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Por Nicole Bravo · 07 de Diciembre de 2020

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Esta historia hace parte de la Sala de Redacción Ciudadana, un proyecto de periodismo colaborativo entre los periodistas de La Silla Vacía y miembros de organizaciones de la sociedad civil que cuentan con información valiosa.

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Hace 25 años, cuando tenía 15, Adarley Manrique compró un diccionario de inglés y empezó a aprender por su cuenta algunas palabras. Con los días empezó a armar pequeñas frases y, poco a poco, se fue acercando a su sueño de ser bilingüe hasta que logró ingresar a la Universidad del Valle y estudiar licenciatura en lenguas. 

Sin saberlo, fue un autodidacta en su adolescencia, pero no precisamente porque quisiera, sino porque en su casa las entradas no daban para pagar institutos, clases extras ni profesores privados. 

Al terminar su carrera, Manrique le apostó a crear un instituto de inglés que acercara a los jóvenes a un segundo idioma. Su hermana Lilibeydy lo apoyó en su propuesta, ella sabía de primera mano las oportunidades que abría el inglés.

A los 20 años y recién graduada de licenciatura en lenguas extranjeras de la Universidad del Valle, Lilibeydy Manrique se había ido a vivir a Estados Unidos, donde se ganó la vida enseñando español.  

A diferencia de los colombianos con los que compartía en Washington, ella no podía hablar de visitas a un club o a un bar, tampoco de una ida a cine. Su infancia en Siloe, un barrio al occidente de Cali donde uno de cada cinco niños vive en pobreza extrema, había sido muy distinta. 

“Yo dije: La única razón por la que estoy hablando con estos colombianos aquí, en esta ciudad tan lejos de mi país es porque yo también sé inglés. Y ahí fue que me di cuenta que el inglés cierra brechas de desigualdad”, cuenta Lilibeidy, al recordar esa experiencia de hace más de 10 años. 

De la idea de un instituto de inglés se pasó a un colegio para que fuera sostenible en el tiempo, así los estudiantes serían más constantes y no dependería de la disciplina de los matriculados. 

Siloé fue el lugar escogido para que funcionara la institución que tenía como fin fortalecer el aprendizaje de inglés en niños de estratos uno, dos y tres durante la primaria. 

Mientras esto sucedía iniciaron la Fundación Able que funciona como un proyecto social de enseñanza de inglés, cultura y emprendimiento para jóvenes de la comuna 20 en Cali.

Lilibeidy y Adarley abrieron las puertas del colegio La Fontaine en 2016, inicialmente con el nombre de Lucerito. Hoy cuenta con 15 empleados, de los cuales 11 son profesores que dictan clases a 174 estudiantes (de los cuales el 30 por ciento tienen becas). La meta de 2021 es tener 100 estudiantes becados.

A la semana enseñan cinco horas de inglés, pero necesitarían cinco más para ser considerado un colegio con énfasis en inglés y dictar más de la mitad de las clases en ese idioma para ser considerado bilingüe. 

Una categoría que sólo tienen 111 colegios en el país, de los cuales el 45 por ciento están en Bogotá, según Portafolio

Para Isabel Tejada, codirectora del grupo de investigación ‘Educación para el bilingüismo y el multilingüismo’ de la Universidad de los Andes, las horas de inglés no son las que determinan el aprendizaje. 

“Se necesita algo que acá (en Colombia) no se puede garantizar: la interacción”, dice, y recalca que lo que se requiere es apropiarse del contenido y ponerlo en práctica. Algo difícil de realizar cuando no hay con quién usar el idioma por fuera de las clases y, en salones con más de 35 estudiantes, a un sólo docente le queda más complejo estar pendiente de este aprendizaje.

Lejos de la meta

En 2004, el gobierno de Álvaro Uribe creó el Programa Nacional de Bilingüismo con el fin de dominar el inglés como segundo idioma. 

Su objetivo era que la mitad de los estudiantes de 11 lograran el nivel B1 en el primer año del programa.

Sin embargo, en 2018, trece años después de la meta propuesta, sólo el 4.3 por ciento de los estudiantes de colegios públicos alcanzaron el nivel esperado. Por el contrario, el 46 por ciento de los estudiantes de instituciones oficiales se encuentran en el nivel más básico (A-).

En 2013, el Ministerio de Educación a cargo de María Fernanda Campo durante el Gobierno de Juan Manuel Santos, hizo un examen diagnóstico a más de 7600 docentes de inglés y concluyó que sólo el 43 por ciento dominaban la lengua en B2, o sea que hablaban el inglés con confianza. 

Dos años después, la entonces ministra de educación, Gina Parody, decretó que todo el que se graduara de licenciatura en inglés debía tener un nivel avanzado en este idioma (C1) para 2018.

Un año antes, el país ya tenía un déficit de 3200 docentes que enseñaran inglés. 

