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Por Mariana White Londoño · 16 de Abril de 2020

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“Nos enfrentamos a dos grandes turbulencias: el covid-19 y el daño que puede hacer a nuestro cuerpo; y el miedo y la desesperanza con aquel que puede hacer a nuestra salud mental”, dijo la vicepresidenta Marta Lucía Ramírez a finales de marzo, cuando anunció algunas medidas para enfrentar los problemas de salud mental asociados a la pandemia.

Sacó unas cartillas con recomendaciones de autocuidado para las familias y otra para que los medios de comunicación cuiden la salud mental de sus audiencias; y anunció una estrategia de "prevención y manejo de riesgos en salud mental" con el Ministerio de Salud y tres mil voluntarios para crear una aplicación de tele-orientación, que sigue en etapa de desarrollo, según averiguó La Silla. 

Algunos psicólogos, psiquiatras y neurocientíficos identificaron, según contó la Vicepresidente, seis principales motivos de estrés psicológico que conviene abordar a nivel nacional: miedo a contagiar y ser contagiado; frustración y aburrimiento; acceso inadecuado a suministros básicos; exposición a información inadecuada; inestabilidad financiera y los estigmas por la enfermedad.

Sin embargo, aterrizar sus recomendaciones durante y después de la cuarentena enfrenta estos cinco obstáculos:

 

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La cobertura de Internet es insuficiente para la atención a distancia

El Gobierno sacó el Decreto 538 del 12 de abril de 2020 (desmenuzado aquí), que busca, entre otras cosas, flexibilizar la medicina a distancia durante la emergencia sanitaria. La telemedicina exige contar con “estándares básicos de audio y video”, como dice el Decreto, sobre todo para diagnósticos y transcripciones. Y por supuesto de internet, para hacer videollamadas entre los pacientes y el personal de salud o, al menos, poder enviar y recibir mensajes.

Esto se dificulta cuando menos de la mitad de la población tiene acceso a internet en sus casas (43 por ciento de hogares en Colombia, según el último censo del 2018).

Incluso, hay comunidades que no cuentan con red telefónica, y otras que tienen un solo teléfono público para cientos de personas. 

Por eso, el psiquiatra y magíster en salud pública internacional Álvaro Navarro recomienda llevar internet a las poblaciones que no tienen cobertura, con ayuda de los operadores, suministrando datos, por ejemplo. Para él, esto es más fácil y rápido que aumentar la infraestructura para la atención en salud mental (que también es necesaria).

 
2

No hay suficiente personal de salud mental para atender la crisis

La última Encuesta Nacional de Salud Mental (2015) manifiesta que el 20 por ciento de la población colombiana presentará un trastorno mental a lo largo de su vida. Además, según la psiquiatra y doctora en salud mental y tecnología, Laura Ospina, 60 de cada 100 personas que necesitan ver a un profesional de la salud no lo están logrando.

Colombia, con una población de 50 millones de habitantes, tiene alrededor de 45 mil psicólogos con una tasa de vinculación laboral del 63 por ciento y, según el comunicado del Colegio Colombiano de Psicólogos (Colpsic) después de las polémicas declaraciones de Marta Lucía Ramírez recomendandoles a las mujeres estudiar profesiones con mayor potencial económico, las oportunidades de empleo que en general encuentran tienen salarios precarios.

Según datos de la Asociación Colombiana de Psiquiatría, el país tiene 1178 psiquiatras. “Y para poner un ejemplo, psiquiatras de niños y adolescentes somos más o menos 150 en todo el país”, cuenta la psiquiatra Ospina.

Esto se agravaría si los llaman a atender covid-19, una posibilidad remota pero que existe después del decreto de emergencia del gobierno que crea un alistamiento de reserva para todo el personal médico del país y que no solo provoca el rechazo de muchos psiquiatras, sino también un meme que ronda en el área de la salud y dice: “Si no quieres que un psiquiatra te atienda la neumonía, quédate en casa”.

 
3

Canales informales o no organizados de psico-orientación pueden constituir un riesgo 

“Mucha información, poca información, o información descoordinada hace que la gente sienta más ansiedad durante esta época”, explica el psiquiatra Álvaro Navarro.  Se refiere tanto a la información del Estado sobre la pandemia y sus efectos colaterales, como a la información de salud mental a la que pueden recurrir personas con acceso a Internet en un momento difícil.

En el último mes se han incrementado iniciativas que ofrecen una escucha y una orientación en salud mental en redes sociales, que van desde servicios muy profesionales hasta carreta.  

