Uso de cookies

La Silla Vacía usa Cookies para mejorar la experiencia de nuestros usuarios. Al continuar navegando acepta nuestra política.

listo

Camargo, el patrón del Deportes Tolima

Es el exsenador famoso por sus declaraciones misóginas.

 
Home

Por: Jerson Ortíz

16/06/19

 

Cuando el exsenador Gabriel Camargo, dueño y amo del Deportes Tolima, dijo el año pasado que no estaba de acuerdo con meterle plata a la liga femenina de fútbol, entre otras cosas porque era “un cultivo de lesbianismo” y porque las “mujeres son más toma tragos que los hombres”, no sólo quedó en evidencia su clara misoginia, sino que de paso resumió su manera de entender este deporte: como un negocio en el que no está dispuesto a perder.

Un negocio que en su caso es una empresa más del emporio familiar que construyó de la mano de su esposa: la otrora baronesa electoral de Cundinamarca y también exsenadora Leonor Serrano.

Pero también un negocio en el que los tolimenses, más que plata como Camargo, ven alegrías y orgullo regional, lo que le ha terminado dando al político un poder con el cual ha logrado beneficios del municipio y hasta eventos públicos de desagravio por parte de la afición que teme que, un día, el hombre quiera llevarse el equipo para otro lado.

Frente al Tolima, más que un empresario deportivo común, Camargo es visto como un gran patrón que impone su ley y que por sus intereses se pelea con los hinchas, con la prensa y hasta con el Alcalde.

Los comienzos

Gabriel Camargo, su esposa Leonor Serrano de Camargo, y sus hijos César y Catherine, controlan actualmente el 96 por ciento del Deportes Tolima. En el 2011, cuando el club pasó de ser una corporación deportiva sin ánimo de lucro a una sociedad anónima por obligación de una nueva ley, tenían cerca del 60 por ciento de la nueva sociedad, que nación con un capital de 1.982 millones de pesos.  Es decir, eran dueños de un capital de casi 1.200 millones de pesos en el equipo.

Con Camargo, el Tolima salió del anonimato y empezó a ganar títulos.

Ese dinero era producto del patrimonio que construyeron con el fútbol, negocios de pollos y con política, porque entre los esposos suman tres periodos en el Congreso y uno en la Gobernación de Cundinamarca.

De esa manera cambiaron la razón original con la que se había sido creado el equipo en 1954: la de fomentar el fútbol aficionado. Los Camargo se habían vuelto socios del club desde 1979.

Camargo, quien nació en Boyacá donde hizo estudios de electrónica pero de los que no se graduó, cuenta que llegó a invertir ese año en el Deportes Tolima en una sociedad que hizo con el empresario Eduardo Robayo, quien en ese entonces estaba construyendo el edificio del restaurante Kokoriko de Ibagué.

Entró a la sociedad con 4 millones de pesos. Cuando Robayo se apartó del negocio, Camargo le compró su parte con la parte de una avioneta que tenían entre los dos, como contó el mismo en Caracol Radio.

En 1960, junto con la licenciada en matemáticas Leonor Serrano, su esposa, montó una granja de pollos en Fusagasugá, Cundinamarca, que financiaron con una herencia familiar y un crédito de la Caja Agraria.

El negocio empezó a crecer. Más granjas, más pollos, más huevos, y luego la incursión en la venta de alimentos para animales. Así se consolidó la empresa Colombiana de Incubación, Incubacol.

En el Deportes Tolima, el empresario avícola vio una oportunidad de negocios aunque, por tratarse de una corporación deportiva sin ánimo de lucro en ese momento, el club no le podía entregar ganancias directamente.

Entonces compró con plata de su bolsillo jugadores como el argentino Víctor Hugo del Río o el colombiano Gustavo la ‘piña’ Mendoza, con los que armó un equipo competitivo que llevó al Tolima a salir del anonimato y conseguir dos subcampeonatos del torneo local y participar de la Copa Libertadores en 1982 y 1983.