Entre las metas del Plan Nacional de Bilingüismo para 2022 de Iván Duque, está contar con 8 mil docentes de inglés en formación continua y en temas de bilingüismo. Entre el año pasado y este van poco más de 3 mil. 

El Gobierno también prometió fortalecer la enseñanza en inglés de 35 Escuelas Normales Superiores (las que se encargan de la formación inicial de docentes), algo que ya cumplió.

Algunas de las ocho docentes de La Fontaine hacen parte de esas escuelas, pero es Lilibeydy, la actual directora de La Fontaine, la que junto a otros dos maestros dicta clases de inglés. 

Antes de la pandemia, se apoyaban con voluntarios nativos de inglés que acompañaban a los niños en el perfeccionamiento de la lengua, pero con el covid perdieron esa ayuda. 

“Nosotros no queremos que los niños crezcan con el sueño americano, pero sí que sepan que son ciudadanos globales, que hay un mundo afuera que ellos tienen la oportunidad de conocer más allá de las lomas hermosas de Siloé”, asegura Lilibeidy, quien considera que hoy el inglés sigue siendo un conocimiento de élite como lo vivió ella y su hermano hace más de 20 años. 

Con La Fontaine (que oferta hasta quinto de primaria) y la Fundación Able, los hermanos Manrique ponen su granito de arena para cerrar las brechas de bilingüismo en Colombia desde la tercera ciudad más importante del país. 

Y desde Chocó, Beinerth Chitiva, también aporta en este propósito. 

Beinerth y el sueño de un Chocó bilingüe

En 2013, Beinerth Chitiva, quien fue docente de la Institución Universitaria Colombo Americana - Única, especializada en formar maestros bilingües, convenció a su esposa, empacó las maletas y, aún con los reproches de sus hijos, a finales de ese año y junto con su familia, dejó la capital del país y regresó a su natal Quibdó. 

A diferencia de muchos en Quibdó, Chitiva logró acceder a la educación superior, y se graduó de lenguas modernas con énfasis en inglés en la Universidad Tecnológica del Chocó; salió de su ciudad a trabajar en Cali como docente de inglés del Instituto Colombo Americano, se convirtió en abogado de la Universidad Católica de Bogotá y viajó a Estados Unidos como parte de un intercambio. 

Fue profesor de español en Michigan y en 2005, con el apoyo de Colfuturo, inició una maestría en tecnología educativa en la Universidad de Michigan. Al terminar sus estudios en 2007 regresó a Colombia no sólo por el requisito que tenía con Colfuturo de regresar, sino porque sentía que tenía el compromiso de aportar de forma positiva a su país. 

Llegó a Bogotá a trabajar en la Institución Universitaria Colombo Americana, en la que coordinó el departamento de inglés y trabajó como docente. Después de siete años y con el deseo de ayudar en el desarrollo de su departamento, regresó a Chocó.

Una decisión que muchos le tacharon de loca porque, cada año, Chocó entra en la lista de los departamentos con mayor desempleo y pobreza en el país.  

Pero Beinerth tenía un plan para regresar a su ciudad: mientras su esposa se encargaba del emprendimiento familiar (una heladería de sabores propios de la región), él se dedicaría a fundar un centro para aprender inglés a bajo costo para que más niños de Chocó pudieran ser bilingües.

La heladería no se hizo realidad. Pero en 2014, Beinerth abrió el Centro para el Aprendizaje de Inglés en Quibdó, una corporación sin ánimo de lucro. Desde entonces, tiene un promedio de 120 estudiantes al año.

Uno de los grandes resultados del instituto de Beinerth es que en las pruebas Saber 11 del año pasado, sus estudiantes tuvieron un promedio de 73 puntos, mientras que el país no alcanzó los 50 puntos y Chocó no llegó a los 40, según este informe del Laboratorio de Economía para la Educación de la Universidad Javeriana.

Chitiva le aseguró a La Silla que el 87 por ciento de los estudiantes que presentaron la prueba se encuentran en los estándares B1 y B+, los niveles más altos de calificación de las pruebas Saber, lo que quiere decir que pueden comprender textos y conversaciones y comunicarse con un amplio vocabulario, según el Marco Común Europeo de Referencia que es un estándar internacional para calificar las competencias en inglés.

El B1, el cuarto de los cinco escalafones con los que se califica el desempeño de ese idioma en Colombia (comprender y expresarse de forma oral y escrita), era el nivel que la mitad de los estudiantes que terminaban bachillerato debían tener en 2005, un año después de que Uribe creara el Programa Nacional de Bilingüismo, meta que no se ha logrado ni en un 5 por ciento hasta 2018. 

“Es difícil medir a todo el país con el mismo rasero cuando todos no tienen las mismas condiciones, pero esa es la realidad”, dice Beinerth quien por esa misma desigualdad ofrece becas completas y parciales para futuros estudiantes de su instituto o de la Universidad Tecnológica del Chocó.

