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Por Juan Esteban Lewin · 04 de Enero de 2020

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2019 quedó marcado por un desasosiego frente al statu quo del poder que se nota en todas las encuestas, en el país que salió a tocar cacerolas para exigir cambios y en la victoria electoral de muchos candidatos que no vienen de la política tradicional, especialmente en alcaldías.

Detrás de ese descontento está un paso más del proceso de desconcentración del poder, especialmente político, que venía avanzando en 2018 y se profundizó, en buena medida por la pérdida de protagonismo político de la Casa de Nariño, la institución que usualmente marca un rumbo y define la agenda política en un país históricamente tan presidencialista.

La fuerza y profundidad de ese proceso de apertura a otras formas de poder político se seguirá moldeando este año que arranca, otra vez, sin grandes apuestas políticas de parte del presidente Iván Duque, por lo que queda abierto el escenario para que otras fuerzas asuman el protagonismo, algo que el año pasado nadie logró. Más bien, quedó una sensación de falta de gobierno y probablemente ayude a explicar el pesimismo generalizado y la mala imagen de la gran mayoría de instituciones.

El Presidente no maneja la política

El primer año completo de Iván Duque como presidente empezó con un cambio notorio frente a los primeros meses: por cuenta de tres hechos sus decisiones marcaron la agenda y ocupó el lugar usual de los presidentes, de ser protagonista de la realidad. 

El primero fue su reacción al asesinato, el 17 de enero, de 22 futuros oficiales de la policía por una bomba que puso la guerrilla del ELN en la Escuela General Santander, de la Policía; el segundo, su liderazgo en el intento de tumbar a Nicolás Maduro en Venezuela, con la estrategia del ‘cerco diplomático’ y el sonado concierto en la frontera el 23 de febrero; el tercero, su decisión de objetar la ley estatutaria de la JEP, que anunció el 11 de marzo.

Así, en esos tres meses su aprobación se disparó del 29 al 42 por ciento, según la Gallup Poll. Pero luego esas tres apuestas no dieron frutos.

Frente al ELN, después de unas primeras y rápidas capturas por el carrobomba, no hubo avances visibles.

En cambio, las amenazas de seguridad siguieron creciendo y los asesinatos de líderes sociales se mantienen como una muestra de la debilidad de la capacidad del Estado de asegurar incluso la vida, especialmente en las regiones con presencia de diferentes grupos criminales (ELN, disidencias de las Farc, Clan del Golfo y demás).

Los asesinatos de una pareja en la Sierra Nevada y de una lideresa en Tumaco, al cierre de año, reforzaron la sensación de falta de control territorial, que contrasta con una tasa de homicidios en niveles históricamente bajos.

Frente a Venezuela, la confianza de Duque en lograr una gran victoria fue tal que el 1 de febrero dijo que a Maduro le quedaban horas en el poder; una calculadora para contar cuántas han pasado ya superó las 8 mil y sigue andando. 

Además, la oposición venezolana está dividida una vez más, tanto por escándalos de corrupción del gobierno de Juan Guaidó, que es el que reconocen Colombia, Estados Unidos, y una cincuentena de países más, como por el debate interno entre los de la línea dura, que le apuestan a la caída del chavismo, y los que creen que la salida es buscar una caída de Maduro y una transición en la que quepa por lo menos parte del chavismo.

Y frente a las objeciones a la ley estatutaria de la JEP, el saldo fue una derrota política en el Congreso que votó en contra; una jurídica en la Corte Constitucional, que dijo que eran improcedentes; y un alineamiento con un desprestigiado Fiscal, Néstor Humberto Martínez, quien además terminó renunciando.

...y termina más de administrador que de líder

En contraste con esas derrotas políticas, Duque avanzó en la administración, es decir, en ajustes de menor peso simbólico y menos polémicas, enfocadas en solucionar problemas concretos. 

Por ejemplo, en salud ayudó a cerrar las deudas de EPS con hospitales, algo necesario para que el sistema funcione bien; en infraestructura se concentró en sacar adelante las vías 4G que su antecesor empujó como una gran apuesta política; y en finanzas, logró sacar una reforma tributaria para mantener las reglas que había sacado adelante hace un año, con otra reforma que tumbó la Corte Constitucional por errores de trámite.

Incluso en otras decisiones con potencial político como la negativa a usar cupos indicativos para armar una coalición legislativa o a dar representación burocrática a partidos diferentes a los que lo acompañaron desde la primera vuelta, los ha presentado más como actos administrativos que políticos: no ha reivindicado un gobierno de partido o de derecha, ni ha hecho de la lucha contra la corrupción o la clase política una reivindicación política.