Equipo subcampeón de la Copa Libertadores 1983, llamado el Tolima Kokoriko. Foto: Tomada de Goal.com

Pero su carácter recio y su política de no dejar que los demás socios del club cuestionaran sus decisiones, además de una crisis económica en Incubacol, lo obligaron a dejar la presidencia y apartarse desde 1983, aunque mantuvo sus acciones.

Camargo dice que salió porque otros socios tenían investigaciones, aunque no dice quiénes, ni cuáles, y La Silla no tiene ninguna evidencia de ello. 

Para no perder la inversión de los jugadores que había comprado, se los llevó a Bogotá y se los prestó a Independiente Santa Fe a cambio de un porcentaje de la taquilla de los partidos, como le contó a Caracol. Luego los vendió a clubes como Nacional.

De ese primer paso por el equipo dejó otras puntadas que definen su manera de administrar.

En el 81, Camargo había contratado al entrenador uruguayo Ricardo de León para que se hiciera cargo del equipo. Pero lo despidió al poco tiempo, porque el entrenador no quiso poner a jugar a unos paraguayos que él había comprado y que habían sido apartados por indisciplina.

“Ellos pertenecían a la institución y si no jugaban perdíamos plata”, le relató Camargo al periodista Rafael Villegas de Caracol Radio.

Para él, el patrimonio está por encima de lo demás.

Regresó al negocio de los pollos mientras su esposa Leonor debutaba en la política.

En 1988, la matemática Serrano se convirtió en la primera alcaldesa elegida por voto popular de Fusagasugá, impulsada por su experiencia como empresaria de la región.

Cuando terminó el periodo, Colombiana de Incubación ya había diversificado sus operaciones a otras partes del país.

Ese crecimiento no fue suficiente para los esposos que, al comenzar la última década del milenio pasado, aumentaron su apuesta en la política y regresaron al negocio del fútbol.

Un poder en ascenso

Camargo retomó la presidencia del Deportes Tolima en 1993, diez años después de haber dicho no más. Comenta que lo hizo porque el equipo había bajado a la ‘B’, una categoría inferior a la profesional, castigado por los malos resultados. Estar allá le quitaba valor a sus acciones.

Logró subirlo a la ‘A’ porque seis meses después el equipo ganó el torneo de ascenso.

Esa gestión deportiva el pueblo tolimense se la recompensó en las urnas.

En las elecciones de 1994 el empresario se lanzó al Senado por el Movimiento Somos y ganó una curul con grandes votaciones en Cundinamarca, donde estaban sus empresas de pollo, y en Tolima donde manejaba el equipo de fútbol.

Fue uno de los palos de esas elecciones, para sectores políticos de Bogotá como el que lideraba Julio César Turbay, hijo del expresidente que lleva el mismo nombre, su elección fue denominada la ‘pollitiquería’ porque habría utilizado el recurso de regalar pollos para convencer a sus electores.

Camargo asegura que fueron votos de opinión.

En 1995 Leonor Serrano ganó la Gobernación de Cundinamarca avalada por el Partido Liberal. Ella fue la madrina política de una nueva generación de políticos en Cundinamarca entre los que se destacan Nancy Patricia Gutiérrez, hoy ministra del Interior, y el abogado Carlos Ferro que después fue senador y viceministro del Interior.

Terminó su periodo en medio de escándalos. La Procuraduría inicialmente la sancionó porque supuestamente usó su cargo para hacer política a favor del abogado Víctor G. Ricardo, que era su candidato para reemplazarla en las elecciones de 1997, pero luego un Tribunal de Cundinamarca echó para atrás esa decisión y Ricardo nunca llegó al tarjetón.

Ese revés no les impidió seguir metidos en la política porque el senador Camargo se reeligió en 1998. Durante ese tiempo manejó el equipo a control remoto pero el Tolima no ganó nada.

En el 2002, él se hizo a un lado pero le endosó el caudal político a Serrano. Con el aval de Cambio Radical y más de 70 mil votos, ella mantuvo la curul hasta 2006.

