La Rutina

El video muestra a un muchacho de aproximadamente 25 años corriendo a toda velocidad por la plazoleta del barrio La Gaitana en Suba. Detrás de él, un hombre alto de piel negra, con chaqueta de cuadros negros y blancos, jeans negros y cachucha, también corre. Lo persigue con una pistola en la mano.

De repente, el primer muchacho frena. Se acurruca. Con una mano se cubre la cabeza y con la otra, levantada hacia el cielo, sostiene su celular de última generación. Es la madrugada del miércoles 18 de marzo y llueve incesantemente: un típico aguacero bogotano, frío, incómodo.

El hombre de chaqueta de cuadros alcanza al primer muchacho. Se para junto a él y apunta el arma contra su cabeza. Antes de emprender la huída, le rapa el celular de la mano. Dispara.

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Fredy Rodríguez Murcia oyó los tiros desde su cama. Cuatro, en tandas de dos y dos. Se levantó y miró por la ventana pero no vio nada extraño. Eran las cinco en punto de la mañana, como lo anunciaron las campanas de la Parroquia San Anselmo, de ese oscuro miércoles.

“Fredy, llame a Rubén que no me contesta”, le gritó Javier, su papá, mientras salía apurado de la casa. Fredy lo intentó pero el celular de su hermano estaba apagado. Entonces volvió a la cama.

Rubén y su papá siempre salían juntos antes de las cuatro de la mañana a trabajar. La de Rubén era la jornada más larga. De 4 a 11 de la mañana: recoger a estudiantes y dejarlos en el colegio. Desde el mediodía hasta las 8 de la noche: recoger niños en el colegio y regresarlos a sus casas. A las 11 de la noche volvía a salir, esta vez para hacer una ruta empresarial nocturna. Sólo dormía tres horas diarias.

Esa mañana, sin embargo, Rubén se le adelantó a su papá.

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Los Murcia son una familia de transportadores. Javier, el papá, e Irma, la mamá, trabajan juntos. Él maneja una buseta que hace rutas escolares y ella es la monitora.

El segundo hijo de la pareja, Rubén Murcia, también manejaba una buseta que le regalaron sus papás hace dos años. Una Nissan blanca de 21 puestos con luces en el techo que en la noche brillan como flamantes antenas.  

“Desde muy pequeño su pasión fue manejar. Mi papá le soltaba el carro desde muy chiquito, aprendió, se dedicó a eso. A los 18 años ya estaba trabajando con un bus”, dice Fredy, su hermano, que también trabaja en el negocio del transporte pero como mototaxista en Suba.  

Desde hace 8 meses la familia vive en el barrio La Gaitana, en Suba, en una casa grande en la que cabían todos los Murcia: los dos padres, los cuatro hijos varones y los cuatro perros. A solo dos casas, queda el parque La Gaitana, donde los Murcia podían sacar a pasear sus perros. Además, solo con atravesar esa plazoleta, estaban a metros del parqueadero donde Rubén y Javier guardaban sus busetas.

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Después de oír los tiros y de que Rubén no contestara el teléfono, dos veces Javier y Fredy Murcia atravesaron esa plazoleta buscandolo y las dos veces no lo vieron.

Javier fue directo al parqueadero y cuando no vió la buseta de Rubén pensó que él ya se había ido a trabajar. No se dio cuenta de que la Nissan blanca todavía estaba ahí.

Minutos después, Fredy salió de la casa y atravesó la plazoleta rumbo al CAI del barrio para averiguar por el paradero de su hermano.

“Yo solo vi a un gamín”, recuerda Fredy.

Los policías no le dieron ninguna razón a Fredy. Por eso, volvió a la plazoleta a buscar a su hermano, pues pensaba que le podía haber pasado algo malo. De pronto, vio a su mamá junto con otras personas. Corrió donde ella y la encontró deshecha.

“Mijo, me mataron a mi hijo”, recuerda que le dijo.

Irma se quitó la chaqueta que llevaba puesta y la puso sobre el cuerpo de Rubén. Eran las 5:10 de la mañana y la llovizna no daba tregua.

“Intenté limpiarle la cara. Tenía el cachete destrozado por la bala que le atravesó el cráneo. Él ya estaba muerto”, dice Fredy

Hacia las 7:30 de la mañana llegó el CTI para hacer el levantamiento del cadáver en medio de un círculo de curiosos que se amontonaban alrededor de las cintas amarillas de la policía que cubrieron toda la plazoleta.

Fredy dice que intentó levantar el cuerpo de su hermano y que en el bolsillo de atrás de su pantalón encontró su billetera llena de billetes de una deuda que le habían acabado de pagar. Sin embargo, en los primeros reportes de la prensa, un amigo de Rubén dijo que además de su celular, el atracador le quitó su reloj y la billetera.

