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Por Nohora Celedón · 17 de Noviembre de 2019

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Esta semana el Dane anunció que la economía del país creció 3,3 por ciento, una cifra que es de destacar frente a América Latina y que le da elementos al Gobierno para reforzar su mensaje de que está manejando bien la economía.

Pero ese argumento probablemente no le ayudará a sumar más puntos ante la opinión pública, algo que necesita urgentemente y más con un paro nacional que pinta muy fuerte a la vuelta de la esquina.

Esto porque en el año largo que lleva gobernando Iván Duque, su equipo no ha logrado que la opinión pública sienta que ha tenido logros económicos, y según los datos de la encuesta Gallup el pesimismo de los colombianos frente al desempeño de la economía del país es peor que el que hubo en la crisis económica mundial y su contagio local en 2009 y cuando se cayó el precio del petróleo en 2014 y 2015.

Para Duque, es clave que cale el mensaje de que su gobierno está recuperando la senda de crecimiento porque es uno de los temas que más le preocupa, al que más tiempo le dedica -a  juzgar por la revisión que hicimos de su agenda en el primer año de gobierno- y porque fue una de sus banderas de campaña. 

Según tres fuentes de Palacio o cercanas a él, la percepción desde Presidencia es que están haciendo las cosas bien pero hay una falla en la comunicación. En otras palabras, la culpa se la echan al mensajero, como sucedió en el Gobierno Santos.

Pero la explicación, como suele suceder, es más compleja, y tiene por los menos estas ocho razones:

 
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El factor Carrasquilla

El vocero más visible del Gobierno para hablar de economía, Alberto Carrasquilla, arrancó su ministerio con denuncias por su participación en la creación y luego el manejo de los bonos del agua, que terminaron siendo un mal negocio para la mayoría de los municipios pequeños que los adquirieron. 

Carrasquilla, que es reconocido en círculos académicos y empresariales por ser un hombre brillante para la economía, también se ha hecho famoso por sus salidas en falso. 

  • Hace un par de semanas en una rueda de prensa después de que se cayó la tributaria en la Corte Constitucional, los periodistas le preguntaron qué esperaba que pasara con la ley y respondió que él no es “ni adivino, ni horoscopista, ni pitoniso” para saber. 

  • En otra rueda de prensa, también del Banco, regañó a un periodista por que le hizo una pregunta incómoda sobre las agencias calificadoras.

  • En el Congreso, el día que tumbaron la tributaria, una representante lo cachó jugando en el celular mientras se daba el debate del presupuesto.

“Es una persona muy calmada pero que no tiene filtro, y tiene un humor ácido que a veces las personas no entienden y lo hace ver como una persona antipática, aunque no es así”, nos dice una persona que trabaja con él, y que admite que estos rasgos de su personalidad hacen que sus mensajes no trasciendan.

Esa falta de filtro se nota en otras salidas en las que se contradice a sí mismo o va en contravía de sus colegas

  • A finales del año pasado dijo que el Gobierno iba a radicar la reforma pensional este año y que ya estaban trabajando en un borrador, pero la Ministra de Trabajo, Alicia Arango, salió a decir que no había reforma hasta que no pasara por la mesa de concertación laboral.

  • Hace unas semanas desmintió una publicación del diario Portafolio, que filtró un borrador de trabajo con las grandes líneas de la reforma pensional, para después en una entrevista con Yamid Amat afirmar que lo publicado estaba alineado con su propuesta de reforma.

Esas limitaciones son tan claras que entre la Alta Consejería de Comunicaciones de Palacio y el equipo de prensa del Ministro decidieron que para la tributaria el vocero oficial de Hacienda fuera el entonces viceministro técnico, Luis Alberto Rodríguez, y en el Plan de Desarrollo, fue más visible el viceministro general, Juan Alberto Londoño. 

“Es muy difícil: si Carrasquilla no habla es malo, pero si habla es peor”, nos dice una persona cercana a él. “Habla mucho para el Marriott y poco para el barrio(t)”, concluyó una fuente cercana al Gobierno.

De hecho, esta semana ese problema lo resumió al expresidente Álvaro Uribe en una entrevista con la FM: “Le sirven los silencios porque muestra buenos resultados de la economía, e infortunadamente las pocas veces que habla dice cosas que hacen daño como habérsele ocurrido proponer el IVA a la canasta familiar”.

 
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Y Uribe no ayuda

El expresidente Uribe, líder del partido de Gobierno, ha ayudado al Gobierno a mover en el Congreso propuestas económicas, pero también ha sido el palo en la rueda para otras (además de criticar a Carrasquilla públicamente).

