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Por Juan Esteban Lewin · 20 de Marzo de 2016

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En medio de los líos que han tenido las negociaciones en La Habana en los últimos días y que llevaron a que el presidente Juan Manuel Santos enviara de nuevo a su hermano Enrique para reunirse con el jefe guerrillero ‘Timochenko’, pasó de agache una visita diferente a las otra que se han conocido: hace una semana Gustavo Grobocopatel, conocido en Argentina como el “rey de la soya”, se reunió con negociadores del Gobierno y de las Farc.

La visita, que pasó desapercibida en Colombia y Argentina, fue revelada por el Havana Times, quien contó que la canciller argentina Susana Malcorra llevó a Grobocopatel a la mesa, para presentar “‘proyectos productivos’ para el posconflicto en Colombia”.

¿Qué hacía un empresario multimillonario del agro hablando con los guerrilleros de las Farc en La Habana?

Grobocopatel, magnate del agro que no tiene tierras

Después del fallo del 2012 y el fuerte rechazo en Colombia, Nicaragua planteó dos nuevas demandas en 2013.?

Gustavo Grobocopatel es la cabeza del grupo Los Grobos, que ha creado un modelo de agroindustria particular y tan exitoso que lo ha convertido en el “rey de la soya” en ese país, que es el tercer productor en el mundo: Los Grobos cultivan un millón de hectáreas en Argentina y, sin embargo, no son dueños ni de una sola.

En vez de comprar tierra, Los Grobos arriendan las tierras, ponen las semillas, los equipos y la logística para mantener los cultivos, y también se encargan de vender sus productos.

 

Además de soya son grandes productores de maíz, y trabajan en Argentina (especialmente en la provincia de Buenos Aires), Uruguay, Paraguay y Brasil.

La expansión a esos países vecinos a Argentina tiene una lógica económica sencilla de buscar dónde más producir, pero también una política: Grobo fue muy cercano al kirchnerismo pero se distanció en 2008, cuando el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner le puso una retención del 40 por ciento a las exportaciones de soja, que llevó a un paro de los grandes agroindustriales de Argentina.

Grobocopatel se acercó a la oposición de derecha y empezó a buscar otros países para hacer negocios sin depender de las decisiones del kirchnerismo.

Por ejemplo, intentó exportar su modelo (y su actividad empresarial) a Venezuela, en lo que fracasó - aunque sí hizo grandes exportaciones. Logró establecerse en Brasil, y empezó a coquetear con la posibilidad de abrirse un mercado en Colombia. Y recientemente también lo ha tratado de hacer en Honduras y Albania.

A pesar de esos esfuerzos por no depender de Argentina, Los Grobos sigue siendo una empresa argentina. Y los puentes del “rey de la soya” con la izquierda local no quedaron quemados, lo que muestra la capacidad del empresario de tener buenas relaciones en diferentes sectores políticos.

Grobocopatel había sido especialmente cercano a Daniel Scioli, quien fue vicepresidente de Néstor Kirchner entre 2003 y 2007, y luego gobernador de la provincia de Buenos Aires, donde nacieron y crecieron Los Grobos.

De hecho, a pesar de la distancia con el kirchnerismo, Grobocopatel hizo las paces con Scioli cuando fue candidato presidencial en 2015, unas elecciones que al final perdió el kirchnerismo.

Mientras tanto, Grobocopatel llegó a Colombia en forma.

De Argentina hasta Colombia

La presencia de Grobocopatel en La Habana se da después de varias visitas a Colombia. El rey de la soya ha trabajado de cerca con el gobierno Santos en el modelo para desarrollar la Altillanura que terminó cristalizado en las Zidres.

Santos habló del “rey de la soya” en el discurso que dio desde Orocué (Casanare), cuando sancionó la ley de Zidres a fines de enero, acompañado de Grobocopatel.

“Gustavo Grobo, usted, como decía, es un soñador que convierte los sueños en realidad, que ha tenido mucho que ver, una persona muy modesta, muy prudente, pero yo tengo que decirlo, ha tenido mucho que ver en el desarrollo de la agricultura de su país, de Argentina, de Brasil, de Uruguay, que hoy son verdaderas potencias agropecuarias”, dijo Santos. “Por qué no nos dice cómo nosotros podríamos medio parecernos a esas potencias, que hoy ya son una realidad, y que usted ha dicho que nosotros tenemos todo para poderlo realizar (...) Muchas gracias Gustavo.”

Esas palabras son el resultado de una relación de casi cinco años entre el gobierno y Grobocopatel, que arrancaron con una reunión entre el presidente, el entonces ministro de Agricultura Juan Camilo Restrepo y el “rey de la soya” en agosto de 2011.

Luego, en febrero de 2014, Grobocopatel estuvo en Carimagua con el entonces ministro de Agricultura, Rubén Darío Lizarralde, conociendo la Altillanura, que es la zona donde mejor se podría aplicar su modelo de alquilar tierras para hacer una agricultura tecnificada y extensiva.

