien los policías describieron como un hombre “de avanzada edad”, todavía sosteniendo el revólver en su mano derecha, mirando el cuerpo del Guajiro. El cuchillo, sin marcas de sangre, también estaba en el piso cerca al cuerpo de Orangel.

– ¡Suelte el arma! ¡Suéltela!– gritó uno de los patrulleros.

El anciano los miró.

Dejó el revólver en el piso y dio un paso hacia atrás. El arma tenía seis balas intactas y sólo una vainilla recién disparada. Aunque tiene salvoconducto, no está vigente y tampoco está registrado a nombre de Benedicto Galindo sino de un viejo pariente suyo ya fallecido.  

La captura en “flagrancia” se reportó a las 9:10 minutos de la noche.  Casi al tiempo, los policías intentaron prestarle los primeros auxilios a Orangel. Lo trasladaron en una patrulla hasta el Hospital de Suba, donde llegó ya muerto.

“Este es un homicidio por un motivo fútil, intrascendente, con una relación casi ausente entre las causas y las consecuencias”, dijo la fiscal más tarde en la misma audiencia. “No es que no haya motivo, pero sí carece de importancia”. Por la cantidad de adjetivos que buscaba, casi parecía querer decir “estúpido”, aunque no lo dijo.

Aunque Benedicto Galindo no tiene antecedentes penales si tiene viejas anotaciones en la base de datos de la Fiscalía en las que aparece denunciado por lesiones personales. Los hechos en ese entonces también ocurrieron dentro de su casa-inquilinato. Ese fue el argumento que usó la fiscal, con deje costeño, para argumentar que debía ser recluido en una cárcel hasta que se terminara el juicio.

“Así vemos qué clase de persona es el aquí sindicado. No tiene auto control de sus emociones y sus impulsos. Se quedó parado al lado del cuerpo de su inquilino, sin auxiliarlo, indiferente. Se debe proteger la seguridad de la comunidad, de sus demás inquilinos, para que este comportamiento no se reitere”.

Pero el abogado defensor tenía otra versión de los hechos. Para él, Orangel fue el que inició la agresión y Benedicto, asustado, le disparó en legítima defensa después de que el Guajiro lo persiguió hasta su cuarto.

“Ustedes pueden verificar que la llamada a la Policía salió del teléfono fijo de la casa. El que llamó fue Don Benedicto”, aseguró el abogado defensor en la audiencia. “Estaba aterrado, afincado en la tierra. El miedo tiene muchas facetas, pero él no huyó, no se movió, no había ni siquiera soltado el arma cuando llegaron los patrulleros”.

Según él, la razón por la que el anciano mantenía la orden de dejar la puerta cerrada estaba justificada en que la hija de Benedicto, Betty Yaneth es autista y epiléptica y él quería protegerla. “Sólo habla monosílabos, depende de su papá para sobrevivir”.

Ante la falta de pruebas, el juez decidió enviar a Benedicto Galindo a detención preventiva en su casa mientras se termina el juicio.

IN MEMORIAM
LA SUBA OSCURA

Cada vez que ocurra un asesinato en la localidad, este se ubicará en el mapa.

CASOS SIN JUZGAR
Si quiere enviar su mensaje de condolencia a la familia de algunas de las víctimas o sumar su nombre a quienes creen que nada justifica un asesinato en nuestro país, incluya su mensaje en la caja. Una vez sea aprobado aparecerá en este mismo espacio.

Para: La vida

Que inconcebible puede parecernos la muerte, pero a la vez como somos tan indiferentes e indolentes. Nuestros muertos, hijos de madres, como todos, hermanos de sangre o hermanos de barrio, de colegio, del parque, sin nombres y apellidos, el hijo de un vecino, el del amigo, el de la muchacha, el que no conozco. De ellos resulta la prueba mas cruda y sincera de nuestra sociedad; la prueba de nuestra misma conciencia, del olvido al que sometemos a nuestra triste prueba de la decadencia que convive casi como una historia eterna, de dejar a nuestros vivos y muertos enterrados en la memoria. Acá cabemos todos; cabemos a los que nos duele, a los que no nos duele, a los que nos hacemos que nos duele, mientras el televisor nos presenta otra noticia. Cabe un "gobierno" indiferente a sus muertos, que cada calle sepulta. cabe nuestra indiferencia que pide a gritos la justicia de "Nuestros" muertos, pero dejamos que lloren otros, a los que no conocemos, que nuestra voz, nuestras palabras se pierdan en el eco infinito del silencio.

Aun nos falta que en verdad nos duela, porque el día en que quizá sintamos el dolor, de sensación, del no poder, no creer; quizá ese día comprenderemos que nunca debimos enterrar a nuestros muertos.

luisa

Para: la revista

El fenómeno de la inseguridad especialmente en las grandes ciudades obedece a la ineficacia de la justicia formalmente, pero a la misma estructura económica desigual que rompe la solidaridad humana y convierte al ser humano en enemigo de si mismo

ulises

Para: la familia de paul esteban bernal parra

para toda la familia de santa muy dolorosa la muerte de paul no entiendo como murio asi si el no era problemático, si alguien de la familia me pudiera mandar un video de el les agradecería pues me quede sin ningun recuerdo de el

israel riveros

Para: la familia

"Una mujer alegre, sin problemas ni enemigos". Seguramente, así es como ella quería ser recordada. Gracias a La Silla por no borrar la humanidad de las víctimas de crímenes de odio. Y por recordar que es con h al final.