Por ejemplo, ampliar el IVA a la canasta familiar era el corazón de la primera propuesta tributaria del Gobierno y murió en el Congreso cuando el expresidente dijo, en micrófonos y en el publicitado debate de moción de censura contra Carrasquilla, que el ministro debía seguir pero que no apoyaría ese IVA.

También, como lo contamos en esta historia Uribe fue un aliado del representante Alejandro Carlos Chacón para subir en el Plan de Desarrollo los aranceles a las confecciones chinas, contra la opinión de Carrasquilla y la política general de liberalización comercial del Gobierno, aunque así quedó bien con la Cámara de Confecciones y Afines, un gremio que le puso votos a Duque.

Además, ha hecho propuestas populares que el Gobierno, y en particular Carrasquilla, han rechazado por que van en contravía a su línea de ahorrarle costos a las empresas, como el aumento especial del salario mínimo o la prima extra para las personas que ganan un salario mínimo.

Estas visiones contradictorias terminan pintando al Duque como el policía malo sin corazón y al presidente Uribe como el policía bueno y considerado, y debilitan la imagen de la política económica del Presidente.

 
 
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Una estrategia descoordinada

Así como Carrasquilla no tiene filtro y Uribe marca tensiones con la polìtica económica de Duque, parte de los malos entendidos vienen de la poca coordinación en el Gobierno sobre el mensaje en economía (y probablemente en otras áreas).

Tres personas que trabajan y trabajaron en comunicaciones en el alto gobierno nos confirmaron que los mensajes económicos no se coordinan entre los ministerios que manejan estos temas. Salvo lo que se publica en redes sociales, o que haya un evento conjunto no hay una articulación en el mensaje.

Esto explica cómo, por ejemplo, entre las entidades del Gobierno que tienen que ver con la Economía Naranja, una de las banderas económicas del Presidente, no había un concepto unificado de qué sectores están incluyendo en esta rama; o la descoordinación de mensajes que hubo el año pasado cuando se puso sobre la mesa la reforma pensional.

A diferencia de Uribe, cuya bandera de la confianza inversionista se convirtió en el símbolo de su propuesta económica, o de Santos que volvió a las locomotoras de la economía su eslogan económico (así ambos hubieran recibido críticas por sus políticas en la materia), Duque no ha encontrado un mensaje que aglutine su visión. 

Y su intento de poner la equidad en el centro no ha calado, su apuesta por reducir impuestos a las empresas se percibe como un favorecimiento a los ricos (aún si implica beneficiar a empresas micro y pequeñas también) y su intento de izar la bandera de la economía naranja no se entiende, más cuando algunas de las empresas símbolos de ese sector como Rappi y Uber tienen vacíos regulatorios que el Gobierno no ha logrado resolver.

 
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No es la economía, estúpido (la gente está pensando en otras cosas)

Al día siguiente de que el senador Roy Barreras denunció la muerte de ocho niños en un bombardeo militar en Caquetá, y dejó en la cuerda floja al Ministro de Defensa que terminó renunciando, el Presidente habló más de economía que del hecho que sacudió a la opinión pública.

Lo hizo en un foro al que asistió en Bogotá sobre competitividad y otro en Barranquilla sobre economía naranja. Sus mensajes, aunque buscaban resaltar las grandes líneas económicas del Gobierno terminó leyéndose como una señal más de su desconexión con la realidad.

Justamente esa desconexión ayuda a entender que tengan poco impacto los datos económicos positivos: la inversión extranjera directa aumentó 24 por ciento en el primer semestre frente al mismo periodo del año pasado; las ventas de comercio vienen creciendo a su mayor tasa de los últimos cuatro años; la producción petrolera creció a 887.233 barriles diarios, algo que el gremio petrolero le atribuye a decisiones del Gobierno; o la ocupación hotelera, que está en niveles máximos en los últimos catorce  años.

Además incluso el crecimiento del PIB, bueno cuando organizaciones la Cepal y el Fondo Monetario Internacional proyectan que América Latina crecerá el 0,1 y 0,2 por ciento.

Pero las cifras que tiene el Gobierno para mostrar son frías y a veces complejas, y pasan desapercibidas por fuera de círculos académicos y especializados.

Por eso en la última Gallup Poll el 77 por ciento de encuestados dijo que la economía va mal, el 85 por ciento lo dice del costo de vida está empeorando y el 88 por ciento opina lo mismo del desempleo. De hecho, de los 19 temas por los que pregunta la Gallup, los económicos son los peor calificados junto con la seguridad.

Por eso, a juzgar por la percepción, pareciera que se puede aplicar el diagnóstico del fallecido empresario paisa Fabio Echeverri en los noventas: “la economía va bien, pero el país va mal”, agregando “y la opinión no tiene claro lo primero”.