Esos coqueteos cristalizaron el año pasado cuando el área de consultoría de Los Grobo le hizo una asesoría con plata del BID para para armar un plan de desarrollo sostenible para la Altillanura. En otras palabras, el BID puso la plata para que el “rey de la soya” propusiera cómo aterrizar su modelo en la última frontera agrícola del país. Y eso ya daba una pista de para dónde iba el Gobierno.

Iragorri resaltó que el estudio encaja también con su proyecto “Colombia Siembra”, con el que busca crear un millón de hectáreas adicionales de cultivos. En realidad, el plan de Grobocopatel podría, él solito, cumplir las metas de “Colombia Siembra”.

Aunque la Silla no ha podido conocer el estudio, Rudolf Hommes presentó sus conclusiones en una columna en enero. Según el ex ministro de Hacienda de César Gaviria, el estudio hecho por Los Grobos muestra que se puede cultivar un millón de hectáreas de maíz nuevas, otro millón de soya y 500 mil hectáreas de arroz, creando 160 mil empleos directos e impulsando el PIB en 1.500 millones de dólares al año, un 2 por ciento adicional.

El plan también incluye que el Gobierno otorgue créditos con tasas blandas, subsidios a la inversión en riego y maquinaria (cosas que ya hace) e instrumentos financieros que protejan a los cultivos de revaluaciones o cambios climáticos. Es decir, todo un esquema que asegura que se puedan hacer esas inversiones en la Altillanura.

Todo ese esquema se puede aterrizar con las Zidres, unas zonas armadas para que grandes empresas agroindustriales se asocien con campesinos en los baldíos de la Altillanura, de tal forma que los primeros pongan las inversiones para la maquinaria, las semillas y otros insumos, y los segundo las tierras y eventualmente el trabajo.  

Justo el modelo de Los Grobos, como indirectamente dijo Santos en Orocué:

“El señor Grobo que nos acompaña hoy (...) cuando vio el potencial de Colombia se acercó, no en búsqueda de dinero, no en búsqueda de contratos, sino en búsqueda simplemente de que le permitieran usar su experiencia para poner a producir toda esta altillanura (...) ya ha venido diseñando un esquema, muy interesante, donde nos dicen; miren, si Argentina hoy es una potencia agrícola, Colombia lo puede ser igual o más, porque ustedes tienen ese potencial si hacen las cosas bien.“

El señor Grobo que nos acompaña hoy (...) ha venido diseñando un esquema, muy interesante, donde nos dicen; miren, si Argentina hoy es una potencia agrícola, Colombia lo puede ser igual o más

Juan Manuel Santos

Las Farc y las Zidres

La idea de la canciller María Ángela Holguín de llevar a Grobocopatel a La Habana encaja con uno de los puntos que están discutiendo sobre el fin del conflicto y que tiene que ver con la reincorporación a la vida civil de los guerrilleros “en lo político, lo económico y lo social de acuerdo con sus intereses”.

Lo interesante de esta visita es que esa “reincorporación económica”, si se sigue el manual Grobos, se haría en una perspectiva diferente: las Farc siempre han defendido que la explotación del agro se haga desde la agricultura campesina y familiar, especialmente a partir de cooperativas. Eso está incluído en el acuerdo, a través de los llamados Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial.

Lo que se acordó en el punto de desarrollo agrario apunta a que los campesinos sean dueños de la tierra y bienes públicos para que las puedan explotar.

Hasta ahora, no es claro cómo encajarían esos puntos del acuerdo con la política agraria de Santos, especialmente con las Zidres. La visita del “rey de la soya” muestra cuál puede ser la respuesta.

Una fuente que conoce la Mesa por dentro dijo que la reunión con las Farc había sido muy buena para “pensar en el futuro”.

“Para que esto funcione, las Farc tienen que tener una idea más clara de lo que va a pasar después”, explicó otra fuente con conocimiento de adentro.

El modelo de Grobocopatel podría, eventualmente, conciliar las dos cosas: la aplicación de los acuerdos debería hacer que más campesinos sean dueños de la tierra y darles herramientas para empezar a producir.

Pero, como siempre, el problema es quién les compra los productos y las inversiones que exige un cultivo para ser realmente competitivo. Eventualmente, Grobocopatel podría asociarse con ellos porque les respeta la propiedad de la tierra, les garantiza recibir utilidades y podría darles trabajo.

“Lo acordado en La Habana tiene carácter reparador con el acceso integral a tierra”, explica una de las fuentes. “Pero ¿qué sigue? ¿Cómo serán los hijos de esos campesinos? Lo que sigue es progreso a base de conjuntar las parcelas, generar sinergias, economías de escala, etc. El futuro es la empresa. La tierra no es lo importante.”

Por eso, dado que las Farc han anclado todo su discurso revolucionario en la defensa del acceso a la tierra, que hayan recibido en la mesa a Grobocopatel da una idea de las posibilidades que se está abriendo en La Habana.

CONTEXTO

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