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Por Jerson Ortiz · 20 de Noviembre de 2020

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Hace unas horas, el senador barranquillero Armando Benedetti anunció que se unirá a la Colombia Humana del también senador y presidenciable Gustavo Petro porque es el único proyecto de centro izquierda con el que, dice, se identifica.

Mientras lo anunciaba, el Partido de La U, donde militó durante los últimos 15 años, sacó un comunicado informando que Benedetti había sido expulsado.

Benedetti y Petro coinciden en líneas gruesas como la defensa del Acuerdo de Paz, y en causas progresistas como la eutanasia, la despenalización de la dosis mínima y del aborto.

Pero, a la vez, el ahora exmilitante de La U representa la clase política tradicional clientelista que tanto ha criticado Petro. Además, de que ha tenido cuestionamientos e indagaciones por temas que ha denunciado Petro como el caso Odebrecht.

Por eso, la movida es particular no solo porque así Benedetti renuncia a más de 20 años de carrera electoral en partidos tradicionales (Liberal, La U), cuando en la mayoría de casos logró acomodarse en las coaliciones de gobierno, sino que, además, se pasa al bando que le está haciendo contrapeso al proyecto de derecha que encarna el uribismo y del cual él mismo hizo parte activa cuando empezó a dominar el escenario nacional. 

Y es llamativo porque Petro y en general la dirigencia de la Colombia Humana han aceptado ese apoyo sin titubeos y lo están justificando a capa y espada, a pesar de la figura de clientelista que arropa a Benedetti y los ruidos judiciales que tiene encima. 

Con Benedetti, Petro suma otra voz para consolidar uno de los ejes inmediatos de su campaña para el 2022: radicalizar a la ciudadanía, esta vez contra el centro.

Eso porque el discurso de entrada de Benedetti a la Colombia Humana es que ese centro no existe políticamente y decir que se hace parte de él es querer disfrazar los intereses de la derecha. 

“El centro ideológicamente no existe, no hay ninguna teoría política que diga que el centro exista, lo único que existe es la centro izquierda y centro derecha, izquierda y derecha”, dice Benedetti. 

Esa llegada también es funcional para Petro porque le quita argumentos a la versión de la historia según la cual es un candidato al que el establecimiento político, del que por años ha hecho parte Benedetti, le debe temer. 

El timonazo, de carambola, puede tener un efecto en las apuestas de partidos como La U y el liberalismo que están buscando consolidar una propuesta que se mueva entre los dos espectros derecha-izquierda.  

La razón es que el salto de Benedetti puede terminar impulsando a otras figuras políticas a seguir su rumbo o a acelerar sus alianzas con otras candidaturas que quieren cuajar más allá de los partidos tradicionales, como la de Sergio Fajardo, Juan Manuel Galán, Humberto de la Calle, Jorge Robledo y eventualmente Alejandro Gaviria, para competirle a esas dos orillas en 2022. 

Como lo resumió el propio Benedetti. “Ya empezó el pragmatismo”. O en otras palabras, el ‘todo vale’. 

De uribista 100 por ciento a la Colombia Humana

El ascenso de la carrera política de Benedetti se marca por su olfato para moverse en los círculos de poder y por su política tradicional. 

Se estrenó electoralmente como concejal de Bogotá en 1997 en una lista del partido Liberal que armó Germán Vargas Lleras. 

Como contamos, fue distante del entonces alcalde Enrique Peñalosa y se alejó de Vargas Lleras.

El protagonismo en Bogotá le dio impulso para dar el salto a la Cámara de Representantes, alineándose con el cacique liberal Horacio Serpa, quien fue el candidato oficial del partido en las presidenciales de 2002. 

 

Serpa perdió con Álvaro Uribe Vélez, y Benedetti al inicio se mostró crítico con ese gobierno, pero con el tiempo no tuvo problema en acomodarse en la coalición gobiernista. 

Alicia Arango, secretaria privada de la Presidencia, fue el puente para acercarlo a Uribe. Desde ese momento el barranquillero fue ponente coordinador en el Congreso de casi todos sus proyectos.

Alejado de los liberales, se pasó a La U, la de Uribe. Tan marcado estaba con el uribismo, que su eslogan de campaña para llegar al Senado en 2006 fue ‘100% con Uribe’. 

Fue ponente del proyecto que buscaba abrirle la puerta al referendo para la segunda reelección.

Al final la Corte Constitucional le cerró el paso a la iniciativa, y el uribismo terminó jugándosela a la Presidencia de 2010 por Juan Manuel Santos, quien había ayudado a agrupar a muchos librrales disidentes en La U.

Ahí, hábilmente, también estuvo Benedetti, y se ganó el derecho a ser presidente del Congreso en el primer año del Gobierno Santos. 

Cuando el uribismo se fracturó y Santos se alejó, Benedetti también se movió.  

En esos ocho años, Benedetti se sentó a manteles con el Gobierno y aumentó su chapa de clientelista. Incidió en la llegada de ministros, presionó puestos para La U, y creció en burocracia.

