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Por Jerson Ortiz · 06 de Julio de 2020

Amazonas fue epicentro de la pandemia en mayo.

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Después de varias semanas de noticias terribles sobre la pandemia en el Amazonas, en los últimos seis días no se han reportado muertes asociadas al virus y la tasa de contagios se ha reducido en más de la mitad, según el Instituto Nacional de Salud. Pero todavía es pronto para cantar victoria.

Desde que se conoció el primer caso de coronavirus en Amazonas el 17 de abril, se han registrado 2.335 casos y 89 personas han muerto por esta enfermedad. 

Hace dos meses, cuando hablamos con César Ávila, el sepulturero del pueblo, nos dijo que tenía que atender hasta ocho casos diarios- algunos desde las casas- y la Alcaldía empezó el trámite para construir un nuevo cementerio porque el actual no daba a basto.

Sin embargo, en las estadísticas del INS, Amazonas pasó de tener un R (t) - que es el número promedio de casos que puede causar una persona infectada- , de 2.3. en mayo, a 1.01 la semana pasada. 

Los nuevos casos que reportan a diario ya no se cuentan por centenares sino por decenas e incluso por unidades. Después de registrar en mayo un promedio de 60 casos por día, en junio el promedio bajó a diez días, y ayer les notificaron solo siete.

Incluso un día, el 11 de mayo, el departamento registró más casos -191- que Bogotá, con una población cien veces menor.

En términos de las recuperaciones las noticias también son positivas. El 84 por ciento de los pacientes que había dado positivo por Covid se han recuperado, y los dos hospitales que hay en Leticia dejaron de estar saturados. 

Por ejemplo, el San Rafael, que es el público, reportó que de los 36 pacientes internados con los que amaneció el viernes, sólo 11 tenían complicaciones relacionadas al Covid, pero que aún así tenían disponibilidad de camas intermedias para atender casos no tan graves.  

En abril y mayo, cuando Amazonas fue epicentro de la pandemia y dejó en evidencia el pobre sistema de salud que históricamente ha tenido, de cada diez personas atendidas en ese hospital, 8 reportaban síntomas asociados al Covid. 

Con este cambio positivo en la tendencia, la sensación entre muchos amazonenses y algunos líderes de opinión, es que lo peor de la pandemia ya ha pasado en el departamento. 

Sin embargo, los tres casos que se conocieron el sábado en La Chorrera y otros factores, hacen que pueda ser demasiado pronto para cantar victoria.

Las alertas

La Chorrera es un corregimiento selva adentro de Amazonas en el que viven unas 3 mil personas, en su mayoría indígenas, y a donde solo se puede llegar en avión o una lancha que demora 12 días desde Leticia.

Es la primera confirmación de casos fuera de la capital Leticia o de Puerto Nariño, que eran las zonas donde hasta ahora se había concentrado la pandemia. 

 

En La Chorrera hay un puesto de salud que no tiene las condiciones para atender casos graves, ni siquiera cuenta con electricidad permanente. Por eso, las tres personas infectadas debieron ser trasladadas a Pasto para recibir la atención especializada que no hay en el departamento porque allá no hay UCI.   

El temor es que ahora que la Gobernación va a empezar a hacer pruebas masivas en ese y otros dos corregimientos, encuentren que hay un brote mayor que hasta ahora no había sido detectado y que afecta directamente a los cuatro pueblos indígenas (Uitotos, Boras, Ocainas y Muinanes) asentados en esos territorios. 

Fuera de los brotes en la Chorrera, expertos en el departamento consideran que también puede haber un subregistro de casos que den una falsa sensación de haber pasado la página.

Por un lado, por la creencia de que la medicina tradicional los está curando del virus algunos amazonenses se están tratando en casa y no reportando la enfermedad.

“En Leticia solo hay dos hospitales, y la gente dejó de ir a ellos por falsos temores a contagiarse. Porque en las primeras semanas las imágenes de los hospitales colapsados impactó”, admite Héctor Jaime Hernández, secretario de Salud Departamental. “En algunas comunidades indígenas nos encontramos con negativas a las tomas de las pruebas porque ellos tienen una concepción diferente de la salud o creen que el personal médico los puede contagiar”.