En televisión también se vio a un Javier desesperado, incrédulo, deshecho, después de enterarse de la muerte de su hijo.

“Rubén no le hacía mal a nadie. No le gustaba tomar. Lo único eran las viejas, algo que hasta mi mamá le alcahueteaba. Se levantaba las mujeres en las rutas escolares y andaba con una y con otra. Gozó hasta que le supo a cacho”, dice Fredy días después de haber enterrado a su hermano.

A los 25 años, Rubén ya era padre de dos niñas de cinco y siete años. Aunque él quedó con la custodia de sus hijas después de que se separó de Katherine, su esposa, las niñas se quedaron viviendo con su mamá en una casa en arriendo que consiguió en Suba porque la rutina de Rubén no le alcanzaba para cuidarlas.

Ahora, la familia Murcia está pensando en irse de allí. No soportan el ruido de las campanas de la Parroquia San Anselmo que cada vez que suenan les recuerdan lo que ocurrió esa mañana.

Aunque funcionarios del CTI le dijeron a la familia que no iban a dejar su caso impune -y según cuenta Fredy ya han notado algunos operativos por el barrio para desmantelar ollas que hay a solo cuadras de su casa- el proceso sigue en investigación.

"Yo digo que el único que se dio cuenta de todo fue el gamín pero él les dijo a los del CTI que cuando escuchó los tiros, se tapó con la cobija", dice Fredy. 

Por eso, la única pista por ahora, es la imagen del video que captó la cámara de la Parroquia. 

IN MEMORIAM
LA SUBA OSCURA

Cada vez que ocurra un asesinato en la localidad, este se ubicará en el mapa.

Si quiere enviar su mensaje de condolencia a la familia de algunas de las víctimas o sumar su nombre a quienes creen que nada justifica un asesinato en nuestro país, incluya su mensaje en la caja. Una vez sea aprobado aparecerá en este mismo espacio.

Para: La vida

Que inconcebible puede parecernos la muerte, pero a la vez como somos tan indiferentes e indolentes. Nuestros muertos, hijos de madres, como todos, hermanos de sangre o hermanos de barrio, de colegio, del parque, sin nombres y apellidos, el hijo de un vecino, el del amigo, el de la muchacha, el que no conozco. De ellos resulta la prueba mas cruda y sincera de nuestra sociedad; la prueba de nuestra misma conciencia, del olvido al que sometemos a nuestra triste prueba de la decadencia que convive casi como una historia eterna, de dejar a nuestros vivos y muertos enterrados en la memoria. Acá cabemos todos; cabemos a los que nos duele, a los que no nos duele, a los que nos hacemos que nos duele, mientras el televisor nos presenta otra noticia. Cabe un "gobierno" indiferente a sus muertos, que cada calle sepulta. cabe nuestra indiferencia que pide a gritos la justicia de "Nuestros" muertos, pero dejamos que lloren otros, a los que no conocemos, que nuestra voz, nuestras palabras se pierdan en el eco infinito del silencio.

Aun nos falta que en verdad nos duela, porque el día en que quizá sintamos el dolor, de sensación, del no poder, no creer; quizá ese día comprenderemos que nunca debimos enterrar a nuestros muertos.

luisa

Para: la revista

El fenómeno de la inseguridad especialmente en las grandes ciudades obedece a la ineficacia de la justicia formalmente, pero a la misma estructura económica desigual que rompe la solidaridad humana y convierte al ser humano en enemigo de si mismo

ulises

Para: la familia de paul esteban bernal parra

para toda la familia de santa muy dolorosa la muerte de paul no entiendo como murio asi si el no era problemático, si alguien de la familia me pudiera mandar un video de el les agradecería pues me quede sin ningun recuerdo de el

israel riveros

Para: la familia

"Una mujer alegre, sin problemas ni enemigos". Seguramente, así es como ella quería ser recordada. Gracias a La Silla por no borrar la humanidad de las víctimas de crímenes de odio. Y por recordar que es con h al final.

Isabel

Para: familiares de victimas

Nada justifica el arrebatarle la vida a un ser humano, Dios en grande misericordioso, que perdone a los victimarios y que acoja a las victimas, entendamos que el perdón es el camino de la salvación y de la paz.

Orlando Diaz

Para: lucina mejia y hermanos de orangel

mucha fuerza para superar esta dalta que nos hace orangel pero solo dios sabe lo que sucedio y el jusgara.

BRINNER RODTIGUEZ

Para: Para quienes aun estamos vivos.

Mas que firmar la Paz se debe educar y desarmar los espíritus, en este país el día mas violento es en la fiesta de la madre. Quieren mas pruebas?

