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Junior, el papá de los Char

Sin simplismos: el equipo del clan más poderoso del país es, además, un potente símbolo de unidad regional frente a la exclusión Caribe.

Foto: Tomada de @AlejandroChar
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Por: Laura Ardila Arrieta

16/06/19

 

1. El poder

El día que arrancaron los casi 12 años que lleva la casa política Char controlando la Alcaldía de Barranquilla, hoy en cabeza de un alcalde tan popular que suena como posible candidato a la Presidencia, lo único que generó aplausos fue el anuncio sobre el Junior.

El equipo de los amores de la ciudad, al que Álvaro ‘el Nene’ Cepeda Samudio definió como “la querida de Barranquilla”, propiedad de los Char desde los 70, iba ese 2008 camino al descenso en el torneo de fútbol profesional colombiano.

Barranquilla venía de desesperanza en desesperanza. Entonces ya había despertado del sueño que años antes había significado para algunos el triunfo sobre los gamonales electorales del cura de izquierda Bernardo Hoyos, quien resultó condenado por corrupción.

El recién elegido alcalde Álex Char llegó a tomar posesión del cargo al popular barrio El Bosque, frente a decenas de habitantes de barriadas. Su discurso era un ladrillo. “Ni yo me lo soportaba”, contó en una entrevista tres años después. De repente, sacó un as. Dijo que tenía “una chiva”. La chiva de que Giovanni Hernández, uno de los jugadores del momento en América Latina, sería comprado por el Junior para ayudarlo a ser campeón. Al pueblo, pan y circo.

Fue el único instante en el que aplaudieron.

Bueno, el único ahí. Porque desde entonces los aplausos de algunos con cada buena noticia sobre el Junior se han convertido en uno de los principales activos intangibles del grupo político, que en poco más de una década se graduó de clan regional más poderoso y popular del país.

Es rara la rueda de prensa del Alcalde -próximo a cumplir su segundo periodo de Gobierno con una favorabilidad de alrededor del 90 por ciento en todas las encuestas- que no termine con alguna pregunta sobre el Junior. No importa si la convocatoria original era para hablar de los homicidios, del problema de los arroyos o de cualquiera de las megaobras que ha gestionado y concretado.

Char comenzó su era en la Alcaldía anunciando la compra de un jugador, generó una ovación y marcó un derrotero. De allá para acá, ha informado sobre la contratación de técnicos, pedido apoyo a los hinchas, criticado a los árbitros o al mismo equipo en alguna derrota.

 

Le llevó la camiseta rojiblanca al Papa.

Foto: Tomada de lasnoticias.co

Intervino en una ocasión ante la entidad Dimayor para cambiar el horario de un partido. Por supuesto, celebra cada gran triunfo.

Desde que se posesionó aquel primero de enero de 2008, han sido cuatro campeonatos con estrella, de nueve que ha ganado el Junior en su historia de casi un siglo.

Y es que estos 10 años largos de crecimiento político y económico de los Char coinciden perfecto -y no casualmente- con la mejor década deportiva del equipo, que hoy es considerado uno de los más potentes del país.

Álex Char lo celebra bailando, cantando, saltando, en ese estilo tan conocido suyo de hombre Caribe que con sus maneras en apariencia sencillas, divertidas y desenfadadas -siempre de gorra raída- ratifica el lugar común del costeño bacán en el imaginario colectivo y gana réditos en popularidad entre muchos.

No puede entenderse, pues, esa gran máquina política que son los Char sin mencionar al Junior, cuyo presidente es el hermano del Alcalde, Antonio Char, y cuyas decisiones importantes son tomadas (y también anunciadas y comentadas públicamente) por el padre de ambos: el patriarca del clan y exsenador Fuad Char.

Las cuentas del poder charista son conocidas: pondrán sucesor en la Alcaldía este año de regionales. Cuentan con mandatarios aliados en cinco de los ocho departamentos del Caribe. Tienen la bancada propia más grande del Congreso, después de la del expresidente Álvaro Uribe.

Ejercen una hegemonía tan absoluta en el Atlántico que, por primera vez en la historia desde que comenzó la elección popular de gobernadores, absolutamente toda la clase política tradicional del departamento se unió alrededor de su candidata a la Gobernación.

Es decir, ahora tendrán ellos al Gobernador.

Influyen en el Concejo, los organismos de control, los medios.

Una aplanadora que se sostiene y se explica en la efectiva mezcla que lograron para generar voto de opinión y voto amarrado por el clientelismo.

Los ingredientes son: una maquinaria tradicional que, por ejemplo, en 2015 usó a la Alcaldía para conseguirle apoyos a la reelección de Char entre los contratistas y que tiene varios congresistas cuyas campañas compran votos.

Una gestión pública reconocida como buena, destacable sobre todo por la mega inversión en obras, casi todas civiles, que le cambiaron la cara a Barranquilla.

El éxito empresarial del grupo familiar - dueño entre otros muchos negocios de la conocida cadena comercial Olímpica - que recientemente estrenó banco y les garantiza tener un brazo económico fuerte y propio.

