No fue Dios

1.

Lo vio colgar el teléfono y subirse al carro. Rafael Jiménez no sabía a dónde lo llevaba su hijo: apuró el paso cuanto pudo, tomó un par de billetes, los guardó en el bolsillo del pantalón.

?Cierre eso ya, papá.

?Un momentico, mijo, me cambio la camisa.

?Ya, papá, de verdad, vámonos.

Llegaron en 18 minutos al centro de Bogotá, desde Suba. Cuando Rafael notó que estaban en la morgue y vio a María Cristina, su exesposa, y a Luisa, su hija, “todas vueltas nada”, seguía sin entender. Esa idea no se le pasaba por la cabeza.

?Por favor no me diga que vamos a pasar otra vez por esto.

?Sí, papá... También mataron a Rafico.

?¿Pero qué estamos pagando? ¿Por qué, por qué? Nosotros no le debemos a nadie.

María Cristina Mondragón, la madre, sabía a dónde iba pero no lo que se encontraría. Su hijo Rafael no aparecía desde hacía dos días y por eso, acompañada de una de sus hijas, pensó en acudir a Medicina Legal. “Fui allá para que me ayudaran con una publicidad para buscarlo”. Le habían dicho, la última vez, que en esos casos ellos podían recabar información de otras entidades, avisar en los hospitales, “esas cosas”.

?¿Usted qué es de la persona, mi señora?

?La mamá.

?¿Y con quién viene?

?Con una hija.

?Siga por acá, por favor.

A Rafael Jiménez hijo, el segundo en caer de una camada de seis hermanos, lo habían traído ese martes, a las 9.00 am, del Hospital de Engativá. Le dispararon en la cabeza, como a su hermano Aníbal.

 

2.

Treinta y cinco días antes, el 31 de mayo, Aníbal, el mayor de los hermanos Jiménez Mondragón, estuvo bebiendo con un par de amigos en su barrio, El Rincón de Suba. Alrededor de las 2.30 de la mañana, nadie que no tenga miedo de contarlo sabe bien por qué, salió de la taberna hacia el callejón (de la carrera 88 C con calle 128 B), una calle cerrada que forma una ele hacia el oriente y sirve de entrada y salida, mediando empinadísimas escaleras, a los habitantes del barrio Naranjos Altos.

El callejón es una trampa. Los muros exteriores del Colegio San José de Calasanz forman el ángulo de la ele donde cayó baleado Aníbal Jiménez. Ni pensar en saltar la barda, mucho menos ebrio como estaba Aníbal esa madrugada. Correr hacia Naranjos Altos, en subida, tampoco lo habría salvado de un tirador alterado. Quizás sí lo habría hecho buscar la luz al encuentro con el asesino, como sus acompañantes, en dirección hacia la calle 128 B, que va a dar a la carrera 91, una de las vías principales de Suba. Pero Aníbal se le enfrentó, según cuenta un testigo de segunda mano.

?Tan machito con ese fierro, venga a ver como los varones ?le dijo.

Y el asesino le puso el revólver en la sien. Y la bala salió por detrás de la oreja derecha.

 

3.

?Dejémosle eso a Dios. Si le advirtieron quédese tranquilo: viene una niña en camino y usted tiene que conocerla ?dijo el padre.

?Ese perro se lo llevó ?dijo entonces Rafico.

El día antes del segundo asesinato, un mes después del primero, la familia reunida había puesto la lápida sobre la tumba de Aníbal. A la noche siguiente, Rafico salió tarde después de celebrar el cumpleaños de un tío. Otro hermano lo había dejado en la casa, lo vio cerrar la puerta. “A Rafico un policía le dijo quién había matado a su hermano, pero le advirtió que si al fulano le pasaba algo le echaban mano a él, y que lo mismo le había dicho al otro tipo: que si mataban a alguien más en su cuadrante (en El Rincón) capturaría a Rafico”, cuenta un amigo del barrio. Con esa versión martillándolo, aún ebrio por la celebración de la tarde, Rafico tomó un taxi y se fue a buscar al asesino de su hermano.

 

 

 

 

 

 

Ni esa noche ni al día siguiente ni otra vez por la noche su familia supo de él, hasta la mañana, cuando sus padres y dos de sus hermanos lo encontraron en Medicina Legal. Tenía un ojo negro, los labios rotos, el cuerpo golpeado. No lo robaron: además de fotos de su compañera, las llaves de su casa y un número de teléfono anotado en un papel, sus bolsillos guardaban aún veinticuatro mil pesos. Su cuerpo apareció tirado en otro callejón en los límites de los barrios Primavera Norte y Quirigua, al noroccidente de Bogotá. Alcanzaron a llevarlo al hospital pero murió el lunes 6 de julio y estuvo reportado un día como NN.

El asesino, dicen los vecinos, vive en Naranjos Altos y allí trabaja a veces como mototaxista.

 

4.