En las legislativas de 2010 se quemó al intentar volver con un poco más de 33 mil votos. No bastó con que repartieran publicidad en la entrada del estadio de Ibagué.

Fue la última elección en la que participaron en primera persona, pero no se alejaron de la política y hasta la han seguido mezclando con fútbol. Por ejemplo, el año pasado le movieron votos a la Cámara del Tolima al conservador Hernando Cárdenas llevando a varios jugadores del equipo a sus reuniones políticas.

Camargo suele llevar jugadores del equipo a reuniones políticas de sus candidatos

También usaron las cuentas oficiales del Deportes Tolima en redes sociales para publicar un video en apoyo a Iván Duque a la Presidencia a dos días de la segunda vuelta presidencial de 2018.

El poder que la política les negó en primera persona en esa etapa, se los dio el fútbol.

Doblegando a un departamento

Desde el mismo 2011 que asumió como dueño casi total del equipo, a Camargo le han cuestionado algunas movidas de plata.

Por ejemplo, el periodista local y abogado Iván Ramírez asegura que las ventas de los derechos deportivos de jugadores como Franco Arizala (al Pachuca de México) y Diego Chará (a la liga de Estados Unidos), que se hicieron entre 2009 y 2010, y sumaban cerca de 4 mil millones de pesos, no aparecieron reportadas como patrimonio en la sociedad anónima que se creó cuando llegó Camargo ni se conoce quién los cobró o a dónde fueron a parar.

Camargo siempre ha negado eso y las autoridades nunca han abierto una investigación.

Freiler Pérez, líder de la principal barra del equipo, ‘Revolución Vinotintito’, menciona que el proceso para comprar esas acciones que hicieron a Camargo el patrón fue poco visible y que eso le cerró la puerta a otros posibles interesados.

A estas sospechas se sumó casi enseguida la tensa -y mala por momentos- relación con la afición.

La barra ‘Revolución Vinotinto’ ha cuestionado la manera en la que Camargo pasó a ser el dueño del equipo, pero valoran que gracias a él, el equipo ha podido trascender a lo internacional. Foto: Alcaldía de Ibagué

Todo comenzó el 7 de julio de 2013.

Ese día al Deportes Tolima le bastaba con un empate para conseguir su paso a la final de la Liga Águila I (el torneo nacional del primer semestre del año). Teniendo en cuenta que definía el cuadrangular en su casa, con su gente, y ante un eliminado Itagüí F.C, la cosa pintaba favorable.

Un gol de Víctor Cortés acabó con esos planes porque le dio el triunfo al equipo visitante. Las tribunas norte y occidente del estadio ‘Manuel Murillo Toro’ unieron sus voces para responsabilizar a Camargo del fracaso y por eso le tocó salir escoltado.

Las miradas apuntaron a él porque en 2006 el Tolima había perdido una final contra el Cúcuta y en 2010 una semifinal contra La Equidad, y en Ibagué corrió el rumor de que eso había pasado porque Camargo así lo quiso para no pagar premios a los jugadores o para evitar que la nómina se le encareciera en el torneo siguiente. (En 2003 había ganado su primera estrela ante el Cali).

Nunca hubo una prueba de esas denuncias y la prensa deportiva atribuyó las derrotas a la incapacidad de los jugadores y algo de mala suerte propia en este deporte.

Tras esa salida del estadio con escoltas, Camargo dijo que no iba más con el equipo. Les envió una carta al gobernador Luis Delgado y al alcalde Luis H Rodríguez, a los que había apoyado en campaña en 2011, y les dijo que buscaran un comprador para dejarlo en Ibagué o que sino él lo vendía a otra plaza del país.

Allá sintieron temor de quedarse sin equipo profesional porque nadie en el departamento levantó la mano para comprarlo. Él tampoco consiguió con quién negociar en otra parte del país, entonces amenazó con no presentar el equipo al torneo.

