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Por Paula Doria | Camilo Andrés Garzón · 17 de Febrero de 2021

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Esta semana la Alcaldesa Claudia López abrió colegios públicos en Bogotá con bombos y platillos. Pero la reapertura fue mínima. De los 400 colegios oficiales que hay en la ciudad apenas abrieron ocho. Y de esos cinco son colegios en concesión. (Es decir que funcionan con recursos públicos pero son administrados por privados). 

En la práctica, solo tres colegios públicos abrieron (menos del uno por ciento).

En los privados se ha avanzado un poco más, pero su proceso muestra que ahí la reapertura también es lenta. De 1.782, hay 778 habilitados. Pero hoy han empezado a funcionar con educación presencial 148 (el 8 por ciento). 

El plan de la Alcaldesa no era abrir todos los colegios públicos desde el comienzo, pues dijo que irán haciéndolo en cinco tandas, de aquí al 12 de abril. Pero el plan no define cuántos entrarán en cada etapa, y aún no se sabe cuántos abrirán la próxima semana.

No obstante, la secretaria de Educación de Bogotá, Edna Bonilla, confía en que se llegará a la meta. “Poco a poco, cuando los padres vean que volver es seguro, enviarán a sus hijos al colegio. En cuanto a los profesores, el 100 por ciento de los que hemos convocado han respondido y eso nos da confianza”. 

La Silla buscó entender cuales son los principales obstáculos que hacen tan lenta la reactivación. Para eso hablamos con 17 personas entre docentes, rectores y expertos. Encontramos que al ritmo actual será muy difícil que Bogotá, la ciudad que picó en punta con la reapertura de la educación pública, cumpla la meta de apertura total con alternancia para el 12 de abril. 

Una situación que lanza advertencias y enseñanzas para los procesos de reactivación en otras ciudades grandes del país.  

Los obstáculos son varios, lo que hace el problema más complejo. Algunos profesores, padres de familia y sindicatos no le caminan al plan del Distrito por temor al contagio. También hay demoras administrativas que han retrasado el proceso, incluso en los colegios que supuestamente ya estaban habilitados para abrir sus puertas.  

Estar habilitado no es estar habilitado

La secretaría de Educación anunció en enero que 138 colegios públicos estaban habilitados para abrir. Sin embargo, solo ocho pudieron hacerlo esta semana. 

Esto porque en la práctica estar habilitado no significa tener listas las adecuaciones de infraestructura del colegio para abrir. Tampoco que han hablado con padres de familia, estudiantes y docentes sobre el plan. Significa que han conseguido el permiso de las secretarías de Educación y de Salud para hacerlo. 

Ese permiso, de todas maneras, es un paso importante. Según nos contaron varios rectores, para reunir documentación, coordinar el proceso con consejos directivos y ser aprobados por la Alcaldía se pueden tardar unos tres meses. Y en Bogotá aún hay 262 colegios públicos que ni siquiera están en ese punto. 

Jairo Orlando Rodríguez, rector del colegio Agustín Nieto Caballero (Mártires), le dijo a La Silla que aunque empezaron el proceso en octubre pasado, y ya están habilitados, solo regresarán hasta el 15 de marzo. Según el rector Rodriguez, hace falta que lleguen los avisos y pendones que recuerden que hay que mantener distanciamiento físico, lavarse las manos y usar el tapabocas. 

También les hace falta hacer una reunión con los padres de familia para que autoricen a sus hijos a ir al colegio y organizar los horarios.

Detalles previsibles como estos tendrán en la virtualidad a los estudiantes del Nieto Caballero un mes más. 

Algo similar le contaron a La Silla las rectoras de los colegios Las Margaritas (Kennedy), La Merced (Puente Aranda) y Jaime Garzón (Kennedy), colegios en la lista de 138 habilitados. Ellos solo iniciarán hasta marzo porque están en proceso de capacitación de docentes y padres sobre los protocolos de bioseguridad en la alternancia. 

Estos colegios además están adecuando la infraestructura para que las clases presenciales también las puedan ver en vivo quienes están en las casas.

La experiencia de uno de los que ha abierto desde esta semana, el Débora Arango (Bosa), muestra que lo pudo hacer porque desde el año pasado tenía listos los protocolos de bioseguridad, y habían logrado consensos con la comunidad educativa. 

Sin embargo, hoy el Débora Arango está funcionando solamente con los grados de preescolar, y asisten presencialmente solo ocho de 25 estudiantes, rotando cada dos semanas. 

Uno de sus profesores, Vladimir Tuta, dice que el caso del Débora es la excepción: “aquí ayudó que el Rector y el Consejo Directivo querían abrir, pero en otros colegios hay una fuerte resistencia de profesores que no lograron conciliar con sus rectores y sencillamente no han enviado a la Secretaría los protocolos para decir que ya están listos”, dice. 

Los que ni siquiera están habilitados

Si los habilitados la han tenido difícil, mucho más los que aún no están en la lista. Es el caso del Orlando Fals Borda (Usme), donde hay incertidumbre entre la comunidad sobre cuándo lo harán. 

Los profesores de la institución con los que habló La Silla dicen que desconocen cómo están negociando ese retorno las directivas del colegio. 

Angélica Fresneda, educadora de la institución, dijo que el colegio no está preparado todavía. Hay aulas a las que les falta la ventilación adecuada y piensa que será difícil controlar el contagio en estudiantes. 

