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Nacional y Ardila Lulle: los mandamases del fútbol

La unión entre uno de los magnates del país y el club más poderoso, los tiene a ambos pensando en el negocio.

 
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Por: Sara Lopera

16/06/19

 

Cuando el Atlético Nacional y el magnate Carlos Ardila Lülle se vieron las caras descubrieron que eran el uno para el otro, una fusión perfecta de poderes.

Eso sucedió en 1996, año en el que el tercer hombre más rico de Colombia decidió comprar al club con más títulos del país, en cuya lista de credenciales está ser el equipo colombiano con más trofeos nacionales e internacionales, tener más de diez millones de hinchas, regados por todas partes, y contar con la nómina más cara de todas.

La familia Ardila hizo la compra justo cuando libraba una guerra comercial con el grupo Santo Domingo, pues acababa de estrenar su cervecería Leona para competirle al monopolio de Bavaria, de los Santo Domingo, principal patrocinador del Nacional en ese entonces.

La idea era que el Nacional fuera su vehículo publicitario para Leona.

Así, el club verde se convirtió en el primero del país que recibió respaldo de un grupo empresarial tan poderoso como la Organización Ardila Lülle, que pagó 16 mil millones de pesos para que cinco de sus empresas de bebidas azucaradas adquirieron cada una el 20 por ciento de las acciones.

Pero Nacional no era un equipo cualquiera cuando la Organización lo tomó.

Recién campeón de la Copa Libertadores y con un pasado marcado por los ruidos del narcotráfico y la sombra de Pablo Escobar, ya empezaba a consolidar una hinchada de gran magnitud en todo el país.

Tiene que ver con “el ADN de Nacional”. Así es llamado por sus seguidores. Es la sensación de ser el mejor y demostrarlo y lo sienten desde los muchachos de las comunas populares de la ciudad hasta la nieta del dueño, Carolina Ardila.

Ardila Lülle le puso al club su espíritu de empresario, lo convirtió en el mejor del país en pocos años gracias a la plata que le metió y también logró el propósito inicial de fortalecer la imagen de su organización llevando su marca Postobón en las camisas de millones de aficionados.

Luego sus expectativas empresariales en el fútbol fueron mucho más allá.

Desde el 2012 se quedó con las transmisiones de fútbol profesional a través de sus canales RCN y Win Sport -que le pertenece en un 50 por ciento-. Ambos tienen los derechos para emitir los 10 partidos de cada fecha de la Liga; RCN transmite dos y Win transmite los otros ocho; se los reparten a través de acuerdos para no quitarse audiencias, según nos contó un periodista de RCN off the record.

Cada año, según contó la Revista Dinero, Win le entrega 80 mil millones de pesos, y RCN otros 16 mil, a la entidad rectora del fútbol profesional Dimayor (que les paga luego una plata de ahí a los equipos), y que es hoy para muchos expertos el gran negocio del fútbol.

Unos días antes de la publicación de este reportaje, Win se ganó el negocio del canal Premium que venderá la transmisión de la mayoría de partidos de fútbol de Colombia -masculino y femenino- a 30 mil pesos mensuales por suscriptor desde el 2020.

Se llamará Win + y en esta movida la organización de Ardila le ganó un pulso a otro superpoderoso empresario metido en el fútbol: el cacique político Caribe Fuad Char, quien impulsaba dentro de la Dimayor (que fue la que tomó la decisión) a otra empresa para que se quedara con el Premium.

Ardila, además, se convirtió en el patrocinador de otros cuatro equipos colombianos a través de su empresa de bebidas Postobón, y en el segundo patrocinador principal de la Selección Colombia con su gaseosa Colombiana, lo que lo ayuda a posicionar aún más sus marcas.

Todo esto desde que asumió a Nacional, que lo llevó a entender todo el negocio del fútbol.

Ahora quiere crecer en otra de las áreas del negocio en las que está la plata: la compra y venta de jugadores.

Pero antes de eso, un paréntesis para contar la época oscura.

Del nacimiento a la sombra de Escobar

Sus primeros 15 años no fueron buenos ni en términos financieros ni deportivos.

