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El fortín que perdió Ramiro Suárez

El equipo motilón acarició el cielo del fútbol mientras plata de políticos y contratistas cuestionados corría a montones por sus arcas.

Foto: Alirio Parra
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Por: Jineth Prieto

16/06/19

 

La última vez que en el Cúcuta Deportivo resonó el nombre del exalcalde condenado por homicidio Ramiro Suárez Corzo fue hace seis meses.

En plena celebración por el ascenso del equipo al torneo de primera división, luego de tres años en la categoría B, el capitán Breynner García le agradeció en medio de una entrevista.

“...a Ramiro Suárez, que ha sido una persona muy importante para esta institución”.

No dijo más, pero unos momentos después una pancarta que alzaron dos porristas en plena grama se encargó de que a las tribunas llegara el mismo mensaje mientras la afición celebraba enloquecida el triunfo.

La escena fue como rebobinar 12 años la historia de ese club.

García era el capitán del Cúcuta cuando ese equipo acarició el cielo del fútbol sobre los hombros de Suárez, quien entonces se convirtió en el padrino del equipo y en uno de sus ídolos.

La única estrella que está sobre el escudo del equipo motilón, carga a cuestas con que su principal motor está condenado por homicidio y tiene investigaciones por paramilitarismo y por otra seguidilla de muertes y desapariciones.

***

Ramiro Suárez Corzo no alcanzaba los 20 años cuando llegó a Norte de Santander proveniente de Bogotá, ciudad a la que había ido a probar suerte tras terminar la primaria en su natal Encino, Santander, atraído por la bonanza fronteriza.

Esa era la época en la que los venezolanos, que hoy salen masivamente de su país huyéndole al régimen de Nicolás Maduro, eran la base de la economía cucuteña porque les salía más barato comprar en Colombia que en su país natal.

Llegó a la comuna la Libertad, una de las populares de la ciudad, y arrancó de abajo.

Además de mecánico, trabajó como vigilante, comerciante y conductor de taxi, y a la par se hizo fama de líder barrial.

Desde entonces, en palabras de una fuente que lo conoce de la época y que trabajó con él, era fácil darse cuenta que era “de esos que tiene olfato y sabe agarrar oportunidades”.

Y hasta ahora ha agarrado dos grandes que le dieron base a lo que hoy es.

La primera fue cuando se acercó a la política aprovechando su oficio de conductor y se convirtió en el chofer de Mario Said Lamk, quien para esa época era candidato al Concejo del Movimiento de Salvación Nacional liderado por el asesinado líder conservador Álvaro Gómez Hurtado. Eso le sirvió para escalar políticamente.

La segunda fue cuando en el marco de su entonces ascendente carrera política decidió capitalizar electoralmente al Cúcuta Deportivo, el equipo del departamento.

Esa fue una decisión particularmente inteligente porque nadie tuvo el olfato para hacerlo aún cuando lo que representa ese equipo es capaz de mover fibras en la ciudad.

Aunque sus triunfos pueden contarse con los dedos de una sola mano, su hinchada es fiel, es de la que va al estadio.

Eso se explica en buena parte en que el equipo ha estado allí desde siempre. 100 años debería tener hoy el que no lo hubiera conocido desde niño.

El Cúcuta este año cumple 90, fue uno de los primeros cuatro que se creó en el país y hace 67 años cofundó la entidad rectora Dimayor.

“Para que me entienda. Antes de la llegada de los centros comerciales, un domingo en Cúcuta o se iba al estadio o se iba al río”, nos dijo un hincha cuando intentaba describir por qué era importante su equipo.

El Cúcuta es glorioso por partida doble, al menos ese es su apodo: el doblemente glorioso.

Hay tres teorías futboleras sobre el origen de ese mote: una cuenta que es porque fue campeón de la segunda división en 2005 y repitió título en 2006 en el fútbol profesional; otra que es porque en su época de gloria era tan famoso que los venezolanos venían a verlo, y que por esa razón era glorioso no solo en Colombia sino también en el vecino país; y la tercera que es porque le ganó en la década del 50 con goleada ida y vuelta al Deportivo Cali, cuando ese equipo era llamado el glorioso.

