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Por Carlo Tognato · 26 de Noviembre de 2017

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Hace más de dos semanas el presidente Uribe reaccionó vehementemente en un trino en contra del supuesto nombramiento de un profesor de historia de la Universidad Nacional a la Comisión de Verdad:

Desde entonces han sido publicadas diferentes intervenciones al respecto en las cuales se ha insistido sobre la importancia de que la política partidista respete la autonomía del campo académico, sobre todo cuando ciertas declaraciones ponen en riesgo la vida de las personas. Estoy de acuerdo con estos reclamos, aún teniendo diferencias políticas importantes con Archila. De hecho, nos enfrentamos en el pasado desde frentes opuestos en un debate sobre si es legítimo o no que la política partidista interfiera en la academia. En esa ocasión, así como en esta, me opongo a eso.

La intervención del presidente Uribe está equivocada también por otra razón que no ha sido mencionada en el debate hasta ahora: contribuye a consolidar la influencia que las alas militantes revolucionarias tienen sobre ciertas dimensiones relevantes de la cotidianidad de las comunidades universitarias. Veamos por qué.

A lo largo del conflicto armado se han confrontado en las universidades públicas tres concepciones radicalmente diferentes de la vida social: una civil y republicana, con un compromiso hacia una política pacífica entre ciudadanos con intereses diferentes y en conflicto; una militante revolucionaria, que condona la violencia política, como dijo Jorge Orlando Melo, manteniendo “la tranquilidad moral del que no hunde el gatillo pero lo apoya”, y que supedita todos los espacios de la vida social (y por ende también la universidad) a las determinaciones y a la agenda de la organización militante; y una concepción conservadora, que eleva la armonía al supremo valor social y reconoce a los ciudadanos solo en la medida en que participan en la construcción de esa unidad armónica.

Dependiendo de las universidades y de los contextos territoriales, y gracias a las presiones guerrilleras y paramilitares sobre ellas, los campos militante revolucionario y conservador, respectivamente, lograron ejercer su control sobre la cotidianidad de esos recintos universitarios mucho más allá de lo que en realidad el respaldo hacia ellos hubiera sido.

Por el otro lado, académicos y estudiantes del campo civil se retiraron en una “paciencia prudente”, refugiándose con frecuencia en la apatía y la indiferencia y recurriendo al eufemismo para no llamar por su nombre a la realidad que los rodeaba. Y ocasionalmente toleraban, por conveniencia, el asalto que los militantes o conservadores de turno le propinaban a la lógica académica y a su autonomía.

Tradicionalmente, la izquierda democrática ha pertenecido al campo civil y republicano. La polarización y las amenazas de los paramilitares, sin embargo, terminaron soldando en las universidades públicas a esa izquierda civil con la izquierda militante.

Ahora bien, para que las universidades públicas colombianas puedan recuperar su misión civil en aquellos contextos en los que el campo militante ha logrado establecer mayor control, es necesario emancipar a la izquierda democrática del abrazo de oso que la izquierda militante le ha dado, ubicándola en el centro del conflicto, como si fuera extremista y combatiente, y generar incentivos para que la izquierda militante se vuelva democrática, aún si eso pueda requerir más tiempo. Estigmatizar a los miembros de la izquierda democrática, en consecuencia, como en el caso de Mauricio Archila, es una equivocación.

¿Qué hacer entonces, en el mientras, con la izquierda militante en las universidades públicas colombianas en ese camino de recuperación de su función civil? Queda claro que cada vez que esa izquierda extremista ha logrado influir preponderantemente sobre sus comunidades universitarias, éstas han dejado de producir conocimiento y han empezado a hacer adoctrinamiento. Sin embargo, la universidad de una sociedad abierta necesita al pensamiento militante revolucionario de la misma manera que zoológico que se respete tiene cocodrilos. A la izquierda militante hay que reconocerle sus espacios, pero sin dejar que se tome el zoológico.

Eso no se logra ni con la violencia ni con las incitaciones hacia ella. Lo que hay que hacer, por empezar, es reconocer cómo es que unos militantes extremistas lograron establecer su control sobre dimensiones importantes de la vida universitaria, ganando argumentos frente a unos contradictores amarrados por intimidaciones y presiones más o menos directas por parte de los violentos y de sus anillos de respaldo, contradictores que por eso no podían argumentar libremente y que regularmente quedaban reducidos a la auto-censura. El público colombiano podrá reflexionar y decidir qué pensar al respecto.

Comentarios (6)

indignados con la corrupcion- colombia

27 de Noviembre

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Las UNIVERSIDADES; PUBLICAS;, han dado identidad a la NACION MILITANTE;con pen...+ ver más

Las UNIVERSIDADES; PUBLICAS;, han dado identidad a la NACION MILITANTE;con pensamiento critico frente a la inequidad social ,  ninguna organizacion es PURA; , no podemos entender neutralidad, alguna, en los espacios del debate, POLITICO; y la universidad nacional es otro mas, DIFERENTE A las OTRAS " universidades de garage "  como la fracasada ELITE de URIBE 

Luis Humberto Cardona Artunduaga

27 de Noviembre

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Álvaro Uribe Vélez se parece a Garfield: es muy complaciente, siempre y cuan...+ ver más

Álvaro Uribe Vélez se parece a Garfield: es muy complaciente, siempre y cuando se haga y se piense como él diga.
 

Carlos A. Velásquez R

27 de Noviembre

249 Seguidores

Muy buen escrito del profesor Tognato: equlibrado y con argumentos civilistas-...+ ver más

Muy buen escrito del profesor Tognato: equlibrado y con argumentos civilistas-republicanos. En Colombia el proceso para que las "militancias universitarias" sean menos emocionales y más racionales y civilistas tomará tiempo. Pero esto no quiere decir que nos quedemos de brazos cruzados,por el contrario cada quien en su espacio puede aportar.como lo hace Tognato.  

yjgomezm

28 de Noviembre

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Carlo interesante análisis que pone en perspectiva unas realidades naturaliza...+ ver más

Carlo interesante análisis que pone en perspectiva unas realidades naturalizadas en las universdades y que vale la pena revisar.

Norbey

28 de Noviembre

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El problema de pensar diferente dentro de la Universidad pública es que se as...+ ver más

El problema de pensar diferente dentro de la Universidad pública es que se asocia a las vías de hecho, especialmente las que generan violencía física y psicológica. Con la dejación de armas de las FARC, eso debería ser parte del pasado. Sin embargo, hay personas que todavía se encargan de que todavía eso siga vivo, incluso apelando a la civildiad repúblicana. ¡Qué Absurdo!.

Eliana Sanandres

29 de Noviembre

0 Seguidores

Importante análisis profesor Tognato. Es claro que la estigmatización no con...+ ver más

Importante análisis profesor Tognato. Es claro que la estigmatización no contribuye a la recuperación de la función civil de las izquierdas militantes. Esta reflexión nos muestra una vez más la necesidad de transitar hacia el uso de narrativas que generen una identidad colectiva  y que faciliten el diálogo abierto y democrático 

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