Además, en un tema políticamente tan sensible como la implementación del Acuerdo con las Farc, su posición de ni atacarlo ni defenderlo (y de implementarlo de forma parcial, sin apostarle a él) hace que para muchos no tenga una postura política clara.

Todo eso dejó al país con una clara falta de rumbo político que, según la Gallup de diciembre, deja el mayor pesimismo en seis años, Duque con más desaprobación que un año antes y un descontento que va más allá de él e impacta a casi todas las instituciones, desde la justicia hasta los medios, pasando por los empresarios, los militares o los sindicatos. 

Eso coincide con una pérdida de poder y protagonismo de Duque, que no volvió a marcar la política ni encontró una propuesta que centrara su gobierno alrededor de un gran sueño como la paz, la seguridad o la apertura al mundo. Por el contrario, estuvo a la defensiva, con un ministro de Defensa que terminó renunciando para evitar que estrenaran con él la moción de censura. 

Con todo eso, ha dejado la política sin su protagonista usual, el Presidente, algo inusitado en un país con una tradición presidencialista fuerte. Se explica en que Duque es el presidente con menos poder y trayectoria política por lo menos desde el fin del bipartidismo tradicional, que además tiene un padrino político que sigue tan vigente en política que es un congresista activo.

Y eso ha creado un vacío en el que el Congreso tiene un margen de acción sin precedentes, que tiene todavía más fuerza porque el padrino y jefe político del Presidente, el expresidente Álvaro Uribe Vélez, tiene un escaño en el Senado.

El Congreso que no toma la batuta

El paro que sacudió a las grandes ciudades a fines de año abrió un compás para que el Congreso asumiera el liderazgo político. Finalmente no lo hizo y, como el resto del año, ejerció un poder que no reemplaza el que suele tener el Presidente. 

Con eso, si bien el eje de la política salió de Palacio, no llegó al Capitolio, pues el Congreso tampoco fue la fuente de grandes propuestas políticas o el centro de los principales debates nacionales. 

 

De hecho, pocas propuestas de gran calado, con el potencial de reemplazar el liderazgo presidencial, vinieron de él. Entre las pocas están propuestas del uribismo, como la reforma laboral o la fallida prima extra para los trabajadores formalizados que ganen menos de dos salarios mínimos, o los intentos de alianzas entre las bancadas Liberal, de La U y de Cambio Radical para impulsar una agenda conjunta.

En todo caso, esa limitación es propia del sistema político presidencialista, que implica que el presidente es el eje del sistema político y el Congreso juega más un papel de contrapeso, y de un sistema con múltiples partidos, en el que ninguna bancada puede por si misma definir la agenda legislativa. Como, además, la mayoría de congresistas representa más una maquinaria electoral que un programa ideológico, en sí mismo el poder legislativo es muy disperso.

Pero en medio de ese panorama, que existe en Colombia desde hace dos décadas, el Congreso tuvo mayor margen por la decisión de Duque de no entregar mermelada: no dio ‘cupos indicativos’ para que los congresistas elijan a qué proyectos se iba parte del presupuesto nacional, y aunque aceptó cuotas políticas, lo hizo solo para congresistas de su coalición hasta donde La Silla pudo verificar.

A pesar de que el Gobierno no transó apoyos a cambio de iniciativa presupuestal o representación burocrática, el Congreso no se erigió en su opositor, aunque sí se mantuvo distante.

Esa distancia se notó a lo largo del año, desde que hundió las propuestas de reformas de Duque a la justicia (lo que llevó a la primera renuncia de un miembro del gabinete de Duque, Gloria María Borrero de la cartera de justicia) y política (que dejó de impulsar el Gobierno ya que los congresistas habían hundido su corazón, la eliminación del voto preferente), y también sus objeciones a la ley estatutaria de la JEP.

Pero los límites de la distancia se notaron cuando aprobó el Plan de Desarrollo de Duque. Aunque lo hizo apenas por dos votos, dejó claro que sus mayorías no son necesariamente antigobiernistas y que es difícil predecir cuándo apoyará al Gobierno y cuándo le dará la espalda, algo sano para la democracia pero que mantiene viva la incertidumbre.

Eso se nota en que algunos otros proyectos de Duque, como la ley TIC a la que le dedicó enormes esfuerzos a fines de 2018 e inicios de 2019, o la reforma tributaria que sacó adelante a fines del año pasado, salieron adelante pese a fuerte oposición pública, mientras que otros se hundieron.

Por todo eso, el Congreso no llenó el espacio que dejó Duque, y más bien contribuyó a la dispersión del poder dado que bancadas pequeñas pueden tener, en un momento dado, la capacidad de definir el futuro de reformas clave.

