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Por Jerson Ortiz · 22 de Julio de 2020

En Caquetá lograron controlar los contagios durante tres meses (Foto Alcaldía de Florencia)

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A diferencia de departamentos vecinos como Huila, Amazonas y Meta, que ya han atravesado momentos difíciles por la pandemia, Caquetá está viviendo apenas la primera de varias oleadas del covid que han proyectado los expertos

En 22 días, los casos confirmados se multiplicaron por 13, pasando de 35 a 478 hoy; mientras que el número de fallecidos por la enfermedad también avanza: de 1 a 7, en el mismo periodo.

Se prevé que esas cifras seguirán aumentando porque hay centenares de pruebas represadas. Con un agravante: las 22 Unidades de Cuidado Intensivo para pacientes graves, que además son privadas, ya están ocupadas y zonas cercanas como Huila, donde podían remitir a algunos enfermos, ya les cerraron las puertas porque quieren apartar las camas que les quedan para los locales.  

Lo particular es que, con varias semanas de relativa calma, el departamento tuvo más tiempo que otros -a los que la crisis cogió fuera de base- para intentar mejorar la capacidad hospitalaria y hacerle frente a los picos, pero lo que muestra la foto de hoy es que aunque hay unos avances no lo lograron del todo.

Crecimiento súbito

Caquetá fue uno de los primeros departamentos en cerrar sus carreteras, aeropuertos y puertos fluviales para evitar que les llegara el virus. La razón: el gobernador Arnulfo Gasca (conservador) y el alcalde de la capital Florencia, Antonio Ruiz Ciceri (alternativo verde), sabían que no tenían la capacidad ni la infraestructura para enfrentar un contagio masivo.

Desde el 16 de marzo bloquearon cualquier ingreso, cerraron el comercio, decretaron un toque de queda estricto e impusieron la ley seca.   

Ese confinamiento intenso puede explicar por qué el primer caso confirmado en el departamento se dio el 16 de abril, un mes después de la declaratoria nacional de la emergencia. Para ese momento, Huila, paso obligado para llegar allá por tierra, ya marcaba 55 casos. 

 

Pero la flexibilización de la cuarentena por parte del Gobierno Nacional, la aparición masiva de trapos rojos en barrios populares para pedir ayuda en alimentación y la necesidad de reactivar económicamente al departamento (Florencia marcó en mayo 27.1 por ciento de desempleo, frente a 16.6 del mismo mes el año pasado), obligaron a Gobernación y Alcaldía a empezar a soltar la rienda.  

Reabrieron el comercio, el transporte público, y ampliaron los picos y cédula a dos números por día cuando antes era solo uno. 

El resultado: Caquetá lleva todo el mes de julio marcando entre 20 y hasta 100 casos diarios, hay siete muertes confirmadas y dos más en estudio. Hay casos en 12 de los 16 municipios, incluso en batallones militares como Larandia. 

Lilibet Galván, secretaria de Salud Departamental, explica que el aumento se da porque los cercos epidemiológicos de las personas que han dado positivo son amplios. Dice que, según estimaciones técnicas, cada positivo puede representar entre seis y ocho potenciales contagios nuevos. 

“Se está presentando mucho contacto e interacción social, vemos un contacto masivo, comunitario, principalmente en Florencia”, dice Galván. 

El aumento de los cercos también aceleró la toma de pruebas y eso generó el colapso del laboratorio del hospital María Inmaculada, que es el único que tienen a nivel local para procesar muestras.

Ese laboratorio arrancó operaciones el 20 de junio y tiene una capacidad para analizar máximo 120 muestras diarias, pero desde hace tres semanas el número de pruebas que se están tomando al día está oscilando entre 300 y 400. 

Es decir, hay represamiento, y eso significa que se están entregando resultados con hasta dos semanas de retraso. Por eso, la semana pasada la Secretaría de Salud Departamental le pidió a las EPS, que son las llamadas a tomar las pruebas, que busquen otros laboratorios de respaldo en otras regiones del país. 

El crecimiento súbito de los casos, agarra a Caquetá sin la preparación que se propuso.