Una excelente relación con los medios locales que, en parte, podría entenderse a la luz de la millonaria pauta oficial que ha entregado la actual Administración (en cifra no muy lejana a la entregada por el Gobierno de Bogotá, que tiene más del triple de habitantes de Barranquilla).

Y el Junior.

Al Junior la casa Char le debe, incluso, su entrada a la política en el 84.

“El Junior no es una fuente directa de votos para los Char, es más, a veces es hasta un gasto para ellos. Pero les da aún más estatus y ayuda a que la gente esté más contenta, cuando al Junior le va bien para más de uno el agradecimiento es para los Char”, dice un político del grupo que pidió que se omitiera su nombre para evitarse líos.

“Yo no creo que aquí alguien vote porque compraron a un jugador, pero el equipo en ocasiones sí puede ser una cortina de humo”, opina por su lado un periodista deportivo local.

“Ellos (los Char) nunca nos han pedido un voto”, cuenta desde otra orilla César Cerpa, presidente saliente de la barra más grande del equipo: el Frente Rojiblanco, de mil integrantes, quien de hecho este año se lanza a edil pero por otro grupo en el liberalismo.

Y agrega que tampoco ha oído jamás a alguno de sus compañeros de hinchada afirmar que va a salir a votar por los Char porque el equipo ganó.

Pero sí ha escuchado, no obstante, a muchachos decir cosas como que es mejor comprar en la Olímpica, que en otra tienda, porque con esa plata “ayudan al Junior”.

En el sentido contrario, si el equipo está en alguna mala racha atribuible a su dirigencia, esos mismos muchachos se advierten unos a otros: “No compren en la Olímpica, compren en Ara”.

Como dijo el político charista, el equipo no es una fuente directa de votos, pero eventualmente puede determinar la consideración que les tiene la gente.

El Junior es tan clave en la ecuación de poder del charismo que hasta ahora ha sido prácticamente el único factor capaz de alterar por instantes la unanimidad en la ciudad alrededor de los Char.

Por ejemplo en 2016, cuando Fuad Char tuvo un contrapunteo público con un técnico y criticó la poca asistencia de los hinchas al estadio, varias barras se molestaron y extendieron en el Metropolitano unos trapos gigantes que decían:

Foto: Tomada de lachachara.org

Foto: Tomada de lachachara.org

La crítica pública en un tono que no ha sido usual, por ejemplo, ni por las casas que a principios de 2000 se le agrietaron a una constructora que era del Alcalde y dejaron 400 familias damnificadas. Ni por la cifra de homicidios que en enero de 2017 fue la más alta en una década.

(Cinco meses después de ese enero, por cierto, los Char hicieron la transacción más alta del fútbol colombiano al comprar al jugador Yimmi Chará por 4,5 millones de dólares, luego de lo cual adquirieron a Teófilo Gutiérrez por 2,5 millones de dólares. La compra de Teo por parte del equipo de su familia la anunció el Alcalde mientras inauguraba un hospital).

Al Junior la casa Char le debe, incluso, su entrada a la política. El Junior abrió esa puerta. Fue en 1984, cuando el entonces presidente Belisario Betancur designó a Fuad Char Gobernador del Atlántico por recomendación de su ministro Jaime Castro, quien había sido dirigente de la Dimayor, en donde conoció a Fuad como un empresario deportivo.

Junior tu papá, reza el grito de guerra que retumba en Barranquilla con cada partido del equipo “Tiburón”

Y, Char, Junior tu papá.

En todo caso y por supuesto, ser juniorista no significa ser necesariamente charista y el Junior es más allá de los Char.

2. Ese amor insoportable

El Junior nació el 7 de agosto de 1924 bajo un palo de matarratón en la calle de Las Vacas (hoy calle 30), de Barranquilla.

Lo fundó una mujer: Micaela Lavalle, una señora sencilla que simplemente quería que sus hijos pequeños tuvieran un equipo en el cual poder jugar fútbol.

Hoy en el estadio Metropolitano es común ver en los partidos del Junior un trapo que reza:

Foto: Laura Ardila

Fue ella quien escogió los colores rojo y blanco de la camiseta, inspirada en las banderas de algunos de los barcos que llegaban al puerto.

En 1948, año en que comenzó el torneo profesional del fútbol de Colombia, el Junior, en manos de empresarios prestantes de la ciudad (aún no de los Char), compitió y logró convertirse de una en nada menos que el primer subcampeón profesional del país, frente a Santa Fe en Bogotá.

Esto fue muy simbólico porque, mientras Santa Fe tenía jugadores extranjeros en su nómina, al Junior lo integraban únicamente costeños, un asunto que: uno, demostró que el equipo tenía posibilidades de dar peleas deportivas grandes y, dos, empezó a cimentar la identidad barranquillera y Caribe del Junior.

Debido a una crisis económica, a fines del 53 y por 12 años el equipo se retiró de la competencia de la Dimayor. Es decir, del fútbol profesional.