Incertidumbre que también comparte otra profesora que nos pidió reserva sobre su nombre para no comprometer su puesto. En el colegio Codema (Kennedy) todavía les queda pendiente el arreglo de los baños y les han dicho que esta obra podría tardar unos dos meses. 

Allí, dice la docente, el rector tampoco les ha compartido ningún comunicado sobre cuándo empezará la reapertura y cómo los afectará a ellos.

Y como la fecha para habilitar protocolos de la Secretaría de Educación se vence en marzo, colegios como estos tienen un camino poco claro hacia la reapertura, lo que complica la meta de la alcaldesa López.

López no está de amiga de los sindicatos

La puja por la reapertura ha generado tensión entre Claudia López y los sindicatos de profesores. Desde Fecode reconocen algunos esfuerzos de la Alcaldía, como contratar personal de salud para los colegios y mantener dos metros de distancia entre los estudiantes, aunque el Mineducación exija solo uno. Pero otro sector del sindicato no está contento. 

Yesid González, quien hace parte de la ADE, el principal sindicato de maestros de la ciudad, le dijo a La Silla que “a la Alcaldesa le gustan los votos de los sindicalistas, pero después de que los obtuvo se olvidó de nosotros”.

Angelica Fresneda, también profesora del Distrito, aseguró: “Nos parece desafiante la actitud de la Alcaldesa, al decir que abrirá sin pedir permiso de los sindicatos. Pensábamos que por ser hija de una maestra pública iba a mejorar el diálogo. Pero eso no está pasando”.

Así que desde ADE han hecho un llamado a los profesores a la desobediencia civil. Es decir, a no responder a las convocatorias del Distrito para reabrir los colegios. Incluso, Gonzalez aseguró que de no lograr un consenso podrían terminar en paro. 

En respuesta, la mandataria ha dicho que está dispuesta a dialogar con todo el mundo, pero que no está en negociación el derecho a la educación de los niños. 

La secretaria de Educación Bonilla, por su parte, dice que sí los han escuchado. Prueba de eso es que no van a convocar a profesores que tengan más de 60 años o que sufran de alguna comorbilidades. Frente a otras peticiones, como que el covid sea declarada una enfermedad profesional, Bonilla asegura que han elevado esa solicitud al Ministerio. 

En cuanto a los llamados de desobediencia, Bonilla dice: “No me han anunciado un paro y por ahora todos los profesores que han convocado han llegado. También hay muchos profesores que quieren volver”. 

En 2020, la presencialidad no era una prioridad 

Más allá de las demoras administrativas o la falta de consenso en los Consejos Directivos de los colegios, muchos concuerdan en que la apertura ha sido lenta porque no fue una prioridad hasta este año. 

Arturo Charría, quien fue docente en Bogotá y luego secretario de Educación en Cúcuta, dijo a La Silla que la pasividad frente a la importancia de la educación se vio no solo desde el gobierno y los entes territoriales, sino también desde los padres y los estudiantes. 

El Gobierno nacional dio los lineamientos para la reapertura solo hasta septiembre del año pasado. Y si bien en octubre algunos colegios privados volvieron a la presencialidad, la mayoría esperó a terminar 2020 en virtualidad. 

Tampoco le metieron ganas muchos papás. En una encuesta que la Secretaría de Educación realizó a casi 100 mil de ellos, sólo el 7 por ciento estaba de acuerdo con retomar clases el año pasado. Y varias asociaciones de padres de familia se han negado a mandar a sus hijos a las aulas, como han registrado varios medios.

Entre los profesores, algunos siguen mostrando temor de regresar, incluso si no están sindicalizados, como contamos.

Solo hasta ahora se está cambiando el discurso, cuando expertos coinciden en que el impacto negativo es grande. 

Así lo ve Isabel Segovia, ex viceministra de educación, y miembro del grupo de activistas que ha movido el hashtag #LaEducaciónPresencialEsVital: “La pelea por no abrir es un discurso político perdido. Pero el año pasado los sindicatos decían: ‘no vamos a volver, nos oponemos a la alternancia’. Así que cambiaron el tono y ahora su mensaje es: ‘claro que queremos abrir presencialidad, pero no están las condiciones’”.

El cambio de actitud no es solamente de los sindicatos sino del gobierno y las secretarías de educación, que hasta este año empezaron a correr con la reapertura. 

Pero ese acelerador del Ministerio ha generado malestar, pues muchos dicen que la plata que les han girado para la adecuación apenas les llegó este año. 

La secretaria de Educación de Bogotá le reconoció a La Silla que en el 2020 la educación presencial no era una prioridad porque en ese entonces no sabían si se podría reabrir. Por eso enfocaron sus esfuerzos en tratar de garantizar la educación virtual. 

Pero en ese intento también hubo fallas, como repartir a tiempo las 100 mil tabletas que garantizaban que los niños pudieran acceder a la educación virtual, como habían prometido. Así que muchos tuvieron que hacerlo por guías. Solo hasta finales de este mes empezarán a entregar esos dispositivos. 

Por ahora, son más los colegios que quedan por abrir en Bogotá que los que ya lo hicieron. Aunque esta también es la imagen de otras ciudades grandes como Medellín o Barranquilla. En esta última sólo han abierto dos colegios públicos. 

Aún así, la secretaria Bonilla está confiada en que podrán cumplir con los tiempos que lanzó con gran publicidad la Alcaldesa. “Confiamos en que para el 12 de abril ya todos los colegios estarán funcionando en este modelo de alternancia. La educación no será lo mismo que en 2019, pero tampoco igual que en 2020”. 

Pero para lograrlo le queda un largo camino.

 

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