Isabel

Para: familiares de victimas

Nada justifica el arrebatarle la vida a un ser humano, Dios en grande misericordioso, que perdone a los victimarios y que acoja a las victimas, entendamos que el perdón es el camino de la salvación y de la paz.

Orlando Diaz

Para: lucina mejia y hermanos de orangel

mucha fuerza para superar esta dalta que nos hace orangel pero solo dios sabe lo que sucedio y el jusgara.

BRINNER RODTIGUEZ

Para: Para quienes aun estamos vivos.

Mas que firmar la Paz se debe educar y desarmar los espíritus, en este país el día mas violento es en la fiesta de la madre. Quieren mas pruebas?

Alberto

Para: Alejandro y Diego

¡Dios que historia tan triste!
Todo el pueblo velando a uno de los suyos, no a cualquiera, a uno muy especial. Un joven ser humano que toco mucho corazones... Diego qué dolor contaminarse de rabia, impunidad y dolor y actuar contra un inocente y vivir con eso...Paz en tu tumba Alejandro, paz en tu alma Diego, que te puedas perdonar...

Jeannette Rubiano

Para: Fiscalia y Jueces

No habría tantos crímenes sin Juzgar si en la fiscalía y los jueces no existiera corrupción, se entregaran más a la investigación a resolverlos y no dejarlos en libertad o darles casa por cárcel

Luis Vargas

Para: la familia de Alexander y la de Diego

Siento mucho que esto haya pasado. Si funcionara el 1,2,3 seguro que se hubiera evitado. Qué tristeza.

antonia perez

Para: Fiscalía y jueces

Este caso demuestra la abulia de la Fiscalía, la cual sólo presta especial interés si hay un impacto mediático relevante (aunque sus pruebas terminen seriamente cuestionadas ante cualquier tribunal).
Tal parece que será deber de los familiares recopilar pruebas y testimonios a fin de que este asesinato no quede impune.
Triste ver cómo la impunidad en Colombia está liderada por la pereza de tanto funcionario, quienes sólo se limitan a no complicarse ("enchicharronarse" creo que le llaman).

Yair Vera

Para: Maicol Alejandro Sarmiento

A pesar de que somos efímeros, nada justifica atentar contra la vida.

Gilberto Betancourt

Para: FAMILIA SANDRA

Lamentando mucho la pérdida d esta gran mujer y madre. Ojalá haya justicia. Yo también fui maltratada y sé lo q significa. Mi solidario abrazo Lo siento en el alma.

LEYLA

Para: Sandra Patricia

Mi solidaridad para la familia de Sandra, especialamente para el pequeño.
Nada podrá enmendar el crecer sin su madre.
Pensar en la labor de ser Madre, en criar seres de paz y tolerancia.

Milena Parra

Para: los familiares de las victimas

Un vacio que dejan, la violencia que se los llevo. Quedamos nosotros para escribir un nuevo capitulo. La vida es sagrada, NADA NADA justifica sus muertes. Un abrazo lleno de esperanza.

jennifer

Para: Familia de Sandra Q.E.P.D.

Acompañándolos de corazón por tan terrible tragedia de perder un ser querido. Que todo el peso de la ley recaiga contra el asesino Jorge Bernal. Un abrazo.

Maurico Mosquera

Para: familiares y amigos

No hay Justificaciónn alguna para poner fin a una vida ante. Dios todos somos iguales,algo que no henos podido entender, si no entendemos esto no entenderemos los valores de la vida.
un abrazo solidario

Edgar

Para: Sandra Rodríguez

soy vecina, me da mucha tristeza por lo que le sucedió a la
señora sandra,des afortunadamente no eta va en la casa , cuando ocurrieron
los hechos.Dios proteja a los niños que siempre los llevo en mi corazón.a
ese señor que le caiga el todo el peso de la ley, que este caso no sea los
que se archiven, o que quede en la impunidad

gloria naizaque

Para: Familiares de Sandra

que dolor tan grande que sigan pasando estas cosas, espero Dios les de fuerza y paciencia en su dolor y a ese demente asesino le den la pena máxima y sin beneficios por favor cuiden el bebé y saquen el perrito de la terraza el era parte de la familia u merece proteccion

Mireya soto

Para: Los familiares de Sandra

No los conozco, xo desde mi corazón reciban mis palabras de cariño y solidaridad en estos momentos de dolor, x favor rodeen a ese bebe q perdió a su madre.

Un abrazo,

Astrid

Astrid Salamanca Rahin

Para: la familia de Sandra.

Siendo hombre siento una profunda pena, por este tipo de hechos.

Edward

Para: Todos

Lo siento

Daniel

Para: La familia de Sandra Rodríguez

Los acompaño en su dolor. Es una tragedia para la familia, para el niño. Increíble el daño que se puede causar por sentirse dueño absoluto de la pareja.

CECILIA

Para: Todos

Nada, nada, nada justifica algo así. no entiendo en qué país vivimos. Lo siento por todos los que tienen que soportar actos como estos.

Angélica

Para: la familia de Nelson

Siento mucho que haya pasado esto. No puedo creer que por pinches 500 mil pesos maten una persona valiosa.

magaly

Para: Todos

Mi mas sentido pésame por su perdida

alber

Para: Todos

Los conocí a todos a través de estas historias. Muy triste. Ninguno merecía morir así.

Daniel

Para: Jose Rafael Contreras

De verdad siento mucho la muerte de este hombre trabajador. Que absurdo que lo mataran asi por robarlo.

Miguel

Para: Todos

Lo siento mucho

lorena