En 1966 regresó y, con el centralismo a la orden del día por cuenta del Frente Nacional, poco a poco se fue convirtiendo en una suerte de ejército desarmado de la región que en el campo de juego defendía la dignidad regional frente al interior, como lo cuenta en este audio el profesor Alfredo Sabbagh, un juniorista de esos de amor insoportable.

El Junior venía a reivindicar ese Caribe, esa Barranquilla, vistos como periferia desde el interior.

Ya en 1950, en una columna titulada ‘El Juramento’, Gabriel García Márquez se había declarado convertido “a esa religión dominical del fútbol” y en un “hincha intempestivo” del Junior, cuyos jugadores comparó con escritores en ese texto.

Lo único que le faltaba al Junior entonces era ganar su primer campeonato nacional.

En 1972, varios de los empresarios dirigentes invitaron al también empresario Fuad Char para que se vinculara al equipo.

Fuad venía de Lorica (Córdoba) hasta donde migró su padre desde Siria, y en aquella época ya era reconocido en Barranquilla como el próspero dueño de las tiendas Olímpica.

Desde que llegó, comenzó a meterle plata al Junior.

Viajó a Brasil y a Argentina a comprar jugadores.

Y en 1977, ya bajo su presidencia, el equipo consiguió su primera estrella, bajo la dirección técnica del argentino Juan Ramón ‘la bruja’ Verón.

A la derecha Adelita y Fuad Char. Foto tomada de Villegas Editores

Poco a poco, Fuad se fue quedando con todo el equipo y desde entonces su figura siempre ha estado en los hitos del Junior. No sólo en ese primer triunfo. También fue él quien como Gobernador inauguró el Metropolitano. Y su esposa fallecida, Adelita de Char, aún es recordada como una de las más grandes hinchas.

Foto: Tomada de @AlejandroChar

Pero hay otra figura, una figura vital, determinante para que el Junior se convirtiera en ese referente barranquillero y Caribe que es: Édgar Perea, chocoano de Barranquilla y juniorista de altura.

Perea, de hecho, narró ese primer triunfo, en el Campín de Bogotá contra Santa Fe.

Foto: Tomada de lachachara.org

Con las formas y contenidos de sus narraciones, abierta y contundentemente a favor de su “Junior del alma”, marcó un hito porque se convirtió en una suerte de pastor de ovejas en esa religión llamada fútbol, dentro de la ‘iglesia’ Junior.

Como todo el mundo llevaba radiecitos al Romelio Martínez sintonizados en su narración, daba la impresión de que él se encontraba ahí en el estadio.

De esa manera, controlaba a los hinchas.

Les pedía, por ejemplo, que hicieran el famoso “corito celestial”, que no era más que gritarles “¡hijueputa!” a los árbitros sistemáticamente para aturdirlos, si consideraba que éstos estaban siendo injustos con el equipo. “Aquí no van a venir a robarnos”, decía.

Pero acaso el poder de la figura de Perea en el fervor por ese símbolo que es el Junior lo resume mejor esta anécdota que cuenta César Cerpa, de la barra Frente Rojiblanco:

“Siendo niño, yo me hice juniorista sin conocer al Junior porque mi abuelo se sentaba a oír al Negro Perea y a mí me emocionaba tanto eso que él decía de “mi Junior del alma” y esas cosas, que cuando salía a jugar con los amigos fútbol, enseguida me pedía: ¡Yo soy Junior!”.

Famosas eran sus peleas con el comentarista caleño hincha del América, Óscar ‘Poncho’ Rentería.

Ahí nació el famoso grito de guerra juniorista de "Junior tu papá", como lo contó el mismo Perea en varias entrevistas que dio después.

Poncho llevó esa grabación al Ministerio de Comunicaciones y la entonces ministra, Noemí Sanín, suspendió por un mes a Perea como narrador.

Cuando la suspensión pasó, Perea decidió que no iba a volver al estadio de cualquier manera. Como buen pastor de esa iglesia que se llama Junior en la religión moderna del fútbol, literalmente decidió bajar del cielo.

En otra ocasión, al final de otra suspensión por otra de sus salidas desmedidas, salió a la cancha como un jugador más del Junior con una mordaza.

Al llegar a la mitad, el legendario Dulio Miranda, entonces capitán del equipo, se la quitó y le entregó un micrófono, luego de lo cual Perea empezó a narrar. El estadio se quiso caer de la emoción.

Era tal su influencia que le hablaba al oído a Fuad Char y lo asesoraba en compra de jugadores o contratación de técnicos.

Y también se atrevía a criticarlo en micrófonos si al equipo le iba mal.

El Nene Cepeda y Diomedes Díaz lo inmortalizaron.

El primero en un cuento y el segundo en una canción.

Cuando murió, por disposición suya, sus cenizas fueron esparcidas en el Metropolitano antes de un partido. 

Fue en abril de 2016. El pastor quedó para siempre en su templo. En el templo del Junior. Que es de los Char. Pero también del Caribe.