Alberto

Para: Alejandro y Diego

¡Dios que historia tan triste!
Todo el pueblo velando a uno de los suyos, no a cualquiera, a uno muy especial. Un joven ser humano que toco mucho corazones... Diego qué dolor contaminarse de rabia, impunidad y dolor y actuar contra un inocente y vivir con eso...Paz en tu tumba Alejandro, paz en tu alma Diego, que te puedas perdonar...

Jeannette Rubiano

Para: Fiscalia y Jueces

No habría tantos crímenes sin Juzgar si en la fiscalía y los jueces no existiera corrupción, se entregaran más a la investigación a resolverlos y no dejarlos en libertad o darles casa por cárcel

Luis Vargas

Para: la familia de Alexander y la de Diego

Siento mucho que esto haya pasado. Si funcionara el 1,2,3 seguro que se hubiera evitado. Qué tristeza.

antonia perez

Para: Fiscalía y jueces

Este caso demuestra la abulia de la Fiscalía, la cual sólo presta especial interés si hay un impacto mediático relevante (aunque sus pruebas terminen seriamente cuestionadas ante cualquier tribunal).
Tal parece que será deber de los familiares recopilar pruebas y testimonios a fin de que este asesinato no quede impune.
Triste ver cómo la impunidad en Colombia está liderada por la pereza de tanto funcionario, quienes sólo se limitan a no complicarse ("enchicharronarse" creo que le llaman).

Yair Vera

Para: Maicol Alejandro Sarmiento

A pesar de que somos efímeros, nada justifica atentar contra la vida.

Gilberto Betancourt

Para: FAMILIA SANDRA

Lamentando mucho la pérdida d esta gran mujer y madre. Ojalá haya justicia. Yo también fui maltratada y sé lo q significa. Mi solidario abrazo Lo siento en el alma.

LEYLA

Para: Sandra Patricia

Mi solidaridad para la familia de Sandra, especialamente para el pequeño.
Nada podrá enmendar el crecer sin su madre.
Pensar en la labor de ser Madre, en criar seres de paz y tolerancia.

Milena Parra

Para: los familiares de las victimas

Un vacio que dejan, la violencia que se los llevo. Quedamos nosotros para escribir un nuevo capitulo. La vida es sagrada, NADA NADA justifica sus muertes. Un abrazo lleno de esperanza.

jennifer

Para: Familia de Sandra Q.E.P.D.

Acompañándolos de corazón por tan terrible tragedia de perder un ser querido. Que todo el peso de la ley recaiga contra el asesino Jorge Bernal. Un abrazo.

Maurico Mosquera

Para: familiares y amigos

No hay Justificaciónn alguna para poner fin a una vida ante. Dios todos somos iguales,algo que no henos podido entender, si no entendemos esto no entenderemos los valores de la vida.
un abrazo solidario

Edgar

Para: Sandra Rodríguez

soy vecina, me da mucha tristeza por lo que le sucedió a la
señora sandra,des afortunadamente no eta va en la casa , cuando ocurrieron
los hechos.Dios proteja a los niños que siempre los llevo en mi corazón.a
ese señor que le caiga el todo el peso de la ley, que este caso no sea los
que se archiven, o que quede en la impunidad

gloria naizaque

Para: Familiares de Sandra

que dolor tan grande que sigan pasando estas cosas, espero Dios les de fuerza y paciencia en su dolor y a ese demente asesino le den la pena máxima y sin beneficios por favor cuiden el bebé y saquen el perrito de la terraza el era parte de la familia u merece proteccion

Mireya soto

Para: Los familiares de Sandra

No los conozco, xo desde mi corazón reciban mis palabras de cariño y solidaridad en estos momentos de dolor, x favor rodeen a ese bebe q perdió a su madre.

Un abrazo,

Astrid

Astrid Salamanca Rahin

Para: la familia de Sandra.

Siendo hombre siento una profunda pena, por este tipo de hechos.

Edward

Para: Todos

Lo siento

Daniel

Para: La familia de Sandra Rodríguez

Los acompaño en su dolor. Es una tragedia para la familia, para el niño. Increíble el daño que se puede causar por sentirse dueño absoluto de la pareja.

CECILIA

Para: Todos

Nada, nada, nada justifica algo así. no entiendo en qué país vivimos. Lo siento por todos los que tienen que soportar actos como estos.

Angélica

Para: la familia de Nelson

Siento mucho que haya pasado esto. No puedo creer que por pinches 500 mil pesos maten una persona valiosa.

magaly

Para: Todos

Mi mas sentido pésame por su perdida

alber

Para: Todos

Los conocí a todos a través de estas historias. Muy triste. Ninguno merecía morir así.

Daniel

Para: Jose Rafael Contreras

De verdad siento mucho la muerte de este hombre trabajador. Que absurdo que lo mataran asi por robarlo.

Miguel

Para: Todos

Lo siento mucho

lorena