Pero en 1961 le llegó un mecenas. El difunto Hernán Botero, uno de los dueños del Hotel Nutibara en Medellín y el primer extraditado de Colombia por lavado de activos, quien fue condenado en 1985 porque no pudo justificar la procedencia de sus ingresos, aunque en ese proceso no se mencionó al club.

Botero fue el dueño mayoritario del equipo del 61 al 83, años en los que llevó jugadores argentinos de alto nivel y fue campeón nacional tres veces.

Para el momento en que fue enviado a Estados Unidos, Botero había vendido el club dos años antes, justo cuando empezaron sus problemas judiciales.

Sin embargo la sombra del narcotráfico sobre el equipo por aquella época no se limitaba a él.

Del Nacional siempre se dijo que lo apoyó Pablo Escobar, un asunto que Botero negó hasta su muerte en 2016 y que nunca fue probado por la justicia.

En 1983, el asesinado ministro de Justicia Rodrigo Lara mencionó con nombre propio a Nacional como un equipo patrocinado por el narcotráfico; y Jhon Jairo Velásquez, alias 'Popeye', aseguró en 2016 que era cierto que Escobar hacía negocios con el club en los años 80, y les pagaba altos salarios a los jugadores, de quienes era cercano.

Cuando Botero vendió, el equipo fue presidido por políticos como el exgobernador de Antioquia Antonio Roldán y el exalcalde de Medellín Sergio Naranjo, quien impulsó la modalidad de ‘los puros criollos’, que consistía en contratar solo jugadores colombianos, para ahorrarse plata y también generar identidad nacional.

Con esa estrategia Atlético Nacional consiguió su primera Copa Libertadores. Naranjo salió del club en 1993 y un año después ganó la Alcaldía por el Partido Conservador, con gran reconocimiento en la ciudad por el papel en el club.

El triunfo internacional, y la participación de nueve de sus jugadores en la Selección Colombia del Mundial de Italia en el 90 -en el que se convirtieron en íconos algunos como René Higuita y el asesinado Andrés Escobar-, llevó a que su hinchada creciera exponencialmente a nivel nacional.

Justo en esa época llegó Ardila Lülle a reforzar su poder empresarial.

Lo que trajo el imperio Ardila

Los primeros 15 años en los que Nacional estuvo a cargo de la Organización Ardila no fueron los más destacados, tampoco los más malos. Ganaron cuatro estrellas y tres títulos internacionales.

Desde el 2010, Ardila Lülle se dispuso a hacer lo que fuera necesario para convertirlo en el mejor equipo de Colombia. Algo que logró con plata.

Por cuenta de esas inversiones, entre 2010 y 2017, Nacional obtuvo 11 títulos nacionales y dos internacionales.

Ardila Lülle le puso al club su espíritu de empresario, lo convirtió en el mejor del país en pocos años gracias a la plata que le metió.

Esas inversiones estuvieron dirigidas a formar un “círculo virtuoso”, como lo llama el presidente de esa época Juan Carlos De la Cuesta, quien le explicó a La Silla que consistió en contratar un cuerpo técnico muy capacitado y jugadores top, además de tener una sede nueva de entrenamiento y capacitación de jugadores.

Según cierres financieros del club, detallados en sus registros de Cámara de Comercio, Nacional pasó de un patrimonio de casi 17 mil millones de pesos en 2011 a tener uno de 50 mil millones en 2017, un crecimiento del 196 por ciento.

En 2012, por ejemplo, la Organización invirtió 19 mil millones de pesos de una sola tacada -algo que no se vio en años anteriores- para conseguir ese círculo virtuoso; y ese fue el último año en que el club registró grandes pérdidas; de ahí para adelante se ha mantenido como uno de los que tiene mejores finanzas en Colombia.

Los resultados llegaron pronto; desde el 2013 empezó a reportar ganancias, fueron campeones los dos semestres de ese año, y luego en 2014 sumaron otra estrella y un subcampeonato en la Copa Sudamericana.

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En 2016, cuando llegaron a la cima más alta, el esfuerzo fue mayor; ese año los gastos se duplicaron con respecto al año anterior.

“La plantilla en ese momento era muy costosa, alrededor de 15 jugadores se podían ganar al mes entre ochenta y cien millones de pesos; y se podían vender hasta en ocho millones de dólares”, nos cuenta Juan David Londoño, director del Blog Verdolaga.