Pero incluso habría otra manera de explicarlo, que tiene menos de mística, que también está amarrada al fútbol, pero que se entrelaza con la política.

La gloria que Ramiro multiplicó por dos

El Cúcuta Deportivo tiene dos momentos claves en su historia.

Uno fue en el 64, cuando empresarios locales decidieron apostarle al equipo y lo volvieron protagonista del torneo de la fecha.

En ese entonces trajeron a varias figuras de la selección uruguaya y la campaña fue tan exitosa que el Cúcuta quedó de subcampeón en el torneo.

El segundo está escrito con la letra de Ramiro Suárez Corzo.

Fue a inicios de la primera década del 2000 cuando en Cúcuta pasaba de ser un líder barrial a una de las cabezas de la campaña del entonces candidato a la Alcaldía Manuel Guillermo Mora, quien para la época fue avalado por Apertura Liberal -una disidencia del liberalismo- y más adelante llegaría al Congreso, con el aval de La U y se mantendría hasta que se quemó el año pasado.

Tras la elección, Mora lo nombró el enlace de su Administración con el Concejo. Aunque no era formal, su cargo en la práctica tenía que ver con la negociación burocrática para asegurar la gobernabilidad del municipio.

Desde entonces, Ramiro empezó a hablar del Cúcuta Deportivo en círculos políticos.

“Todos eran aficionados al equipo pero iba muy mal. Y Ramiro hablaba y hablaba de que había que recuperarlo, pero también se decía que había muchas deudas y nadie daba el primer paso”, dijo a La Silla un político de Cúcuta que trabajó junto a Suárez en esa época.

Esa idea existía porque para ese momento el equipo completaba ocho años en la segunda división y 10 años en manos de los Pachón, una familia bogotana empresaria de fútbol, que se dio a conocer en la década de los 80 en la industria con el Santa Fé.

En 2003 Suárez se convirtió en el candidato a la Alcaldía de Cúcuta de Mora, el mandatario de la época, y de buena parte de la clase política de la ciudad.

Para ese momento ya pesaban varias sombras sobre él debido a que en Cúcuta empezó a correr la versión de que se había aliado con paramilitares -en ese entonces amos y señores de la frontera- para ascender.

Sin embargo, como venía de abajo y su historia era algo así como la de la cenicienta de la política, aún con esa sombra, se catapultó electoralmente.

En 2003 arrasó en las urnas y se eligió con 127 mil votos -el segundo obtuvo solo 19 mil votos-. Sus promesas fueron empleo, obras y el ascenso del Cúcuta a la A.

La del equipo fue la que primero cumplió.

Cuatro meses después de posesionado dio la noticia de que el Cúcuta había sido comprado a la familia Pachón.

El detrás de cámaras de esa compra está envuelto en varios ruidos.

Lo que está formalmente reconocido es que Suárez buscó a un grupo de empresarios locales para que se decidieran a invertir en el equipo.

El tema de fondo es que una parte de los empresarios que buscó y que compraron, según consta en los documentos de la época el 70 por ciento del equipo, después terminaron investigados por narcotráfico o corrupción, o asesinados.

La lista inicial incluyó a Jensy Miranda, empresario de los lácteos y del sector de la construcción que algunos años después terminaría condenado en España por narcotráfico.

También a Carlos Édgar Duarte, quien fue una de las manos derechas de Suárez en su Gobierno y fue asesinado por sicarios en abril de 2006 cuando era secretario de obras del municipio y paralelamente el secretario general del Cúcuta Deportivo.

Además de ellos, dentro de la baraja de socios aparecieron nombres como el de José Enrique Duarte, quien diez años después llegaría a la Asamblea como candidato de Ramiro Suárez; el de Pedro Mora, actual diputado y hermano de Manuel Guillermo Mora, quien impulsó a Suárez para llegar a la Alcaldía; y el de Julio Vélez Trillos, empresario de casas de cambio, concejal de la época que más adelante perdería su investidura y uno de los grandes aliados de Suárez.

Esa compra también enfrentó cuestionamientos porque aunque el anuncio del entonces Alcalde fue que los cucuteños podrían comprar el 8,5 por ciento de las acciones eso al final no pasó.

En su lugar una tajada se la llevó Inversiones Cúcuta, que era una entidad estatal, cuando para entonces no era claro si un público podía destinar plata para ese fin.