Como contamos en su momento, la influencia de Benedetti llegó a tal punto que se decía que los presidentes del Fondo Nacional de Prestaciones del Magisterio fueron elegidos con su aval. En Atlántico, tuvo el control del Sena a través de la directora Jacqueline Rojas.  

En las presidenciales de 2018, dio otra muestra de su actuar político. Decidió apoyar a Germán Vargas Lleras del que se había alejado hace años y había criticado desde la dirección de La U. 

Frente al Gobierno de Iván Duque, que en un principio no dio mermelada, se declaró independiente. Desde entonces empezó su tránsito hacia la centro izquierda.

“Estoy en libertad de irme para el partido político que quiera, ahora, a las 3 o 5 de la tarde. Para donde quiera”, dijo hoy Benedetti. 

Todo ese cambiante recorrido político de Benedetti no ha sido ajeno a los cuestionamientos judiciales que le ponen un condicionante especial a su llegada a la Colombia Humana. 

Con ruidos judiciales, pero no para llegar a la CH

Aunque en ningún caso tiene aún procesos formales abiertos, Benedetti ha sido mencionado mediáticamente y ha tenido indagaciones preliminares en la Corte Suprema por parapolítica, por Odebrecht y por un presunto desfalco al magisterio en Córdoba.

Él se ha defendido diciendo que en todos los casos sus menciones se deben a la pelea que tuvo con el exfiscal, Néstor Humberto Martínez, a quien el Congresista se ha referido como “rufián” y ha acusado de tener una persecución en su contra.

En el caso Odebrecht, que Petro ha denunciado en varios debates, Benedetti es señalado de hacer parte de la presunta repartija de coimas que hizo la corrupta multinacional en Colombia.

Según la Fiscalía, Benedetti habría hecho parte del grupo de congresistas bautizado como los “buldócer” -por su supuesta capacidad de moverse de forma aplastante en el Congreso en favor de los intereses de Odebrecht- con el objetivo de que la Concesionaria Ruta del Sol (de la cual hacía parte Odebrecht) obtuviera un contrato de estabilidad jurídica que necesitaba antes del 31 de diciembre de 2012.

Por esta gestión, según la Fiscalía, la multinacional brasileña les habría pagado dos millones de dólares.

Sobre esta indagación, el senador Benedetti nos aseguró que esto es falso y que las únicas pruebas que hay en su contra son testimoniales.

Según él, son el resultado de la presión que hace la Fiscalía para que los investigados declaren en su contra.

“Todo el que habla de Benedetti tiene beneficios judiciales (en la Fiscalía)”, afirmó el congresista.

El caso que sí ya logró resolver es el de parapolítica. El mismo Benedetti contó hace unos días que la Corte Suprema de Justicia le archivó porque no encontró pruebas. 

Esos ruidos judiciales y mediáticos en su contra están marcando su entrada a la Colombia Humana, al menos por parte de sus detractores. 

Pero Benedetti está tan jugado que ya ha dicho cuál será uno de sus roles en esta nueva aventura política. 

Dice, por ejemplo, que para las Presidenciales de 2022 va a ayudar a que Petro conquiste la Costa Caribe quitándole votos a la familia Char, de quien cree se apoyará el proyecto de derecha que lidere el uribismo.  

“Los cachacos van a jugar a que los Char le quiten los votos a él (Petro), a pesar de que han sido discriminados estos días. Es posible que los pongan a ellos para menoscabar la fuerza de Petro, de eso se trata todo”, comentó. 

Esto no suena como algo fácil porque, en su tierra, Benedetti no es una fuerza electoral grande.

En las elecciones de Senado de 2018 sacó 78 mil votos, pero solo cuatro mil fueron de Barranquilla. En 2014, cuando sacó 60 mil, solo logró cinco mil en la capital atlanticense. 

En ambos casos tenía el impulso de ser congresista del gobierno. Pero sus votos no se concentran en Barranquilla donde son fuertes los Char.

Además es difícil pensar que Benedetti arrastre votos de opinión porque en las elecciones suele montar maquinarias. 

Más allá de los votos y lo que les pueda endosar, desde la Colombia Humana lo ven como un factor más para avanzar en su estrategia para 2022.   

El discurso que están moviendo, que se alinea con lo que dijo Benedetti, es que cada vez hay más gente inconforme con el uribismo y la derecha.

Que eso no solo se ve en la baja de la favorabilidad de Uribe o del presidente Duque, sino en la crisis de los partidos tradicionales. 

Y que Petro encarna un proyecto de cambio y por eso hay que tomar partido. Que no hay espacios para el centro o los ‘tibios’. 

Aparte de Benedetti, otros senadores con figuración como Roy Barreras, Luis Fernando Velasco, Guillermo García Realpe o Rodrigo Lara Restrepo, han hablado de la necesidad de conformar un pacto ‘social-demócrata’ que coincide en varios puntos con la apuesta de Petro pero no necesariamente se la quieren jugar con él. Al menos no por ahora.  

Lo que está por verse es si la lanzada al agua de Benedetti acelera que otros canten sus votos, y si el petrismo sigue recibiendo políticos tradicionales de maquinaria y sospechas alrededor, con tal de vencer a Uribe.

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