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*Esta historia se hizo en alianza entre los medios La Contratopedia Caribe, 360 Grados y La Silla Vacía.

En momentos en que varias voces, incluyendo gobiernos locales que han extremado medidas, señalan que el país está entrando en una fase crítica por la pandemia del coronavirus, este lunes en Barranquilla el alcalde, Jaime Pumarejo, aseguró que la ciudad comienza a salir de la mala hora y, por eso, anunció que a partir del 21 de julio reabrirá el comercio no esencial.

Pumarejo habló bajo el argumento de que la tasa de contagio, según la información que dio, pasó de 4 a 0.58, aunque también aclaró que se trata de datos parciales que pueden cambiar en los próximos días.

Como sea, el mensaje de que el peor momento ya pasó en Barranquilla, cuando la ciudad sigue siendo la segunda del país que más muertos ha registrado por covid en estos primeros tres meses de pandemia, generó críticas de ciudadanos en redes y una manifestación pública de preocupación por parte de médicos locales.

Sobre todo teniendo en cuenta que varios de los factores que integran el coctel que ayuda a entender la tragedia barranquillera aún permanecen.

¿Cuáles son esos factores?

Pasan por lo ciudadano y también por lo institucional —Gobierno central, Alcaldía y empresas prestadoras de salud–, por la desinformación y por fallas de comunicación y gestión de la Administración. 

Ahora, frente a un segundo semestre de coronavirus, el camino todavía no luce despejado para que esta capital salga del primer pico de contagios sin tantas muertes. Circunstancias inéditas en un territorio acostumbrado, la última década, a una atmósfera de progreso.

Factor I - Poca prevención, cercos tardíos y aislamiento fallido

El 23 de marzo, cuando inició la cuarentena nacional, el Alcalde de Barranquilla le envió un doble mensaje a los ciudadanos: su Administración mitigaría los efectos del confinamiento con mercados y subsidios para los más pobres, y podían confiar en que la ciudad tenía las capacidades médicas y científicas para enfrentar este desafío. 

“Derrotaremos el virus y seguiremos trabajando para sacar nuestras grandes apuestas adelante. Nos ocupamos de esta crisis, y seguimos soñando en grande para conquistarlas”, dijo el 19 de marzo, cuando el Instituto Nacional de Salud (INS) confirmó los dos primeros casos de covid en esta ciudad.

En esa temprana etapa, Pumarejo se enfocó en la ampliación de la infraestructura sanitaria, instalando 600 camas para atender a pacientes covid leves y de mediana complejidad en el hospital de campaña del Centro de Convenciones Puerta de Oro, que 100 días después de su anuncio han comenzado a funcionar, y prometiendo la compra de 255 ventiladores para aumentar el número de Unidades de Cuidados Intensivos (UCI). De estos han llegado 203, entre los adquiridos con recursos propios del Distrito, los enviados por el Gobierno Nacional y los donados por el sector privado.

Aunque hacerlo era necesario, porque el Gobierno central decretó la cuarentena justamente para que alcaldes y gobernadores ampliaran la capacidad hospitalaria, varios epidemiólogos de Barranquilla consultados aseguran que la Alcaldía al tiempo le restó importancia a la contención. 

En teoría, con los ciudadanos en casa por la cuarentena, el Distrito también debía apostarle desde el primer día a programas preventivos en los barrios y a una minuciosa identificación de los pacientes contagiados. “Se enfocaron en el tratamiento de la enfermedad y no en atajarla”, nos dijo el accionista de una clínica privada local que prefirió no ser citado.

Ni las estrategias preventivas, casa a casa, ni los cercos epidemiológicos comenzaron a tiempo. El 19 de mayo, tras casi dos meses de cuarentena, el Distrito informó que 140 vigías de la salud salían a los barrios para promover el autocuidado; a partir del 10 de junio, comenzaron cinco cercos sanitarios, por 14 días, en igual número de sectores, y desde el 4 de julio, la Alcaldía anunció que habilitaba uno nuevo en toda la localidad Suroriente. Al anunciar este último, Pumarejo reconoció que esa estrategia estaba funcionando. Un impacto que debería reflejarse en las cifras de las próximas semanas.