Esas acciones las adquirió al poco tiempo Israel Bahar, empresario que es una de las cabezas de la Cámara de Comercio de Cúcuta y quien entonces era el director del Área Metropolitana.

Encima, hubo sombras porque en ese momento no se supieron los nombres de los dueños del otro 30 por ciento del equipo.

“Ese porcentaje siempre quedó en manos de Ramiro Suárez directamente pero él no podía aparecer porque era el Alcalde”, dijo a La Silla un veedor que pidió la reserva de su nombre para ahorrarse problemas.

Que eso fuera así no pudimos probarlo porque en la Cámara de Comercio de Cúcuta solo hay documentos del equipo desde 2012, que es cuando por petición de la Superintendencia de Sociedades -así como todos los demás-, dejó de ser una corporación y se convirtió en una sociedad anónima.

En todo caso, lo que sí es claro es que hubo modificaciones en el registro de acciones y que a los pocos meses empezaron a figurar formalmente otros políticos y contratistas aliados de Suárez Corzo.

Entre esos, apareció el nombre de Pedro Barriga, constructor que fue señalado años más tarde por paramilitares desmovilizados como un colaborador activo de las AUC (La Silla no logró establecer si está investigado actualmente), y es hermano del exsenador del viejo PIN Carlos Barriga, a quien la Corte Suprema está investigando por parapolítica.

También salieron al ruedo el hoy alcalde de Cúcuta, César Rojas, quien llegó a ese cargo en 2015 apadrinado por Suárez; José Antonio Manrique Torres, cabeza de la Corporación Paz y Futuro, hoy emproblemada con el Plan de Alimentación Escolar en Cúcuta adjudicada por Rojas; y el de Pilar Belloso, hermana de Rubén Darío Belloso, quien se quedó con la formulación del POT del municipio también de la mano de Rojas.

Incluso, los nombres de Ramiro Suárez, y de sus hijas, Eimy y Paola Suárez, salieron del anonimato y ocuparon la lista de accionistas de frente.

Más allá de la fecha exacta en la queda prueba de la injerencia del controvertido exalcalde en el Cúcuta, lo que es un hecho es que desde que se movió para que cambiara de dueños, le cambió el semblante al equipo, que estaría a punto de vivir una bonanza sin precedentes en su historia.

La gasolina de avión

La gasolina en política es sinónimo de plata, y Ramiro Suárez trasladó la figura al fútbol local.

La bautizó ‘gasolina de avión’, porque en palabras de uno de los directivos de la época que nos habló bajo condición de no ser citado, esa “es más potente y lo que había que hacer aquí era potenciar”.

No existen registros públicos de cuánta plata metieron los socios del equipo desde entonces ni de dónde salió esa plata y ninguno de los tres directivos de la época con los que hablamos se atrevió a darnos un monto, pero en lo que todos coincideron fue en que había a manos llenas y que gracias a ella el equipo despegó.

“Subieron los sueldos, mejoraron las contrataciones, se trajo un nuevo equipo técnico, se acordó todo para que pudiéramos ser realmente competitivos”, nos dijo ese mismo directivo.

El arranque de esa renovada campaña, con la que el estadio General Santander volvió a registrar taquillas de 20 mil personas por partido -antes eran de menos de mil-, coincidió con el primer carcelazo de Suárez.

En junio de 2004, seis meses después de posesionado y dos después del anuncio de la compra del Cúcuta, fue capturado por presuntos vínculos por paramilitares.

Estuvo privado de la libertad solo nueve meses porque la Fiscalía archivó la investigación debido a falta de pruebas, pero ese episodio, lejos de afectar su popularidad, lo victimizó y disparó aún más su imagen, que estaba sobre las nubes gracias a los resultados del equipo.

Regresó a la libertad justo cuando en el torneo de ascenso de 2005, el Cúcuta era el favorito.

“La plata corría a manos llenas. Había que tenerlos motivados a todos”, nos dijo uno de los directivos de la época que nos pidió la reserva de su nombre por seguridad.

Esa era la gasolina de avión que Suárez había institucionalizado.

Se pactaba el pago de comisiones a los jugadores antes y durante el partido, dependiendo de cómo fuera el marcador.

