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Por Julián Huertas · 15 de Noviembre de 2019

Foto: Presidencia

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Esta semana fue agitada en el Congreso, se votó la moción de censura al exministro de Defensa Guillermo Botero en el Senado y en Congreso Pleno se eligió nuevo magistrado del Consejo Nacional Electoral, Virgilio Almanza, y arrancó en serio la puja por la reforma tributaria. 

 

Las movidas políticas detrás de las dos primeras decisiones, y lo que arranca en la segunda, muestran cómo están las fuerzas en el Congreso, que marcan el compás de lo que viene, que probablemente será de más zozobra y definiciones de última hora que de derrotas obvias para el Gobierno como las de esta semana.

La U, Cambio Radical y Liberales, unidos pero no tanto

Esta semana contamos que esos tres partidos armaron una triple alianza para sacar adelante las dos decisiones gruesas de la semana: poner un magistrado nuevo en el CNE que le quitaría un voto clave a la bancada gobiernista en ese tribunal y votar a favor la moción de censura contra Guillermo Botero. 

La alianza pintaba fuerte porque suman 44 de los 108 senadores y 90 de los 172 representantes, por lo que serían los votos que necesita el Gobierno para pasar cualquier proyecto.

Encima, arrancó funcionando: a pesar de que había dudas sobre si habría votación de la moción, dado que Botero había renunciado, el presidente del Senado, el liberal Lidio García, la citó para el miércoles.

Ese mismo día, antes de la votación, quedó agendada la elección del magistrado nuevo en el CNE, y de nuevo funcionó la alianza. 

Aunque con mucho esfuerzo, porque casi no logran el quórum, lograron elegir a Virgilio Almanza, cercano especialmente a la casa Char de Cambio Radical, y con eso dejaron a la bancada gobiernista con solo 3 de los 9 votos en el CNE, y a la triple alianza con 5, a solo uno de asegurar la mayoría calificada que se necesita allí. El otro magistrado, Luis Guillermo Pérez, es de la oposición.

Tras esa victoria, las tres bancadas organizaron una rueda de prensa conjunta, en otra señal de alianza. Más porque en la rueda de prensa no solo estaban congresistas críticos del Gobierno, como Roy Barreras de La U o Temístocles Ortega de Cambio Radical, sino otros más cercanos, como Juan Felipe Lemos de La U o la charista Ana María Castañeda,  de Cambio.

En ella anunciaron que no votarían la moción pues Botero había renunciado, con lo que cantaban un triunfo, se mostraban magnánimos y le enviaban un mensaje al presidente, Iván Duque, de que haber ganado una batalla no significaba declararle la guerra. 

Como nos dijo un senador liberal, era una forma de no atacar tanto a Duque y de bajarle un poco al tono al ambiente en el Congreso. 

De hecho, en la rueda de prensa en la que hablaron Maritza Martínez de La U, Barreras, Rodrigo Lara y el liberal Guillermo García Realpe, propusieron a Duque hacer un pacto nacional para sacar adelante proyectos concertados, y a la vez anunciaron una agenda legislativa de la triple alianza, que por ahora sólo tiene un proyecto para reformar la moción de censura.  

Aunque la señal era de unión y victoria, la decisión de no votar también garantizaba un triunfo que podía desinflarse, porque no era claro que tuvieran los votos suficientes para sacar adelante la moción: una cosa es que los más gobiernistas participaran en la rueda de prensa que le tendía la mano a Duque, y otra es que se sumaran a un golpe contra él. 

Incluso uno de los senadores que impulsó la moción nos dijo fuera de los micrófonos que sabían que si abrían el registro la gente se saldría y no alcanzarían las mayorías. “Yo tenía en mis cuentas 48 votos nada más y logramos 49, lo mejor era garantizar el triunfo y no esta derrota”, nos dijo.

Sin embargo, tras la rueda de prensa y el inicio de la plenaria, el senador de La U Armando Benedetti, quien no hizo parte de la planeación tripartita de la moción, pidió votarla. Y ahí quedó desnudada la fragilidad de la triple alianza: no sumaron los 55 votos que necesitaban sino sólo 49. 

En el momento en que se abrió el registro para votar 16 senadores de La U, Cambio y liberales se pararon de sus sillas para no acompañar la moción; uno de ellos, el senador de La U Juan Felipe Lemos dijo que no era necesario “patear al perro muerto”.

De La U, se salieron Lemos y el grueso de la bancada caribe: los atlanticenses Miguel Amín y Eduardo Pulgar, el cordobés John Moisés Besaile, el cesarense José Alfredo Gnecco, el cartagenero Andrés García Zuccardi y el atlanticense José David Name. 

De Cambio lo hicieron los atlanticenses  Arturo Char y su aliado Luis Eduardo Díaz Granados, los dos vallunos Carlos Abraham Jiménez, Carlos Fernando Motoa (el tercero del Valle, José Luis Pérez, no llegó) y Claudia Rodríguez de Castellanos, de la Misión Carismático. 

Entre los liberales los ausentes fueron el atlanticense Mauricio Gómez, los santandereanos Miguel Angel Pinto y Jaime Durán y el caldense Mario Castaño. 

Su decisión de no votar demostró que, aunque sean minoría en cada bancada, en los tres partidos hay disidentes más cercanos al gobierno, y que por eso la alianza no tiene la sartén por el mango. Pero el oficialismo tampoco puede cantar victoria.

Un equilibrio inestable

Con la triple alianza mostrando sus limitaciones, el Gobierno quedó con un panorama similar al de antes: cuenta con el uribismo, el conservatismo y los cristianos más algunos aliados extra, suficientes para evitar derrotas fuertes, salvo en los casos más extremos. 