Situación contraria fue la que vivieron ciudades como Medellín y Bogotá desde los primeros días de cuarentena. 

Para el 9 de abril, la capital del país ya tenía a un equipo de 1.200 personas siguiéndole el rastro epidemiológico a los positivos. Desde entonces, esos médicos y enfermeros los llaman a diario para identificar a las personas con las que tuvieron contacto reciente. Esos datos nutren SaludData, una plataforma digital con la que Bogotá muestra la evolución del virus y proyecta cómo será su comportamiento a 30 días.

Mientras que la capital antioqueña comenzó a implementar los cercos desde el 5 de abril de la mano de la plataforma ‘Medellín me cuida’, con un formulario en línea en el que una persona por hogar debe registrar información sobre comorbilidades (condiciones preexistentes), posibles síntomas covid y necesidades de asistencia alimentaria. 

En Barranquilla, en cambio, la Alcaldía está por implementar un modelo epidemiológico propio, a través de un convenio que negocia con la Universidad del Norte. Este desarrollo, nos explicó un médico de MiRed IPS –el operador de la red de salud pública local–, le permitirá a la ciudad enfocarse mejor en pacientes mayores de 60 años, inmunosuprimidos, obesos, diabéticos, asmáticos, hipertensos y con enfermedades pulmonares crónicas, entre otras condiciones. Una población vulnerable, que representa el 60 por ciento de los muertos covid en Colombia.

Sobre los cercos, el secretario de salud Humberto Mendoza aseguró que estos “se han cumplido en barrios priorizados con altas tasas de contagios durante la fase de mitigación, y según las recomendaciones técnicas de expertos y de las entidades nacionales” que le brindan asistencia técnica a Barranquilla.

Desde el inicio de la pandemia, además, no han estado dadas las condiciones de aislamiento para todos los positivos de los barrios de las localidades Suroriente y Suroccidente, las más afectadas y en cuyas viviendas hay hacinamiento. 

Una característica que no es exclusiva de Barranquilla, pero que ciudades como Cali enfrentan con centros de atención especial. En esta última capital, la Alcaldía, desde abril, habilitó hoteles para que personas cercanas a los pacientes con covid-19, y sin condiciones para mantener la distancia en casa, cumplan el aislamiento.

Las aglomeraciones también terminaron siendo propiciadas por la misma Alcaldía con la entrega inicial de alimentos, en el estadio Metropolitano, para las poblaciones más pobres. Fue tanta gente la que asistió que la Alcaldía suspendió la segunda jornada y volvió a la entrega de mercados casa a casa. Eso también pasó en municipios de Antioquia, La Guajira, Magdalena y Sucre. Algunas entregas, incluso, terminaron en desórdenes y disturbios.

Con la gente en sus casas sin poder salir a trabajar, las ayudas humanitarias eran clave en esa etapa inicial de pandemia, especialmente en una ciudad, donde el 22 por ciento de sus habitantes manifestó en 2019 no tener garantizadas las tres comidas diarias, según la ‘Encuesta de Percepción Ciudadana’ del programa Barranquilla cómo vamos, publicada en febrero pasado.

Factor II - Atención demorada en EPS e IPS

La falta de atención oportuna de las EPS e IPS también ha jugado en contra de Barranquilla. 

La Alcaldía organizó varias reuniones en febrero con representantes de esas entidades para hacer un plan de contingencia con miras a la Asamblea General del BID, programada del 18 al 22 de marzo, pero cancelada por la pandemia. De uno de esos encuentros salió una polémica declaración del secretario de Salud distrital, Humberto Mendoza, que solo se conoció el 17 de junio pasado, durante un debate de control político en el Concejo. 