“Ramiro bajaba con las cajas de plata de las taquillas a los camerinos y ofrecía. “Bueno hijueputas, a ver si es que no van a hacer goles”, y luego ponía una cifra”, nos contó un empleado del equipo.

No siempre bajaba con cajas, a veces en un canguro cargaba plata en efectivo y se aseguraba de tener aceitado al equipo.

El mismo Ramiro reconocería años después que el promedio de entrega de incentivos, como él lo llamaba en público, era de 100 millones de pesos por partido.

Más allá de la plata, había presión de los dueños hacia el cuerpo técnico por los resultados.

En la final de 2005 del torneo de ascenso, el director técnico de la época, Álvaro de Jesús Gómez, denunció que el presidente del Cúcuta, que para la época era Álvaro Trillos, lo había amenazado de muerte.

"Si no hubiera conseguido el título no sé qué hubiera pasado, igual yo temí lo peor", dijo a Caracol Radio dos semanas después de ascender al equipo, tras empatar en Caucasia de visitante con el Bajo Cauca y ganarle de local en el General Santander.

Ya en la primera división, los dueños del Cúcuta botaron la casa por la ventana.

Contrataron a Jorge Luis Pinto, quien venía de dirigir la Selección de Costa Rica, y reforzaron la nómina con el panameño Blas Pérez, el uruguayo Charles Castro, el mediocampista Macnelly Torres, y el local Breynner García, entre otras figuras.

Jorge Luis Pinto, entonces entrenador del Cúcuta, en rueda de prensa con Ramiro Suárez y directivos del equipo. Foto tomada por Alirio Parra

Esa fue la época en la que Ramiro Suárez aparecía en el estadio y las tribunas estallaban en júbilo.

Era famoso por regalar boletas, por aparecer en los estadios con los socios, e incluso por asegurarse de que los hinchas que viajaban pudieran ver el partido.

Fue la misma época en la que con Pinto de la mano, el Cúcuta en diciembre de 2006 ganó su primera estrella en el fútbol profesional tras derrotar al Tolima.

Al día siguiente del triunfo del Cúcuta contra el Tolima, el equipo dio la vuelta olímpica en el General Santander junto a Ramiro Suárez. El desfile lo hizo acompañado de William Villamizar, quien era su candidato a la Gobernación y resultó elegido ese año. En 2015 volvió a intentarlo y actualmente está terminando su segundo periodo cómo Gobernador de Norte de Santander. Foto: Alirio Parra

También la misma en la que unos meses más tarde, pero ya bajo la batuta de Jorge Luis Bernal -Pinto salió porque pasó a dirigir a la Selección Colombia-, fue protagonista en la Copa Libertadores.

En ese entonces el Cúcuta reeditó en versión futbolera la historia del mismo Ramiro: empezó a ocupar titulares por ser la cenicienta de los torneos.

Ese fervor también se empezó a traducir en votos. Carlos Barriga, hermano del accionista Pedro Barriga -ambos investigados por parapolítica-, llegó al Senado en 2006 impulsado en parte por la buena racha deportiva del Cúcuta de la que habló en campaña.

Mucho de lo que sucedió en ese momento fue gracias a la plata que corría.

El reporte de la época de la prensa deportiva hablaba de que la nómina era de 600 millones de pesos y de que ese valor era más alto que el promedio en equipos consolidados.

La fiebre del equipo motilón, que adoptó ese nombre porque sus ancestros son de la etnia motilón-barí, registraba taquillas que alcanzaban varios cientos de millones de pesos.

Y por debajo de la mesa rodaban los incentivos que le pagaban a cada jugador por ganar el partido y por hacer goles.

Esa lógica terminó pervirtiendo al equipo.

“Los jugadores empezaron a jugar por los incentivos y los negociaban. Si no les gustaban presionaban con malos resultados y después de que los cuadraban salían a ganar”, dijo a La Silla un directivo de la época que nos habló bajo la condición de no ser citado.

El día de la semifinal de la Libertadores de 2007, cuando el Cúcuta le ganó como local al Boca Junior 3 -1 en el partido de ida, fue emblemático no solo por el resultado, sino también por lo que sucedió en camerinos.