Esa es la misma dinámica del último año, que funcionó para salvar el Plan de Desarrollo o la tributaria, pero que no pudo evitar la derrota de las objeciones ni la renuncia de Botero.

Una dinámica que también muestra que el exvicepresidente Germán Vargas no la tiene fácil para poder controlar su bancada, el objetivo para el que está trabajando como la semana pasada. Eso porque para la moción había una decisión de bancada de votar a favor, y de nuevo no todos la cumplieron. 

A esa dinámica también ayuda que la oposición demostró que tampoco es aliada ciega de la triple alianza, y que marca una clara diferencia que es natural por ser, justamente, oposición.

Eso se notó esta semana cuando el senador Roy Barreras trató de sumarla al pacto de no votar la moción y a la rueda de prensa del anuncio, para que así el efecto fuera el de una victoria de simbólica también de la oposición, pero se negaron, y no lo lograron.

De hecho, en la plenaria y después de que Benedetti pidió votarla, lo mismo hicieron en micrófonos la senadora verde Angélica Lozano, el senador Gustavo Petro y el senador polista Alexander López. 

Con eso, la oposición dejó claro que no comparten la propuesta de hacer un pacto nacional con Duque; a sabiendas de que no estaban los votos para sacar adelante la moción, se dieron el lapo de hacer que se votara y así mandaron el mensaje de que hay por lo menos 51 senadores (los 49 que votaron la sesión más Antanas Mockus e Iván Cepeda, que estaban ausentes), que pueden estar contra el Gobierno. 

Eso significa que con apenas 4 más tendrían la mayoría absoluta de los 108 senadores, y por eso la clave sigue estando en manos de los 16 disidentes gobiernistas.

Esos disidentes, menos Pinto, Motoa, Pérez y Durán, hacen parte de las comisiones económicas del Senado, que son muy poderosas porque deciden hacia dónde va el dinero de la nación, y en las que no en vano el Gobierno ha logrado triunfos, pues han aprobado sus dos presupuestos, la hundida tributaria y el Plan de Desarrollo.

Comisiones que de hecho están en la pepa de uno de los dos grandes debates que se vienen en lo que queda del año.

Los pulsos duros

La nueva tributaria viene complicada de tiempo y tiene por delante una dura discusión. 

Esta semana se supone que se empezaría a armar la ponencia para los primeros debates, justamente en las comisiones económicas, pero estas no se reunieron por falta de quórum. 

Eso quiere decir que solo el lunes, si nada cambia, se reunirán para que el Gobierno presente oficialmente el proyecto; y el martes habrá una reunión de los más de 35 ponentes, en la que posiblemente creen una subcomisión para revisar las al menos 100 proposiciones que hasta ahora han presentado los congresistas (27 del uribismo, 33 de Cambio Radical, 5 de los conservadores, 5 de los liberales y 32 de la oposición). 

La idea es que a partir de lo que decida esa subcomisión, que seguramente se tomará un par de días para decidir, se hará la ponencia, que podría estar lista dentro de dos semanas a fines de mes. 

La pelea gruesa será entre los aliados del Gobierno, que con el ministro de Hacienda Alberto Carrasquilla quieren que no se toque el texto, y quienes quieren meterle la mano,  que incluye a la oposición y a congresistas de la triple alianza.

Como hay propuestas de grueso calado, desde tumbar el IVA a la venta de inmuebles de más de 900 millones que quedó en la tributaria caída hasta cambiar el IVA por un impuesto a las ventas que sería más bajo pero no devolvería el impuesto pagado a las empresas (lo que cambia toda la lógica de uno de los dos impuestos más importantes del país) como propuso el liberal Alejandro Carlos Chacón, la puja puede ser dura.

Si esa puja se logra sortear rápido, por ejemplo dejando quieto el texto y convirtiendo las proposiciones en constancias para que sean las plenarias las que las debatan, el proyecto podría llegar a ellas la segunda semana de diciembre. 

Eso dejaría el tiempo muy apretado, porque las sesiones van hasta el 16 de diciembre y si no se alcanza, le tocaría a Duque citar a extras, algo que es usual con las tributarias. Por eso, no sería raro que el Congreso tuviera que trabajar casi hasta Navidad y que con los regalos del Niño Dios lleguen una nueva reforma y una nueva prueba de hasta dónde se mantiene la fidelidad de los 16 disidentes al Gobierno.

Además de la tributaria, en el Congreso hay rumores de otra moción de censura, esta vez contra el ministro de Agricultura, Andrés Valencia, y en la Cámara de Representantes, donde la coalición de gobierno arranca menos fuerte: la triple alianza suma 90 de los 172 representantes (aunque puede haber muchos disidentes gobiernistas), y la oposición otros 21. 

Uno de sus promotores, el representante liberal Alejandro Carlos Chacón, nos dijo que no la harán pronto, pues no quieren echarle leña al fuego cuando el Gobierno está débil y va a enfrentar el paro nacional del 21. Pero confirmaron que se la están preparando y ya pidieron información oficial para sustentar que el ministro ha tenido pocos logros. 

Además, Chacón tiene un manejo político muy grande en la Cámara (por ejemplo, pocos días antes de que renunciara la exministra de Justicia Gloria María Borrero, tenía lista una citación a la moción con más de 100 firmas), por lo que solo la preparación ya es una presión adicional para Duque.

Así, la tributaria y la posible nueva moción serán pruebas para saber si la triple alianza logra fortalecerse lo suficiente para poner a Duque en jaque, o si la caída de Botero fue más por lo explosivo de las revelaciones de Barreras en el debate que porque el Gobierno esté totalmente en la mala en el Congreso.

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