Y el panorama para el Gobierno es peor porque una cifra que sí le dice mucho al colombiano de a pie, es la que no repunta.

 
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El ‘sambenito’ del desempleo 

Otra razón que hace difícil aterrizar el mensaje de éxito económico que quiere dar el Gobierno es que el desempleo no mejora y desde que entró Iván Duque a la presidencia pasó de 9,5 a 10,8 por ciento en todo el país, con un agravante y es que el problema no es solo que hay más personas buscando empleo sino que hay menos puestos de trabajo disponibles, en particular en el sector rural.

Además, aún le cobran al ministro Alberto Carrasquilla sus declaraciones tras la junta directiva del Banco de la República de julio, cuando dijo que no sabía las causas ni qué hacer para bajar el desempleo. 

“El Presidente desdeña del tema de desempleo, no le da el valor que tiene”, nos dice una fuente cercana a Palacio. Otra nos explicó que no es que no le guste el tema sino que confía en que el crecimiento del PIB y las de las ventas del comercio y en la industria terminarán llevando a crear nuevos empleos.

De hecho la semana pasada Duque insistió en que podía cumplir su meta de llevar el desempleo a una cifra menor de 8 por ciento al final de su Gobierno.

Mientras eso, pasa, y toca a la opinión, los economistas y expertos tampoco pintan muy convencidos, con lo que los líderes de opinión tampoco parecen caminarle a Duque.

 
 
 
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Los expertos ven problemas...

El Gobierno ha recibido críticas muy visibles sobre la forma poco ortodoxa como está manejando las finanzas de la Nación, como aumentar la deuda para pagar gastos corrientes, el aumento del endeudamiento en general, haber metido las utilidades del Banco de la República a su balance para mostrar un menor déficit o haber flexibilizado la regla fiscal.

A pesar de que en la mayoría de los casos se trata de debates técnicos que suelen no llegarle al común de la gente, estas críticas le dan gasolina a quienes están en desacuerdo con el manejo económico del Gobierno.

 
 
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... y no parecen convencidos de que lo bueno sea por Duque

El Gobierno ha querido vender estos resultados como una muestra de que su apuesta por la economía del goteo -bajarle impuesto a las empresas para que éstas crezcan y distribuyan riqueza al Estado y los ciudadanos- está funcionando. También de los beneficios de su tributaria, que está vigente este año, lo que es un argumento para que el Congreso vuelva a aprobarla tal y como quedó el año pasado.


Pero esta estrategia no está funcionando: la semana pasada,  cuando el director de Planeación, Luis Alberto Rodríguez publicó este video diciendo que el buen crecimiento es el resultado de la tributaria, el Plan de Desarrollo y los pactos por el empleo que hizo el Gobierno con gremios, salieron críticos a decir que no hay suficiente evidencia de que sea consecuencia de eso.

 

Aunque empresarios y directores de gremios sí sienten que el Gobierno ha tomado medidas que han favorecido el crecimiento económico, y en parte por eso los gremios apoyan que la ley se vuelva a aprobar tal y como está , los académicos señalan que no hay evidencia clara que muestre esa relación; y en el Congreso algunos repiten el argumento de que la reforma dio demasiadas exenciones a las empresas y que tiene que ayudar a crear empleo, además de que le va a generar un hueco fiscal al Gobierno en los próximos dos años.

De hecho, de este último argumento se agarran las organizaciones de la sociedad civil que están organizando el paro nacional de este jueves.

 

 

 

Comentarios (8)

José Saramago ..

17 de Noviembre

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Mascota, deja de balbucear tonterías, la masacre de tus amigotes no tiene forma de justificarse.....fachos!

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17 de Noviembre

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Colombia es una maravilla. Por un lado, sus 'ases' son de la talla de Ivancho y Roy y, por el otro, el país progresa a pesar de ellos. Imaginen lo que lograríamos si consiguiéramos quitarnos de encima tanto lastre.

Blanca Gladys

18 de Noviembre

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Uy!, fascista...que harías? eliminarlos?....vaya! vaya!

Uy!, fascista...que harías? eliminarlos?....vaya! vaya!

Lupita Gómez

19 de Noviembre

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La respuesta corta a tu pregunta es NO. Aunque sea el método que el Dr Uribe ...+ ver más

La respuesta corta a tu pregunta es NO. Aunque sea el método que el Dr Uribe recomienda para resolver controversias ("eliminar" al otro) y aunque a sus seguidores y seguidoras no se les ocurran otros, te aseguro que hay alternativas. Te recomiendo los métodos democráticos, que muchos preferimos. Incluyen controversia, protesta, debate y elecciones. Considéralos como primera opción. Has la prueba.

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