Ante ese temor de quedarse sin equipo y sin fútbol profesional, el Gobernador Delgado, los patrocinadores del equipo, la prensa deportiva y un sector de la afición se movieron para organizar un memorial de desagravio a Camargo. Una especie de perdón colectivo para hacer un borrón y cuenta de nuevo.

Entre todos compraron las 25 mil boletas que el club puso a la venta. Una buena taquilla para las finanzas de la empresa. Con pañuelos blancos desde las tribunas lo invitaron a seguir su relación con el equipo.

Ese día el Tolima perdió 2-4 contra Envigado.

Pero el hecho, inédito en el fútbol colombiano, dejó varias lecturas: o que el exsenador pudo doblegar a todo un departamento, que los tolimenses estaban equivocados en sus señalamientos o que allá el fútbol es tan importante que bajar la cabeza fue lo de menos.

Eso marcó un precedente que le permitió a Camargo acumular más concesiones a favor de sus intereses, aparte las que ya había logrado antes como el uso del estadio sin tener que pagar mucho y una ordenanza de la Asamblea del Tolima que le autorizó recibir 350 pesos por cada botella del aguardiente Tapa Roja de la Fábrica de Licores del Tolima a cambio del patrocinio.

Consiguió, por petición del Alcalde Rodríguez, que el Concejo de Ibagué le aprobara un acuerdo para exonerar al Deportes Tolima del pago de los impuestos de industria y comercio, y avisos y tableros, al municipio por una década. Una exención que, según las cuentas de la Secretaría de Hacienda local, representa unos 10 mil millones de pesos en esos 10 años.

Aún así y tras el homenaje de desagravio, las malas relaciones de Camargo con algunos sectores del deporte local no pararon.

Por ejemplo, su mala relación con parte de la prensa que cubre al Tolima.

Mario Alejandro Rodríguez, periodista del portal ‘El Rincón del Vinotinto’ comenta que desde hace cinco años se quedó sin credencial para acceder al estadio porque Camargo lo vetó bajo el argumento de que desinformaba y generaba mal ambiente alrededor del equipo.

Dice que la persecución pasó de castaño a oscuro en 2017, cuando lo sacaron a empujones de una rueda de prensa por orden del exsenador.

Al columnista Iván Ramírez, quien como contamos arriba ha cuestionado la forma en la que Camargo se quedó con el club, lo demandó dos veces por supuesta injuria. En ambos casos perdió.

A pesar de esos ataques contra la prensa, hay un gran sector de periodistas deportivos y de la afición que lo justifica porque creen que los resultados deportivos, como el título del año pasado ante Atlético Nacional, o la participación de este año en las copas Libertadores y Suramericana que llevaron a Ibagué al Boca Junior de Argentina y al Atlético Paranaense de Brasil, no se habrían dado sin él porque es el que garantiza el sostenimiento del equipo y contrata técnicos y jugadores.

Del otro lado están quienes creen que puede haber Deportes Tolima sin Camargo. Ese sector lo encabeza el alcalde Guillermo Jaramillo, quien le he ha quitado poder político y se ha echado en su bolsillo a parte de la afición.

El contrapeso

Guillermo Alfonso Jaramillo, excongresista y exgobernador del Tolima, regresó a Ibagué en 2014 después haber sido uno de los funcionarios de confianza de la Alcaldía de Bogotá de Gustavo Petro.

Lo hizo para hacer política y de poco en poco se convirtió en el contrapeso de Camargo.

Ganó la Alcaldía derrotando a Ricardo Ferro, del Centro Democrático, que tenía el apoyo de la familia Camargo Serrano. Y lo celebró con un carnaval que le organizaron los de la barra ‘Revolución Vinotinta’, la más importante del equipo, que se la habían jugado con él en campaña porque se identifican con su política de izquierda.

Jaramillo les retribuyó ese apoyo y dieciséis integrantes de la barra entraron a trabajar en la Administración en un programa que se llama ‘gestores de paz’, para la prevención de consumo de drogas o de pandillismo. También les dio una silla en la comisión de fútbol que define las logísticas de los partidos que juega el Tolima de local.

Eso nunca había pasado con otros alcaldes.