Si la gente no reporta o las EPS no autorizan las pruebas, como contamos que sucede, no hay una foto completa de los casos ni se puede hacer el rastreo de contactos que es útil para bajar el número de muertes, como explicó el experto  Andrés Vecino. 

Como las pruebas hay que enviarlas a Bogotá porque solo hasta la próxima semana se habilitará un laboratorio en Amazonas con capacidad para analizar 50 pruebas diarias, hay todavía una semana de retraso en los resultados. Solo en junio se practicaron 2.223 pruebas. 

Las autoridades de salud tampoco han podido llegar a las nueve áreas no municipalizadas que hay selva adentro, en las que solo se puede llegar por avión o botes y en las que hay indicios de contagios importados por las fronteras con Brasil y Perú. 

El secretario Hernández dice que esta semana la Gobernación va a mandar una delegación en un vuelo chárter para intentar tomar unas 500 pruebas en esas comunidades. Y que por eso es muy probable que el número de casos positivos pueda subir drásticamente.

El virus sigue activo

Aunque en todo caso el número de recuperados es un indicador esperanzador, la tasa de mortalidad de Amazonas, del 3.9 por ciento, es de las más altas del país y por eso entre los epidemiólogos cunde el temor de que los amazonenses se relajen y abandonen los hábitos que son claves para prevenir el contagio.

Como explicó a La Silla Vacía la epidemióloga y candidata a magister en Salud Pública, Alejandra Cabrera, el porcentaje de recuperados es casi el mismo de infectados que no sufrieron síntomas graves o que simplemente fueron asintomáticos. 

En Amazonas el 95 por ciento de los casos pasó o está pasando la enfermedad en su casa porque no requieren una hospitalización. 

“Lo que sí debe preocupar es qué pasa con los que sí necesitan atención médica especializada”, señala Cabrera. “En Leticia hay una alta tasa de mortalidad que se puede explicar por las dificultades en la atención médica o las enfermedades de base de las personas infectadas”. 

De las 568 casos que se han presentado entre mayores de 60 años, 82 han terminado en muertes. 

Como hemos contado, en Leticia no hay Unidad de Cuidados Intensivos para atender casos graves de Covid. Hay nueve ventiladores mecánicos en el San Rafael y cuatro en la Clínica Leticia para estabilizar a los que se complican. 

Si se agravan más deben ser trasladados a Bogotá - donde empiezan a escasear las camas- y otras ciudades como Pasto o Cali que sí tienen UCI. 

Según la Secretaría de Salud Departamental, desde el 19 de mayo hasta el 28 de junio, desde Leticia fueron remitidos 106 pacientes con sospechas o confirmación de Covid. En el departamento no saben qué pasó con esos remitidos.

El gerente interventor del hospital San Rafael, Albert Giraldo, sostiene que aunque siguen sin UCI, están garantizando la atención mejor que cuando arrancó el brote, y que esperan en un mes habilitar una sala con 18 camas intermedias con ventiladores. 

Pero que mientras tanto, la gente tiene que cuidarse.

“Preocupa que la gente se está confiando, saliendo a la calle sin saber si es asintomática y con la posibilidad de contagiar a los adultos, no se cumple el toque de queda”, dice Giraldo. 

Él tiene evidencias de ese relajamiento del autocontrol porque en su hospital han empezado a atender más gente por lesiones personales que se dan en riñas y peleas con trago de por medio.

Los amazonenses están saliendo más porque necesitan reactivar la economía del departamento que depende en un 60 por ciento de la informalidad y el movimiento en las fronteras con Brasil y Perú. 

El relajamiento de la cuarentena, que se suma a la preocupación del secretario Hernández por el subregistro, apuntan al riesgo de que habiendo pasado ya por lo peor se pueda presentar un rebrote y lo que se está viendo hoy no sea más que una corta tregua.  

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