El funcionario dijo que varias de esas empresas declinaron participar en un plan de contingencia que el Distrito esbozaba desde entonces para atender a enfermos covid.  “Algunas dijeron que no y tengo los oficios de las respuestas”, les dijo el funcionario a los concejales. 

Evidencia de la falta de oportunidad en la atención y en la realización de pruebas por parte de las EPS e IPS han sido los llamados que Pumarejo les ha hecho públicamente, las últimas semanas. El pasado 15 de junio, cuando declaró la alerta naranja para intervenir el sistema de salud distrital, les pidió mejorar sus tiempos de respuesta. Una semana después les hizo otro llamado público.

Esa falta de oportunidad en la atención es más marcada tras 100 días de pandemia, con niveles de ocupación en UCI que en ocasiones han estado por encima del 80 por ciento, aunque el sistema ya está intervenido y es la autoridad local la que determina a qué paciente se le da una UCI. Algunos pacientes, incluso, mueren esperando un cupo en una de esas unidades, pese a la intervención del propio alcalde Pumarejo, como contó La Silla Vacía.

El secretario de Salud Humberto Mendoza, quien nos contestó un cuestionario para esta historia, sobre este aspecto dijo que desde  marzo pasado hay una mesa técnica permanente “garantizando una comunicación activa de la revisión diaria del estado de situación de covid en Barranquilla”.

Factor III - La reactivación de la economía

A finales de abril, el presidente Iván Duque ya barajaba la posibilidad de reabrir algunos sectores de la economía. Un discurso que Pumarejo copió, a diferencia de la alcaldesa de Bogotá Claudia López, quien no permitió la reapertura inmediata hasta que los empresarios allí no certificaran las medidas de bioseguridad y se comprometieran a establecer horarios laborales escalafonados para no sobrepasar el 35 por ciento de capacidad del transporte público. 

Cuando el 27 de abril llegó, Barranquilla comenzó la reactivación gradual de sus sectores de construcción y manufactura. Los protocolos de bioseguridad adoptados, como lo demostrarían las cifras de las semanas venideras, no serían suficientes. Con esa reapertura, el sistema masivo Transmetro movilizó más de un tercio de su capacidad y la Alcaldía comenzó a pedir autorregulación ciudadana. 

“Si no tenemos la colaboración de los usuarios vamos a evaluar la suspensión de algunas rutas o de la totalidad del sistema", dijo Pumarejo en un primer llamado de atención, que terminó, los primeros días de mayo, con Transmetro paralizado durante 62 horas y con una narrativa gubernamental que comenzó a trasladarles a los ciudadanos la responsabilidad por el rápido avance del virus. 

A esto se suma que Pumarejo no coordinó horarios con los mandatarios de los cuatro municipios del Área Metropolitana (Soledad, Malambo, Puerto Colombia y Galapa) ni contempló que miles de personas que allí viven se movilizarían en el sistema público para ir a trabajar a Barranquilla. Un asunto que, en cambio, Medellín sí contempló y es una de las razones por las que logró tener el virus controlado durante el primer trimestre de pandemia.

Con la economía reactivándose, empezaron a aparecer los primeros brotes en Barranquilla, uno de ellos en una empresa farmacéutica. La Secretaría de Salud confirmó que en esa empresa se había detectado un primer caso y funcionarios distritales les tomaron muestras a cerca de 200 personas con las que ese paciente tuvo contacto.

Para el 11 de mayo, dos semanas después de la reactivación del primer grupo de empresas, Barranquilla pasó de 846 contagios a 1.170. Ese lunes, además, reiniciaron labores otras 220 empresas. Dos semanas después, a finales de mayo, los positivos superaban los 2.115.

 

 

El 7 de junio, con 4.032 contagios, siguió la reapertura de la economía. Desde ese día comenzaron a funcionar centros comerciales, parte del comercio minorista y peluquerías. 