Ese día Ramiro repartió entre los jugadores 350 millones de pesos en efectivo de la taquilla que llevó en cajas de cartón.

Pero después de esa cúspide, inició la espiral de descenso para el club.

En el partido de vuelta con el Boca perdieron 3 - 0 en medio de un juego que tuvo que ser suspendido en dos ocasiones porque la cancha estaba llena de neblina, y en el que jugaron sin el panameño Blas Pérez.

Sobre ese día hay leyendas urbanas.

Dicen que el Boca negoció con la Selección de Panamá que convocara a Blas para que el Cúcuta jugara sin él; que con Blas no hubo acuerdo monetario sobre los incentivos del partido y que por ese negó a jugar; que encerraron a los directivos del Cúcuta en la Bombonera para que no pudieran pedir que pararan el partido por falta de visibilidad y que por eso el Boca tomó ventaja.

La última fue real por lo menos en parte. Ese día los dueños del Cúcuta no pudieron salir a pelear por la suspensión del encuentro, no porque los hubieran encerrado, sino porque les decían que era inseguro que salieran del lugar que les reservaron.

Para ese partido Ramiro Suárez instaló dos pantallas gigantes en el General Santander e invitó a los cucuteños a través de un comunicado de prensa. Vivió la derrota vía satélite con el estadio a reventar.

“Ramiro logró lo que nadie en Cúcuta: unirlos a todos en torno a una sola causa”, nos dijo un político que hoy es opositor a él.

Tres meses después, cuando estaba en la recta final de su mandato, al controvertido Alcalde lo volvieron a capturar, esta vez por ser el autor intelectual del asesinato del abogado Alfredo Enrique Flórez Ramírez a manos de paramilitares el 6 de octubre de 2003.

Mientras se adelantaba ese proceso estuvo detenido durante 18 meses, hasta que un juez lo absolvió en primera instancia.

Cuando regresó a la libertad en Cúcuta lo recibieron con una caravana y anunció que se dedicaría solo al equipo.

Foto: Alirio Parra

Foto: Alirio Parra

Sin embargo, el Tribunal Superior de Bogotá revocó en 2011 el fallo y lo condenó a 27 años de prisión. Su recaptura fue el 12 de agosto de ese año cuando se encontraba en el lanzamiento de la campaña a la Alcaldía de Cúcuta del liberal Andrés Cristo, el hermano del exministro del Interior liberal Juan Fernando Cristo.

En la campaña de 2011 Ramiro Suárez apoyó a Édgar Díaz a la Gobernación y para la Alcaldía de Cúcuta inició respaldando a Gregorio ‘Goyo’ Angarita, quien era accionista del equipo; sin embargo, dio un giro en la mitad y terminó en la campaña de Andrés Cristo -hoy senador liberal-, quien se quemó en ese entonces. Foto: Alirio Parra

Ya para esa fecha el Cúcuta Deportivo había dejado atrás su época de gloria, y estaba sumido en deudas.

Ni de la plata de los fichajes por jugador, ni de los patrocinios, ni de la taquilla quedó rastro.

Solo es claro que el equipo pasó de registrar ingresos en 2008 por 12.544 millones de pesos, a solo 2.244 millones de pesos tres años después y que desde entonces esa cifra ha ido bajando (a 2017 el reporte formal fue de 1.556 millones de pesos).

Sobre qué pasó con la plata, ninguna de las 13 fuentes que tuvieron que ver con el equipo en esa época, y con las que habló La Silla, nos dio una versión que lo explicara.

“Eso pasó porque el equipo se manejaba como una tienda”, fue lo máximo que nos dijo uno de ellos que, en todo caso, no se dejó citar.

Sin embargo, el mismo Ramiro Suárez a finales de 2013, cuando el equipo acababa de entrar en un proceso de reorganización financiera porque para ese entonces las cuentas en rojo ascendían a los 17 mil millones de pesos, y era probable que no le dieran autorización para jugar esa temporada debido a que había sido sancionado por incumplir con los pagos de salarios, encendió un ventilador.

En una entrevista que le concedió a Blu Radio desde la cárcel, acusó a Ángel Uriel García Torres, Gregorio Angarita, Álvaro Torrado (tres expresidentes) y a Pedro Barriga de desfalcar el equipo.

