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Por Ever Mejía · 08 de Mayo de 2020

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Esta semana, justo cuando el Gobierno Nacional anunciaba la flexibilización gradual de la cuarentena por la pandemia del coronavirus, en Barranquilla pasaba lo contrario.

El alcalde Jaime Pumarejo sacó un decreto que, en cambio de abrir, endurece el aislamiento obligatorio con medidas como un pico y cédula que permite la salida de las personas a diligencias una vez cada 14 días, cierra los supermercados y prohíbe la actividad física los fines de semana.

¿La razón? El mandatario atribuye el aumento de casos de contagio en la ciudad (se duplicaron en una semana, de 167 a 342, a datos de ayer) a que la gente está violando la cuarentena.

El endurecimiento de la medida, y el hecho de que haya sido anunciada en dos comunicaciones oficiales cuyo contenido no era el mismo, generó confusión y una ola de críticas en redes a la Alcaldía, que es la más reciente evidencia de que al popular clan Char, representado por Pumarejo en el poder, se le está rayando el teflón a peso de Covid.

Aunque son varios los mandatarios que están siendo objeto de cuestionamientos y reclamos por sus medidas frente al coronavirus -comenzando a veces por el presidente Iván Duque, por ejemplo-, y eso en parte de entiende como la consecuencia de una situación nueva para la que ningún dirigente estaba preparado, las quejas contra la Administración charista no son nada usuales en Barranquilla.

Por el contrario: los Char llevan 12 años controlando la Alcaldía en una eterna luna de miel con los barranquilleros, como lo muestra el hecho de que en varias ocasiones el dos veces alcalde Álex Char (líder del grupo) haya quedado en encuestas como el más popular del país.

Más allá de eso, y como lo hemos contado en varias historias, el charismo ha establecido en el Atlántico una hegemonía (controlan la Alcaldía, la Gobernación, el Concejo, la Asamblea y la Contraloría Distrital, entre otros entes) que se refleja en el unanimismo que los rodea: sin voces críticas, poca veeduría y medios de comunicación locales amigos.

Su teflón ha sobrevivido a escándalos como los avales que dio Alex Char a cuestionados en La Guajira (como la hoy prófuga exgobernadora Oneida Pinto), que a su constructora se le hayan agrietado unas casas por las cuales los barranquilleros han tenido que pagar miles de millones y, más recientemente, que la condenada excongresista Aída Merlano haya asegurado que ese grupo fue su cómplice en corrupción electoral.

Pero ahora, el teflón parece rayarse.

La primera evidencia se puede ver en los resultados de la más reciente encuesta Gallup, que mide cada dos meses el estado de ánimo de los colombianos desde hace más de 20 años, en la que aparece que el 42 por ciento de los barranquilleros cree que las cosas en la ciudad están empeorando, 23 por ciento más que la medición realizada en febrero; pese al buen alistamiento en salud que reporta Barranquilla. 

Eso contrasta con lo que sucede en Bogotá y en Medellín, donde pese al coronavirus la gente considera que sus ciudades van mejor.

E incluso con lo que pasa en Cali y Bucaramanga, en donde más gente cree que la cosa está empeorando, pero no tanta (en la primera subió nueve puntos porcentuales entre una Gallup y en la segunda cinco puntos porcentuales).  

También bajó un poco la popularidad de Pumarejo. Pasó en dos meses de 79 por ciento a 73 por ciento, mientras que el resto de mandatarios de las ciudades principales (Bogotá, Medellín y Cali), exceptuando el de Bucaramanga que también bajó, subió en ese mismo periodo.

Aunque, 73 de todas maneras es un número alto y en el ranking de aprobación al actuar de esos cinco alcaldes en la contingencia el de Barranquilla quedó de tercero, debajo de Claudia López de la capital y el paisa Daniel Quintero.