Muchos de esos locales abrieron sin cumplir al pie de la letra los protocolos de bioseguridad, como quedó demostrado con los cierres del centro comercial Viva y el Almacén Makro, ordenados por el Distrito días después, por no garantizar que los clientes ingresaran con tapabocas y según el ‘pico y cédula’, otra medida que también ha generado confusión porque al principio hubo cruce de directrices entre municipios metropolitanos que son dormitorio y la capital. 

Para el 11 de junio, Barranquilla ya superaba los 300 fallecidos y era la segunda ciudad con más muertes por covid de Colombia, después de Bogotá. 

En respuesta a la crisis, en una declaración conjunta, el Alcalde Pumarejo y la gobernadora del Atlántico Elsa Noguera anunciaron toques de queda durante el resto de junio y operativos conjuntos de la Policía y el Ejército para garantizar el cumplimiento de la cuarentena. 

Días después, el Alcalde le dijo a medios locales que el “desorden” por la celebración del Día de la Madre desencadenó el aumento de contagios. Lo que Pumarejo no resaltó es que los casos comenzaron a multiplicarse desde la reapertura de la economía

Factor IV - Desinformación, desconexión y comportamiento social

Desde que la pandemia llegó a Barranquilla, comenzaron a circular cadenas de mensajes por chat y redes sociales sobre supuestos pacientes contagiados en febrero, durante los Carnavales. En ellos se acusaba al Distrito de esconder información. Mensajes por los que el Secretario de Salud tuvo que dar explicaciones a medios de comunicación locales.

La desinformación tocó fondo en mayo con mensajes en los que se señalaba a clínicas privadas, funcionarios de la Secretaría de Salud y funerarias de estar confabulados para cobrar millonarias sumas por cada muerto por coronavirus. Un asunto que es falso. Caló tanto ese supuesto “cartel de la muerte”, que muchos habitantes en los barrios se negaron -todavía hoy- a hacerse la prueba por temor a ser diagnosticados como positivos. 

Aunque, el falso cartel del covid encontró munición en varios hechos recientes: un error que reconoció, el 3 de junio, el Laboratorio de la Universidad Simón Bolívar tras haber diagnosticado como positivos a cuatro pacientes a los que no les habían tomado muestras; cuerpos trasladados por una funeraria local de manera irregular a Montería, el aumento en los costos de cremación y las cremaciones de pacientes que post mortem fueron diagnosticados como negativos.

En medio de ese clima contaminado por la desinformación y el miedo generado por el virus, la estrategia de comunicación institucional del Distrito tampoco ha sido la más adecuada.

En marzo, cuando la pandemia se veía como un asunto lejano, la Administración de Pumarejo comenzó la campaña ‘Barranquilla no baja la guardia’, centrada en lavarse las manos y en el distanciamiento social. Sin embargo, en abril, con el coronavirus presente en las cinco localidades, Pumarejo y sus secretarios acuñaron el eslogan ‘Depende de ti que no se te pegue’. 

Esa frase no fue bien recibida entre ciertos sectores barranquilleros porque le trasladaba al ciudadano la responsabilidad de evitar la propagación del virus, en lugar de apostarle desde el lenguaje a recalcar el trabajo en equipo entre instituciones y ciudadanos. Una narrativa completamente distinta a la de otras ciudades con ‘Medellín me cuida’ o ‘Cartagena contra el Coronavirus’.  

Ante las continuas críticas en redes sociales y los contagios disparados, el 23 de junio la Alcaldía cambió su mensaje a ‘Depende de todos’.

También pasó que el alcalde Pumarejo, el 18 de mayo, con Barranquilla registrando más de 1.700 contagios y 60 fallecidos, dijo que la única salida posible para vencer el virus era el contagio de toda la población, “poco a poco”. Una declaración que el epidemiólogo Julián Fernández - Niño, profesor de la Universidad del Norte y uno de los principales divulgadores sobre la pandemia en Colombia, rechazó por el alto costo “en términos humanos” y la falta de “evidencia científica” sobre dicha teoría. 