Los políticos están a la defensiva o en eclosión

Esa dificultad del Congreso para definir una mayoría pro o antigobierno, y así asumir el liderazgo político, tiene que ver no solo con la multiplicidad de fuerzas e intereses en su seno, sino  con el dilema en el que está la mayoría de sus integrantes, que representan a la clase política tradicional.

Todos tienen en común el reto de mantener su poder, cuando las elecciones recientes han mostrado que van perdiendo cada vez más votos y capacidad de poner gobernantes, especialmente alcaldes, y cuando decisiones como la condena judicial a Aída Merlano por compra de votos ponen en jaque algunas de las herramientas que han usado para construir sus maquinarias.

Si bien enfrentan en colectivo esa transformación del poder, que junto con la negativa de Duque a dar 'mermelada' puede tener efectos profundos en las lógicas políticas, no tienen fácil la forma de resolverla.

Una posibilidad es irse a la oposición, que le fue rentable al uribismo frente a Santos II, pero alejarse de Duque aleja la posibilidad de recibir apoyos del Gobierno, incluso diferentes a la 'mermelada', como la posibilidad de que un ministro ayude a su región o impulse algún programa u obra.

La otra es mantener la fidelidad al Gobierno, justamente a la espera de ese tipo de ayudas; el riesgo es que la mala hora de Duque se mantenga y termine afectándolos.

Este año varios sortearon ese dilema votando de maneras diversas distintas iniciativas, apoyando críticas a ministros sin votar a favor mociones de censura y armando alianzas locales cada vez más amplias para tener parcelas de poder local, así la posibilidad real de recibir cuotas fuera esquiva como ha pasado en Barranquilla y el Atlántico, donde el charismo recibió apoyos de liberales, conservadores, uribistas y otros partidos, pero les ha dado poco juego burocrático hasta ahora.

Con esa postura a la defensiva, la clase política en general también participa de la dispersión del poder político, pues sin estar fuera del juego, tiene una posición cada vez más amenazada en él.

Eso mismo pasa cuando los dos presidentes previos, Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos, están en aprietos judiciales y el año pasado tuvieron que acudir a dar explicaciones: aunque los casos sean muy diferentes en los hechos, las potenciales implicaciones y sus avances, que quienes rigieron el país durante 16 años anden explicando actuaciones, les quita la capacidad de ejercer liderazgo y golpea la confianza en todo el sistema.

Por eso, le quita poder a los políticos en su conjunto, lo que es otra enorme transformación en un país en el que los expresidentes han sido siempre figuras muy poderosas; tanto que incluso los poco populares Ernesto Samper y Andrés Pastrana siguen siendo jugadores políticos. Y aunque Uribe lo es, el proceso en su contra es uno de los motivos de que su popularidad esté en el punto más bajo desde que hay registros.

Encima, otros sectores políticos tienen un liderazgo disperso, que refuerza esa desconcentración del poder.

Por ejemplo, la izquierda está en su mayor división desde que hace casi 20 años se aglutinaron casi todas sus fuerzas en el Polo Democrático Independiente y en Alternativa Democrática, para poco después fusionarse en el Polo Democrático Alternativo, que hoy coexiste con el petrismo, la Farc y las fuerzas de izquierda que están en el Partido Verde, además de grupos más pequeños en otros partidos como el Mais, Colombia Renaciente o la ASI.

Y en todos los sectores la renovada fuerza de las listas por firmas, que lograron victorias diversas, desde alcaldes sonados como William Dau en Cartagena o Juan Carlos Cárdenas en Bucaramanga, hasta escaños en concejos como Estamos Listas en Medellín, dan otra prueba de la dispersión del poder, esta vez en una explosión de movimientos como la que contemplaba la fallida reforma política acordada en La Habana.

La sociedad civil tiene espacio y fuerza, pero también está dispersa

Ante ese panorama de debilitamiento de las clientelas, los partidos y las instituciones tradicionales del poder político han ido ganando espacio la sociedad civil y especialmente las marchas, como ya venía ocurriendo en 2018. Pero allí también llega la dispersión del poder.

El ejemplo más claro es el del paro de fines de año: a pesar de que existe un comité organizador compuesto por estudiantes y sindicalistas, funcionó en buena medida de forma espontánea, con artistas, animalistas o barras de fútbol asumiendo liderazgos propios.