La psicóloga clínica y magíster en psicología de familia Diana Plazas dice que la tecnología "puede garantizar que muchas personas tengan acceso, que puedan conversar con profesionales que dan informacion veraz, objetiva y ciudadosa... Pero no solo las buenas intenciones ayudan, hay que tener los canales muy claros, porque realmente lo que vivimos en salud mental en estos tiempos nos sobrepasa".

Para ella, hay que tener cuidado con los canales de psico-orientación "organizados informalmente o no organizados", y diferenciar muy bien la psico-orientación de la psicoterapia, pues hay iniciativas que, aunque son bienintencionadas, pueden quedarse cortas cuando se necesita una mejor atención.  

Se refiere a canales, incluso formales e institucionales, de orientación, apoyo o escucha psicológica, que aunque son bienvenidos y necesarios, deben regularse, “porque cuando abres la puerta y la persona te cuenta la historia, ya estás en un problema si no has delimitado las cosas”.

Si por ejemplo una persona manifiesta que su vida o la de otras está en peligro, quien está del otro lado puede quedar maniatado para prestar una ayuda completa, pues "lo telefónico o virtual llega hasta un momento, pero luego se van a requerir otras cosas, entonces si no hay recursos, si no hay infraestructura, especialistas, posibilidades de que esto mejore, la situación va a ser terrible". 

Ojo, no quiere decir que no podamos oír a nuestros familiares y amigos, de hecho, la escucha es considerada un primer auxilio emocional por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y cualquiera puede hacerlo. “Uno no solo necesita escuchar consejos, también sentirse escuchado y validar las emociones”, dice la psiquiatra Laura Ospina.

 
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Es más difícil acceder y darle continuidad a la psicoterapia

La psicoterapia implica una continuidad, explica Plazas, y no todos los psicólogos tienen esa posibilidad, menos en cuarentena. Entre otras cosas, porque para poder realizarla deben contar con una certificación de la Secretaría de Salud de su municipio.

Además, no cualquier psicólogo con tarjeta profesional puede prestar un servicio de terapia desde su casa, incluso para la modalidad presencial 'montar un consultorio' necesita otra certificación de la Secretaría. 

“Deben registrarse parecido a como lo hace una Institución Prestadora de Salud (IPS) y habilitar el servicio”, señala.

En este punto también juegan los alcances del personal. La Javeriana es una de las pocas universidades que se ha registrado como IPS para poder prestar psicoterapia a sus estudiantes, pero incluso así, es difícil garantizar el número de consultas necesarias. Y si estas no son suficientes, también es difícil poder remitir a la persona al especialista adecuado.

“Es importante poder decirle a la persona, mira, si vemos que por lo que vienes no se puede tratar, mi obligación será remitirte a la red de prestadores de salud”, dice Plazas. En la práctica eso no es posible.

“Porque yo le digo, listo, continúa por tu EPS, y esta le da una cita en tres meses, que es la historia que todos sabemos, o llaman al 123 y la línea está congestionada, o en psiquiatría no hay citas tampoco. Hay chicos que necesitan continuar en psicoterapia y, si no tienen dinero para pagar una, por la EPS no la van a obtener pronto... Los consultorios de las universidades vivían repletos”.

 
5

Se ha reducido la capacidad de hospitalización por enfermedad mental

Hoy las IPS especialistas en salud mental están prestando el servicio de manera telefónica y envían por correo electrónico las autorizaciones para medicamentos y exámenes. De llegar a necesitarlo, los psiquiatras pueden solicitar una revisión presencial del paciente en las sedes de la institución, donde hay otros profesionales trabajando. 

Sin embargo, dado que se están tratando de despejar al máximo los servicios de urgencias y hospitalización de la red prestadora de salud para atender el coronavirus, la posibilidad de hospitalizarse por un problema mental es ahora más difícil. 

A los ancianos los están hospitalizando en casa, dejando los cuidados en manos de los familiares, y con ronda médica cada tres o cuatro días.

Lo bueno

El estigma, que ha sido otra barrera de la atención en salud mental, se está diluyendo. Según Álvaro Navarro, se está normalizando ver a un psicólogo o a un psiquiatra, la gente está “saliendo del closet por decirlo así” con en este tema. Varios famosos son el ejemplo. 

Y Diana Plazas, quien trabaja en psicoterapia grupal, ve, contra todo pronóstico de la modalidad virtual, que las personas se disponen y son receptivas ante nuevas ayudas como videos, audios y lecturas, entre otros recursos.

 

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