Aníbal tenía 35 años, los mismos ojos verdosos de su madre, un lunar en la mejilla derecha. Era rubio, bajo y el mayor de sus hermanos. Vivía solo en una pieza en El Rincón. A Rafael, el menor de la casa, lo mataron a los 24 años. Era alto, fornido, un muchacho “bienparecido”. Vivía con su compañera en Primavera Norte, al suroeste del Humedal Juan Amarillo, en Engativá. Aníbal y Rafael, bogotanos como sus padres y sus hermanos, conservaban sin embargo los rasgos de los abuelos boyacenses y cundinamarqueses: la nariz grande, los ojos pequeños, la piel recia.

Rafael era electricista y Aníbal instalaba consolas de aire acondicionado. “Uno cría a sus hijos y responde por ellos de puertas para adentro. De puertas para afuera, aunque mis hijos eran buenos muchachos, yo no puedo saber en qué andaban metidos ?dice el padre? pero fuera lo que fuera nadie merece morir así”. Ambos vivieron sus primeros años en El Rincón, el barrio de toda la vida de María Cristina, la madre, y por varios años el barrio de la familia. Aníbal dejó cuatro hijos; Rafael a su compañera y a una hija en camino.

Rafael Jiménez padre ha trabajado a dos jornadas casi toda su vida. En las mañanas, o en las tardes, según lo exija el servicio, recorre la ciudad, uniformado, barriendo calles. El resto del día administra una pequeña tienda. María Cristina Mondragón trabaja en servicios generales, como dice ella. Ninguno quiere revelar detalles de su vida, ni de la vida de sus demás hijos. Temen a la Muerte y desconfían de la Justicia (“¿cuál sería la suerte de este caso si mis hijos fueran el muchacho que murió en el caño, hijos de un político, de un titulado?”). La autoría de los crímenes de sus hijos es un secreto a voces en El Rincón. La investigación avanza, les dicen, hay videos, les insisten.

“El Señor sabe cómo hace sus cosas” ha sido la frase más socorrida. Los amigos, los vecinos, sin otro argumento a la mano, los llaman a la resignación. Pero no hay consuelo, ni sueño, ni hambre para un padre y una madre que entierran a dos hijos. “A mí me ha dolido que me digan que la muerte de mis hijos fue cosa de Dios. No, Dios no fue, no fue Dios, Dios no quita la vida por mano de un criminal”, dice el padre.

IN MEMORIAM
LA SUBA OSCURA

Cada vez que ocurra un asesinato en la localidad, este se ubicará en el mapa.

Si quiere enviar su mensaje de condolencia a la familia de algunas de las víctimas o sumar su nombre a quienes creen que nada justifica un asesinato en nuestro país, incluya su mensaje en la caja. Una vez sea aprobado aparecerá en este mismo espacio.

Para: La vida

Que inconcebible puede parecernos la muerte, pero a la vez como somos tan indiferentes e indolentes. Nuestros muertos, hijos de madres, como todos, hermanos de sangre o hermanos de barrio, de colegio, del parque, sin nombres y apellidos, el hijo de un vecino, el del amigo, el de la muchacha, el que no conozco. De ellos resulta la prueba mas cruda y sincera de nuestra sociedad; la prueba de nuestra misma conciencia, del olvido al que sometemos a nuestra triste prueba de la decadencia que convive casi como una historia eterna, de dejar a nuestros vivos y muertos enterrados en la memoria. Acá cabemos todos; cabemos a los que nos duele, a los que no nos duele, a los que nos hacemos que nos duele, mientras el televisor nos presenta otra noticia. Cabe un "gobierno" indiferente a sus muertos, que cada calle sepulta. cabe nuestra indiferencia que pide a gritos la justicia de "Nuestros" muertos, pero dejamos que lloren otros, a los que no conocemos, que nuestra voz, nuestras palabras se pierdan en el eco infinito del silencio.

Aun nos falta que en verdad nos duela, porque el día en que quizá sintamos el dolor, de sensación, del no poder, no creer; quizá ese día comprenderemos que nunca debimos enterrar a nuestros muertos.

luisa

Para: la revista

El fenómeno de la inseguridad especialmente en las grandes ciudades obedece a la ineficacia de la justicia formalmente, pero a la misma estructura económica desigual que rompe la solidaridad humana y convierte al ser humano en enemigo de si mismo

ulises

Para: la familia de paul esteban bernal parra

para toda la familia de santa muy dolorosa la muerte de paul no entiendo como murio asi si el no era problemático, si alguien de la familia me pudiera mandar un video de el les agradecería pues me quede sin ningun recuerdo de el

israel riveros

Para: la familia

"Una mujer alegre, sin problemas ni enemigos". Seguramente, así es como ella quería ser recordada. Gracias a La Silla por no borrar la humanidad de las víctimas de crímenes de odio. Y por recordar que es con h al final.

Isabel

Para: familiares de victimas

Nada justifica el arrebatarle la vida a un ser humano, Dios en grande misericordioso, que perdone a los victimarios y que acoja a las victimas, entendamos que el perdón es el camino de la salvación y de la paz.

Orlando Diaz

Para: lucina mejia y hermanos de orangel

mucha fuerza para superar esta dalta que nos hace orangel pero solo dios sabe lo que sucedio y el jusgara.