“Si le averiguan las cuentas al señor Álvaro Torrado, se darán cuenta de que allá entraron muchos cheques del Cúcuta Deportivo y que no debían entrar a sus cuentas sino a las arcas del Cúcuta Deportivo", dijo en su momento.

Todos los implicados negaron la veracidad de esas afirmaciones, y aunque Suárez también anunció que radicaría demandas contra todos ellos porque tenía pruebas jamás lo hizo.

Sin embargo, el episodio sí sirvió para reventar la sociedad interna comandada por Ramiro.

Luego de 10 años los socios salieron a buscar comprador.

***

José Augusto Cadena dice que no sabe en dónde quedó cuando vio a Breynner García, el capitán del equipo, hablando de Ramiro Suárez en plena celebración por el ascenso a la primera división.

Esa era la primera vez que él podía alzar los brazos con el Cúcuta, luego de poco más de cinco años de haberlo comprado.

En sus manos había descendido en 2015 a la segunda división, tal y como le había pasado con el Atlético Bucaramanga, y como casi le pasa con Patriotas de Boyacá, equipos de los que había sido dueño mayoritario.

Por ese historial fue apodado por la prensa deportiva el “mercenario del fútbol”, y entre el gremio ganó fama de mal administrador.

Invirtió en el Cúcuta porque lo buscó Luis Antonio Manrique, quien más adelante empezaría a mojar prensa por estar al frente de la ejecución irregular de los programas de alimentación escolar en Córdoba y Cúcuta, y quien lo buscó porque se conocía de tiempo atrás con la mamá de Cadena.

El negocio se cerró en diciembre de 2013 cuando Manrique reunió los poderes del 63 por ciento de los socios allegados a Ramiro Suárez y se tasó la venta en $8.400 millones.

Cadena pagó $6 mil con dos lotes en el Rodadero en Santa Marta, 1.400 millones de pesos en cuatro cheques, y lo restante asumiendo deudas del equipo que se debían cancelar inmediatamente.

La decisión de comprar el equipo la tomó, según le dijo a La Silla Cadena, porque aún con los problemas financieros, el Cúcuta es uno de los equipos con más afición "y ese es el activo más importante en un club".

Sin embargo, con la hinchada no había tenido más que encontronazos desde que entró.

Cuando el Cúcuta descendió en 2015 el entonces alcalde Donamaris Ramírez, quien no era de la línea de Ramiro Suárez, salió a decir que Cadena era “un traidor”.

Cadena respondió pidiendo autorización a la Dimayor para cambiar el equipo de sede argumentando falta de respaldo de la Alcaldía.

Además, ese año, que era electoral, el mismo Ramiro desde la cárcel y su candidato César Rojas, quien fue accionista del equipo y más adelante se convertiría en Alcalde, salieron a capitalizar la mala campaña del equipo, y prometieron que de llegar al poder devolverían al Cúcuta a su época de gloria.

Y sí que intentaron que volviera a sus manos.

La primera semana de 2016, cuando Rojas cumplía los primeros días de su mandato,y el gobernador de Norte William Villamizar, quien también había hecho campaña diciendo que buscaría que el equipo mejorara, se firmó un acuerdo de venta del equipo entre los dos mandatarios y Cadena.

En ese momento se pactó que las dos administraciones, como no pueden invertir plata directamente en la compra de un equipo, tendrían seis meses para conseguir inversionistas privados de la región que compraran el club por diez millones de dólares, mientras las directivas del equipo se comprometían a armar una nómina competitiva para esa temporada.

Pero al final ninguna de las dos cosas pasó. Ni el Gobernador ni el Alcalde consiguieron los accionistas, y al cabo del tiempo Cadena dijo que ya no estaba interesado en vender el equipo y tampoco mejoró sus resultados.

Luego tanto el Alcalde como el Gobernador dijeron que comprarían una ficha en la B, porque para que existan dos equipos en la misma ciudad es necesario que el más antiguo lo autorice y eso no lo permitió Cadena; así que al final lo que pasó fue que los dos mandatarios decidieron dejar de prestarle el estadio al equipo bajo el argumento de que estaba dando malos resultados.