Más allá de la Gallup, está también la encuesta de opinión que realiza mensualmente el centro de investigación Fedesarrollo para medir el Índice de Confianza del Consumidor ICC (grado de optimismo de los consumidores), que salió ayer con el resultado nacional más bajo desde que se realiza la medición hace 19 años.

Entre las cinco ciudades principales medidas (las mismas de la Gallup), Barranquilla registra la mayor disminución del ICC al pasar de 5,9 por ciento a -35,1 por ciento (ver aquí la encuesta).

En la misma medición, pero en el mes de febrero a marzo, la ciudad había sido en la que menos había disminuido ese indicador.

Otro asunto inusual que se está viendo estos días con los Char es que, tras críticas ciudadanas reiteradas en redes, su mandatario haya tenido que salir a dar explicaciones públicas.

Por ejemplo, este lunes que pasó, a Pumarejo le cayó una lluvia de reclamos cuando puso fotos y videos de 15 carros pintados de verde y anunció que se trataba de unas “patrullas Covid” que saldrían por todos lados a vigilar que se cumplieran las normas de distanciamientos físico.

Algunos creyeron que se trataba de una compra de vehículos nuevos y empezaron a reclamar esa inversión, en momentos en que en varios barrios vulnerables las personas están pidiendo mercados para comer.

Al día siguiente, en la cuenta oficial de la Alcaldía la Administración aclaró que las patrullas no se adquirieron nuevas y que ya se estaban usando en otras actividades relacionadas con la emergencia.

Pero a Pumarejo no es el único charista al que le llueve.

A la también popular exalcaldesa del clan y hoy gobernadora del Atlántico, Elsa Noguera, el rayón en el teflón se le nota en los cuestionamientos que por su contratación en la emergencia le han hecho la Procuraduría y la Contraloría, otro asunto que no es tan usual en la dirigencia del charismo, que hasta ahora ha pasado de agache en varios líos de tipo judicial o disciplinario en los que los han relacionado.

El pasado 8 de abril, la Procuraduría le abrió un proceso disciplinario a la Gobernación del Atlántico por presuntos sobrecostos en el contrato de ayudas alimentarias otorgado a Trading Group International S.A.S., por 19.319 millones de pesos. 

Como contamos, Trading es una empresa de integración logística cuyos dueños son Carlos Jaramillo y su esposa Mónica Agudelo, quienes hacen parte de la élite barranquillera. Luego de que el ente de control abriera su investigación, el secretario General del departamento, Raúl Lacouture, firmó dos otrosíes en el que reducía el valor inicial del contrato y detallaba los precios de los alimentos a suministrar, información que antes no aparecía.

Más allá de si hubo o no irregularidades, asunto que determinarán las autoridades por supuesto, la situación también ha puesto a la Gobernadora a dar explicaciones, una escena poco habitual en los 12 años de hegemonía charista.

Los entes de control le han seguido poniendo la lupa, por ejemplo este martes pasado, cuando salió en medios que una comisión de la Contraloría y la Procuraduría realizó una inspección en la Gobernación para recaudar información tras una denuncia por supuesto sobrecosto en la adquisición de elementos de protección para el personal de la salud.

(En la Gallup, Elsa Noguera se mantiene como la Gobernadora con mejor aprobación con un 78 por ciento, aunque, de los cuatro goebrnadores analizados fue la única que no reforzó su imagen: todos subieron y ella perdió dos puntos).

Los ruidos y críticas sobre los mandatarios charistas llegan en un momento en el que el Atlántico y Barranquilla tienen (a datos de ayer) 760 casos confirmados de coronavirus, 34 fallecidos y a parte de su población desesperada por la falta de ingresos. Y en este momento no cuentan con el equipo de fútbol Junior (propiedad de los Char) como activo para mejorar su imagen, como ha ocurrido en el pasado y lo hemos contado.

Comentarios (1)

Javier M

08 de Mayo

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Eso es lo que pasa cuando votamos por el que diga... (Uribe, Char, etc). Nos merecemos los dirigentes que tenemos.

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