A todo ello se suma al debilitamiento de los empresarios y las empresas, que si bien no tuvo el protagonismo del 2018, se mantuvo, y los golpes a otros poderosos, como la mala prensa para militares (por cuenta de hechos como el asesinato de Dimar Torres o la muerte de menores en un bombardeo a disidentes) y policías (por la aplicación del nuevo código de policía, que llegó al extremo de una multa por comprar una empanada en la calle, y luego por los abusos de fuerza del Esmad que incluyen la muerte de Dilan Cruz en pleno paro), y explica la sensación de desasosiego: si la gran transformación del poder es que cada vez está menos concentrado, la pregunta que sigue es quién conduce a la sociedad y hacia dónde.

Eso para quienes crecieron bajo la égida del bipartidismo o de presidentes poderosos como Uribe y Santos, es una situación sin precedentes. Una situación en la que los nuevos alcaldes pueden tener una oportunidad inédita para ejercer poder. 

Comentarios (7)

harriarq

04 de Enero

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No creo mucho es estos análisis que no consideran el cambio de poder por deci...+ ver más

No creo mucho es estos análisis que no consideran el cambio de poder por decisiones previas, como el estatuto de la oposición y las curules regaladas a Farc, esto equivale a quitar gobernabilidad al crear un sesgo marcado donde no conviene nombrar opositores, ni negociar sin mermelada ya último por puestos, los honorables mostraron su real cara, lo demás es solo el pesimismo de LSV a derecha 1

harriarq

04 de Enero

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Lo que no calcula nadie es que "autonombrados" impulsadores de un paro, se les...+ ver más

Lo que no calcula nadie es que "autonombrados" impulsadores de un paro, se les de´por parte de los medios la relevancia para creer que suplantan al congreso y las cortes, que pedir obliga al gobierno y que el 1% en la calle remplaza un gobierno democrático, ese es el peligro de la manipulación que los medios hacen a diario, poder decidir es diferente a poder presionar. esa es la trampa, veremos 2

Elgatodeschrodinger

06 de Enero

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LSV es parte de la marcha por eso la magnifica y por ello cuando uno preguntaba que quieren, o a quienes perjudica la movilización o a quienes benefician las 6, 13, 104 puntos? no obtuvimos respuesta esa adicción a la mermelada dejo a muchos con una adiccion diabetica, a el pais lo dejaron minado politicamente y creen que no nos damos cuenta, como si alguien estuviera pidiendo que vuelva santos.

LSV es parte de la marcha por eso la magnifica y por ello cuando uno preguntaba que quieren, o a quienes perjudica la movilización o a quienes benefician las 6, 13, 104 puntos? no obtuvimos respuesta esa adicción a la mermelada dejo a muchos con una adiccion diabetica, a el pais lo dejaron minado politicamente y creen que no nos damos cuenta, como si alguien estuviera pidiendo que vuelva santos.

edgar montenegro

09 de Enero

600 Seguidores

La gente de la calle no pide permisos. Presenta banderas, coloridas y distinta...+ ver más

La gente de la calle no pide permisos. Presenta banderas, coloridas y distintas por cierto. Blancas por la salud y la paz, negras por las victimas y de comunidades afros, violetas por la mujer, incluya feminicidios, verdes y rojas del Cauca y más. La vergüenza de ESMAD "protegiendo" a matar. Dados a porcentajes, saque el de la minoría gobernante. La dictadura de corruptos que ud. llama democracia.

harriarq

09 de Enero

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La gente es manipulable, cree que Petro es digno, que Cepeda representa a algu...+ ver más

La gente es manipulable, cree que Petro es digno, que Cepeda representa a alguien y no cobran sueldo de congresista, que Robledo tiene ideas sin presentar proyectos legislativos, que ellos son control, cuando solo son palo en la rueda, que quienes rompen son manifestantes pacíficos y que sus derechos están por encima de los demás, pero no saben que es gobierno en democracia legitima por votaciones

Maily Junet Robayo

05 de Enero

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Me cuesta mucho entender la politica y como se maneja en sistema colombiano en...+ ver más

Me cuesta mucho entender la politica y como se maneja en sistema colombiano en general. Pero sus noticias me iluminan en estos temas.
Este articulo lo entendí. Gracias.

edgar montenegro

09 de Enero

600 Seguidores

Lo que sucede con el Gobierno de Colombia es vergonzoso. Viene de ser la conse...+ ver más

Lo que sucede con el Gobierno de Colombia es vergonzoso. Viene de ser la consecuencia de que gano el NO a "esa" paz y la lucha contra el vecino que le pega a la mujer con los niños. Su propuesta "naranja" no alcanza para gobernar. Y resultados: Hubo unas FARC, ahora hay dos. En Venezuela un "presidente" que no lo es, ni de las ayudas de la UE en Colombia. Y la gente en las calles sin respuesta.

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