El resultado fue el esperado. Convertirse en el rey de copas, en el mandamás de los clubes profesionales de Colombia.

La nueva apuesta: compra y venta de jugadores de la mano de una Ardila

Ahora Nacional quiere crecer en el negocio de la compra y venta de jugadores. Esto a través de la formación de sus divisiones inferiores, según coincidieron tres hinchas que conocen el club por dentro y dos analistas deportivos.

Esa nueva intención se puede deber a que, en los últimos diez años, los ingresos más significativos del club fueron los de 2016 y 2017, cuando hicieron grandes ventas con los hombres que ganaron fama luego de jugar la Libertadores. Ahí es donde realmente está el negocio.

 

Para ello tienen nada menos que el brazo de la nieta del dueño, Carolina Ardila, a quien también le gusta la idea de enfocarse en las divisiones inferiores.

Ardila nieta viene de formarse como empresaria en Nueva York, y ahora está tomando liderazgo dentro del club, especialmente después de que su papá Antonio José Ardila fue nombrado por Iván Duque como embajador en Londres el año pasado. Él había sido la cabeza del club todos estos años.

Carolina no aparece como miembro de la junta directiva, ni hace parte de lo administrativo, pero recientemente reveló que es una élite player, o sea una especie de manager que maneja y negocia los contratos de algunos jugadores con otros equipos, ganando comisiones por estos.

Ahora está representando a jugadores por lo general jóvenes que apenas están empezando su carrera profesional. No solo en Nacional, también en Leones, Once Caldas y Pereira.

Lo interesante es que tiene por lo menos a diez dentro del equipo verde; siete en las inferiores y tres en el profesional, según dijo en entrevista; y aunque afirmó varias veces que no toma ninguna decisión, aceptó que sí hace recomendaciones al club.

Un ejemplo clave fue la venta de Jorman Campuzano, un jugador joven que Carolina Ardila conoció en el Deportivo Pereira, lo recomendó en Nacional, duró todo el 2018 allí, y después lo vendió a Boca Juniors por 4 millones de dólares. Nacional lo había comprado por 1.4 millones de dólares, según Juan David Londoño, periodista que cubre el club hace más de diez años. 

Con esa venta, “todos ganamos: el club, el jugador, su representante y yo”, dijo Ardila en Caracol. Es decir que es un negocio propio que no está ligado al club, pero que con sus recomendaciones puede incidir en él. Lo que demuestra su poder por dentro y el beneficio directo que eso le trae.

“Ahí está la respuesta de para qué los Ardila Lülle tienen al club; ya no necesitan que sea su vehículo publicitario porque tienen otros, no lo necesitan para entrar en el fútbol porque ya están metidos; el negocio ahora son los jugadores”, dice Alejandro Pino, panelista de Fox Sport Colombia.

Este camino de convertirse solo en cantera no es ideal para la hinchada de Nacional, porque se corre el riesgo de sacrificar la calidad por la formación, como pasa con el Envigado.

EL PODER DE LA HINCHADA
Nacional tiene una hinchada exigente que se acostumbró al triunfo y que es capaz de presionar internamente al club para que se tomen decisiones, como es el caso de Los Del Sur, un actor poderoso por ser la barra más grande del país conformada desde 1994.
En Medellín, esta barra tiene una empresa y una corporación que contrata constantemente con la Alcaldía para hacer proyectos sociales o encargarse de la logística de eventos tan importantes como la visita del Papa a la ciudad.
Además, dentro del equipo, es una voz que oyen, a la que le piden consejos, y la que puede generar buen o mal ambiente por redes sociales para presionar a los directivos, según nos contó uno de sus líderes off the record.
Por eso, lo que venga en este semestre es clave, pues los hinchas podrán apoyar a los jóvenes del club que quieren salir a las grandes canchas en la medida en que sigan consiguiendo títulos y que hagan otras contrataciones significativas.

Para preguntar más detalles, intentamos hablar con el presidente de Nacional, Juan David Pérez, pero no recibimos respuesta.

Más allá del negocio, habrá que esperar si este nuevo camino del poderoso dúo Nacional-Ardila, aparte de plata, trae más triunfos. Porque sin triunfos se acabaría el ADN verdolaga.