Sin UCI

Las 22 Unidades de Cuidados Intensivos que históricamente ha tenido Caquetá para atender a sus 400 mil habitantes, y que son propiedad de una clínica privada llamada Mediláser, ya están ocupadas: siete por pacientes con confirmación o sospecha de covid, y el resto por otras enfermedades. 

Tratando de anticiparse a eso, y con base en un estudio del Instituto Nacional de Salud, que advierte que en ese departamento el 50 por ciento de los habitantes se va a contagiar y que de ese número unos 20 mil necesitarán atención hospitalaria y de ellos un tres por ciento UCI (unas 615 personas), la Gobernación se movió para ampliar su capacidad de atención. 

Echó mano de recursos del fondo de regalías y, el 13 de mayo, logró que le aprobaran un proyecto por 4.300 millones de pesos para habilitar 30 UCI en el hospital público María Inmaculada. 

Aunque como mínimo necesitan 200.

Además el proceso de contratación y ejecución de esas UCI va lento y no alcanzará para cubrir este primer momento crítico. 

La Silla Vacía encontró asimismo que la Gobernación le entregó el contrato de manera directa, bajo la figura de la urgencia manifiesta, a una empresa local que se llama Asemp Grupo Empresarial Zomac, está registrada en Cámara de Comercio de Florencia en 2018 y entre sus socios accionistas tiene a un funcionario de esa entidad.

Se trata del ingeniero Alexander Cardona Cortes, quien es funcionario de la Oficina de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones de la Gobernación.  Hasta hace unas semanas fue el representante legal de la empresa. 

(La contratación de la Gobernación de Arnulfo Gasca para atender la pandemia también ha tenido otros ruidos como la entrega de contratos de kits de alimentos por más de cuatro mil millones a la empresa de su principal financiador de campaña).

A pesar de tener una trayectoria empresarial corta y un vínculo claro con un funcionario de la Administración, a Asemp le encargaron la tarea de conseguir esas 30 unidades con sus respectivos ventiladores mecánicos, que son los aparatos más difíciles de comprar en medio de la pandemia porque están peleados en el mercado internacional. 

Asemp firmó el contrato el 4 de junio, logró que cinco días después le autorizaran un anticipo del 50 por ciento, y dos días después presentó un cronograma de entrega. 

Ahí, estipula que en julio va entregar unos fonendoscopios, fibriladores, bombas de infusión y los electrocardiógrafos; en agosto las camas, las bombas de infusión y succionadores; y solo hasta septiembre los 32 ventiladores (2 portátiles) y los 30 monitores de signos vitales. 

Pero ese cronograma está sujeto a cambios por la demanda internacional de los ventiladores, según admitió la secretaria de Salud Galván. 

“El contratista nos ha comentado que ha tenido problemas con la importación de los equipos, esperamos que se supere pronto para habilitar esas nuevas UCI porque son necesarias”, comentó. 

A la ocupación total de las UCI disponibles, y las demoras de las nuevas, a Caquetá se le suma que los departamentos vecinos ya dejaron de recibir pacientes remitidos desde allá con o sin covid. 

Esta semana la Gobernación del Huila declaró la alerta naranja y dijo que las UCI que les quedan serán priorizadas solo para los pacientes locales. 

Y eso es grave porque en los últimos dos años y antes de la pandemia, del hospital María Inmaculada fueron remitidos a otros centros médicos de la región con UCI unos 80 pacientes por mes. 

La ventana de margen para maniobrar mientras tanto se las abrió esta semana el Gobierno Nacional que les mandó 15 ventiladores, que en todo caso para funcionar integralmente como una UCI necesitan el resto de equipos como los monitores. 

Además el compromiso del Gobierno Nacional con el departamento son 39 ventiladores. 

Con ese panorama, desde esta semana la Gobernación volvió a limitar el pico y cédula a un solo número por día, ordenó el cierre de puntos de atención de entidades públicas e instó a los caqueteños a permanecer aislados. 

La evolución de la pandemia en los próximos días dirá si eso y lo que se alcanzó a hacer será suficiente. 

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