Para Chitiva, quien considera los retos que tiene el país pasan por capacitar más docentes en inglés, contar con aulas que tengan herramientas tecnológicas y audiovisuales para que la enseñanza sea más íntegra. 

En su instituto, Beinerth ya ha superado ambos obstáculos, por eso busca que más estudiantes de bajos recursos tengan oportunidades con el inglés. 

Una de las beneficiarias de las becas que ofrece Chitiva fue Maryuri Zúñiga, quien desde los 12 años llegó de la vereda Uzaraga, en el Bajo Baudó, a Quibdó para trabajar como empleada doméstica en hogares, mientras terminaba el colegio. El sueño de estudiar inglés era lejano hasta que Beinerth le dio una beca. 

Lleva seis de los diez semestres, y aunque Maryuri sabe que le falta perfeccionar su inglés, espera en un futuro cercano que este segundo idioma le abra las puertas. “Quiero seguir estudiando, conocer otras partes del mundo, afianzar más la lengua en un país donde el inglés sea nativo” 

Liz Violeta Castañeda, de 15 años, también pagó sólo la mitad de los costos del instituto; llegó allá porque su mamá, Yaffaidy Córdoba, una administradora de empresas, no quería que repitiera su historia de perder oportunidades laborales por no saber inglés. 

“Hoy en día, dominar una segunda lengua, en este caso el inglés es muy importante para tener mayor posibilidad de acceder a mejores trabajos en el mercado laboral y mayores salarios. Básicamente esa habilidad ya es indispensable”, le dijo a La Silla Luz Karime Abadía, codirectora del Laboratorio de Economía para la Educación de la Universidad Javeriana

Además de lograr o no un empleo, manejar un segundo idioma impacta en el salario. Según la revista Forbes, una persona bilingüe puede ganar hasta un 25 por ciento más que una persona que no lo es (aunque no aclara si en Colombia o en cualquier lugar del mundo).

En este caso, Isabel Tejada del grupo de investigación ‘Educación para el bilingüismo y el multilingüismo’, dice que ganar más o no depende del nivel de inglés técnico, es decir del que maneja una terminología propia de cada carrera.

“Lo que estamos intentando hacer en el sector educativo es que los estudiantes tengan un nivel básico y luego tengan la oportunidad de escoger cómo lo refuerzan en la educación superior”, aclara Tejada, aún cuando reconoce que hay un porcentaje importante de jóvenes que no llegan a la universidad. 

Bajo la lupa de varios estudios, el aprendizaje en inglés en el país no marcha bien. Por ejemplo, el mes pasado Colombia ocupó el puesto 77 entre 100 países evaluados cuya lengua nativa no es el inglés, según el estudio EF English Proficiency Index (EPI) y su clasificación en habilidades de escritura y comprensión auditiva fue ‘muy bajo’.

Sin embargo, Carolina Cruz, jefe de inglés para sistemas educativos del British Council, le dijo a La Silla que el estudio del English Proficiency Index no toma una muestra representativa del país y la evaluación que realiza es de manera virtual a la que cualquier persona puede acceder, por lo que no expone la realidad completa del país frente al inglés. 

Cruz aclaró que aunque no se ha alcanzado un nivel alto de inglés, sí ha disminuido el porcentaje de estudiantes en niveles muy básicos. Además, dijo que el Gobierno realizaba un esfuerzo por cerrar estas brechas.

“Hace tres años un estudiante de un colegio público no contaba con materiales para aprender inglés, ahora contamos con un currículo sugerido para enseñar inglés, materiales o libros para aprender con los profesores que también están online y los docentes se han entrenado en el uso y manejo de estas herramientas”, dijo Cruz. 

Este año, el Ministerio de Educación entregó más de 1,6 millones de libros de inglés en más de 4500 instituciones educativas en todo el país.

Por ahora, el bilingüismo en el país sigue siendo un reto en un mundo en el que el inglés se ha convertido en un idioma universal. Y que lo será cada vez más. 

Como dice María Luz Rodríguez, en nuestro podcast El Futuro del Futuro, los mejores empleos en diez años, que serán aquellos vinculados a la tecnología, se ubicarán en aquellos países cuya población trabajadora esté preparada para ellos. “Porque la tecnología permite ubicarlos en cualquier país del mundo”, dice. Y el prerrequisito básico es que hablen inglés.

“¿Por qué el inglés? Porque el inglés es la lengua de la globalización, de la ciencia, de la tecnología. El mundo habla inglés. Quizá en 10 años tengamos que cambiar a otro idioma, pero aprender una lengua extranjera ya te cambia, dejas de pensar sólo en tu cultura, alzas la vista y ves todo el mundo que te rodea”, asegura Lilibeydy, desde el colegio La Fontaine en Cali. 

Esta historia hace parte de la Sala de redacción ciudadana, un espacio en el que personas de La Silla Llena y los periodistas de La Silla Vacía trabajamos juntos.

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