Por esa razón, el Cúcuta terminó jugando en 2017 en Zipaquirá.

Solo cuando la política se volvió a cruzar en el camino fue que el equipo motilón volvió a ser local.

El entonces concejal de Cambio Radical, Nelson Parada, quien tiene parte de su botín electoral en los hinchas del Cúcuta porque fue barrista, empezó a moverse en Bogotá para que Cadena regresara a jugar en el General Santander.

En medio de esa movida, Ramiro Suárez le envió la razón a Parada de que no se metiera en la pelea, pero como con el Cúcuta Deportivo había votos de por medio el concejal siguió adelante.

La acogida de la iniciativa fue tanta que finalmente el Concejo en pleno se metió a presionar y en un foro logró reunir a Cadena y al Gobernador Villamizar, quien, aunque días atrás había dicho que no asistiría, finalmente fue uno de los primeros en aparecer para evitar el costo político de no hacerlo.

Igual pasó con el alcalde César Rojas, quien aunque no participó en el acercamiento, una vez se concretó, salió a tomarse fotos y a tratar de capitalizar los réditos del regreso del equipo.

Al poco tiempo Parada renunció al Concejo y entró a la lista de Cambio Radical a la Cámara. Buena parte de su campaña la basó en su gestión para que el Cúcuta regresara a la ciudad y de hecho repartió imitaciones de camisetas del equipo el día electoral; sin embargo, no le alcanzó para llegar al Congreso y se quemó.

“Lo que pase con el Cúcuta pone votos a raíz de las emociones. Se podría decir que la gloria del equipo es un propulsor, pero no es que elija por sí sola”, nos contó un político que trabaja con el grupo de Ramiro Suárez. “Incluso le ha pasado a Ramiro. A él se le han quemado candidatos en la época de gloria porque otros factores juegan. Lo del Cúcuta es como un plus en campaña”.

A raíz de ese episodio, Cadena, quien dice que solo le resta pagar 5 mil millones de pesos de las deudas con las que recibió el club porque casi todas se renegociaron, terminó estrechando relaciones con un sector del Concejo que lo condecoró al día siguiente del ascenso del equipo, cuando el capitán Breynner García, revivió el nombre de Ramiro Suárez y las porristas sacaron la pancarta.

De izquierda a derecha están Jaime Marthey, candidato a la Alcaldía de Cúcuta; José Augusto Cadena, presidente del Cúcuta Deportivo; y Nelson Parada, secretario de Vivienda de Norte de Santander y excandidato a la Cámara de Cambio Radical. Foto: tw @Andresbautistam

Desde entonces, Cadena quien no es ajeno a la política y en otros clubes ha guardado relaciones estrechas con los gobernantes locales, ha sonado por dos cosas.

La primera porque este año replicó el modelo de la ‘gasolina de avión’ de Ramiro y en camerinos le ofreció al equipo 15 millones de pesos de premio si le ganaba al Atlético Bucaramanga en el clásico del oriente.

La segunda, porque se matriculó en un bando político en la orilla opuesta a la de Ramiro.

Hace dos semanas, se tomó una foto con Jaime Marthey, el mismo concejal que lo condecoró y que hoy es el candidato a la Alcaldía del presidente de la Cámara, el liberal Alejandro Carlos Chacón, quien aunque se hizo en la política con Suárez se terminó alejando políticamente de él.

De izquierda a derecha: Luis Fernando Domínguez, candidato al Concejo del secretario de Vivienda de Norte de Santander, Nelson Parada; José Augusto Cadena, presidente del Cúcuta Deportivo; y Jaime Marthey, candidato liberal a la Alcaldía de Cúcuta.

Dice que los votos que puede ponerle están en las escuelas deportivas.

“Desde la sub 13 hasta la sub 20, cada escuela tiene entre 40 y 60 niños, y si se multiplica por dos padres de familia eso es muchísimo, y más cuando se cuenta con una hinchada tan grande”, explicó Cadena.

Así que el Cúcuta Deportivo se hará contar también en las locales de este año. Esta vez apoyando al candidato que le competirá a Jorge Acevedo, quien en esta contienda electoral será la ficha de su ídolo y otrora padrino, Ramiro Suárez Corzo, quien -por ahora- dejó ir este botín.