A la falta de asertividad en la comunicación institucional se suma un tono poco conciliador del Alcalde y de algunos de sus funcionarios hacia los ciudadanos. 

En respuesta al falso cartel del Covid, Pumarejo calificó de “charlatanes” a los líderes en los barrios por amplificar ese mensaje. Lo hizo a través de un audio que miembros de su equipo de prensa pusieron a circular por Whatsapp. Y más recientemente sonó indolente en una entrevista con un locutor local, en Instagram, al decir de manera sarcástica que en Barranquilla “ahora todos quieren tener una UCI” y que las UCI están “de moda”.

También una de las asesoras de prensa de la Alcaldía llamó “badulaques” (personas necias) a los barranquilleros por el aumento de los contagios en los barrios.

Pero ha sido el argumento de ‘indisciplina social’ el que más críticas le ha valido a Pumarejo y el que de tanto ser usado por su Gobierno terminó reforzando, recientemente, algunos estereotipos sobre la cultura Caribe en el resto del país. 

El Distrito, una parte de la ciudadanía y algunos periodistas han recurrido a él para calificar el incumplimiento de la cuarentena, especialmente, los fines de semana en algunos barrios. Un discurso que tomó fuerza, a medida que los casos aumentaban en mayo, pese a que los primeros días de confinamiento el mismo Pumarejo resaltaba el buen comportamiento ciudadano.

La Gobernadora del Atlántico, incluso, le dijo a medios nacionales que “Si la gente no tiene con qué comer, ¿cómo así que van a tener para tomar? Pues, para las cervezas, no me preguntes de dónde, pero ahí sale la platica”.

Si bien se han celebrado fiestas y reuniones sociales durante la cuarentena en Barranquilla, ese fenómeno no ha sido exclusivo de esta ciudad. El Día de la Madre, por ejemplo, la Policía reportó 27.773 comparendos, 2.333 de ellos en Medellín, la capital colombiana que hasta hace unos días era la de mejor desempeño de esta primera fase de pandemia. Ese mismo día, Barranquilla registró 343 multas, es decir, solo el 15 por ciento de las ocurridas en la capital de Antioquia.

Además, un informe de movilidad local de Google, realizado entre el 22 de mayo y el 3 de julio a partir del servicio de georeferenciación de los teléfonos móviles, muestra que los recorridos de los atlanticenses se redujeron mucho más que en otras ciudades. 

Esa teoría distrital de desobediencia social puede ser parte de la explicación del aumento de los contagios, pero no el único factor. También complejizan ese fenómeno la informalidad laboral, que el trimestre febrero-abril alcanzó el 55 por ciento, y las condiciones de vida de los barranquilleros de ciertas localidades: casas pequeñas, con familias numerosas y sin medios para mitigar las altas temperaturas del Caribe.

El comportamiento de Barranquilla durante esta primera etapa de pandemia podría interpretarse de dos maneras: como el de una ciudad que está llegando a su primer pico de contagios, siendo la primera capital colombiana en lograrlo según lo vaticinó hace poco el Distrito, o como una ciudad que llega más rápido que otras, pero pagando un alto costo humano.

Después de 100 días de pandemia, en los que la Administración de Pumarejo se enfocó más en la dotación que en la prevención, igual Barranquilla está hoy con sus UCI congestionadas, por lo que en últimas, el pasado sábado, tanto el alcalde como la gobernadora Noguera convocaron a todos los atlanticenses a una jornada masiva de oración.

Comentarios (1)

César Molinares Dueñas

17 de Julio

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Esta historia se hizo con el apoyo de la Fundación Heinrich Böll

Esta historia se hizo con el apoyo de la Fundación Heinrich Böll

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