BRINNER RODTIGUEZ

Para: Para quienes aun estamos vivos.

Mas que firmar la Paz se debe educar y desarmar los espíritus, en este país el día mas violento es en la fiesta de la madre. Quieren mas pruebas?

Alberto

Para: Alejandro y Diego

¡Dios que historia tan triste!
Todo el pueblo velando a uno de los suyos, no a cualquiera, a uno muy especial. Un joven ser humano que toco mucho corazones... Diego qué dolor contaminarse de rabia, impunidad y dolor y actuar contra un inocente y vivir con eso...Paz en tu tumba Alejandro, paz en tu alma Diego, que te puedas perdonar...

Jeannette Rubiano

Para: Fiscalia y Jueces

No habría tantos crímenes sin Juzgar si en la fiscalía y los jueces no existiera corrupción, se entregaran más a la investigación a resolverlos y no dejarlos en libertad o darles casa por cárcel

Luis Vargas

Para: la familia de Alexander y la de Diego

Siento mucho que esto haya pasado. Si funcionara el 1,2,3 seguro que se hubiera evitado. Qué tristeza.

antonia perez

Para: Fiscalía y jueces

Este caso demuestra la abulia de la Fiscalía, la cual sólo presta especial interés si hay un impacto mediático relevante (aunque sus pruebas terminen seriamente cuestionadas ante cualquier tribunal).
Tal parece que será deber de los familiares recopilar pruebas y testimonios a fin de que este asesinato no quede impune.
Triste ver cómo la impunidad en Colombia está liderada por la pereza de tanto funcionario, quienes sólo se limitan a no complicarse ("enchicharronarse" creo que le llaman).

Yair Vera

Para: Maicol Alejandro Sarmiento

A pesar de que somos efímeros, nada justifica atentar contra la vida.

Gilberto Betancourt

Para: FAMILIA SANDRA

Lamentando mucho la pérdida d esta gran mujer y madre. Ojalá haya justicia. Yo también fui maltratada y sé lo q significa. Mi solidario abrazo Lo siento en el alma.

LEYLA

Para: Sandra Patricia

Mi solidaridad para la familia de Sandra, especialamente para el pequeño.
Nada podrá enmendar el crecer sin su madre.
Pensar en la labor de ser Madre, en criar seres de paz y tolerancia.

Milena Parra

Para: los familiares de las victimas

Un vacio que dejan, la violencia que se los llevo. Quedamos nosotros para escribir un nuevo capitulo. La vida es sagrada, NADA NADA justifica sus muertes. Un abrazo lleno de esperanza.

jennifer

Para: Familia de Sandra Q.E.P.D.

Acompañándolos de corazón por tan terrible tragedia de perder un ser querido. Que todo el peso de la ley recaiga contra el asesino Jorge Bernal. Un abrazo.

Maurico Mosquera

Para: familiares y amigos

No hay Justificaciónn alguna para poner fin a una vida ante. Dios todos somos iguales,algo que no henos podido entender, si no entendemos esto no entenderemos los valores de la vida.
un abrazo solidario

Edgar

Para: Sandra Rodríguez

soy vecina, me da mucha tristeza por lo que le sucedió a la
señora sandra,des afortunadamente no eta va en la casa , cuando ocurrieron
los hechos.Dios proteja a los niños que siempre los llevo en mi corazón.a
ese señor que le caiga el todo el peso de la ley, que este caso no sea los
que se archiven, o que quede en la impunidad

gloria naizaque

Para: Familiares de Sandra

que dolor tan grande que sigan pasando estas cosas, espero Dios les de fuerza y paciencia en su dolor y a ese demente asesino le den la pena máxima y sin beneficios por favor cuiden el bebé y saquen el perrito de la terraza el era parte de la familia u merece proteccion

Mireya soto

Para: Los familiares de Sandra

No los conozco, xo desde mi corazón reciban mis palabras de cariño y solidaridad en estos momentos de dolor, x favor rodeen a ese bebe q perdió a su madre.

Un abrazo,

Astrid

Astrid Salamanca Rahin

Para: la familia de Sandra.

Siendo hombre siento una profunda pena, por este tipo de hechos.

Edward

Para: Todos

Lo siento

Daniel

Para: La familia de Sandra Rodríguez

Los acompaño en su dolor. Es una tragedia para la familia, para el niño. Increíble el daño que se puede causar por sentirse dueño absoluto de la pareja.

CECILIA

Para: Todos

Nada, nada, nada justifica algo así. no entiendo en qué país vivimos. Lo siento por todos los que tienen que soportar actos como estos.

Angélica

Para: la familia de Nelson

Siento mucho que haya pasado esto. No puedo creer que por pinches 500 mil pesos maten una persona valiosa.

magaly

Para: Todos

Mi mas sentido pésame por su perdida

alber

Para: Todos

Los conocí a todos a través de estas historias. Muy triste. Ninguno merecía morir así.

Daniel

Para: Jose Rafael Contreras

De verdad siento mucho la muerte de este hombre trabajador. Que absurdo que lo mataran asi por robarlo.

Miguel

Para: Todos

Lo siento mucho

lorena