El movimiento de la barra con el Alcalde representó para Camargo un golpe a su orgullo porque sintió que se le metieron en sus cosas.

Para completar el mandatario Jaramillo buscó que Camargo le pagara al municipio más por el uso del estadio porque, según él, Deportes Tolima sí estaba generando ganancias y las debía compartir para el mantenimiento del escenario.

El alcalde Jaramillo dijo que Tolima debía pagar 400 millones de pesos para ayudar al mantenimiento del Estadio

Pidió, entonces, que el club pagara 400 millones de pesos anuales (porque el Deportes Tolima reportó en Cámara de Comercio que en 2016 tuvo utilidades de 4 mil millones de pesos). Camargo ofreció 160 millones.

Como no lo logró, le propuso vender la ficha del equipo porque creía que otros empresarios de la región estaban interesados en comprarlo. El exsenador dijo que lo hacía pero si le compraban todo, la ficha, las sedes deportivas, y todos los activos, que según estimativos de la prensa local suman unos 35 mil millones de pesos.

Al final en Ibagué nadie alzó la mano, y Camargo tampoco le dio largas al tema.

El Concejo entró a mediar aprobando un Acuerdo que fijó la tarifa del uso del estadio a cambio del 6 por ciento de la taquilla y la posibilidad de que niños y jóvenes de los colegios públicos puedan entrar gratis al estadio en la tribuna norte.

Desde entonces la tensión bajó. Jaramillo ve los partidos en norte con los de la barra, y Camargo en su palco en occidental, pero mantienen una relación respetuosa.

Jaramillo se echó al bolsillo a la barra brava de la que pertenecen unas 3 mil personas.

Esa tregua (no sabemos si es temporal) con la dirigencia local, las exenciones, el borrón y cuenta nueva con la afición, le han permitido a Camargo dedicarse al manejo administrativo del club, algo que varios dirigentes futboleros del país le admiran.

En sus nóminas, por ejemplo, ningún jugador gana más de 35 millones de pesos mensuales, porque dice que es su curva salarial para cumplir y no quedar mal. En Atlético Nacional, Júnior o Millonarios hay futbolistas con salarios de más de 100 mil dólares mensuales (300 millones).

Aunque permanentemente se queja de que las empresas del Tolima no lo apoyan, se ha movido para que por el patrocinio de empresas privadas y públicas le entren, en promedio, unos 2.500 millones de pesos anuales.

Las taquillas, que dependen de qué también le esté yendo al equipo, le representaron en 2016 ingresos por 3.130 millones. Ese año también le entraron 3.539 millones por derechos de televisión, según reportó a Cámara y Comercio de Ibagué.

Ingresos que le permitieron cubrir los gastos del equipo sin tener que poner plata de sus otros negocios.

Las ganancias o utilidades que sí entran al patrimonio familiar vienen de eso que aprendió desde que entró en el negocio: la compra y venta de derechos deportivos de jugadores.

Compró al delantero Andrés Ibargüen por 300 millones de pesos y luego se lo vendió a Nacional por más dos millones de dólares. Formó al volante Wilmar Barrios y se lo vendió a Boca Junior de Argentina por 2,7 millones de dólares. Lo mismo hizo con el delantero Sebastián Villa por el que el club argentino pagó 5,5 millones de dólares. Y así con varios más.

Las utilidades de esas ventas las está metiendo en la construcción de una sede deportiva de 12 hectáreas. Es decir, está ampliando el patrimonio del club, su patrimonio familiar. En 2018 según registró a la Cámara de Comercio de Ibagué ese patrimonio era de 16 mil millones de pesos.

Así, mientras Camargo y otros dirigentes experimentados dicen que el fútbol no es un negocio rentable, las cifras demuestran lo contrario.

No les sirve para hacerse millonarios de la noche a la mañana, pero sí para elevar un imperio patrimonial que va más allá de la emoción de un gol o los colores de un departamento.

Al menos ese es el caso de Gabriel Camargo, el patrón del Tolima.